When I look out my window
What do you think you see
And when I look in my window
So many different people to be
It´s strange
Sure it´s strange
Donovan- Season of the Witch
La película del francés René Clair es una comedia romántica muy sencilla, propia de una época donde el entretenimiento ligero era muy bien recibido y necesario (más o menos como ahora, pero con más clase y menos Tiktoks), pero también ingeniosa y con cierta elegancia a la hora de presentar determinados momentos cómicos. Situaciones como los espíritus de los protagonistas, dos columnas de humo parlanchinas, y que el padre de esta, se pase la mitad del tiempo dentro de una botella de espirituoso, muestra ese ingenio que convive con chistes más simples, y alguno ya olvidados, como el arquetipo de novia mandona y los matrimonios vistos como cárcel.
De esta producción destaca también el equilibro ente esa comedia ligera y el fantástico. Con la primera aparición de esta familia de brujos cuyo comportamiento es demasiado burlón como para resultar digno de ser temido, todo un contrapunto al entorno puritano, y a la vez, el político, en el que se mueve el linaje de los Wooley. Un tono que cambia, en el desenlace, con la participación del brujo de aspecto borrachín interpretado por Cecil Kellawey, convertido en alguien más amenazador, en una secuencia con vehículos voladores carcajadas siniestras y un final feliz donde el sentido del humor y de la fantasía aportada por esos dos protagonistas brujos, irrumpe en la escena hogareña que da cierre a la película.
Si Me casé con una bruja hacía honor al título, me enamoré de una bruja también, aunque esta sea en realidad, Bell, Book and Candle, adaptación en esta caos, de una obra de Broadway. Vuelven a aparecer aquí una bruja feliz de serlo, un caballero que cae involuntariamente rendido a sus pies, y el romance entre ambos, además de ese componente de sacrificio y renuncia voluntaria en favor de algo más grande. Esta vez, quince años después, es Nueva York donde Kim Novak y James Stewart asumen los papeles principales y donde Jack Lemon y Elsa Lanchester acompañan al elenco protagonista. Gillian, la dueña de una galería de arte tribal y practicante de la hechicería, se encapricha de su vecino, un editor y prometido de una antigua compañera de estudios. Gillian, ante la posibilidad d e conseguir lo que quiere y de paso, chinchar todavía más a su antigua rival, no duda en recurrir a la magia y hacer que Shep olvide su compromiso, iniciando un romance con ella. Pero este, como le advierten su tía y su hermano, no durará: una bruja, por su condición, no se enamora, ni tampoco puede derramar lágrimas. Aunque quizá en el caso de Gillian y Shep sea distinto.
Ambientada en su comienzo durante la época navideña, esta se convierte de forma indirecta en una película muy adecuada para ver en esa época, además de muy poco trillada entre estos clásicos. Esta combina una estética luminosa, un tanto teatral, de ese Nueva York lleno de vida y de estilo encarnado en la comunidad de hechiceros que se reúne en uno de los clubes de la ciudad (la sorpresa fue mayor tras descubrir que entonces sí que existió una comunidad de presuntos brujos en Grenwich Village). La secuencia de ese local frecuentado por bohemios, el despreocupado personaje de Jack Lemmon tocando los bongos con los músicos del club, además del número de Phillippe Clay, frente a la presencia más mundana de Shep y su encorsetada novia, establece el tono de una historia donde la trama de brujería se desarrolla de forma muy similar a la de la humanización de esa mujer independiente, pero fría y despegada, caracterizada p orlos juegos de miradas de Kim Novak. Esta, con su condición de comedia, cuenta con una trama secundaria con la investigación de esa sociedad aparte, donde tendrán más presencia Lemon y Elsa Lanchester.























