Como se había prometido desde que en 2.015 Star Wars regresó
a la gran partalla de la mano de J. J. Abrams, hemos tenido en determinadas
fechas la entrega correspondiente de la saga. Una trilogía que empezó casi como
un reboot para las nuevas generaciones, vio el relativo fracaso que suponía el
pretender sacar una película anualmente, volvió a alcanzar el éxito gracias al
bebé Yod…digo…a The Mandalorian, y durante cada parte de la nueva trilogía,
contaba con criticas dispares. Algunas positivas, otras no tanto, y una parte,
de protestas a cada cual más rara por parte de un sector de los fans.
El ascenso de Skywalker sería el final de la saga de nueve
episodios de La guerra de las galaxias como supuestamente, habría sido pensada
desde que se estrenó a finales de los setenta. Esta ha sido la historia de Rey,
la joven chatarrera que descubre su condición de Jedi, y de Kylo Ren, el
caballero Sith a cargo de un imperio que continúa ganando la batalla a un
ejército rebelde cada vez más debilitado. Pero también del regreso de Luke
Skywalker, quien fue el último Jedi, de cómo Han Solo y Leia perdieron a su
hijo y como, por muy poco tiempo, el imperio pudo verse debilitado. Un tiempo
después, esa victoria se ha quedado en un espejismo: Ren es ahora el lider
supremo, hay noticias del regreso de Palpatine, de la existencia de una
poderosa flota que podría barrer todo atisbo de resistencia en la galaxia, y
Rey, cada vez más llena de dudas, continúa su entrenamiento.
Poco se puede decir a nivel técnico de la última parte de la
serie, donde los efectos especiales no sorprenden sino que son lo que se espera
de una producción millonaria. Espectaculares, y afortunadamente integrados en
unas escenas de acción dinámicas de forma que pueden ser un espectáculo, pero
uno pensado para asombrar al público y mantenerlo pendiente de las batallas de
naves espaciales y duelos con sable láser. Destacan, entre ellos, las escenas
de la nueva flota imperial, acechando en un espacio remoto donde predominan los
colores oscuros y los grises, donde el carácter malvado de los sith se ve
representado de una forma muy directa y muy clásica, y donde estos llegan a
recordar a los hechiceros de alguna novela de fantasía. No faltan, tampoco,
escenarios variados. Desiertos, selvas, e incluso ciudades de aspecto un tanto
antiguo cubiertas por la nieve, e incluso una breve aparición de los ewoks de
los que se ha conservado su aspecto de marioneta no digitalizada.
El mayor acierto han sido seguramente los dos personajes
principales. La caracterización y desarrollo de Rey y Kylo Ren ha estado a la
altura de los protagonistas anteriores (y parece que tanto Adam Driver como
Daisy Ridley no van a tener unas carreras tan erráticas como sus predecesores)
y durante la trilogía se ha mantenido la química entre ellos. Quizá con más
solidez en el caso del personaje interpretado por Driver, de quien se pudo ver
la evolución de un villano con ciertas rabietas infantiles a un antagonista
principal con cierta complejidad. Los secundarios, al menos relativamente,
porque su aparición e importancia varía bastante de una película a otra, siguen
contando con carisma, siguen funcionando como equipo (y dejando a la
imaginación del público la evolución de estos en el tiempo que media en cada
una), pero sufren uno de los principales defectos de la trilogía: demasiados
personajes, y a menudo, pocas tramas para ellos. Finn, uno de los primeros
personajes que acompañó al público en el regreso de la trilogía, es ahora un
personaje muy menor, Poe Dameron se ha convertido en un Han solo ahora que,
finalmente, la mayoría de los protagonistas de La guerra de las galaxias han tenido
su desenlace, y Rose Tyco, uno de los secundarios más controvertidos de El
úlitmo Jedi (por nada en concreto, si no es por sufrir las tirrias de un sector
del fandom) acaba sufriendo un destino similar al que tuvo Jar Jar Binks: está
ahí, pero relegado a una aparición poco menos que testimonial en una trama donde llega a tener más peso la
presencia de una Leia recreada mediante CGI que un secundario nuevo. Uno
potencialmente interesante pero que adolecía de una situación donde este
pudiera ser necesario.
Aunque a menudo no se reconozca, la saga de Star Wars
siempre vino marcada por un carácter improvisado: ninguna de las tres fue una
trilogía con tramas calculadas desde un principio, sino que estas se iban
pensando sobre la marcha. Los hermanos Skywalker, la identidad de Darth Vader,
u ¡horror! Los midiclorianos parecían cambiar de una entrega a otra. Una
tendencia que aquí se convierte definitivamente en la norma y donde deciden
salvar gran parte del guión a base de deus ex machinas donde los rebeldes, y
los secundarios más queridos de la trilogía clásica siempre van a salvarse:
está claro, a Chewbacca y a C3PO no les va a pasar nada. Y sobre todo, donde
deciden saltarse a la torera revelaciones establecidas en la segunda película
para inventarse otras nuevas, más inesperadas, más grandilocuentes…y más
cogidas por los pelos. Porque, el que Palpatine esté por ahí, vivo, coleando y
planeando maldades galácticas solo puede ser creíble si es como artículo de fe.
Del mismo modo que el trasfondo del que se dota a Rey, de forma igual de
inesperada y que choca en todo momento, con una versión más humilde y cercana
que había sido ofrecida en El último Jedi. Y es que, cuando todos los
personajes descienden de alguien importante o tienen una misión global, el ser
una chatarrera hijo de nadie en concreto era quizá lo más interesante que podía
ofrecerse. Hasta que los guionistas decidieron que no era suficiente.
Con esta trilogía terminada, es difícil decir si ha sido la
peor, superior, o un cierre normalito. Ha sido, al igual que El retorno del
Jedi, un desenlace que fue capaz de mantener a alguien que no es un fan
acérrimo de Star Wars pendiente de Rey, Kylo, Poe y Finn durante dos horas y
pico. Que disfrutó con las escenas de lucha, con los indicios de romance y
levantó un poco la ceja ante los giros de guión y revelaciones inesperadas.
Pero que al final, se queda con la frase que debería recordarse cada vez que
quieren complicar demasiado una historia: es solo una película, habría que
sentarse y disfrutar de ella.






















