Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna
Mostrando entradas con la etiqueta Serie B. Zombies. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Serie B. Zombies. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de abril de 2025

El terror llama a su puerta (1986). Bros zombies del espacio exterior




Tengo que daros una noticia buena y una mala.
La buena es que los chicos están aquí…La mala,
Es que están muertos.
- Detective Ray Cameron

Antes de que Stranger Things generalizara la nostalgia de los ochenta para todos los públicos muchos teníamos en esa década, o más bien, en algunos aspectos, un lugar que echar en falta y al que volver de vez en cuando. El mejor remedio para el bajón de cualquier millenial mayor es una película de terror de serie B. la estética artesana, la realización más alocada y más falta de complejos que cualquier blockbuster, o el venir acompañada por los recuerdos del videoclub, de haber sido niños, de seguridad y en resumen, de volver a esa época donde no vivíamos con la sensación de que el cielo iba a caer sobre nuestras cabezas. Una búsqueda de nostalgia que no es exclusiva de esta generación: solo hace falta ver muchas producciones de hace cuarenta años para encontrar en ellas muchas referencias y también, esa nostalgia, de una década tan idealizada entonces como desprestigiada y un poco olvidada hoy: los cincuenta. Esta también puede encontrarse como homenaje en una serie B que no duda en tomar como inspiración aquellas producciones llenas de platillos volantes, monstruos y adolescentes en peligro.

Durante la semana de novatadas, en un campus universitario, dos estudiantes sin mucha suerte ni habilidades sociales intentan entrar en una fraternidad. La prueba que deben superar consiste en robar un cadáver de la escuela de medicina y depositarlo delante de la residencia de una hermandad rival. Una tarea bastante difícil e insalubre…pero que para Chris merece la pena si con eso consigue que se fije en él la chica más guapa del campus. Cuando el cadáver que a él y su a migo J. C consiguen, un cuerpo que parece criogenizado en uno de los laboratorios, parece tener vida propia, estos huyen despavoridos dejándolo atrás. Aunque este, de alguna forma, aparecerá, sin cabeza, en una residencia femenina. Desde este momento, convertidos en sospechosos ante la policía, y ganándose la enemistad de los miembros de la fraternidad a la que intentaban acceder, Chris y JC se darán cuenta que algo extraño está sucediendo en el campus: los cadáveres parece no querer quedarse quietos, unas extrañas babosas han sido vistas en los alrededores…pero al menos, la situación le ha servido a Chris para conseguir una cita con la chica que le gusta.


Fred  Dekker no ha tenido una carrera tan reconocible como otros de su  coetáneos, pero sí cuenta como director de esta Night of the Creeps, como se tituló originalmente,  Una pandilla alucinante (mi favorita pro encima de los Goonies en cuanto a  aventuras ochenteras. Los monstruos tiran mucho) y guionista de House. Y que en este caso, hace no solo un homenaje al cine de terror de los cincuenta sino también al contemporáneo.

Los primeros minutos, un prólogo en blanco y negro, es precisamente un guiño, muy efectivo, a esa cultura  con la que los cineastas habían crecido: el mismo campus,  la leyenda urbana del loco con el hacha, el peligro venido del espacio…que  servirá no solo como trasfondo  para la trama, sino como explicación  a una de las secuencia s que  precederán  lo que sucede en el desenlace. Además de servir para caracterizar a uno de los personajes, el detective Cameron, interpretado por Ray Atkins. Este, en su papel de policía atormentando  por su pasado, sirve de enlace con lo sucedido  previamente.  Un protagonista que contrasta, tanto  en edad y caracterización, con sus compañeros de reparto, que  interpretan  papeles de adolescentes bastante típicos donde el drama de ser un perdedor, según las normas de ese microcosmos tan extraño como son los campus de loas películas de los ochenta, se verá desplazado  por unos antagonistas bastante más aterradores.  Atkins,  la cara más conocida gracias a  Halloween  III o La niebla,  no solo interpreta a este detective resuelto, sino que es responsable de pronunciar uno de los  diálogos más  recordados de la película.


 En este caso, también recae sobre el  uno de los guiños: el cine moderno. Los personajes llevan apellidos tan reconocibles como el propio Cameron, Carpenter, Raimi o Cronemberg, pero las referencias no se quedan ahí, sino que se mantienen en el guion: las trama acerca de parásitos  alienígenas  desembocará en una situación propia del cine de zombies. Los cadáveres de los miembros de una fraternidad, mutilados en un accidente de tráfico, intentarán entrar en una residencia de forma muy similar a La noche de los muertos vivientes. Las criaturas que  los animan, con el tiempo, se convertirán también en una fuente de inspiración años después, siendo imposible no recordarlas al ver Slithers de James Gunn.

Aun con el componente terrorífico, con unos efectos especiales donde no escatiman la aparición de cadáveres, ni de babosas espaciales velocistas, también está presente el humor. Un rasgo  inseparable de muchas de estas serie s B donde lo improbable del  argumento y los medios escasos se suplían  con cierta actitud de no tomarse demasiado en serio, donde hasta el momento más inquietante tiene espacio para algún chiste. En este caso, aunque  en menor  presencia que otras películas, se mantiene gracias a la  premisa de un montón de universitarios zombies asolando una residencia, los dramitas sentimentales de sus protagonista (que pasa más de la mitad del metraje siendo insoportable, en comparación con su compañero, mucho más simpático), y sobre todo, la escena de ruptura entre la protagonista y su ex zombificado…hecho del que esta es incapaz de darse cuenta.


La película, con un ben ritmo, una mezcla de terror, ciencia ficción, frases memorables y humor, además de un final abierto que homenajea directamente a El regreso de los muertos vivientes, no  solo es una de esas series  B clásicas, una película que  recordar y volver  como sucede  Con Gran golpe en la pequeña  China, Waxworks o Noche de miedo, sino  que, hoy, años después,  provoca una sensación  muy peculiar de doble nostalgia:  por un lado, la nuestra, la de los zombies, la comedia y esos centros educativos que poco tienen que ver con nuestras facultades. Por otro, la que no conocimos, la de los cincuenta, los coches descomunales y las amenazas del espacio exterior.




jueves, 13 de mayo de 2021

La divertida noche de los zombies (1988). Más cereeebrooos



Antes de que comenzaran los debates sobre si los zombies de 28 días después eran zombies o infectados, entre los partidarios de los corredores o los lentos, y del auge y agotamiento de Walking Dead, el género de los muertos vivientes contaba con dos sagas imprescindibles para la interpretación de estos: Romero, y El regreso de los muertos vivientes. Aunque esta última cuente con cuatro entregas, lo habitual es quedarse con la primera como la mejor. Pero es algo normal cuando superar el equilibrio entre el humor negrísimo, el terror y el nivel de efectos especiales conseguidos en la película de 1985 es algo muy difícil.



La segunda parte de El regreso de los muertos vivientes fue retitulada en España como La divertida noche de los zombies, que hacía referencia a una aproximación mucho más cómica que su predecesora (y si me apuran, podría resumir también los hechos acaecidos en la madrugada del pasado 9 de mayo). Y cuyo argumento tenía muy poca diferencia con la primera parte: un bidón extraviado, que contiene material militar, es encontrado por unos niños que, pese a los reparos del pequeño protagonista, es abierto para dejar escapar su contenido: una criatura en avanzado estado de descomposición, pero aparentemente viva y agresiva, y un gas que, al filtrarse hacia el cementerio, provocará el mismo efecto en los cadáveres enterrados. Durante la noche, con cientos de muertos deambulando por la ciudad y exigiendo cerebros, el grupo formado por Jesse, el primero en descubrir lo que está pasando, su hermana, un técnico de televisión por cable, un médico despistado y unos ladrones de cadáveres (salida laboral que creía agotada tras 1890), intentarán mantenerse vivos y llegar hasta los soldados que han conseguido impedir que la plaga zombie se extienda más allá de la localidad. Aunque la película sea una secuela directa, esta se ha planteado de una forma en la que puede verse de forma independiente: tiene los elementos necesarios para elaborar la historia completa, sin cabos sueltos, y su argumento es tan similar al anterior que en otras circunstancias podría hablarse de un reboot, o de una aproximación similar a la que Raimi hizo con las dos primeras entregas de Evil Dead. Las similitudes no se quedan solo a nivel argumental, sino también en el reparto: dos de los actores de El regreso de los muertos vivientes reaparecen con personajes y papeles distintos, pero que recuerdan a su aparición previa, pasando de empleados de funeraria a ladrones de tumbas, llegando a hacer un guiño cuando estos, ante un escenario lleno de cadáveres, mencionan la sensación de deja vù que sufren en ese momento.




Esta reaparición, y el guiño a la primera parte, también pone de manifiesto la intención abiertamente cómica y más familiar de esta entrega: lejos de personajes un tanto al margen de la sociedad, como los anteriores, o los punks , la acción se traslada a una urbanización en proceso de construcción, y sus protagonistas en su mayoría son más cercanos al público: adolescentes o preadolescentes, a los que les espera un desenlace mucho más optimista que el que pudo verse en 1985. Del mismo modo, los zombies son más cercanos a la comedia y cuentan con un tipo de humor un tanto alocado ,propio de la década: la mayoría de sus apariciones tienen algún elemento propio del gag humorístico, como ser pisado accidentalmente, varias veces, mientras intenta salir de su tumba, el inevitable guiño a Thriller de Michael Jackson o que estos, aunque sea parte del canon de la saga el que tengan cierto nivel de consciencia y funciones verbales, cuenten con una verborrea más que abundante a la hora de exigir cerebros.








Los diálogos de estos quedan también lejos del componente más oscuro que se vio previamente, al igual que las caracterizaciones siguen siendo buenas y denotan la labora del equipo de maquillaje, pero en los planos generales estas parecen más descuidadas, apreciándose muchas máscaras puestas de forma apresurada e incluso la reaparición de la criatura que los fans bautizaron como Tar Man (el cadáver encerrado en el primer bidón) parece menos detallado, menos grotesco, y también, menos pringoso que su predecesor. Aunque con un parecido más que notable a su primera parte, La divertida noche de los zombies, a la que también se subtituló con el slogan de "zombies obsesos buscan sabrosos sesos", es más una comedia de acción, a ratos familiar, y con muchos toques terroríficos, que la producción que la precedió, donde primaba más el humor negro, y quizá un enfoque menos pensado para todos los públicos. Algo a lo que esta parece adaptarse mejor, aún a costa de tener que rebajar el tono macabro de la anterior y quizá, repetir demasiados esquemas que se habían visto previamente.

jueves, 17 de enero de 2019

Z Nation (2016-2018). Tú improvisa, que nosotros ponemos las temporadas


En diciembre llegó finalmente la cancelación de Z Nation, la apuesta por el género Zombie que lanzó el canal Syfy hace unos años. Teniendo en cuenta que ha llegado hasta ahora con cinco temporadas, más que una cancelación, podría considerársele una duración muy digna, y también muy inesperada.

Cuando comenzó su emisión, sobre 2014, las estimaciones más optimistas no le daban ni una temporada. La producción de Syfy con Asylum (marcas de calidad donde las haya) parecía un batiburrillo de argumentos de serie Z, mala infografía y personajes un tanto caricaturescos. Contaba, en cambio, con algo que a los pocos episodios consiguieron explotar y se convirtió en la baza de la serie: su sentido del humor y una falta de prejuicios mediante los cuales, se tomaban muy a broma aquel viaje a través de unos Estados Unidos apocalípticos en el que debían acompañar al único sujeto inmune al virus zombie a un laboratorio que, oportunamente, estaba en la otra punta del país. Al menos, este fue el hilo conductor de las dos primeras temporadas, donde aprovecharon para convertir su falta de medios en una virtud y convertir el paisaje en una herramienta de comedia. Los estereotipos de cada estado mezclados con unos zombies caracterizados con una cutrez propia de la película más pobre, y multiplicados con un tampón de clonar que se notaba a la legua, y un humor donde se mezclaba lo cutre, lo involuntario a veces, y unos cuantos chistes de porros, que no pueden faltar, definieron finalmente la serie a modo de comedia, quizá la que podría haber sido el proyecto televisivo de zombieland que no salió adelante, y donde había algo que estaba claro: aquello no había que tomárselo demasiado en serio. Y para muestra, sus protagonistas, que con unos rasgos muy de comic (Warren, la líder del grupo, Doc el médico hippie, Murphy el insufrible inmune al virus y una versión de saldo del bate Lucille acompañado por su propietaria), entraban y salían de la serie sin más duración que una temporada. No parecía haber un motivo narrativo concreto, salvo el cubrir a algún actor que no pudiera participar en ese momento o eliminarlo una vez terminada, o descartada, una trama.


Es un poco difícil hablar de “mejores temporadas” o “calidad de los argumentos” en una serie como Z Nation, salvo teniendo en cuenta sus características y que, probablemente al tercer capítulo, solo nos quedamos los cuatro frikis que conseguimos cogerle el punto. Pero si hubiera que elegir el mejor momento, sería esa segunda temporada donde quedaron más claras las intenciones de la producción y se establecieron los personajes favoritos del público: comedia, tono de broma, cliffhangers solucionados de forma arbitraria en la temporada siguiente y tres protagonistas que consiguieron sobrevivir hasta ese último episodio. Pero también, a partir de entonces, la serie se hizo un poco más errática. Quizá ni los guionistas contaban con poder continuar más de dos años, y empezó a notarse cierto tono de improvisación donde se olvidaban de las normas establecidas de una temporada a otra e incluso de la escritura de personajes. Murphy pasa de ser un antihéroe a una especie de dictador, Warren pasa a comportarse como una asesina despiadada, y el resto de protagonistas acaba separado en distintos escenarios por un motivo que huele a falta de presupuesto para contratarlos en todos los capítulos. Aparecen indicios de tramas que se olvidan al segundo episodio, los escenarios acaban convirtiéndose en descampados y desguaces, y comienzan a aparecer todo tipo de zombies propios de un videojuego para ser posteriormente olvidados ¿Qué llevamos dos episodios hablando del fin de la humanidad?  Bueno, ahora hay un cliffhanger donde aparece una comunidad floreciente ¿Qué aparecen unos zombies veloces e indestructibles? Vale, ahora no volveremos a verlos pero…¡oh, mira! ¡zombies que hablan!
 
 
La serie, conseguía más o menos, mantenerse, gracias a esa impresión de ser una comedia y no algo serio. Pero llegó un momento en que no era suficiente, y la falta de continuidad entre temporadas se hacía muy patente hasta la última entrega, donde mal que bien, consiguieron hacer una trama un poco extraña donde se mezclan las referencias políticas al mandato de Trump, las conspiraciones, un nuevo y brusco cambio en la actitud y personalidad de sus protagonistas y un personaje nuevo del que ahora quedarán las dudas sobre si hubiera sobrevivido a una sexta temporada. Y para el absurdo, porque en el fondo, esta última decena de episodios podría resumirse en “Roberta Warren y sus amigos buscan un suministro de galletas para evitar que los zombies parlantes se conviertan en asesinos sin alma”.
Z nation se despidió como apareció: de forma inesperada, a base de improvisaciones, y con un final feliz que se nota rodado en el último momento en que esta no fue renovada. Se despide también con cinco inesperados años de argumentos y comedia, a ratos rara y a ratos gruesa…De momento, más entretenimiento del que ha proporcionado Walking Dead en el último lustro.

jueves, 28 de diciembre de 2017

El día de los muertos (1985). El cierre de la trilogía…al menos, lo fue entonces


Vamos a terminar el año con zombies. Pero no con Walking Dead, ni con Z Nation, ni con esas cosas modernas, sino con los de toda la vida, los de Romero y su trilogía (o cuadrilogía, o variología de cuyas dos últimas no quiero acordarme) de los muertos vivientes, quien por desgracia le tocó ser uno de los obituarios de este año. Porque aunque hace años hubiera visto sus películas más veces de las que recuerdo, con el tiempo y la ficción que fue apareciendo posteriormente, fueron quedando en el olvido…Al menos, hasta que se anunció un remake de El día de los muertos con una pinta más que aceptable, y que seguramente acabaré viendo en cuanto esté disponible.


Pero El día de los muertos original, al menos en el 85, fue la última entrega, hasta casi dos décadas después, de los zombies concebidos por George Romero. Al igual que las dos anteriores, no había nexo de unión con la historia que se narraba, sino era por el escenario: los muertos han resucitado y un grupo de supervivientes, en este caso, militares, científicos y un escaso personal civil, intenta cumplir con su deber en lo que parecen ser varios meses después de lo sucedido en La noche de los muertos vivientes: las comunicaciones con los centros urbanos se han perdido, no parecen quedar supervivientes en el exterior y una cuadrilla de soldados bastante triste se desespera mientras los científicos, con unos métodos irrisorios, intentan conseguir algo. Que lo mismo es una cura para el virus, o lo que sea que anima a los zombies, o un sistema para domesticar a los cadáveres ambulantes. Medidas tan irrisorias que solo consiguen desesperar todavía más a los distintos grupos que conviven rodeados de muertos vivientes y por los que se teme desde el primer momento que no van a terminar bien.




En conjunto, la película parece tener todavía menos medios que las anteriores, o quizá, no saberlos explotar bien: si previamente se las arreglaban bastante bien con entornos cerrados como una casa, o un centro comercial, aquí la base militar (pese a usar localizaciones reales) tiene, al igual que los personajes que la habitan, un aire muy de atrezzo, donde entre los pasillos interminables, y las habitaciones llenas hasta arriba de cajas dan la impresión de haberse encerrado a rodar en unos almacenes. Los exteriores aparecen en muy contadas ocasiones, aunque al menos esto sirve para aprovechar el escenario cerrado a la hora de mostrar un número de zombies que para un público acostumbrado a Walking Dead resulte escaso e incluso un tanto cutre, pero detrás de los maquillajes se encuentra Tom Savini, todo un artesano en los efectos especiales y que, cuando salía su nombre en los créditos de una película fantástica, se sabía que estos iban a ser buenos. No de los más caros y vistosos, pero auténticos. Algo que también sucede aquí: los zombies que salen pueden resultar un tanto de serie B, limitándose en su mayoría a una buena capa de pintura azul, a que los extras trajeran lo que tenían por casa, y que echaran los brazos hacia delante haciendo un poco de ruido, pero no se corta ni un pelo a la hora de ofrecer tripas y casquería.

 
 
Pasen, vean y conozcan a Joe Pilato, el Bruce Campbell low cost


El término “Serie B”, también es adecuado para el reparto: ninguna cara conocida, en la mayor parte del metraje cumple, y en una parte importante, grita mucho. Salvo los principales, el resto se limita a cumplir unos estándares de malvado consistentes en frases ofensivas, amenazar a los civiles con las armas e irse poniendo en fila para ser aniquilados por los zombies. Algo similar con los científicos, que ni ellos mismos tienen muy claro que hacen ahí: no hay precisamente una trama sobre el origen de los muertos vivientes o una cura para la situación, más allá de una explicación muy similar, pero también inferior, a la que se da en Zombie. En cierto modo, la idea de poder mostrar un zombie con ciertas habilidades conscientes era algo que le hacía bastante gracia a Romero, que desarrolló lo que pudo en esta entrega y que expandió después en La tierra de los muertos.

 


Por comparación con las anteriores, y viéndola de forma estricta, El día de los muertos sería en cuanto a medios una entrega un tanto floja. No tanto, si se tiene en cuenta el estilo de toda la serie y tanto las limitaciones presupuestarias, resueltas con mucho ingenio, como las ideas sobre crítica social a las que Romero le fue dando más peso en cada secuela, pero que en ningún caso supusieron un lastre para una saga que ante todo, es un básico tanto en el género de terror como en el de los zombies.

 

 

lunes, 4 de julio de 2016

Generación Z (2015). Un parque temático con zombies no podía salir bien


Después de ver unas cuantas películas de zombies, o, bueno, bastantes. Muchas, si cuento las anteriores a empezar el blog, he comprobado una cosa: los muertos vivientes lo ponen todo hecho un desastre. La mayoría de los comics, libros o películas, cuando pueden, se ponen en el peor escenario posible, haciendo que la civilización sea solo un recuerdo y que la vida de los supervivientes sea más parecida a lo que se ve en los comics de The Walking Dead que a otra opción más optimista. Esta última es mucho más rara de encontrar, quizá porque la primera siempre resulta más sencilla que el integrar a los zombies en una situación cotidiana. Aunque la mayoría de los casos, esta última se queda en un descanso antes de que los zombies vuelvan a suponer una catástrofes, pero al menos, es una variación de agradecer en un género donde siempre es un poco difícil ofrecer novedades.

 


Generación Z (The Last Rezort en inglés. Porque en el título no pueden faltar las zetas, no vaya a ser que el público se despiste) presenta un mundo donde el virus que crea a los zombies ha sido identificado y aislado, convirtiéndose en una de tantas pandemias que sufrió la sociedad a lo largo de los últimos treinta años. Pero la apariencia de normalidad es tan relativa como la derivada de una guerra: mucha gente ha perdido a sus seres queridos durante la pandemia, el estrés post traumático es algo habitual así como los grupos de ayuda para las víctimas. Y los refugiados, así como su asentamiento, son un problema atendido escasamente por unas pocas organizaciones. Pero para una empresa esto ha supuesto una manera de ganar dinero, ofreciendo una isla poblada por muertos vivientes donde los turistas pueden desquitarse haciendo tiro al blanco. El negocio atrae desde aficionados a los videojuegos como a gente que ve en ello una forma de enfrentarse a sus miedos de forma segura. Después de todo, las medidas de seguridad son suficientes para mantener a los zombies alejados de sus clientes. Pero quizá no tanto como para evitar un fallo informático que puede poner en peligro a todos e incluso desencadenar otra epidemia.

 



Aunque el nivel de producción es bastante bueno, y en ningún momento da la impresión de ir escaso de presupuesto, las intenciones de la película recuerdan mucho a la serie B. La mayor parte de la trama transcurre en un espacio limitado, hay un numero relativamente amplio de personajes en el que hay bajas hasta quedar reducido a los protagonistas, un objetivo tan concreto como el salir de la isla en un tiempo determinado antes de que esta sea bombardeada, e incluso cierta cantidad de crítica social, pero como podía verse en la trilogía de Romero, o quizá, en Están Vivos de Carpenter o The Purge 2. Las empresas, pase lo que pase, van a esconder un negocio poco ético. Y las referencias a los refugiados y su situación son bastante reconocibles. Pero ese estilo de serie B es algo muy positivo, porque como historia, es muy rápida y concreta. Va al grano, divierte mucho y solo por el tiempo que dedican a sentar las bases de la historia despierta interés.

 


Incluso los personajes, son, al menos, correctos. Los actores no destacan gran cosa y en algunos casos, se ve por ahí alguna cara palo, pero desempeñan los papeles que les han dado de forma adecuada. Resumiendo, hay una protagonista, un traidor, un personaje silencioso con recursos y un amago de alivios cómicos que por suerte, acaban por no ir por ese camino. Cuando al principio la pareja de gamers gritones parecía pedir con ganas ser asesinados a la primera, se convierten en secundarios más tranquilos y que, aunque no se les llegue a coger simpatía (porque no hay material bastante como para que ninguno caiga bien), no molestan ni llegan a protagonizar situaciones absurdas. En realidad, no se trata tanto de los personajes como de la historia que se quiere contar con ellos. Que aunque sea ir del punto A al B, funciona muy bien.

 

Al principio el trailer sirvió para que se calificara como “un Parque jurásico con zombies”. Y sí, la película no inventa nada. Es imposible que no se reconozca un escenario que marcó una década como el de Spielberg, y otros elementos también se han visto antes. El disparar a los muertos como diversión y no como supervivencia era una parte importante del desenlace de La noche de los muertos vivientes, especialmente en el remake del 89. Hasta los edificios abandonados que se ven, y el truco de sembrar por ahí unos plásticos, recuerda mucho a los escenarios de Zombie 3…aunque esto último es exagerado: primero porque era una película que provocaba risa, y después, porque todos los edificios ruinosos se parecen. Pero, aunque vistos, se integran bien en el guión, y dan una sensación de ser conocidos y no originales, pero no de ser copia de algo que se haya visto.

Generación Z es una película que engaña un poco. Su argumento hace pensar en ese parque jurásico y ponerse en lo peor, o como mucho, en algo para ir viendo entre siesta y siesta. Lo que viene después es una producción muy competente y divertida. Y de la que podrían aprender algunos estrenos que llegan al cine.

jueves, 24 de marzo de 2016

Scout´s Guide to the Zombie Apocalypse (2015). Acampadas, exploradores y zombies



En tema de los zombies anda más o menos cubierto  durante el año gracias a Walking Dead, su spin off e incluso Z Nation cuando hay ganas de algo más cómico. Por eso no me doy tanta prisa en ver los estrenos como cuando era algo menos habitual, y cosas tan prometedoras como una comedia gamberra de zombies va quedando pendiente durante varios meses.



Scouts Guide to the Zombie Apocalypse aprovecha un montón todos los elementos de comedia e incluso los clichés habituales: la epidemia empieza con un accidente bastante torpe en un laboratorio  y la salida de los primeros infectados que siembran el pánico  en la ciudad ¿a qué se dedica el laboratorio? ¿Por qué esta en una ciudad pequeña? Bueno, si no nos preguntamos esto cuando vimos El regreso de los muertos vivientes o jugando al Resident Evil, ahora no nos vamos a conflictuar. Pero los protagonistas tardan bastante en enterarse, al tratarse de unos boy scouts a los que el accidente los encuentra en plena acampada. Por una vez, ser parte de un grupo tan poco popular entre el resto de adolescentes  es todo un golpe de suerte. Y en medio de una ciudad poblada por todo tipo de zombies, humanos, animales, corredores y no corredores, todo lo que aprendieron como exploradores puede ser bastante útil.

En principio, la película parece no inventar nada e incluso ir por caminos muy trillados. Por todo el argumento relativo a los zombies, el laboratorio  y cosas tan básicas como el calcular las distancias entre los escenarios clave de la ciudad, se pasa de puntillas. Estos hacen falta solo para poner en marcha la comedia, y no se pierde mucho tiempo en dar un trasfondo lógico o más bien, en invertir esfuerzo más allá de sacar a los zombies en el momento justo. Incluso estos se toman de forma bastante referencial, cuando los protagonistas emplean sin ningún complejo la palabra zombie desde el principio.



El resto del planteamiento también se queda en algo muy visto: a ciudad vacía, los zombies que aparecen de forma aleatoria  y todo  justificado mediante la evacuación militar más silenciosa de la historia de la serie B. Lo más reconocible en este caso es la secuencia de la discoteca, donde los adolescentes bailando, el ataque al local y los protagonistas salvando a sus amigos e intereses románticos mediante armas improvisadas  recuerda, salvando las décadas, a Night of the Creeps. Y lo cierto es que el conjunto tiene un aire un tanto de los ochenta en su estilo: el guión, los personajes nerd, adolescentes como protagonistas absolutos  y un humor bastante simple. Salvo pro la actualización de algunos gags, donde se incluyen ya el uso de las redes sociales y los selfies  como algo habitual en los momentos más anticlimáticos. Y es que lo de hacerse fotos con los zombies, además de incluirlo como guiño final en los títulos de crédito, ha sido todo un descubrimiento y confirma bastante las ganas de aportar algo reconocible de esta década.



Durante la primera mitad, los tópicos se hacen demasiado patentes. La intención cómica es muy evidente, casi la tiran a la pantalla desde el primer momento e intentan potenciar el aspecto más ridículo de los personajes. Los chistes, también dependen algo más de los clichés de los adolescentes salidos (también, todo un subgénero en los ochenta. Y después). Parecía que iba a quedar en una producción con humor fácil y tirando de cosas vistas cuyo funcionamiento es más que probado. En cambio, el buen ritmo que mantienen hace que esta primera parte sea muy llevadera, y que incluso a ratos los momentos más chuscos tengan su gracia. El planteamiento y escenarios no son nuevos, pero se manejan con pericia hasta llegar a un desenlace muy ágil donde el guión, aún recurriendo a lo visto, como las armas caseras, la fiesta y el montaje acelerado, divierte y hace que la película termine funcionando mucho mejor de lo que se esperaba.

 
Garantizamos a nuestros lectores que esta secuencia es breve y cat friendly

Scouts Guide to the Zombie Apocalypse no es precisamente un nuevo Shaun of the Dead. Ni en originalidad, calidad del humor ni registro de sus actores. En cambio, es una comedia más cercana a la serie B de adolescentes sin complejos, sin intención de generar franquicia pero sí de presentar a los zombies en su versión más cercana al estereotipo y la comedia. Y como tal, tampoco faltan sus momentos con animales zombies. Aunque por suerte, los mininos zombieficados salen poquito.

Este es un blog cat-friendly

Este es un blog cat-friendly
...Por si quedaba alguna duda