Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 15 de junio de 2023

Messiah of Evil (1973). La sombra (setentera) sobre Point Dune

 


Los setenta fueron una década prolífica para el cine de terror. Junto a os títulos considerados como clásicos, también hay unas cuantas, menos conocidas, pero muy marcadas por el pesimismo que impregnaba la década. El agotamiento social de la convivencia continua con la guerra fría, el deterioro de las estructuras familiares tradicionales, del estado de bienestar, la decadencia de los entornos urbanos había derivado en una actitud desengañada que no tenía reparo en mostrar abiertamente el lado oscuro que podría encontrarse en los lugares más apartados.  Una forma de pensar, entre lo pesimista y lo innovador, que traería consigo producciones marcadas por esta filosofía y por una estética caracterizada, involuntariamente, por el aspecto granuloso del metraje y que se haría mucho más evidente e n las producciones más modestas. Alguna de las cuales pueden considerarse películas de culto... o incluso, olvidadas si se las compara con aquellas que han gozado reconocimiento, por minoritario que sea, durante las décadas posteriores.


Messiah of Evil es uno de esos casos. Una película que no solo se atrevía a desarrollar una historia de terror con tintes tradicionales, con un misterio en una localidad aislada a la que la protagonista acude sino a sugerir cientos tintes apocalípticos e incluso una crítica velada, casi surrealista, a la sociedad de consumo. Arletty, la joven protagonista encerrada en un manicomio, rememora los hechos que la han llevado a permanecer encerrada. Una carta de su padre, artista aquejado por una extraña enfermedad, y su posterior desaparición, la conducen a Point Dune, un pueblo costero donde todos niegan haber conocido a este. Su búsqueda de respuestas, casi a ciegas, la lleva a encontrarse con Thom, un bohemio cazador de leyendas y mitos populares, quien asegura tener sangre de aristócrata mediterráneo, y sus acompañantes, Laura y Toni. Pero también con uno d los residentes del pueblo, un vagabundo alcohólico que narra una y otra vez  lo sucedido en Point Dune hace cien años: una noche de luna de sangre, cuando esta parecía teñida de color rojo, un extraño llegó al pueblo. Las palabras y promesas que este susurraría a sus habitantes los cambiaría para siempre y haría que un siglo después, estos aguarden su regreso. Ahora, estos parecen ocultar el conocimiento de algo que está vetado a todos los extraños, alterados de algún modo por lo que sucedió a sus antepasados y que esperan que, un siglo después, se repita y que su visitante regrese de nuevo.



La película tiene una realización, más que amateur, casi de guerrilla: el presupuesto parece inexistente, los actores p parecen llevar a cabo su papel con cierta rigidez, bien derivado de su falta de capacidad o por un intento de ofrecer con su interpretación la sensación de extrañeza que impregna la película (y del que la cara más conocida sería Michael Greer como Thom, sobre todo en cuanto a cine minoritario). Los escenarios están completamente vacíos salvo por los figurantes que son necesarios en determinadas secuencias y todo ello hace pensar que era comprensible que la producción tuviera una distribución pobre, y una recepción tirando a negativa. También es la que hace que resulte igualmente extraña y marcada por una atmósfera de pesadilla donde cada una de las ideas planteadas consiguen funcionar y mantener esa lógica que parece darse en algunos sueños: las cartas, referencias muy vagas a una enfermedad familiar, unos personajes cuyo comportamiento parece extraño en todo momento, incluso ese trio de cazadores de leyendas que no dudan en apalancarse en casa de la protagonista sin motivo aparente. Pero también esa historia apenas sugerida sobre un heraldo de apocalipsis y un pueblo descrito como muerto hace mucho, cuyos habitantes parecen haber quedado aislados del exterior sin más objetivo que devorar, en sentido literal, a los intrusos y aguardar la llegada de un mesías oscuro, cuyo  rostro no llega a verse, y sus intenciones, salvo su vaga relación con un posible fin del mundo, no están claras.

Horror en el hipermercado



Es este último el que marca uno de los aspectos más interesantes de un guion, que, a veces, parece determinado por lo errático en las ideas de sus autores (o por algún que otro porro) pero que lo convierte en una de las  mejores películas de temática lovecraftiana.  Sin ninguna referencia a los mitos de Cthulhu, aparecen gran parte de los arquetipos de los relatos de H. P. L. : un pueblo asilado, la presencia de un mal antiguo que ha contaminado aun lugar y  sus habitantes, corrompidos de algún modo…incluso el personaje de Thom, ese diletante interesado en las leyendas parece un guiño a esos caballeros aficionados a lo oculto que   no salían muy bien parados en los relatos de Lovecraft. Aunque el cambio de década se nota, y a este aristócrata le va mucho más la marcha que a cualquier erudito de Nueva Inglaterra.




Este último también es un aspecto más de la amoralidad, o más bien, de como muestran el entorno y lo que va sucediendo de forma muy relativa, y como la película opta por sugerir, ante todo. La relación abierta que mantienen esos buscadores de leyendas es algo que se plantea en los primeros momentos, alejándose de las estructuras románticas tradicionales, y el secreto que existe en el pueblo nunca queda claro. Se habla de un lugar muerto, de una enfermedad que afecta a sus habitantes y al padre de la protagonista, sin quedar claro, más allá del comportamiento anómalo al principio, abiertamente hostil después, llegando a convertirse estos en una masca caníbal, anónima, que devora todo lo que es ajeno a ellos e intenta apresar a unos pocos a fin de perpetuar la condiciona que parece afectarles, de una forma muy similar a los primeros zombies de Romero.

El desarrollo de esta trama viene a acompañado de la voz en off de la protagonista, pero también la de la de su padre, que suenan independientemente y sin que quede claro quien la escucha (sin son los pensamientos de esta, o un reflejo de su progresivo deterioro mental) pero que, más que aportar una revelación o aclaración, son divagaciones, temores o una narración resumida de un desenlace que  al público en los últimos minutos, se le niega ver en tiempo real.  La alternancia entre ambas voces, grabado con reverberación y empleada indistintamente, hace que este, más que un hilo conductor sea esa sucesión de ideas relacionadas con el escenario, tan poco fiables como lo que percibe la protagonista.




Messiah of Evil se ha ganado por derecho propio ese título tan dudoso de tesoro oculto del cine de terror. Lastrada por sus  medios, sus interpretaciones un tanto acartonadas y por un estilo bastante lisérgico donde  ese metraje plagado de grano setentero hace que tenga una estética alucinatoria, cuenta también con una extraña coherencia interna, donde lo sucedido tiene su propia lógica y  ese pueblo, así como sus habitantes, esté tan maldito como la ciudad en la que transcurre Muertos y  enterrados o el doblemente ficticio Hobb´s End de en la boca del miedo. En ningún momento lo mencionan abiertamente, pero estoy convencida que ese extraño que apareció en Point Dune hace un siglo no era otro que un Nyarlathotep ataviado con patilla y pantalón de campana, llevando una vez más la locura a la tierra.

viernes, 9 de junio de 2023

Exegesis: Lovecraft (2022). Desmontando un mito. Una vez más

 


H. P. Lovecraft es ese escritor del que, además de sus libros, sus lectores hemos llegado a conocer su vida y empatizado con él más que con muchos familiares cercanos.  Su concepción del terror como un universo indiferente a algo tan pequeño como el ser humano, y sobre todo su capacidad para transmitir la sensación de reclusión, de estar fuera de lugar en un mundo  difícil de comprender, es algo  con lo que muchos  en su adolescencia encontrarían en un punto de conexión y que seguramente haría que la enésima  lectura de La sombra sobre Innsmouth diera paso a  a las biografías de su autor. Unos textos que también van del invento escrito por Sprague de Camp o la mitificación de Derleth, a estudios más serios como los llevados  acabo por S. T Joshi o el llevado a cabo por Roberto Garcia Alvarez en El caminante de Providence.  Bien por haber sido responsable de una rama del terror moderno, bien por la influencia que tuvo en muchos lectores y escritores a muy temprana edad, varios de estos han quedado fascinados  por su figura, llegando a establecer algo similar a un vínculo  con los Mitos de Cthulhu, pero también, posteriormente, teniendo que afrontar  una de las facetas más controvertidas del autor.


En Exegesis: Lovecraft, Qais Pasha analiza, a través de un documental, su relación con este a lo largo de los años, recorriendo sus primeras lecturas, pero también la vida de Lovecraft y como este  ha influido en muchos escritores que comenzarían su carrera en el siglo XXI. Pasha,  de origen paquistaní pero afincado en Quebec,  desarrolla junto a Joshi y con  la participación de Paul Tremblay y Silvia Garcia Moreno, entre otros, un análisis de la influencia de H. P. L. en su formación como lectores y escritores, y sobre todo,  cómo cambiaría esta  por uno de los aspectos más difíciles: su posicionamiento en cuanto al racismo y lo  que supondría para una generación de creadores que, pese a sentirse identificados con el desarraigo y la atmósfera de otredad reflejada en los Mitos de Cthulhu, están más cerca de  los recién llegados que aterrorizaban a H. P. L. que del ideal  de erudito de Nueva Inglaterra.



El documental de Pasha es muy personal. No solo  por enfocarlo  en como ha influido  a lo largo de su vida sino por el nivel de realización. Este no se limita a ser una recopilación  de entrevistas y tomas de localizaciones, sino que mezcla distintas piezas de aanimación recreando momentos biográficos de la vida  de Pasha o de H. P. L, representado este último mediante una máscara que evoca los in evitables tentáculos asociados con su creación más famosa.



El aspecto personal es uno de los más importantes. Pasha , así como Joshi, mencionan su desarraigo cultural (hindú y paquistaní que se sienten mucho más cómodos en un país de adopción en el que también son foráneos), como nexo de unión  con los protagonistas lofecraftianas, por también analizan,  hacia la mitad del metraje, las consecuencias de sus opiniones xenófobas: estas, previamente  expurgadas de las ediciones que Derleth llevó a cabo de sus cartas (una cosa es unánime, a nadie le cae bien August Derleth), han sido  actualmente expuestas y condenadas, y, en el caso del director, matizadas. Primero, mediante una confrontación que podría resumirse en “se le ha caído un mito”, que  avanza a un análisis mucho más imparcial y alejado de la cancelación, en la que se contextualiza su forma de pensar según  su época y circunstancias, así como la evolución que en sus últimos años, antes de su fallecimiento, empezaba a entreverse.


Igual un poco intensito sí que es

La influencia de H. P. L. también es uno de los temas planteados: tanto en los autores que participan (en el caso de Silvia Garcia, describe la redacción final de su tesis como una ruptura), como en la cultura popular. Vencidos los derechos de la obra desde 2007, esta circunstancia, así como la generalización de internet, ha facilitado su expansión, siendo una fuente de inspiración  para múltiples juegos y referencias con un impacto mucho mayor que el que pudiera haberse alcanzado  entre el primer fandom o las primeras ediciones del juego de La llamada de Cthulhu. Teniendo en cuenta que también  se recogen testimonios de esos primeros aficionados que  desarrollaban trabajos amateur sobre los Mitos, y como se popularizaban sus relatos a partir de círculos muy aislados entre sí, se hace mucho más patente esa diferencia generacional entre los lectores de los sesenta, quienes lo descubrieron hacia los 80 y 90, y la expansión que tendría posteriormente, con la generalización de la cultura friki.

En Exegesis: Lovecraft, no va a encontrarse una biografía pormenorizada de este, pero si una aproximación muy interesante a la influencia de un escritor  en el mundo del ocio y de la ficción moderna, y sobre todo, en la formación de un relevo generacional de escritores que se han inspirado, analizado y asimilado su narrativa. Así como una prueba más  que, independiente de su calidad estilística, popularidad o falta de esta durante de su vida, su legado abarcaría  no solo el siglo XX sino el siguiente. No está mal para alguien que consideraba a la humanidad poco más que una mota de polvo en un universo inabarcable.


jueves, 1 de junio de 2023

Lecturas de la semana. Miña terra galega


 

E logho ti, ¿de quen ves sendo?


Me cuesta volver a los clásicos, y más a los que había olvidado desde mis años escolares, con todavía más ahínco que a Baroja o Valle Inclán, pero lo que tenía con algunos autores era algo más que una cuenta pendiente. varios de ellos se atrevieron a utilizar un idioma entonces mal visto, el de los labradores y los que se veían obligados a emigrar lejos. y que, encontraran en el fantástico una vía de escape  en un entorno opresivo, pero también una forma de poder  llevar a cabo una crítica al sistema impuesto. Mi deuda es con ellos. Con la ironía, con sus desfiles de aparecidos y sus referencias más que evidentes a los caciques, a la injusticia, a la resignación. Y no con los docentes que, en intento de convertirlos en una parte mas  del programa académico, los redujeron a un listado de fecha, biografías y a una calificación arbitraria. 




Álvaro Cunqueiro. Las crónicas del sochantre. Este libro recoge las andanzas del sochantre de Pontivi,  un hidalgo  a quien sus problemas de salud lo abocan a un a carrera en el coro eclesiástico en lugar del ejército, durante los convulsos años de la revolución francesa. Este, contratado para tocar en el  entierro del señor de Quelven, emprende un viaje acompañado por el resto de asistentes del cortejo fúnebre. Pero para sobresalto del sochantre, esta comitiva no son otros que un cortejo de difuntos, condenados a vagar por la tierra como parte de su penitencia, y durante la noche, a recuperar su verdadera forma de esqueleto animado. Durante el viaje conocer la historia de cada uno de ellos, relatos marcados por la muerte, la codicia o el orgullo, e irá descubriendo a través de estos, los particulares normas por las que se rigen las almas en pena  y los agentes del diablo que, sin que la gente común lo sepa, deambulan por el mundo. 

La novela está ambientada en la Bretaña Francesa, descrita por Cunqueiro como un lugar muy similar a Galicia donde la frontera entre  los vivos y muertos es muy difusa, y donde las leyendas sobre aparecidos y huestes del demonio forman parte de la vida cotidiana, sin que estas tenga que ser necesariamente malvados.  Los muertos, descubre el sochantre, se rigen por sus propias reglas (como explican al comienzo de su viaje, no pueden tomar sal, trigo o entrar en una casa), lo que no les impide llevar una...bueno, una no vida. Del mismo modo el diablo, o varios de sus criados, hacen su aparición pero  su actitud está muy lejos de un Mefistófeles y más cerca de la de un pícaro. Incluso la condena a vagar por el mundo de los vivos por parte de los compañeros de viaje del sochantre  es asumida con naturalizad, como un trámite más que debe cumplirse. 

Cunqueiro  se inspira en fuentes populares, recurriendo a una mitología muy similar a la de Galicia pero también en el teatro  y la novela picaresca, a la que recurre para llevar a cabo una critica muy velada: la historia transcurre durante la Revolución, los personajes han sido condenados a vagar por causa de algún vicio, bien por envidia, codicia, o soberbia, y la compañía prosigue su viaje entre rumores de guillotina y traiciones. El estilo, que recurre a lo costumbrista, buscando a una cercanía con esos personajes de otro mundo que son compañeros de carruaje del protagonista vivo, vienen influenciados por el uso de Cunqueiro del idioma original: el gallego no había sido objeto de normativización lingüística (creo que por una vez lo que aprendí en clase me ha servido para algo), por lo   que  este emplea  giros y expresiones hoy suprimidas o modificadas. y que resulta muy distinto de los textos que podrían escribir Vicente Risco o Anxel Fole. 

El viaje del sochantre de Pontivi no es solo una de las piezas clave del fantástico nacional, algo imprescindible en una época en la que este resulta minoritario, o una vía de escape o una forma de crítica soterrada. una crítica de la que solo se puede echar en falta  saber que fue de esa mentora del joven Charles Anne Mathieu de  Crozon, futuro sochantre y compañero de los muertos que, consternada al descubrir que su pupilo no elegiría la vida militar, decidía regresar al frente disfrazada de soldado. 



Alfonso Rodriguez Castelao. Un ojo de vidrio (Memorias de un esqueleto) Castelao comienza, antes de transcribir una s notas encontradas en una tumba, con unas situación que podría resumirse como "el muerto al hoyo, y el vivo al bollo". El narrador, tras comprar un ojo de cristal y un fajo de  papeles garabateados a un enterrador, relata las memorias de un esqueleto, que al ser enterrado con su prótesis  cuenta con una capacidad de la que carecen sus compañeros de camposanto: la de poder ver, y por tanto, escribir su día a día. Las normas de etiqueta cadavérica según las cuales, no se pueden presentar ante el resto  hasta que sus huesos no se encuentren mondos, el día  a a día (perdón, noche a noche) de unos cadáveres que, según su observador, no son muy listos, igual que los vivos, y poco más hacen que bailar al ritmo de Saint Saens. Para  algunos, la llegada de la muerte ha sido inesperada, perdiendo  lo que valoraban en vida. Para otros, esta ha sido un alivio o incluso algo buscado por su propia mano. Aunque el cementerio, como descubrirá  este esqueleto observador, también tiene otros habitantes, tan improbables como estos difuntos que se reúnen cada noche, pero más nocivos para los vivos. 

A través de escenas muy breves, Castelao describe con mucha sorna lo que podría ser una ciudad cualquiera: avaros, señoritos, criadas caídas en desgracia, suicidas y  con ellos, una crítica a todos estos personajes; el protagonista no duda en señalar lo absurdo de muchos comportamientos  cuando el final de todos es ser un montón de huesos, o que  los enterrados en un cementerio urbano sean despojados de su ropa y piezas valiosas mucho más a menudo que en un cementerio rural. Y sobre todo, el ser que hace su aparición en el último acto: el vampiro como versión sobrenatural de ese personaje que  abunda en muchos pueblos y parece inherente a Galicia (José Luis Baltar, no miro a nadie): el cacique, ante cuyas tropelías este esqueleto no puede sino plantearse que es un problema que deberían resolver los vivos. 

El estilo, en ambas partes de la historia, es la de una narración muy pasiva: comienza con los hechos relatados por su protagonista, como un habitante más del cementerio, y termina con ese ojo de cristal, entregado como testigo por el transcriptor de las notas a un amigo cercano, ya fallecido, con la esperanza de que pueda relatar sus impresiones. Conociendo la retranca de Castelao,  es probable que  su sucesor  sus vecinos descarnados le parecerían igual de necios que los vivos. 


jueves, 11 de mayo de 2023

Lecturas de la semana. Vidas (poco) ejemplares

 


Hoy toca biografías. Reales o ficticias en ambos casos, teniendo en cuenta que una  no deja de ser una creación literaria y otra…uno de esos casos en los que la realidad supera a la ficción.





Hans Grimm. Historia y desventuras del desconocido soldado Schlump. Esta es la historia de un joven que poco después de cumplir los dieciséis años, decide alistarse como  voluntario en la guerra que acaba de estallar en  Europa. Sus comienzos, destinado en la retaguardia como vigilante en un pueblo de la frontera, donde el conflicto parece algo lejano y los granjeros lo consideran una parte más de su  vida, su llegada al frente y su paso por las trincheras, su regreso temporal e retaguardia, tras resultar herido, y paralelamente,  como la vida  que había  conocido se deteriora: el contrabando, la escasez y la conciencia de estar  luchando en una guerra que  ha sido perdida. La vida de Schlump, apodo que recibe al comienzo de su adolescencia, podría haber sido una de tantos jóvenes que tuvieron la fortuna de regresar a  su hogar aquel noviembre de 1918, salvo que la suya es una ficción. Una que estuvo oculta durante décadas tras un ladrillo en la casa de su autor, en un intento por salvar una copia de la quema de libros que el partido nazi llevaría a acabo años después.

El libro, que podría considerarse como una nove a de aprendizaje,  guarda más similitudes con Thomas el impostor, de Cocteau, que  con sin novedad en el frente, el best seller con el que Grimm pretendía competir, sin éxito. Esta desarrolla a su protagonista de una forma muy parecida: ve la guerra como una parte más de un juego, y su primer destino es muy similar a  un hogar. Sus primeros meses en el campo francés son similares a una novela costumbrista, aunque una un poco extraña, en la que el soldado se integra en la vida de la comunidad siendo  al mismo tiempo un elemento extraño pero tolerado en ella. Tontea con  las chicas como uno más, sus anfitriones lo tratan como a un hijo, pero debe encargarse también de mantener el orden e incluso de improvisar un calabozo para quien  haya violado el toque de queda. Este prólogo termina  bruscamente con su etapa en las trincheras. La escasez, los piojos, la violencia de unas armas desconocidas hasta  ese siglo, hacen que los capítulos anteriores parezcan muy lejanos, que poco tienen que ver con la crudeza con la que ahora describe a los heridos en un hospital militar o la muerte de un civil en un bombardeo. Este supone el punto de inflexión a partir del cual describirá el avance de la guerra, presentando una atmósfera desoladora, y en el que prima un instinto de supervivencia (mediante el individualismo o el contrabando) al que Schlump acaba por sumarse.

Salvo por la caracterización de su protagonista, quien parece mantener cierta inocencia (quizá lo que lo ayuda a asimilar muchas situaciones), el libro está marcado por un tono antibelicista muy poco épico, y curiosamente, muy pro francés: los campesinos, y los civiles, son lo secundarios que salen mejor parados, frente a una masa militar anónima y rígida a la que el lector no llega a conocer al estar demasiado alejada de las balas.

Este también es uno de los casos en los que la historia tras  la novela es tanto o más interesante. Firmada con seudónimo, el texto fue una pequeña decepción para su autor quien esperaba desbancar a la novela de Remarque, pero también una fuente de problemas una vez llegado el partido nazi al poder. Este debió permanecer oculto, perdido durante décadas, hasta su redescubrimiento que se describe en el prólogo que precede a esta edición. El centenario del armisticio habrá sido hace ya algunos años, pero los vestigios de e la guerra siguen apareciendo.


Emmanuel Carrère. Limonov. Desde niño Eduard Veniaminovich Savenko sabía que quería ser alguien recordado por la gente. Un héroe, un bandido o un escritor..no importaba, con tal de alejarse del futuro que podía esperar el hijo de  un miembro de la tcheka destinado en Ucrania. Sus lecturas de Julio Verne y las novelas de a aventuras clásicas darían paso a un breve carrera como delincuente juvenil. Participaría en los círculos intelectuales underground de Moscú y decide que lo mejor es convertirse en un intelectual exiliado en Occidente. El éxito llegaría, pero no como él espera. Entre  los bajos fondos de la ciudad, desempeñando todo tipo de trabajos, sus novelas autobiográficas acabarían por convertirlo en una figura entre  la comunidad intelectual francesa. Esa solo será una pequeña parte de la vida del autor de Soy yo, Editchka o Historia de un servidor, tan capaz de deambular por los entornos marginales  como de participar como combatiente en la guerra de los Balcanes, o ser miembro activo del Partido Nacional Bolchevique.

Carrère cuenta con algunas novelas donde la percepción de lo real o lo que interpreta su narrador es muy subjetivo (como El bigote o la inquietante La clase de nieve), pero también  con escritos biográficos de  aquellos cuya vida resulta tanto o más extraña  que sus obras, como  la de Philip K. Dick o el propio Limonov. Ambas elecciones están marcados por sus intereses, y en este caso, su intención es seguir la vida de alguien en que  la frontera entre persona y personaje. Los libros de Limonov son eminentemente autobiográficos, y  en más de una ocasión se plantea si muchas de sus decisiones se deben a la búsqueda de notoriedad, cierto narcisismo y obsesión por ser recordado. No es una biografía objetiva sino el recuento de una vida narrada por alguien que no tiene claro ya si admirarlo, despreciarlo o sentir compasión  por él (aunque pasa de puntillas por su misoginia, no puede evitar mencionar con bastante ironía su preferencia por las mujeres cada vez más jóvenes según va envejeciendo, o su participación, entre lo real y el postureo, como combatiente en el bando serbio). Esta percepción varía según se acerca a los últimos años de Limonov, tras cumplir condena por actividades terroristas y  convertido en una figura  mediática en la Rusia moderna. Alguien que ahora mira a su pasado con cierto desprecio.

El estilo, aunque intenta mantenerse d dentro de lo objetivo de la novela periodística, se ve marcado  muchas veces por lo personal. Carrère no  puede evitar en más de una ocasión el comparar la vida  de Limonov con la suya, novelista profesional e hijo de intelectuales, y reflexionar sobre las últimas palabras  con las que Eduard  cierra esta biografía: ha sido una vida de mierda. Quizá es una vuelta de tuerca al consejo de “nunca conozcas a tus ídolos”. O un buen momento para recordar la canción del mismo nombre de Pablo und Destruktion. 

jueves, 4 de mayo de 2023

Lecturas de la semana. Los clásicos del comedor

 


No solo de la colección Reno y de Bruquera  vivimos los lectores y los que rebuscamos en las cajones de segunda mano. Otras editoriales, que estaban presentes en las casas, intentaba n recoger también lo más destacado de la narrativa, y lo que era  más importante, de una forma que esas  colecciones se vieran de manera uniforme   en las baldas del aparador. Con una encuadernación que pretendía imitar un libro antiguo, los títulos resaltando en letras doradas y unas páginas que parecían papel de estraza, las Obras maestras de la literatura  contemporánea de Seix Barral recopilaban…bueno, lo que podríamos considerar como  las más importantes de los últimos siglos. Y donde convivían La náusea, La muerte en Venecia, La familia de Pascual Duarte  o Crónica de una muerte anunciada (esta última, resultó una suerte  tenerla cuando entró en el programa de lecturas a examen de COU). Pero también El proceso, y un par de novelas más  que supusieron mi entrada en el mundo de la literatura “seria”…pero, que, como todo lo que seguiría después, se mantendría en la línea entre lo real y lo imaginario.



Gilbert K. Chesterton. El hombre que fue Jueves. Bajo el subtítulo de Pesadilla, la novela sigue los pasos de Gabriel Syme, detective infiltrado en el Consejo Anarquista, elegido  durante una reunión como Jueves, y su intentos para detener al resto de miembros antes de que lleven a cabo el atentado planeado: asesinar al Zar, quien se encuentra en París. Syme no es el único  integrante de Scotland  Yard que ha conseguido llegar hasta el Consejo. Junto a varios  aliados inesperados, intentarán detener al resto de anarquistas y evitar sus planes…o quizá descubrir que nada es lo que parece.

La novela está, marcada por un sentido del humor muy británico, donde abundan los juegos de palabras y una caracterización física de los personajes que roza lo teatral: barbudos, ancianos decrépitos, personajes cubiertos por siniestras gafas oscuras o provistos de una sonrisa torva, que van desvelándose como una capa más de  un enigma en que sobresale  la figura de Domingo. Descrito por todos como inabarcable, incomprensible y misterioso como un villano…pero que, como uno de los protagonistas expone, su  comportamiento a la hora de eludir a  sus perseguidores es similar a la de un padre jugando al escondite con sus hijos.


Alcohol, libros y una vajilla: el mueble que lo tiene todo

La trama, sin perder el humor en ningún momento, deriva hacia lo fantástico, donde la huida toma un cariz surrealista, un  globo aerostático puede dar paso al robo de un elefante, haciendo que su aspecto inicial de novela policiaca se desvanezca  convirtiéndose  en una historia extrañamente alegórica, donde nada era lo que parecía  en un principio  y lo narrado adquiere un tono de ensueño, con la vuelta de su protagonista al punto de partida  de una forma muy sutil y amable, muy similar a como si este hubiera presenciado una parábola.

Chesterton, conocido por sus novelas policiaca,  por su carrera de polemista y su preferencia por lo  tradicional, toma la figura del dinamitero  transformándola, de una encarnación de lo negativo a una caricatura, y de ahí a a una versión despojada de  su ideología e imagen previa como si se tratara de un disfraz. También se ha especulado a menudo sobre Domingo, como personaje dual y casi un demiurgo, caracterizado con rasgos que recuerdan mucho a su autor (a Chesterton le encantaba incluir personajes grandotes es sus historias, como Flambeau el ladrón). Este, incomprensible al principio, abiertamente burlón y finalmente benévolo, está muy vinculado a la mentalidad e ideas del propio  Chesterton, católico  e interesado en la fe y la creencia  como alto  necesario en la vida, pero que no  por ello tuviera que tratarse de forma excesivamente solemne.

El personaje, y los matices  de El hombre que fue Jueves, han sido reseñados de forma mucho más  amplia  por La mano del extranjero, y salvo una opinión somera, no me queda mucho más que aportar que defender que esta novela se habría convertido en una candidata a ser filmada por Terry Gillian.



M. R. James .Otra vuelta de Tuerca. En una velada, los invitados deciden narrar una historia de fantasmas, a ser posible, verídica. Esta es la que fue  contada por uno de los presentes,  referida de primera mano por su protagonista. Esta describe como encuentra su primer trabajo de institutriz  de los dos niños que habitan en Bly Manor, huérfanos y sobrinos de su empleador, quien ha dejado claro que no desea ser molestado con asuntos sobre su  crianza. La joven maestra decidida a cumplir con la tarea impuesta por un hombre por el que ha quedado  fascinada, se encarga desde de ese momento de la educación de flora y Miles, un jovencito que inexplicablemente  ha sido expulsado del internado donde estudiaba. Esta, fascinada  por  los dos niños a los que define como las criaturas más adorables que ha conocido, comienza a ver en algunos lugares de la casa  a dos figuras. Ninguna de las forma parte del servicio actual,  apena compuesto por ella y la señora Grose la gobernanta, pero parecen coincidir con la descripción de los anteriores  miembros de esta: Miss Jessel, la institutriz a quien sustituye, y Peter Quint, criado del señor y un hombre poco de fiar…ambos muertos, o dados por muertos.

A partir de la aparición de estos, el comportamiento de Miles y Flora empezará a cambiar, y su institutriz, la única ç consciente de las figuras que ronda Bly Manor, intentará  proteger a los pequeños de lo que ella sospecha que es una influencia maléfica.

Además de ser una de las novelas clásicas del fantasmas, también es una  con un desarrollo más abierto a la interpretación del lector: bien una historia sobrenatural donde algo amenaza a los niños, o bien una novela realista donde todo lo que sucede es narrado desde el punto de vista de la locura de su protagonista. Esta última  es la interpretación mas socorrida, debido a lo que esta describe. Desde su fascinación romántica con alguien ausente, hasta su obsesión  con los anteriores residentes de la mansión  lo s que convierte en villanos y amenaza que recaen sobre los niños. Unos residentes que en todo momento, solo ella ha visto y cuya caracterización proviene de lo narrado por la señora Grose, a partir de cuyo testimonio se establece la posibilidad de la relación entre ambos, o de la influencia que Quint pudo tener en Miles. Lo subjetivo de la narración también supone abrir otra interpretación, como estos fantasmas fueran el reflejo de las frustraciones o deseos reprimidos de su protagonista.

James era un escritor realista y es algo que se nota en este relato sobrenatural: un personaje principal cuya complejidad radica en lo dudoso de su testimonio y lo que pueda interpretarse  de este, un entorno  aislado marcado, ante todo por el secretismo de la clase alta en el que todo debe adivinarse a través de sugerencias. Lo sucedido entre Quint y Miss Jessel, las circunstancias que provocan la expulsión escolar de Miles, e incluso el comportamiento de los niños, entre el esperado en dos criaturas aisladas sin familia,  el malinterpretado por  una institutriz cuya visión está distorsionada, o el directamente anómalo, si el lector creer lo que ella cuenta. Este estará tan abierto a lo que este decida ver como años después lo estarían, en cierto modo, los hechos descritos  por Shirley Jackson en La maldición de Hill  House.

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