jueves, 21 de agosto de 2025
Lecturas de la semana. Señores de entreguerras
jueves, 4 de abril de 2024
Karel Capek. La guerra de las salamandras. Que el fin del mundo nos coja pescando salamanquesas
El siglo XX ha dado el término distopía c como narración literaria (o como realidad, según tengamos de alegre el día): un escenario en el que una situación improbable se convierte bien en un reflejo de la realidad o en un relato moral sobre lo que puede convertirse esta si la humanidad cede a la codicia, al fanatismo o a la l violencia. Si 1984 o Un mundo feliz son el paradigma de lo que puede llegar a ser ese futuro, Mercaderes del espacio, e incluso Neuromante, ahonda todavía más en ese posible escenario en el que el capitalismo y la libertad de mercado devoran, literalmente, hasta el último de los bienes necesarios. Y si bien estos entran dentro de la ciencia ficción, se aprecia en ellos cierta sorna, muy leve, mediante la que todos los personajes se limitan a aceptar la realidad que les ha tocado, pero sin que esta fuera lao bastante evidente como para que pudieran ser consideradas una sátira. Tema al que en cambio, sí recurre el checo Karel Capek, , que si bien ha abordado la ciencia ficción y sido el responsable del término robot, afrontó con cierto sentido del humor, de una forma que podría considerarse más bien un “me río por no llorar”, y que también está presente en su novela de 1936, una de las más conocidas en las que se plantea: ¿qué pasaría sin en este siglo, donde nos hemos peleado con todos, colonizado todo lo colonizable, pudiéramos aprovechar el trabajo de unos simpáticos anfibios con habilidades motrices? ¿qué podría salir mal?
La guerra de las salamandras comienza con el descubrimiento del capitán Van Toch, en una remota isla del sudeste asiático: una población de criaturas bípedas, similares a una extinta especie de salamandra, que sorprenden al capitán con su habilidad de imitar sonidos humanos, pero, sobre todo, de manejar pequeñas herramientas, y que suponen para este toda una oportunidad en el negocio de la recolección de perlas. Las salamandras, trasladadas de isla en isla por el capitán como parte de su iniciativa mercantil, se convierten primero en una curiosidad circense, en un ejemplar zoológico, y posteriormente, en una oportunidad empresarial para quienes sepan aprovecharlo, como ha hecho el Sindicato de Salamandras dirigido por H. H. Bondy y sus socios, quienes a partir de entonces, dirigirán el mercado y distribución de salamandras como fuerza de trabajo para todo el mundo. Pero con la proliferación de estas, a parecen nuevas cuestiones en la sociedad: desde trabajadores indignados, pasando por ciudadanos preocupados por el bienestar de los bichitos, e incluso una nueva clase de reptiles educados, gracias a la labor humanitaria y la preocupación de muchas damas por su bienestar espiritual, que aprenderán a comunicarse con los humanos e incluso uta utilizar con ellos sus mismas técnicas para enriquecerse.
La novela se plantea como una crónica en la que un punto de partida improbable se emplea para mostrar un reflejo muy acido de la sociedad. De una forma similar a la que Pierre Boulle llevaría a cabo años después con El planeta de los simios. Salvo que en el libro de Capek opta por un enfoque mucho más irónico, y que oscila entre la narrativa coral, la crónica y la novela experimental. Una parte de la trama avanza mediante las acciones de determinados personajes, como el capitán Van Toch o el señor Povondra, el portero que en un momento concreto, permite el acceso de este al despacho de quien financiará el comienzo de la explotación de las salamandras. La presencia de estos supone una aplicación muy particular del efecto mariposa: acciones muy pequeñas supones un cambio de gran importancia en el mundo, como el caso del señor Povondra quien llega a lamentar una decisión que pone en marcha los hechos que condenarían a la humanidad años después. Y es también, a través de los recortes de periódico recopilados por él, con los que Capek hace avanzar la trama a nivel global. Estos narran el desarrollo del comercio, los conflictos y los cambios en la sociedad que suponen, pero también reflejan con ironía e imitando un estilo periodístico complaciente, situaciones que son muy similares a las reales. Los conflictos con las salamandras y la modificación de la geografía global por el beneficio económico no esconden si no el colonialismo, la esclavitud, el racismo y la creencia ciega en el campitalismo como feneficios inagotables que estaban presentes en aquella sociedad de los años treinta, y que casi cien años después, continúan estándolo.
Alternando entre esos capítulos con personajes identificado, a través de los cuales se puede intuir el paso de los años, y los textos a modo de crónica periodística, la novela adquiere un tono un casi experimental, mitad crónica, mitad narrativa, y gran parte sátira, llegando incluso, en el desenlace, a romper la cuarta pared entre la ficción y el aturo cuando este se plantea que es lo que puede hacer para salvar a sus personajes. La solución de Capek, cargada de reflexiones, no es otra que recordar que la historia siempre se repite, y que las salamandras han aprendido tan bien de los humanos que estas, con el tiempo, acabarán cayendo en los mismos errores. Teniendo en cuenta la fecha de publicación, su desenlace abandona rápidamente ese tono de humor absurdo que había mantenido como herramienta para reflejar los defectos de la sociedad para acabar con una advertencia casi apocalíptica.
La guerra de las salamandras, recurriendo a un sentido del humor muy propio de Capek, y también deudor del Buen soldado Svejk de de Jaroslav Hasek, es tanto una sátira de ciencia ficción como un reflejo de una sociedad que, desde 1936, parece no haber cambiado tanto.
jueves, 16 de febrero de 2023
Lecturas de la semana. Putain de guerre!
Jean Cocteau. Thomas, el impostor. A un improvisado hospital para los heridos, de guerra, en un Parías al borde de la evacuación, ante el temor a ser ocupados, se presenta un joven militar. La sola mención a los Fontenoy hace que todos se den cuenta que este no es otro que Guillaume, el sobrino del general. Madame de Borme parece encantada con la aparición del pariente de un héroe de guerra. El doctor Vernes tiene sus sospechas de un soldado que parece demasiado joven para quien dice ser. Henriette, la hija adolescente de Madame Borme, no tarda en enamorarse de Guillaume. Y en medio, Guillaume de Fontenoy, que no es otro que Guillaume Thomas, un chico de dieciséis años que, lejos de corregir la equivocación de la que ha sido objeto, juego con ella incorporándola a una nueva identidad que, va adaptándose a cada situación o a los nuevos intereses que este desarrolla.
Escrita en 1922, Cocteau utiliza un estilo muy conciso, de escenas variadas apenas conectadas entre sí y frases muy cortas, de forma que la narración resulta similar a un texto poético ,y muy cercano a las nuevas formas de estilo que venían desarrollándose.
La narración gira entorno a la figura de Thomas, que puede definirse como un personaje amoral_: sus acciones no responden a ninguna intención egoísta sino al juego que este, sin motivo aparente, desarrolla en su cabeza. La línea que separa la verdad y la invención es tan fina como podía ser la de un niño, llegando a considerar toda su creación como algo verídico e incorporando nuevos aspectos a su fantasía una vez los anterior lo aburren. Su papel principal en el hospital da paso a un romance con Henriette, este, al deseo de ir al frente donde su juego encuentra el mismo final que el de tantos otros soldados refugiados en una trinchera. El resto de personajes se mueven y actúan en un escenario del que el texto no escatima en refleja la crudeza de la guerra: los pueblos vacíos, el traslado de un convoy de heridos donde la muerte se convierte en algo inevitable, la cercanía de un enemigo que solo se distingue por estar al otro lado de una trinchera… son una parte, la más real, del escenario en que se mueve su protagonista.
John Buchan. Los treinta y nueve escalones. Cuando Richard Hannay, poco después de regresar a Inglaterra, acoge en su casa a un personaje que asegura ser perseguido por una organización secreta, y de cuya supervivencia depende la seguridad de Inglaterra ante la guerra que acaba de estallar, no imaginaba que el asesinato de este a manos de sus perseguidores lo llevaría a atravesar escocia huyendo de las fuerzas del orden, acusado de asesinato, pero también perseguido por agentes mucho más peligrosos y dispuestos a que su plan pueda llevarse a cabo. A lo largo de varios días, Hannay a que su plan pueda llevarse a cabo. A lo largo de varios días, este solo contará con su ingenio para poder descifrar un misterioso código, y la ayuda de unos pocos paisanos a los que su historia, pese a lo descabellado, resulta igual de posible que la que el escuchó hace solo unos días.
La novela, quizá más conocida por la adaptación cinematográfica, esta, también muy libre, fue escrita en 1915, por lo que la Gran Guerra era un evento relativamente reciente y ficcionaliza los eventos que llevaron a Gran Bretaña a entrar en el conflicto. Esta consiste en un viaje accidentado por la geografía británica, en la que el peligro es un factor externo (en este caos, una organización de espías) pero en la que e el protagonista también tiene un carácter ajeno a la vida de la isla: esta acaba de regresar de África, por lo que para su entorno, también es e un recién llegado y sospechoso principal del asesinato. Aunque también los conocimientos adquiridos fueran son los que le sirven para sobrevivir e incluso detener a los antagonistas, sean estos científicos o sociales, como el recordar personajes que había conocido durante su trabajo en el extranjero.
El ritmo es muy rápido, en 1520 páginas que comienza con un asesinato, continúan por un recorrido de Inglaterra y los distintos secundarios que sirven de aliados improvisados, y terminan resolviendo el código que da título al libro, deteniendo a sus conspiradores. Una situación que contrasta con esa primera parte, la huida del protagonista, donde sus encuentros se producen con todo tipo de personajes que representan el ideario rural británico: dueños de una pensión, carretero, granjeros o pequeños aspirantes a político.
La atmósfera, pese a su sensación de carrera contrarreloj, también tiene cierto aire de inevitabilidad: si bien se habla de lo que está en juego, el lector sabe como va a terminar este, suponiendo para los personajes solo un pequeño adelanto en su conocimiento, y la impresión de estos de haber evitado un mal mayor.
Como curiosidad, la edición que encontré, una publicación de J´ai lu, es una edición promocional en colaboración con una marca de cervezas. A ver si a los de estrella Galicia y Valdemar se les ocurre hacer algo así, y si no, ahí lo dejo…
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