Desde que dejé de preocuparme por cuestiones de espacio y logística de mudanzas, he retomado definitivamente las librerías de segunda mano y es inevitable que salga de allí con alguna compra. Esta es aleatoria y depende de lo que haya disponible, aunque si que últimamente es relativamente más fácil encontrar ejemplares que antes era imposible de localizar, como las colecciones de fantasía de Martínez Roca o alguna edición de Círculo de Lectores. Quien también va apareciendo en más de una ocasión es la extinta Factoría de Ideas, que salvo excepciones, su catálogo no se puede comparar con las anteriores, peor no decir la mala fama de sus traducciones y edición, pero al menos supone contar con alguna que otra lectura y pensar con muy poca nostalgia “madre mía las que nos colaban en los dosmiles”.
Barbara Hambly. Cazadores nocturnos. Cuando James Asher, profesor universitario y espía retirado regresa a su casa, encontrando a sus ocupantes sumidos en un profundo sueño, no imaginaba que la existencia de los vampiros en la Inglaterra del rey Jorge fuera algo real, y mucho menos, que estos necesitaran su ayuda para encontrar ala asesino que ha comenzado a destruir a todos los no muertos de Londres. Acompañado por Ysidro, un vampiro centenario, quizá el más antiguo de la ciudad, y con la promesa de que su ayuda supondrá la salvaguarda de su esposa, recurre a sus conocimientos de antropología, así como los de espía, descubriendo la existencia de una pequeña sociedad vampírica que vive oculta en Europa, siguiendo sus propias normas de caza y creación de nuevos pupilos, pero también que ese misterioso asesino puede ser algo similar a ellos, y más poderoso.
La novela es parte de una serie de historias autoconclusivas donde repetiría como protagonista el trío formado por el profesor Asher, su esposa y el Vampiro Ysidro, de la que Timun Más únicamente publicaría el primer tomo (corrió mejor suerte su primera trilogía del reino de Darwath, que sí fue publicada entera). Esta desarrolla una trama detectivesca con el punto de partida de “algo está matando a los vampiros” y que si bien no es lo más rutinario del libro, con su recopilación de pistas e información, a provecha bien el salirse de la época victoriana y ofreciendo un giro con científicos locos y alguna referencia l ambiente prebélico que se gestaba.
Sin embargo, el libro es un tanto lento para su brevedad, dedicando más tiempo a desarrollar las características de los vampiros que, aquí se alejan mucho del estilo romántico que se estaba convirtiendo en la norma y deriva hacia unas criaturas que niegan cualquier similitud con la especie humana y se definen como cazadores, siendo su capacidad de seducción únicamente una herramienta para atraer a sus presas. La investigación de Asher lleva también a describir la organización de estos en pequeños grupos, los lazos existentes que no son amistades o el amor humano, y también algo de su biología, dejando de ser estos inmortales para estar sujetos a cierto deterioro provocado por el paso de los siglos.
Una mitología que acaba convirtiéndose en lo verdaderamente atractivo de la historia y que, sin llegar al nivel de influencia de las crónicas vampíricas de Rice, se convertiría en un referente posterior para el universo de vampiro la Mascarada, que no duda en incluirla como referencia bibliográfica directa…y a su vez, el juego se convertiría también en una referencia para gran parte de la narrativa de vampiros y la fantasía urbana de los siguientes años.
David Morrell. Allanadores. Aunque el término más habitual para los personajes de este libro sea el de explorador urbano, el grupo que un periodista de investigación contacta para llevar a cabo un reportaje sobre esta actividad se denomina a si mismo allanadores (creepers en el original, aunque tampoco está demasiado bien traido): personas lo bastante audaces como para saltarse la prohibición y las normas de seguridad de lugares ruinosos, pero con valor histórico, y que exploran su interior con una norma clara: no puede alterarse nada, ni llevarse nada. Estos, un profesor de universidad a punto de retirarse y tres antiguos alumnos acompañan al periodista al hotel Paragon, construido por un millonario recluso en la época dorada de Jersey y actualmente abandonado sin más medidas de seguridad que una exigua vigilancia. La historia de su fundador, su particular miedo a salir al exterior y su obsesión por observar las vidas de sus huéspedes, así como su pasado como uno de los escondites de un gangster de los años veinte, hace sospechar que este oculta mucho más que antigüedades y pertenencias de sus clientes. Pero, al igual que el hotel, los allanadores que atraviesan los túneles de entrada del hotel, no son lo que parece.
De nuevo, el libro es en realidad el primero de una serie, cuyo protagonista, antiguo detective y ex marine, está más cercano al thriller que se estilaba en la década del dos mil que al terror. Y aunque la portada anuncia que ganó el premio Stoker en 2006, su lectura hace pensar que como debía estar entonces la cosa para que le dieran un premio a esto: lo mejor que se puede decir es su similaridad con una película d sus pensé de la época, donde es muy fácil imaginarla como un largometraje de no más de noventa minutos, actores más o menos populares y algo de infografía (no sé si Morrell tendría lo mismo en la cabeza, porque se nota a la legua), y quien espere una resolución sobrenatural se va a ir decepcionado. Esta, después de ir descartando varias posibilidades a base de giros sorpresa, en el que el siniestro propietario hace suponer una presencia espectral, los gatos mutantes albinos sugieren la existencia de criaturas monstruosas viviendo en un ecosistema cerrado, y la revelación de que ese reportero no es otro que un ex marine contratado para recuperar los lingotes de oro ocultos en el hotel, todo acaba con un asesino en serie con una motivación cuyo origen se encuentra en el pasado del edificio. Parece que el truco de Morrell consistía en ir incluyendo giros inesperados que descartaban de un modo a otro lo narrado previamente, hasta el desenlace donde decide prescindir del elemento sorpresa y recurrir al otro tópico de la literatura de kiosco: las explosiones. Porque no vas a tener a un protagonistas con experiencia militar si no haces que escape con la chica en el último momento de un edificio que va explotando e inundándose por partes.
Todo ello, con un estilo muy de novela de bolsillo, recurriendo a escenarios que se han visto previamente, desde Relic a el coleccionista, y donde, la posible diversión que podría ofrecer se desvanece al recurrir a un desenlace típico del thriller. Y en el que cualquier fantasma, habitante del subsuelo, o posible tópico de la serie B resultaría mucho más creíble que un desfile de mercenarios y asesinos en serie por la costa de Jersey.








































