Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna
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jueves, 18 de agosto de 2022

Resident Evil (2022). Under my Umbrella

 


En 1996, con la llegada de las consolas de nueva generación, se lanzaba un videojuego que, además de convertirse en una de las franquicias más duraderas, sería el comienzo de un género: el survival horror, que aprovechando las mecánicas que permitía la nueva tecnología, desarrollaría una mezcla de terror, combate, aventura gráfica y unas mitologías bastante complejas que   permitían una mayor posibilidad de trasladarlos al medio audiovisual. Algo que sucedió a menudo con la saga de Capcon, que además de varias producciones de animación, daría lugar a una saga de siete películas donde, Resident Evil poco, pero Milla Jovovicch dando saltos y usando a los protagonistas del videojuego como secundarios, todo lo que quieras.  Una versión cinematográfica que para los aficionados, no le hacía justicia al material original y de la que  su nueva adaptación, sin el estilo fan fiction de Paul Anderson, tampoco había gozado del favor de los jugadores. El salto a serie de tv era  algo que cabía esperar, en este aso, de la mano de netflix que no es ajena a producir live action…aunque también sea conocida por su tendencia cancelar todo o que no le funcione a la primera temporada.



Resident Evil comienza mostrando la situación en 2036: tras algún tipo de catástrofe, que ha provocado la aparición de hordas de muertos vivientes  y de animales mutantes de tamaño gigantesco, las poblaciones se han replegado entre distintas facciones, controladas una parte por la corporación Umbrella, zonas fronterizas que viven del contrabando, y grupos independientes como la Hermandad, formada por fanáticos religiosos, y la Universidad, dedicada a investigar a las criaturas que deambulan por la tierra en busca de una forma de evitar su peligrosidad o  o encontrar un remedio. Jade es una investigadora de la Universidad cuyas incursiones en zonas aisladas la llevan a menudo a exponerse no solo a los zombies sino a bandas de contrabandistas y a la corporación Umbrella, que parece estar interesada en su captura. Billie, su propia hermana, ocupa un puesto  de responsabilidad en esta y no dudará en sacrificar cualquier cosa para traerla de vuelta aunque los lazos familiares en este caso no son el principal motivo. Paralelamente, se irá conociendo lo que sucedió hace catorce años en Nueva Racoon City, una ciudad corporativa situada en Sudáfrica, a la que las gemelas Jade y Billie Wesker acaban de trasladarse con su padre.



La serie opta por funcionar como continuación de lo sucedido en las primeras entregas del videojuego, para después desarrollar el argumento de forma más libre. Unos de los primeros momentos de sorpresa vienen dados por la aparición de Albert Wesker, muerto según el canon oficial y que regresa como personaje principal en la trama ambientada en la actualidad…aunque teniendo como trasfondo a una empresa malvada con todo tipo de recursos científicos, no es muy difícil imaginar cual será la explicación de su regreso.


Las referencias al primer videojuego también están presentes, bien como mención directa o como guiño a la serie: se volverá a hablar del virus T, ahora reconvertido a una nueva actividad empresarial (malvada también) y a la  mecánica de puzles del videojuego: el momento en que las protagonistas deben seguir una serie de pistas repartidas por la casa para encontrar objetos (desde tocar una melodía al piano hasta mirar  tras una foto) remiten directamente a las investigaciones en el primer Racoon City.


Dentro de la trama de la actualidad, que para tratarse de una serie de zombies es más interesante que su continuación en el futuro, es interesante el cambio de concepto ético y de actividades reprobables: a mediados de los noventa, fue la investigación de un virus con fines militares. En 2022 el beneficio económico se traslada a la industria farmacéutica y la especulación con la salud mental mediante el desarrollo de un nuevo antidepresivo a partir de las investigaciones con el anterior virus. Tampoco faltan referencias  a la mercantilización de la vida como algo aceptable dentro de la ideología de sus personajes: en un momento dado, Jade y Bilie mencionan haber nacido tras un procedimiento de donación de óvulos y gestación subrogada. Un diálogo un tanto gratuito pero que parece estar pensado para recordar que Umbrella es una de esas corporaciones malvadas por excelencia, a la misma altura d que la Weyland Yutani, la OCP o la Tyrell.



Aunque intentan enfocar una historia nueva, y planteada de forma que sea accesible para los que no conozcan el videojuego, el resultado es muy irregular. Mientras la trama situada en la actualidad, que mantiene mayor interés, también resulta en su comienzo la más aburrida, dedicando bastante tiempo a recrear el día a día de una comunidad  creada alrededor de una empresa hasta que la trama arranca…y de la forma más absurda posible: para tratarse de una empresa que desarrolla proyectos secretos, es  sumamente fácil  para dos niñas en edad de grabar Tiktok colarse en el laboratorio y   liberar a uno de los animales infectados. Entre esto, y lo del 96, lo mismo tenían que dotar mayor propuesto a las infraestructuras de seguridad…

Y aunque la aparición de Lance Reddick como Wesker de bastante  cuerpo a una parte de la trama parotagonizada por dos niñas un poco nerviosas, su aparición como una de las múltiples versiones del villano roza lo ridículo:_ mientras que la defensa de sus hijas en un entorno  anodino como una discusión del colegio sugiere la capacidad de amenaza del personaje, su cameo como primer Wesker, con un atuendo que parece un cosplay de Blade, parece un chiste acompañado por el desfile de clones que tiene lugar a partir de entonces.




No se puede decir mucho de la trama del futuro, donde las protagonistas adultas han tomado caminos distintos y donde ambas parecen tomar decisiones bastante absurdas a nivel argumental. Esta es todo lo visualmente correcta que podría esperarse de una producción de Netflix y la referencia a los hechos intermedios quizá se resuelvan en la segunda temporada…y  la plataforma no decide cancelarla, que últimamente eso y anunciar restricciones en las cuentas parecen ser su actividad principal. Una posibilidad para una serie que no ha sido lo que se esperaba, para los fans del videojuego o de los zombies en general, pero que se queda en una producción muy genérica y u n tanto aséptica. En la que al menos es de agradecer que no recurran a la nostalgia y las piezas musicales que suenan en cada capítulo sean del 2020 en adelante. Por otro lado, hace pensar un poco ¿qué es esa música para chavales que ya  no conozco?


jueves, 3 de octubre de 2019

Marianne (2019). Pesadillas, brujería y un caso de exoftalmos bastante grave


Empezar algunas series es tan difícil como no encontrar todo un revuelo alrededor de ella. Tanto, que a menudo acabo esperando a verla cuando este se ha calmado un poco, siendo imposible seguir un ritmo en el que cuando la gente se está pasando el susto de Hill House, se acelera con el estreno de Cristal oscuro, y empieza a emocionarse con la segunda temporada de Desencanto. Pero fue en un margen de horas cuando de nuevo, en un titular aparecía…¡La serie de la que todo el mundo está hablando! ¡Ha aterrorizado a miles de espectadores! ¡No la veas solo! También parecía bastante exagerado, aunque era imposible no quedar intrigado por  los fotogramas que acompañaban la noticia, y por tratarse de una producción francesa: desde Au-delà des murs no había vuelto a ver ninguna serie fantastique, y por desgracia, esta había pasado sin pena ni gloria por los primeros días del canal Dark. 




Marianne es el nombre de la bruja titular de dos historias: primero, la antagonista de la serie escrita por Emma Larsimon, quien la convirtió en la enemiga principal de la heroína Lizzie Lark como una forma de enfrentarse a las pesadillas recurrentes que la atormentaban desde su adolescencia, además de asegurarse una exitosa carrera como autora de novelas Young adult. Y también, la entidad, posiblemente real, que parece estar detrás del suicidio de una de las amigas de juventud de Emma. Es a partir de este suceso cuando decide regresar a Elden, su pueblo natal, e investigar sobre la existencia de Marianne. Lo que parecía un ente de ficción se convierte en un ser que pudo ser real y tuvo su origen en los procesos de brujería que vivió Europa durante el final de la Edad Media, y que parece mantener un vínculo con Emma que se hace más fuerte cada vez que esta escribe sobre Marianne. Algo que debe llevar a cabo si no quiere que la hechicera, espectro o quizá demonio, dañe a sus seres queridos, como hizo ya hace quince años. 


El revuelo que ha levantado la serie ha sido alabando el terror que esta es capaz de provocar y que viene recomendada por nada menos que Stephen King. Lo último no dice mucho (muchas veces este hombre recomendaba cada cosa…), y lo primero, es tan relativo como la percepción del propio miedo. Pero sí resulta novedosa en un área tan difícil como el fantástico en televisión. Concebida como una historia cerrada, aunque ya se habla de segunda temporada, se compone de un montaje muy rápido donde los cambios de plano bruscos se llevan a cabo con una serie de elementos vinculados a la trama: las páginas de un libro que se mueven velozmente, la presencia de un agujero en ellas que pasa a convertirse en uno en la tierra, a la manera, un tanto ilógica de los sueños, y planos muy breves, que se han calificado como imágenes subliminales, donde se puede atisbar la  monstruosa figura de Marianne, caracterizada por su silueta negra y ojos saltones. Y donde, como parece ser tendencia en los últimos años, también tienen cabida las referencias a obras posteriores, especialmente a It, guiño al impermeable amarillo incluido, o al videojuego de Alan Wake. Aunque de esta última no puedo estar segura al cien por cien porque me la han chivado.

Fuera de la expectación generada y de las referencias, la historia consigue ofrecer algo. No diferente, pero sí interesante. Pese a tratarse de un relato de brujería, errores del pasado y pueblos que ocultan un secreto, cuenta con una buena dosis de humor, negro a veces, y una de las protagonistas más insoportables que se han podido ver en mucho tiempo. Emma Larsimon caracterizada como alcohólica, egoísta y atrapada permanentemente en una adolescencia que no avanza, cambia radicalmente, o al menos, la percepción de esta, una vez llegada la parte final de la serie, donde su actitud se revela como algo impuesto por motivos altruistas y quizá por miedo. Esta no está hecha para caer bien a nadie, para eso están los secundarios y sobre todo, el inspector Ronan, todo un detective de manual y, como señala esta en un momento dado, aficionado a libros para adolescentes, sino para presentar una caracterización y desarrollo que acompañan a la historia. Y sobre todo, la propia Marianne, no como tal, sino en el papel de una de sus víctimas: la señora Daugeron, el personaje interpretado por Mireille Herbst Meyer ha sido capaz de ofrecer uno de los papeles de poseído más memorables de los últimos años…y unas sonrisas aterradoras que se recordarán en el fantástico durante mucho tiempo.

Marianne, sin duda, es una buena serie de terror. La historia atrapa, los personajes consiguen despertar algo en el público, sea miedo, simpatía, o en el caso de la protagonista, una irritación bastante persistente, utiliza las referencias de forma hábil y es capaz de jugar adecuadamente con las secuencias reales y las escenas oníricas que se convierten en una parte importante de la trama. Pero no es el fenómeno de horror e insomnio que anunciaron hace una semana, ni tampoco lo necesita para poder disfrutarla. 

Y como detalle curioso, el transfondo creado para  la serie incluye a un demonio cuyo sobrenombre es El rey de los Gatos. Es una suerte que se trate de mitología inventada expresamente, porque si no me estaba planteando en pedir una excedencia y dedicarme a la brujería a tiempo completo...

jueves, 18 de abril de 2019

Z Nation: Black Summer (2019). Quitándole la z a la serie.


Cuando el pasado año se anunció la cancelación de Z Nation, la noticia vino acompañada poco después por el anuncio de su precuela en Netflix, que a ratos parece especializada en recuperar series canceladas por el resto de televisiones pero que cuentan con una base de seguidores amplia. La historia esta vez giraría entorno al “verano negro”, del que hablaban los protagonistas de Z Nation durante la última temporada, con el inicio de la epidemia y del fin del mundo tal y como lo conocían. También se avisaba que tampoco aparecerían Doc, Murphy, 10k, Addie ni el resto de secundarios que aparecían, desaparecían o resucitaban según necesitaran los guionistas. Pero, al menos, sería una forma de poder continuar con la comedia de zombies por excelencia, ahora que Ash vs Evil Dead se había despedido para siempre.



Si y no. Black Summer sigue los pasos de un grupo de personajes durante las que parecen ser las primeras semanas de una epidemia que tres años después, se convertiría en el entorno postapocalíptico en el que los protagonistas de Z Nation viven y sobreviven. Pero ahora la situación es muy distinta, apenas hay información sobre un virus que, una vez contagiado, convierte a sus víctimas en series agresivos, muy veloces, y a los que únicamente una bala en el cerebro puede detenerlos. El ejército evacúa  diariamente las zonas donde la población civil se aloja, revisando cuidadosamente a aquellos que puedan presentar mordeduras o síntomas de la enfermedad y muchos civiles intentan, como pueden, llegar a las áreas seguras. Una mujer que intenta encontrar a su hija, un hombre que quiere hacer lo correcto en un mundo que se ha desmoronado, una joven coreana, incapaz de comunicarse en inglés y un delincuente común, que asume la personalidad de uno de los soldados, son algunas de esas personas que intentan mantenerse a salvo de los infectados, pero también de otros supervivientes que están dispuestos a hacer lo que sea para conseguir gasolina, víveres o seguir vivos.


De Z Nation se heredó un decorado muy particular, seguramente motivado por la falta de medios de la producción: el apocalipsis vacío. Esta quedaba muy lejos de las hordas de zombies que se tambaleaban en las secuencias de Walking Dead, para ser sustituidos por unos escenarios de descampados, desguaces y vertederos donde aparecían de vez en cuando unos zombies a los que se los veía venir desde muy lejos. El escenario, con Netflix, es muy parecido, aunque los desguaces y todo lo que intentaba aparentar un entorno postapocalíptico es sustituido por una serie de urbanizaciones y carreteras locales de aspecto desolado que, en realidad, quedan muy lejos de lo atestado que podían tener los primeros episodios de Fear the Walking Dead, para recordar más a las calles vacías que se veían en Channel Zero: Dream Door (donde tampoco se gastaban ni un duro en figurantes y la despoblación acabó convirtiéndose en marca de la casa). Pero, si Z Nation desde el principio supo que estaba muy lejos de Walking Dead, Black Summer también lo está de Fear, y en realidad ese aspecto vacío de los exteriores, muy parco, es solo una parte más del estilo que había acabado por establecer la serie original: figurantes escasos, escenarios amplios, y una caracterización de los zombies muy parca, limitándose a untarlos un poco con sangre de color negro y a utilizar a la versión corredora de estos: si se mueven rápido, ¡no tenemos que fijarnos en si están bien maquillados o no!

A su favor también tiene el conservar un ritmo muy rápido, que funciona  muy bien a la hora de mantener tensión en las persecuciones y en las huidas de los protagonistas. Han conseguido una serie de zombies al uso, si lo que se busca es acción y tensión. No es lenta ni va a hacerse aburrida en ningún momento, pero tampoco va a dar tiempo para desarrollar a los personajes y estos, lejos de unos cuantos rasgos característicos, son un poco el superviviente intercambiable estándar: si uno se va, saldrá otro con distintas motivaciones y habilidades. Quedan muy lejos de aquellos, un tanto estrafalarios, de los que al final de cada temporada el público acababa diciendo “si Doc se muere, abandono la serie”.

También queda muy lejos el tono de la Z Nation original. Esto es lo más chocante, ya que si bien esta empezó como la versión Asylum (esto es, eminentemente cutre y con la impresión de estar copiando otro material) de una producción de zombies, se convirtió, ante todo, en una comedia. Donde el apocalipsis parecía una cosa muy poco seria, y que tanto protagonistas como secundarios llevaban muy bien, atreviéndose a bromear y utilizar esa palabra de forma habitual. Donde a menudo los guiones eran conscientes de sus limitaciones, de la falta de medios, y que suplían teniendo muy en cuenta esta situación y sin tomarse nunca demasiado en serio unos guiones que, a veces contaban con un humor muy bien traido, y otras veces parecían haber sido escritos en medio de un colocón. Y que, en algún momento, eran capaces de provocar un disgusto al público matando a algún personaje de la forma más dramática posible, y también inesperada después de un tono tan ligero. Porque en el fondo, era imposible no encontrarle la gracia a aquel grupo de personajes desquiciados.

Black Summer, salvo el anunciarse como precuela de Z Nation, nada tiene que ver con esto: no hay sitio para un tono cómico, y el guión lo evita en todo momento. Tanto, que la serie en realidad recuerda más a 28 días después, a Dawn of the Dead o a Dead Set que a la  que continúa. No es una mala serie, sin embargo: da lo que promete, que es acción, tensión y zombies. Pero en el fondo, no tiene mucho sentido ampararse en el título de la original y ofrecer una producción de zombies genérica, donde no existe ni el más mínimo ápice de comicidad y poca seriedad del material cuyos derechos han adquirido.

jueves, 28 de febrero de 2019

Aterrados (2017). Por si no fuera poco las voces en el fregadero, encima hay un espectro desnudo en mi armario.


Con Netflix he comprobado unas cuantas cosas: primero, que parece no haber vida antes de 1999, y la falta de cine para un público nacido antes de esa década se echa mucho en falta. Lo segundo, que realmente ha conseguido sustituir a un videoclub de los de siempre a la hora de distribuir películas que en muchos casos, no han tenido presencia en todos los cines, o directamente, no han podido verse en una sala. Y sí, de estas cosas me he enterado tirando a tarde porque he debido ser de las últimas que se han subido al carro de las plataformas de vídeo…



Aterrados es una de esas películas que han podido verse gracias a plataforma digital, y que, entre una selección que aturulla por su volumen de oferta, ha conseguido hacerse un hueco como producción de terror. Una muy directa y aparentemente poco ambiciosa: todo comienza cuando un grupo de parapsicólogos piden la autorización, a un hombre acusado de asesinar a su esposa, para investigar una serie de sucesos extraños que comenzaron a tener lugar no solo en su domicilio, sino en todo un pequeño barrio bonaerense. Los ruidos, similares a susurros que se escuchan en las tuberías de una casa. Los golpes en la pared durante la noche, y la aparición del cadáver de un niño dan paso a una noche en la que tres expertos, acompañados por un policía, amigo de estos y con suficientes dudas respecto de lo que ha visto en los últimos días, se proponen investigar lo que sucede en tres de las casas de la zona, lo que probablemente esté intentando traspasar al otro lado, y quizá, con un poco de suerte, comprender el por qué.


Como muchas de las producciones que pueden verse en este formato, la duración es muy breve, no llegando a los noventa minutos para contar una historia que puede resumirse como un guión muy directo, centrado en el terror sobrenatural y donde no va a entretenerse con diálogos para caracterizar personajes o planos para describir el entorno, en el mejor de los casos, o para rellenar video, en el peor. La duración se maneja de forma efectiva, no resultando ni atropellada, ni un corto alargado, sino que destina el tiempo justo a describir un entorno que se haga familiar al público, para a continuación, despojarlo de cualquier posibilidad de ofrecer un lugar seguro a los personajes: desde el primer minuto, lo sobrenatural parece extenderse de una forma muy curiosa, desde algo tan simple como el ruido de una tubería, para manifestarse en forma de la clásica casa embrujada, y terminando como algo que envuelve todo un barrio. Un lugar, que como punto de partida anodino y en apariencia tranquilo, queda despojado de cualquier atisbo de seguridad que pudiera proporcionar a los protagonistas.
Pero qué barrio embrujado ni qué niño muerto

Desde los primeros minutos, la referencia más directa que se aprecia es la del cine de James Wan. Por el poco tiempo que pierde en escenas accesorias, por centrarse en la historia de fantasmas que pretendían desde un principio, y sobre todo, por el enfoque de esta: salvo los primeros minutos, los espectros que deambulan por las casas, no son nada sutiles. Tienen una presencia física y tangible importante, resultando paradójico que estos puedan ocultarse en una sombra del escenario, y sobre todo, su presencia es tremendamente violenta, añadiendo una sensación de amenaza física a la de la ausencia de seguridad que provoca la aparición de lo irreal en el entorno. Pero también por la similitud con los sustos más bruscos y con una banda sonora a base de violines estridentes que agota en muy poco tiempo. En esos momentos, la limitación de medios se nota, y los fantasmas resultan más parecidos a un monstruo de goma que a algo adecuado al resto del tono de la película. Acaba produciendo más desasosiego los ruidos de una tubería, o la presencia del cadáver de un niño, inmóvil en una cocina iluminada, que un supuesto fantasma desnudo que entra y sale de un armario como un inquilino no deseado.

Aterrados parece, en conjunto, una película menor, pero interesante: por un lado, algún abuso de clichés de cine de terror y sustos gratuitos, además de algunas secuencias que parecen sacadas de una recreación de Cuarto Milenio. Por otro, una historia breve, que no desentonaría como relato de fantasmas, unos protagonistas e interpretaciones adecuadas, y un escenario que realmente aprovecha su capacidad para generar inquietud.


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