Hace seis años una película seguía de una manera muy similar a los reportajes de true crime, las desaparición en extrañas circunstancias de un excursionista en el desierto de Nevada,. Esta, abriendo más enigmas que resolviéndolos, indicaba la posibilidad e algo acechando en aquella extensión de terreno para la que la persona desaparecida a la que seguían el rastro solo era una de varias que habían sucedido durante los años previos. Esta investigación era en realidad un found footage dirigido por Dutch Marich quien en ese primer Horror en el Alto Desierto comenzaba una franquicia que discretamente, había ido asegurándose un grupo de seguidores mediante una premisa sencilla, enigmática y una distribución a través de plataformas de streaming. Desde entonces, casi cada año, se estrena una nueva entrega donde poco a poco, van desentrañando el misterio y añadiendo nuevas líneas.
Tras los hechos narrados en Minerva, uno de los muchos investigadores aficionados que siguió el caso de Gary Hinge, aprovechando la distracción provocada por el incendio forestal que arrasa un lado del estado, se mueve libremente por el desierto para descubrir que ha sucedido mediante la información que este asegura tener en su poder. Esta la llevará a los terrenos adquiridos por la compañía minera Mantis, que Oscar, ese investigador obsesionado con lo que esconde un lugar a miles de kilómetros de su hogar, no dudará en atravesar infringiendo la ley y arriesgando su vida.
Esta entrega continua el anuncio con el que se cerraba Minerva: esta vez, la investigación principal sigue los pasos de ese aficionado de una forma muy similar a la primera parte: diversas entrevistas a familiares y amigos que dan una caracterización con un tono periodístico. Este no es desarrollado por sus propios actos sino por lo que su entorno cuenta de el. En este caso, presentado como un tipo de perfil que se aferra a una investigación que no tienen nada que ver con su vida como una manera de mantenerse a flote psicológicamente. Detalles que van a pareciendo en cada entrevista (y de paso, que sirven para jugar al despiste sobre si ha conseguido llegar al final para contarlo o no, como había apostado hace un par de años tras ver Minerva). Y con los que aportan un componente más humano a la trama. Esta, por esa misma causa, también afecta al ritmo de la película, que sigue intentando mantener el tono de crónica periodística destallando todo y que pese a su brevedad, no sea uno de los found footage más dinámicos que hay disponibles.
Pero, tras tres películas, queda claro que este es el tono elegido para la franquicia, y que no va a cambiar. Es también el momento en el que se aporta más información nueva a la trama con elementos como la incorporación de ese nuevo escenario, un pueblo expropiado por la empresa minera en la que los trabajadores entrevistado aseguran haber visto algo durante la noche, y al que el protagonista se dirige. Esta segunda mitad es la más interesante, metiéndose por fin en lo que aparentemente es una respuesta al misterio y donde se dedican, de forma similar a las anteriores entregas, a secuencias más largas mediante las cintas grabadas por su protagonista, en la que el publico, solo puede esperar a atisbar algo, y si no se está acostumbrado al ritmo de esta serie, desesperarse un poco con las secuencias nocturnas.
Majesty supone un cambio drástico en la franquicia. Esta comienza con la entrevista a Dolly Broadbent, dueña del rancho Majesty quien tras perder su hogar en un incendio, descubre que una de las pocas cosas que se han salvado del fuego es una caja oculta en el sótano de la casa familiar, perdida hace décadas y cuya desaparición obsesionó a su padre hasta la locura. El contenido de esta son una serie de notas y grabaciones que Beau Broadbent registró durante años, convencido de que algo merodeaba por su rancho y que la compañía minera dueña de los terrenos adyacentes, y empeñada en comprar sus tierras, conocía.
Las grabaciones, onde se llegan a captar siluetas humanoides, sonidos e incluso en enfrentamiento directo, son completadas con notas, un tanto erráticas, para desgracia del equipo de periodistas , menciones a un abogado y a un misterioso informador al que Beau se refiere como El hombre extraño, que bien quedan como pista muerta, o bien abren posibilidades.
Esta entrega funciona casi como una precuela, pero también como una película independiente. Tras un prólogo haciendo referencia de forma genérica a las desapariciones, este reconstruye la historia d ellos Broadbent, expandiendo las pistas descubiertas en las películas anteriores, abriendo una trama nueva alrededor de la empresa minera y aportando más información, aunque vaga, acerca de los seres del desierto. Se habla de su aspecto humanoide en algunos casos, de su aversión a la luz y el sonido que emiten. Es también donde se podrá ver a algunos de ellos de forma más explicita, aunque siempre, con la vaguedad que caracteriza a la franquicia. En este caso, el equilibrio entre la historia d ellos personajes de la trama está mucho más conseguido. El único que aparecerá será Dolly, una ranchera de carácter recio que se encarga de narrar los hechos mientras que la figura de su padre se muestra a través de los elementos obtenido de la caja.
La historia toma aquí un carácter casi propio de los terrores forestales de Algernon Blackwood con algo desconocido que esta vez se acerca más a sus víctimas, y un escenario, el desierto, que acaba convertido en un personaje más, una extensión interminable con la que hay que tomarse su tiempo para apreciarla y comprenderla como procura hacer el guion. Y que, para espectadores ajenos a esa geografía le resultará un terreno enigmático y fascinante.
Majesty se cierra una vez más, con un adelanto para el siguiente capítulo de la investigación: un trabajador de Mantis los contacta y les ofrece una visita e información. Esta, cuyo rodaje ha comenzado ya, llegará seguramente este año, y sin más información de momento acerca de una sexta película, habrá que esperar en todo caso, a saber que se esconde en el interior de las minas del desierto de Nevada como mínimo, hasta 2027.