Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 31 de octubre de 2013

Insidious Capítulo II (2013). Más que una casa, el pasaje del terror

Advertencia: esta película es no recomendable para gatitos menores de un año

James Wan deja el terror. Pero al menos, lo deja por todo lo alto: primero recupera al matrimonio Warren como protagonistas en The Conjuring, y ahora decide concluir Insidious, la película de fantasmas que le sirvió para hacer caja y fama en este género.



Insidious se cerraba con un final completamente abierto. Bueno, eso de “abierto” es ser generoso, porque aquello fue como saltarse todas las clases de literatura en las que explicaban lo de “planteamiento, nudo y desenlace”. Directamente, no lo había: se quedaba en un enorme susto final, que lo mismo servía para confirmar su vocación de serie B, o para dar paso a una secuela si la cosa funcionaba. Pasó lo segundo, y esta se estrena con el curioso añadido de “capítulo II”. Esta continúa directamente los hechos que se narraban en la primera parte: el protagonista consigue salvar a su hijo del limbo en el que ha quedado atrapado, pero con él se trae a un espectro mucho más peligroso. En la antigua casa de la familia, donde se han trasladado, aparecen figuras y voces que siguen a los niños. Además, la investigadora con la que habían colaborado ha muerto en extrañas circunstancias, y sus ayudantes intentan descubrir qué es lo que sucedió y qué ha perseguido al protagonista desde el otro lado. Las pistas tampoco son buenas: la sala de un hospital abandonado, un mansión llena de cadáveres y un personaje, acusado de varios crímenes, al que la prensa llamó La novia de Negro.


Esta señora va camino de convertirse en un screamer en toda regla

Insidious se valía de los giros de guión a la hora de crear una nueva historia de fantasmas: esta vez lo embrujado no era la casa, sino las personas. E incluso los fantasmas que aparecían como amenaza principal servían para esconder a otros peores. Pero en el primer guión las bases quedaban sentadas, por lo que en la segunda parte no quedaba otra que seguir desarrollando la acción que se había planteado. Esta se centra principalmente en la investigación de los personajes intentando descubrir qué es lo que los persigue, si realmente uno de ellos ha sido poseído por un fantasma y cómo librarse de ellos. Esta estructura está pensada para explotar al máximo todos los escenarios del género de terror posible: inmuebles ruinosos, fantasmas a cada cual más estrafalario y peligroso, e incluso una secuencia bastante larga en el limbo que se presentaba en Insidious. Por comparación, la anterior parece una película mucho más discreta y pequeña, más clásica dentro de la ghost story, y es ahora, después del estreno de Expediente Warren, cuando optan por sacarle todo el jugo posible al tema de los sustos, gratuítos o no. Y no se queda en sustos, sino que se han aprovechado elementos del guión anterior, que se habían quedado en escenas sin sentido aparente, para cerrar aparentes cabos sueltos y de paso, demostrar que los fantasmas no tienen por qué estar sujetos a las normas del tiempo y del espacio.



Y lo cierto es que lo consiguen: Wan ha demostrado conocer muy bien la escenografía típica del cine de terror, incluso las que hoy son un cliché, y no duda en aprovechar todo lo que puede para incluirlo: desde las situaciones típicas en escenarios abandonados, hasta utilizar en un par de ocasiones la filmación con cámara doméstica durante la investigación en alguno de estos sitios. Incluso los lugares más comunes, como una casa familiar, tienen el típico aspecto de caserón encantando de hace cincuenta años donde casa armario y cada puerta parece adecuado para que se pasee una sombra o se oigan voces. Estos están cuidadísimos y es una de las mejores partes de la película, aunque debo reconocer que abusan de ellos de una forma bastante descarada: es divertido, pero las secuencias del hospital abandonado por que sí están metidas un poco a bulto, y daba la impresión que en cualquier momento iba a aparecer Zak Bagans pegando bocinazos en un pasillo (también reconozco que en esos minutos disfruté cosa mala). Por comparación, son mucho más interesantes los escenarios del limbo, en el que es posible crear toda una atmósfera sin más elementos que una oscuridad total y un candil de luz blanca. Y unos cuantos brazos fantasmales amenazando a los protagonistas, claro. Porque, igual que en su primera parte, y algo más en Expediente Warren, los fantasmas de Insidous, además de un aspecto aterrador, se presentan de una forma bastante física, capaces de liarse a pescozones con cualquier protagonista, pero conservando una actitud bastante irreal a base de gestos, expresiones mudas y formas de moverse extrañas.



La mejora a la hora de cerrar el guión es uno de los aspectos más positivos: de haber un Insidious Capítulo III saben que no podrán recurrir a los protagonistas actuales, por lo que optan por concluir su trama de una forma bastante satisfactoria. Pero esto no quiere decir que no haya hueco a nuevas secuelas, porque durante toda la película aprovechan para presentar un poco más a dos nuevos personajes: los investigadores paranormales que en la primera parte se limitaban a hacer mediciones y encender máquinas. Aquí, sin su jefe, tienen un papel mucho más importante, y eso también sirve para explotar un poco más sus rarezas un poco geeks, incluir contrapuntos cómicos (que en una ocasión funcionan pero en otras sobran bastantante), y sobre todo, dar paso a situaciones que, gracias a su trabajo como investigadores, podrían servir para un nuevo guión sobre fantasmas. Los tipos tienen su punto interesante y, si consiguen hacer una película igual de divertida que las dos anteriores, no estaría mal. Aunque también ayudaría que redujeran un poco sus puntos cómicos.

lunes, 28 de octubre de 2013

Trick´r Treat (2009). Reinventando las películas por episodios



Hasta hace pocos años, las películas de relatos breves era algo que había quedado olvidado a principios de los noventa. Creepshow es probablemente la más conocida, por su homenaje a los comics de la EC, pero durante los ochenta la Amicus produjo unas cuantas, e incluso El club de los monstruos va en la misma línea, con números musicales incluidos. Seguramente era un formato popular por cuestiones de presupuesto y el poder adaptar guiones más cortos, pero algo más tarde este cayó en el olvido hasta que volvió a aprovecharse en estrenos como las dos mareantes entregas de VHS o The ABCs of Death. Aunque estas también aprovechaban nuevas formas de narración, seguían manteniendo el formato original: historias independientes entre sí y presentadas por un hilo conductor, que tampoco tiene mucho que ver, pero que sí tendrá su propio desenlace final. Trick ´r Treat sería una de estas nuevas variaciones, con una diferencia importante: todas las historias presentadas en el guión están relacionadas de una u otra manera, siendo por encuentros entre los personajes o por la aparición de estos en más de una historia.



El hilo conductor sería la noche del 31 de octubre, donde aprovechan para salir tanto la chavalada que pide caramelos como la gente joven con ganas de divertirse. Los protagonistas son muy dispares, siendo desde un grupo de escolares que decide asustar a una niña con una historia y unos disfraces, un tipo gruñón dispuesto a echar de malos modos a cualquiera que se acerque por su casa y, como no podía faltar, un grupo de chicas con los disfraces más subidos de tono posibles y con ganas de encontrar una fiesta y ligues. Pero en una noche así es muy probable que fantasmas, hombres lobo y asesinos enmascarados sean algo más que gente disfrazada.



Aunque forma de enlazar cada historia mediante personajes y objetos puede no ser novedoso en el cine o en la televisión, en un género tan trillado funciona perfectamente, y la aparición, o varias apariciones de los protagonistas se presentan de una forma muy dinámica que da la sensación de velocidad y desorden que corresponde a una noche de fiestas. Otro de los elementos más aprovechados son los giros típicos de las historias cortas: durante toda la película no hay una sola secuencia en la que no aparezca algo que quiera ser sorprendente o que remate el guión de forma inesperada. En otro tipo de guión esto podría resultar cansino o una forma bastante cutre de intentar sorprender al público, pero en este caso, este está pensado para no tomarse en serio a sí mismo y para desconcertarlo a cada momento.


Otro fotograma que nos hemos hartado de ver en los creepypastas

Los personajes no tienden a caer ni simpáticos ni especialmente odiosos, exceptuando alguno que aparece por ahí, sino que toman unos cuantos estereotipos para presentarlos en una situación que solo pretende bromear un poco con todos los tópicos del género y de lo relacionado con la noche de Halloween. De hecho, lo que no podía faltar son los monstruos típicos, que aquí hay a patadas y tratados de todas las formas posibles: desde el relato más inquietante o con tintes de moraleja, hasta el puro humor negro que solo pretende divertir. Practicamente aparecen todos los típicos del género: fantasmas vengativos, hombres lobo, algún vampiro y asesinos en serie. Y aunque estos últimos sean los que menos me gustan (no trago ni con el Halloween de John Carpenter), quizá por lo quemado son los que resultan más divertidos, poniéndolos en unas situaciones bastante inesperadas y optando por alejarse de los clichés de víctimas atontadas.


Anna Paquin, tomándose sus últimos papeles a broma

Trick ´r Treat no engaña: es una película pensada para la noche de Halloween, que explota todos los elementos del género. Pero esto, contando con una gran creatividad y sentido del humor, con ganas de reírse y modernizar, sin tomarse en serio, muchos tópicos. Vamos, que coincide que esté escribiendo sobre ella esta semana, pero como película, es igual de buena en cualquier época del año.

jueves, 24 de octubre de 2013

Prisioneros (2013). Secuestros, sospechas y una caravana



Como dijo Roy Batty, he visto cosas que vosotros no creeríais. Y lo de las naves más allá de Orión es una minucia comparado con poder volver al cine por menos de 500 pesetas. O 2.90 €, que es como ha quedado el precio de las entradas hasta este miércoles, con una promoción que intenta mantener un mínimo de gente en las salas. La cosa algo de truco tiene, coincide justo cuando no se estrena nada que pudiera interesarme: Insidious 2 va el viernes, Thor, la semana que viene, y como Hewl es un soso, tampoco podía ir a hacer el cafre en Las brujas de Zugarramundi. En realidad en cartelera ya había un par de películas de las que irán a los Oscars y alguna otra con buenas críticas, pero parece que el cine de calidad y yo no vamos en la misma dirección.



La cosa quedaba en dos opciones: Una cuestión de tiempo, la comedia romántica con viajes temporales, y Prisioneros, un thriller policiaco. De la primera no me gusta el género, y tuve suficiente con La mujer del viajero en el tiempo para comprobar que la ciencia ficción y las historias de amor no funcionan bien juntas (a menos que te llames Stefe Moffat y trabajes de guionista en Doctor Who). De la segunda, tampoco es que haya visto muchas de investigación pero, con el truco de la entrada reducida, es imposible no acordarse de una época en la que se podía ir al cine como alternativa para pasar la tarde.



La trama de prisioneros es bastante adecuada para inquietar a los padres que se encontraran en la sala: dos matrimonios celebran acción de Gracias junto a sus hijos, cuando en un corto paseo de las dos niñas pequeñas, desaparecen. El único sospechoso es el dueño de una caravana, un chico retrasado del que la policía retira pronto los cargos. Uno de los padres, carpintero de profesión y aficionado al supervivencialismo, tiene motivos para creer que este miente y decide encontrar a su hija por su cuenta. Tras secuestrarlo, intenta por todos los medios y torturas posibles obtener una confesión, mientras el policía encargado del caso encuentra una serie de pistas indicando que este, y otros secuestros en décadas anteriores, están relacionados entre sí.

 


El argumento, a grandes rasgos, podría pasar por un guión de telefilme de los del domingo por la tarde. La diferencia con estos es cómo se desarrollan los elementos principales, desde su ambientación, trasfondo y caracterización de los personajes, que sin duda es lo más interesante. Lo más notable es la interpretación de Hugh Jackman como protagonista, con las referencias a la cultura supervivencialista, un poco suavizada, su obsesión con proteger a su familia y cómo esto hace que sea capaz de saltarse unos cuantos principios éticos. El policía a cargo de Jake Gyllenhaal tiene su parte mediante detalles acerca de su vida y personalidad que se van filtrando a través de los diálogos y su caracterización: la referencia a su infancia en un orfanato, su pinta de exmacarra y su carrera profesional en casos de niños desaparecidos, hacen pensar un poco si este personaje no daría para una serie de dos o tres thrillers. Y Paul Dano, el sospechoso y dueño de la caravana, interpretó el año pasado al protagonista de Ruby Sparks, aunque desde entonces ha debido comer bastante bien porque me ha costado bastante reconocerlo.

Una de las partes más disfrutables es la ambientación, en un pueblo de Pennsylvania bastante desierto. O más bien, desvencijado: las casas se caen a pedazos e incluso los personajes tienen bastante pinta de estarlo pasando mal con la crisis económica. Además, la investigación del agente lo lleva a recorrer las casas de unos cuantos pederastas que aporta un miedo bastante real a la película. Parte de la trama principal es el elemento religioso, que forma parte de varios personajes, bien como forma de no perder la esperanza, o retorciéndola de forma que se vuelva algo amenazador (de hecho uno de los pederastas a los que interroga el policía es un sacerdote).


Aunque el drama correspondiente al protagonista y su interrogatorio mantenga el interés durante todo el metraje, la parte policiaca acaba perdiendo fuelle una vez que se terminan de atar los cabos. Podría haber tenido una resolución algo más concreta, pero optan por alargarla incluyendo las correspondientes secuencias de tensión con la policía a punto de no llegar que solo sirve para que empiecen a sobrar minutos. Y aunque la escenografía tuviera su interés, en cierto punto este se pierde por abusar demasiado: a la cuarta o quinta casa estaba bastante perdida y con la sensación de estar viendo un capítulo de Tu casa a juicio o Reformas a lo bestia.

Aún con el final que se alarga demasiado, Prisioneros consigue mantener bastante interés y sobre todo, alejarse del punto de vista telefilmero que me temía en un principio. Además, se trata de una película que probablemente no hubiera visto si no fuera por las circunstancias y el descuento en el cine.

lunes, 21 de octubre de 2013

This is The End (2013). El fin del mundo según Seth Rogen



En los últimos años no han faltado películas de temática apocalíptica, seguramente por ir de la mano al estado de ánimo de todo el mundo. Pero tampoco han faltado las que optan directamente por tomarse el tema del fin del mundo a broma o al menos, sacarle la parte más divertida al final de la civilización. Dos de ellas no solo se estrenaron en fechas muy cercanas, sino que sus nombres también eran parecidos. Y si hace un par de semanas Edgar Wright cerraba la trilogía del Cornetto con The World´s End, ahora Seth Rogen y sus amigotes hacen el cafre en This is the End. Aunque en su momento avisé que me quedaba de lejos con Simon Pegg y sus amigos.



This is the end es una comedia atípica, en la que el punto de partida no es especialmente importante y los actores no interpretan a personajes ante el fin del mundo, sino que se interpretan a sí mismos ante el fin del mundo según la Biblia. Y con lo de “interpretarse a uno mismo”, es más bien una parodia de todos los excesos de las celebridades. En ella, Seth Rogen recoge a Jay, su amigo de toda la vida, con intención de pasar el fin de semana jugando a la consola y poniéndose hasta arriba de marihuana. Pero Rogen está bastante integrado en la vida de Los Ángeles y acudir a una fiesta en casa de James Franco le parece más interesante. Pero esta termina en un Apocalipsis, literalmente: los justos son ascendidos a los Cielos, llueve azufre, los suelos se abren tragándose a unos cuantos famosos (Rihanna entre ellos) y los únicos supervivientes parecen ser James Franco, Jay Baruchel, Jonah Hill, el propio Seth Rogen y Danny McBride, a quien nadie ha invitado por ser el más insoportable de todos. Con unos cuantos demonios comiéndose a los pocos supervivientes en el exterior, no les queda otra que intentar sobrevivir con la poca comida que quedaba en casa y todos los estupefacientes que no podrían faltar en una fiesta de famosos. Aunque en algún momento, tienen que pensarse lo de salir a buscar provisiones y agua.



Con el mismo director de Superbad o Pinneaple Express, se intuye que la comedia va a ser bastante bestia. En este caso, han optado por la autoparodia y presentar el Apocalipsis no desde el punto de vista de un cualquiera, sino desde un grupo de actores, interpretados de la forma más excesiva posible: no se cortan un pelo a la hora de presentar envidias, inquina y mal rollo, todo desarrollado de forma que tiene que llevar a una situación cómica. Los diálogos están pensados de una forma parecida, retorcidos hasta el absurdo para que una conversación empiece con un sentido y acabe convirtiéndose en algo completamente fuera de lugar, metiendo a los protagonistas en más de un apuro. Y por supuesto, no podían faltar todos los gags posibles relacionados con el consumo de drogas. De hecho, este llega a tener una secuencia para él solo cuando los protagonistas, viendo la situación, deciden ponerse hasta las cejas de cocaína y ponerse a filmar una película.



La parte fantástica del guión es la menos importante en este caso: básicamente es una excusa para desarrollar una comedia que los protagonistas acaben encerrados en una casa y hagan todo tipo de barrabasadas, desde asustar a Emma Watson a echar de la casa a Danny Mcbride por insufrible. Al menos, hasta la mitad de la película, que es cuando empiezan a aprovechar elementos de varios géneros para unas cuantas secuencias: posesiones, exorcismos, bandas de caníbales disfrazados de personajes de Mad Max y hasta una escena en el Cielo con concierto de los Backstreet Boys incluida. En realidad, sino fuera por encadenar de forma atropellada todo esto, el guión casi podría haber sido cualquier otra situación que implicara un grupo de personajes encerrados.



Los justos, ascendiendo a los cielos y huyendo de cinco o seis personajes insoportables

Aunque se trate de una película que cuente con buen ritmo y no se haga pesada, que es lo que hace falta en una comedia, en mi caso no funciona como comedia ni como género fantástico: los chistes de porreros nunca me han hecho la más mínima gracia. Ni en Bored To Death (aunque los intelectualillos que salían tampoco ayudaban) ni con los personajes de Jay y Bob, por lo que una comedia que se basa principalmente en chistes de estupefacientes varios y actores empeñados en hacerse desagradables no tiene posibilidades de gustarme. Entre esto, y todas las referencias a trabajos de los actores y a sus anteriores películas, que tampoco he visto, This is the End se queda como otras de esas películas de las que me pregunto por qué se me ocurrió verla.

jueves, 17 de octubre de 2013

Pacific Rim (2013). Los robots gigantes se ponen serios



Un gato encima de una mesa es algo parecido a un kaiju moviéndose por una ciudad

Todavía echo de menos la versión de En las montañas de la locura que Guillermo del Toro había prometido. Primero que si hay que adaptar el guión a los nuevos tiempos, después que si Prometeus cuenta algo parecido (mentira) y ahora, el que quiera monstruos de las profundidades le toca ir a ver Pacific Rim, aunque esto de Lovecraft no tiene nada, sino que es su propia versión del kaiju y el Super Robot genre. O lo que es lo mismo: de Godzilla y de Mazinger Z, pero filmado en condiciones e intentando reducir el absurdo de este género al mínimo.

 


Pacific Rim empieza como podría ser cualquier otro guión de este tema: un enorme monstruo aparece y comienza a sembrar el caos en varias ciudades. Pero después de este, otros empiezan a salir como setas, y una amenaza así exige una solución igual de lógica: construir una serie de robots gigantes llamados Jaegers, con pilotos humanos que se encargan de dirigir sus movimientos. Pero los monstruos, a los que llaman kaijus, no son tontos, y a la tercera o cuarta paliza empiezan a cogerle las mañas a sus enemigos y a controlar sus puntos débiles. Bueno, y a hacerse más grandes, que también ayuda. Un antiguo piloto es llamado de nuevo a lo que puede ser el último enfrentamiento con los kaijus. Mientras los Jaegers siguen peleándose con unos kaijus cada vez más creciditos, dos científicos intentan encontrar una forma de acabar definitivamente con ellos y de cerrarles el paso a la tierra.




Como director y guionista, no tengo ninguna queja de Guillermo del Toro. Todas las películas en las que ha desempeñado ese puesto me han gustado en el mejor de los casos, y me han entretenido, en el peor. Es un tipo con una imaginación desbordante, que no esconde sus influencias y que lo mismo es capaz de hacer una versión de Blade, que sacar un cuento de hadas macabro, referencias a H. P. Lovecraft, y ahora, hacer una película de kaijus que resulte mínimamente seria y coherente. Al menos, todo lo coherente que podría ser un género así, porque ha sido lo suficientemente cuidadoso como para detallar un poco el mundo de Pacific Rim, y mostrar cómo este se adapta a la aparición de unas monstruosidades de doscientos metros: los refugios antikaijus, los fans de los monstruos e incluso un mercado negro de restos de monstruo bastante floreciente. Estas cosas aparecen como trasfondo, pero lo suficientemente detalladas como para hacer una película más sólida y no una sucesión de combates de gigantes.

 


En todo momento es posible encontrarle algo de interés al metraje, desde los escenarios hasta los detalles más pequeños, y con el ritmo de la historia, es bastante difícil aburrirse. Pero con todo, no pasa de quedarse en algo entretenido, al menos para mí. Y digo específicamente “para mí”, porque el género de los kaijus y los robots es algo que nunca me ha interesado mucho. En el mejor de los casos, es algo cutre y entrañable, como las peleas de Godzilla contra los Monstruos, y en el peor, algo pedante y sobrevalorado, como Neon Genesis Evangelion (me estoy arriesgando a ser apedreada por esto último). Nunca conseguí suspender la credibilidad lo suficiente como para que una pelea de monstruos gigantes contra un robot me pareciera lo suficientemente posible, aún dentro del universo de la película. Y tiene su gracia viniendo de alguien que ha debido tragar bastantes de zombies y de cosas todavía más absurdas. No debo ser la única porque esto también se tuvo en cuenta en el guión, y aún con lo que implica trabajar con un argumento de superrobots, se hace todo lo posible porque el funcionamiento de estos, los laboratorios e incluso la actitud de sus pilotos, resulte posible y lógica.

 
Al menos no van vestidos con lycra roja...

Aún sin haber conseguido meterme dentro de la película, no tengo ninguna queja de Pacific Rim: buen guión, buen ritmo y mucho esfuerzo a la hora de coordinarlo todo. Ahora solo falta que consiga tomarme en serio a unos robots que matan monstruos gigantes a espadazos.

 Y de contrapunto casero, el motivo por el que me tomo todo esto a chufla: Les Inconnus hacen su propia versión de Bioman (para los más jóvenes: era como los Power Rangers, pero sin estar adaptado con actores occidentales)

 

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