Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna
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jueves, 11 de julio de 2024

Espíritu sagrado (2021). People are strange

 


Hubo tiempo en que la gente vigilaba el cielo con atención.  El avistamiento de OVNIS, la posibilidad de contactar con visitantes de otros planetas, se mezclaban con todo tipo de teorías  sobre viajes astrales, civilizaciones ancestrales  incluso vida más allá de la muerte. Un conjunto de creencias que  pasaría a ser una parte de más de la España de los setenta y principios de los ochenta, a veces ridículas, a veces estrafalarias, y a menudo ingenuas. Y sobre todo, una parte más , con sus luces y sombras, de la cultura popular,  quizá  una algo más  minoritaria, de los últimos cuarenta años. Un conjunto de  teorías y sobre todo,  de personalidad, que aunque hoy parezcan lejanas y seguramente extintas (sustituidas por otro tipo de frikis en televisión a lo largo de los años)  que  Chema García  Ibarra trasladaría a la actualidad, en una película que mezcla de una forma muy peculiar la creencia en lo paranormal,  lo insólito. Y una serie de personajes tan extraños que cualquier a podría cruzárselos en el descansillo del edificio.


Una reportera de la televisión local de Elche acude a casa de Charo y Verónica, hija  y hermana gemela  de estas, y desaparecida hace más de un mes. José Manuel, hermano de  Charo, pasa sus días entre el bar que regenta, cuidando de su madre aquejada de Alzheimer, ayudando a su hermana o reuniéndose  en la asociación OVNI Levante, a la que pertenece junto a otros vecinos. La muerte repentina de Julio, el presidente,  no solo deja a estos sin un lugar donde reunirse sino también con un vacío en sus vidas,  en la que , en el caso de José Manuel, , empezará a suceder cosas extrañas. Su madre, una antigua médium,  ahora carente de consciencia por su enfermedad, le previene, una y otra vez,  acerca de unos ojos que la vigilan y un  león que entrará en su casa. y un extraño personaje, que asegura ser la encarnación de  Julio, su  mentor,  aparece para anunciar  que su sobrina debe cump.ir un papel crucial en el  destino de la humanidad.



Esta película es una de esas producciones inclasificables. Quizá misterio, quizá ciencia ficción con esa trama sobre ufología, y sobre todo, de búsqueda de algo en lo que creer, e esta está marcada por un fuerte carácter costumbrista. Aunque con un reflejo de lo cotidiano y un tipoi de personajes que casi podrían ser considerados descendientes directos del esperpento. José Manuel, su hermana, su sobrina, sus compañeros de la asociación o esas vecinas que  deambulan por su bar, a veces recomendando remedios caseros, a veces haciéndose eco de noticias alarmistas, como ese pánico a “los delincuentes de Europa del Este”, son, además de extraños, tanto o más reales que los que podrían reflejarse en una película realista.  Estos parecen  moverse por el escenario sin saber muy bien como comportarse, sin los estallidos de emotividad que podrían esperarse de una mujer cuya hija  ha desaparecido (esta se limita a  aparecer en la televisión local, estoicamente, y a manifestar que “mientras trabaja, no le da vueltas a la cabeza”). Que  parecen envarados y recitan, en vez de hablar,  en entornos sociales   como esa asociación de aficionados a la ufología  formada por gente de todo tipo, cada cual más extraña. Y de la que  pese a ello, es imposible reírse porque  puede apreciarse la presencia de la soledad, mitigada por esos  cursos del ayuntamiento y actividades vecinales que una de ellos enumera de forma mecánica.


Estos van conformando un retrato en el que esa trama sobre una niña desaparecida y  la existencia de los ovnis es solo una parte más, una muy  extraña, en la vida de una ciudad que se ve reflejad a  través de esos anuncios y noticias que retransmite la televisión, y los planos, casi estáticos,  mediante los que se refleja un entorno  que parece congelado en el tiempo entre esas tomas fijas, a menudo enfocadas en personajes que  aparentan no pensar en nada, con ese ruido propio del ambiente a veces, y  otras, con una música de sintetizador deliberadamente anacrónica, la película parece buscar, y consigue,  una atmósfera un tanto intemporal.  Pero ya lejos de esa intemporalidad  machacada hasta el exceso de los ochenta y noventa. Esta parece perdida en algún punto de la década del dosmil, donde la presencia de los smartphones es el único elemento moderno en un lugar que parece haber quedado congelado hace diez años, en un barrio que convive con la crisis /y a loa que recuerda esa noticia sobre las protestas sobre las trabajadoras del calzado), pero que todavía mantiene elementos que han quedado atrás.  El piso, decorado con motivos egipcios, un cd de música nativa a o esa radio de diseño hortera  que el protagonista utiliza en un intento de c comunicarse con el más allá.


Todo ello junto a un a fotografía muy luminosa,  casi quemada, donde la iluminación  refleja  la luz de la zona levantina, así como los escenarios, entre edificios de barrio y tomas de exterior donde la pobreza de la vegetación  sirve como excusa para, desde hacer excursiones comunales, hasta  para encontrar lugares donde esconderse (reconozco que esa cantidad de luz y esos descampados con cuatro hierbajos mal contados me han recordado un poco al Vallés Occidental.  El fartón de Proust).

Estos elementos hacen que sea una película muy atmosférica…pero no en  el sentido  al que estamos acostumbrados. Esta, a con su sensación de extrañeza y familiaridad, con unos personajes que se mueven entre lo real, lo patético, y cierto punto  de comedia involuntaria deliberadamente buscada,  hace que su desenlace se mantenga, pese a los giros, dentro de es realismo que por momentos roza con los límites de lo fantástico. Aunque, al igual que  La mesita del comedor, es preferible no saber  nada más allá de la desaparición de una niña y como afecta a la vida de sus protagonistas. Pero es posible también recordar la frase de Conan Doyle:  una vez descartado lo imposible, lo que queda, por improbable que parezca, debe ser la verdad.

jueves, 27 de junio de 2024

John Langan. Bocadaver y otras autobiografías. Vidas poco corrientes

 


Aunque  todavía parezca que hace muy poco las estanterías de la sección de fantástico y terror se limitaban a  las hileras de copias de King y  Koontz (este ultimo, trasladado  a la parte de atrás de las baldas de las tiendas de segunda mano), el cambio de siglo, de  te4ndencias  narrativas y de generación de escritores se  dio hace mucho más tiempo. Laird Barron, Stephen  Jones o Paul Tremblay tienen ya suficientes novelas a sus espaldas para ser escritores consagrados.  Que fueran publicados  en España especialmente gracias a editoriales más de nicho y arriesgadas, era solo cuestión de tiempo. En gran parte, gracias a La biblioteca de Carfax,  quien no solo se encargó de traer los  slashers de Stephen  Jones sino de recuperar a Barron desde que hace  años Valdemar publicar El rito. E incluso probar, primero con la novela, y después  con una colección de relatos, con uno de sus colegas. Cuya  vida quizá no sea tan peculiar como la del señor tuerto de Alaska, pero también representativa de una hornada de terror nacida a partir del 2009,  donde la  disparidad de temas (desde  el weird hasta el costumbrismo, pasando por el horror cósmico) no impide que  gran parte de estos, habiendo comenzado en publicaciones independientes, se conozcan entre si de una forma que hace imposible  no pensar en H. P. L.  y sus colegas.  Al menos, los años veinte “malos” y las redes sociales algo positivo han aportado.


Bocadaver y otras autobiografías  es una colección de once cuentos donde Langan aborda lo monstruoso, el cuento lovecraftiano, los vampiros e incluso los fantasmas o las líneas temporales alternativas. Narraciones que, pese a lo dispara en apariencia c por sus temas, tienen en común  una inspiración  biográfica que el propio Langan reconoce y explica en el postfacio. Aunque él mismo bromea  con el hecho de que ninguna de estas fuentes de inspiración llegara a un resultado tan dramático como sus cuentos. Aún sin  las notas posteriores, sesta carga personal puede seguirse a  lo largo del libro: las referencias a la figura paterna y el trabajo de este,  la ascendencia escocesa de sus padres, que a empleará en  los cuentos con mayor componente de horror folk y  tradición celta. Ay sí como  referencias a actividades como la pesca (a a la que su hijo es aficionado) e incluso su amistad con Laird Barron, quien  aparece como protagonista, de forma muy poco  velada, en El ancla. Y el hecho de que Langan no solo se ocupara de él cuando estuvo a punto de fallecer hace varios meses sino que  lo hubiera alojado en su casa durante años, demuestra que, o bien este tipo e es el mejor amigo que uno puede tener, o  Barron lleva una racha pésima.

Esta presencia de aspectos familiares  casi comunes a la vida de cualquiera  como pueden ser recuerdos de juegos, fallecimientos de familiares, o el mero hecho de envejecer, hace que los cuentos tenga un ritmo muy pausado, pero también muy cercano, cuya emotividad  e importancia de  los retazos de la vida de sus protagonistas  hacen que el enfoque sea muy similar a l de  Stephen  King a la hora de reflejar lo cotidiano y como  puede  verse alterado en cualquier momento.

Una premisa que comienza con  Kore, en una inofensiva casa del terror  para los niños del barrio en  el que la mujer del narrador juega un papel extraño, o en la venganza sobrenatural o no, que e l protagonista  de Monstruos  caseros puede llevar a cabo  ante ese amigo un tanto nefasto que todos hemos tenido en un momento de la infancia. Esta aparición de los extraño aumenta en cada relato, donde comienza a aparecer referencia a los mitos de Cthulhu  como en Las fauces abiertas de Caribdis o  entrando de lleno en la fantasía oscura y la mitología,  inventada por él, en este caso. Es a partir de Sombra y sed, el cuento más dinámico, en el que aparecen también referencia a esa mitología propia (la ciudad  al lado de un océano negó y sus guardianes) que se repetirá en  Vigilando a los cuervos, el suplemento, y en su novela El pescador.


Lovecraft será también una de las referencias que aparecen  en los cuentos. El libro  es en realidad una colección de piezas publicadas en antologías temáticas, varias de ellas a cerca de los Mitos de Cthulhu. Pero  su interpretación del horror cósmico queda muy lejos del pastiche y resulta  una aproximación muy depurada, en la que se queda con lo esencial y reinterpreta los elementos lovecraftianos de una forma muy abstracta, como en ese Innsmouth oculto en los pliegues de la realidad o una reinterpretación  de la aportación a las criaturas de los Mitos que hiciera Ramsey Campbell con su ciclo del valle del Severn, donde la aparición de Glaaki es mucho más elaborada que la mera descripción de monstruos. Y,  que en el relato que da título a la recopilación mezclará  esa presencia del horror cósmico y las referencias a las creencias mitológicas, así como al elementos que resulta  común a gran parte de estos cuentos: la familia, o más bien, los sentimientos ligados a esta (lealtad, protección, amor o la capacidad de sacrificio).

Aunque sea esta concepción del terror algo que se convierte en el hilo principal de los cuentos, el enfoque de este es muy distinto al que podría haber tenido  en los inicios de su concepción con Lovecraft, o el que harán Ligotti, Padgett o Mark Samuels: los personajes de  Langan no son esbozos anónimos sino personas de carne y hueso, con vidas y familia  de la que preocuparse, y sobre todo, seguir luchando aunque eso suponga su sacrificio o verse condenados a repetir eternamente una confrontación que evite el avance de un final inevitable. Un enfoque que  parece absurdo en un concepto tan despiadado como el terror cósmico, pero que hace que sus personajes,  por pequeña que sea la oportunidad, decidan sacrificarse ante el morador de una torre surgida de la nada, luchar una y otra vez contra  un guardián de naturaleza mística o  frenar la encarnación debilitada de un dios que hace milenios recorría las tierras de Escocia. E incluso, plantearse si no merece la pena perderlo todo para poder atisbar lo que puedo haber sido en otra vida. Situación  que se refleja en Sombra y  sed, El ancla,  Bocadaver  o el suplemento, pero que también estarán presentes, en mayor o menor medida, en el resto de cuentos.

Bocadaver y otras autobiografías por el momento, el segundo libro   de Langan que ha publicado  La biblioteca de Carfax, es todavía una muestra pequeña de lo que  puede ofrecer. Con una novela inédita  en el país y otras tres antologías, junto a lo que todavía tiene que contar, espero que pueda verse traducido con más frecuencia.

jueves, 9 de mayo de 2024

Mark Samuels. La era del futuro degradado. El porvenir es color estática

 


Se va notando que han pasado casi cien años desde el fallecimiento de Lovecraft: este ha dejado de ser “la” influencia  del terror posterior a 1940 para convertirse en una de las influencias. El terror cósmico fue dando paso a su versión menor pero igual de inquietante, el weird. Y Thomas Ligotti empieza a sonar no solo como escritor sino como referencia  para las siguientes generaciones: El secreto de la ventriloquía de Jon Padgett, es casi un homenaje al este. Laird Barron lo menciona de forma indirecta e incluso le proporciona una aparición en su relato More Dark..y, conociendo a Ligotti, ha sido lo más lejos que ha debido salir de su casa en 30 años. Aunque en algún momento, el Rarito de Detroit sale de su mutismo y es capaz de pronunciarse sobre algún escritor reciente. Y para que este señor salga a decir algo, el libro ya puede ser bueno. O por lo menos, despertar mucha curiosidad.


Este ha sido el caso de Mark Samuels, escritor británico fallecido unos meses antes de que Valdemar publicara una antología suya en castellano. Esta, con el título de uno de sus relatos, recoge unos quince relatos aparecidos previamente en  recopilaciones que abarcan unas dos décadas de producción literaria.


Este lo convierte en uno de los escritores más recientes en aparecer en la colección Gótica, junto a Thomas Ligotti con quien guarda alguna similitud derivada de esa influencia reconocida por  Samuels. Influencia que es mucho más marcada en el cuento  que abre el libro: Maniquíes en los aspectos del terror. Casi un homenaje  en el que  no faltan los tópicos característicos de la narrativa de Ligotti: ciudades deterioradas, edificios vacíos, un narrador que actúa más como testigo que como protagonista y  adelanta el título, maniquíes utilizados como atrezzo macabro y un intento de reflejar esa sensación de extrañeza y pesadilla del terror weird.


Cada escritor tiene sus temas recurrentes, algunas veces, reconozcámoslo también, rozando el tópico o el chiste. Ligotti no sería Ligotti sin las ciudades desvencijadas, Padgett utiliza la ventriloquía como hilo conductor de su libro de relatos y como una suerte de magia negra, y en Samuels, conceptos tan distintos entre sí como el moho, las formas de vida fúngica, y el ruido de estática de las emisiones analógicas. Conceptos que, aunque sacados de su contexto parecen un poco “cada escritor weird con su neura”, Samuels utiliza como un continuo, algo para describir una fuerza animada capaz de acabar con otras formas de vida, carente de consciencia pero con voluntad de supervivencia propia. Y que  aparecen en distintas situaciones como las criaturas  parasitarias de Vrolyck, una fuente de contagio que afecta por igual a cuerpo y psique en Cesare Thodol o el horror cósmico en su   versión más tradicional, descrita en El moho negro.


De forma similar utiliza algo tan aparentemente anodino como la estática, esa niebla gris acompañada de un ruido blanco bastante estridente propio de la tecnología analógica y difícil de evocar para los nacidos después de los noventa, que emplea  como medio de comunicación o de contagio entre mundos, o como una forma simbólica de un vacío (bien como un posible infierno, o un futuro muerto). Recursos  que quedan reflejados en Interferencia externa y La era del futuro degradado.

Aunque estos elementos aparezcan en la mayoría de los cuentos de la colección, Samuels no se ha quedado limitado al weird y al horror cósmico. Se nota que había tenido tiempo de desarrollar una carrera y pulir un estilo, en el que más que el propio Ligotti,  cuenta con muchas más referentes, que sorprenden encontrar en una corriente literaria tan centrada en si misma como suele ser el fantástico anglosajón.  No duda en mencionar abiertamente a Grabinski, Ewers y  autores europeos de entreguerras. Kafka se asoma a menudo en sus relatos, mediante protagonistas que  sin ser únicamente una voz en la narración, asisten desvalidos a situaciones donde el horror y el absurdo conviven. El abogado de Regina contra Zoskia,  heredero de un pleito entre loa responsable de un manicomio y el resto de mundo, no desentonaría en las oficinas donde se desarrolla El proceso. Las referencia a lugares indeterminados de Europa, y a la atmósfera entre el sueño y lo real, están también presentes en la plaza de media noche o Dentro del complejo.

Igual que, sorprendentemente, la revisión de temas clásicos. La posesión, la comunicación con los muertos, pasados por la visión de Samuel, la suplantación de identidades o el terror tradicional aparece también en Las manos blancas, Apartamento 205 o Centinelas. Y uno de los aspectos más destacables de Samuels, al menos en esta selección, es que este consigue demostrar que no es un escritor limitado a determinados temas y lugares fijos. Este es capaz de probar con planteamientos distintos de los habituales, algunos propios de la ciencia ficción, como el virus que se transmite a través del lenguaje en Tyxxloqu (nota: revisar este fin de semana la película Pontypool) e incluso desarrollar en un cuento, con una estructura mucho más lineal que las anteriores, una mezcla de horror cósmico con giros más propios de la serie B. Porque la sensación que deja La niebla carmesí es que ese escenario no desentonaría en una entrega final de la Trilogía del apocalipsis de John Carpenter.

Posibles ideas para próximas portadas


Es una lástima que a Mark Samules se le haya tenido que conocer a título póstumo, y que su carrera  haya quedado sin algún texto un poco más largo que sus colecciones de relatos. Queda, al menos una interesante antología, más variada que lo que su recomendación por parte de Thomas Ligotti podría haber hecho esperar. Y aunque la portada de la edición española no haya sido tan desafortunada como la elegida para Canciones de un soñador muerto, la que han decidido en Valdemar demuestra que en la editorial tienen un sentido del humor muy raro: he pasado todo el libro meditando acerca del parecido entre el personaje de la ilustración y Mariví Bilbao en La que se avecina.

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