Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

miércoles, 30 de mayo de 2012

Diary of the Dead (2007). Cuando sabes que has visto demasiadas películas de zombies


Aunque cueste, siempre habrá fotos relacionados con gatos

Parece mentira que a estas alturas no haya hablado de George A. Romero, el responsable de los zombies tal y como los conocemos hoy. Y es que, antes de que estos se pusieran de moda, él se encargó de una serie de películas que tratan sobre la aparición de los zombies, y de la desaparición de la sociedad, a lo largo del tiempo. Y tan largo, porque empezó en 1968 con una peliculita en blanco y negro y llegó hasta el 2009 con seis películas (sin contar el remake de la primera en el 89). Y es que, hasta el 2005, la salida de estas se alargaba cosa mala: con una por cada década, hasta los 20 años que mediaron entre Day of the Dead y Land of the dead. En cambio, es a partir de esta última, seguramente por haber empezado ya a gestarse toda esta moda zombilística, cuando decide seguir con la serie que lo hizo famoso a un ritmo más acelerado, y dos años después aparece Diary of the Dead.


Aunque toda su serie de los zombies se caracteriza por ser unas películas completamente independientes las unas de las otras, Diary of the Dead es la que le da la mayor vuelta al tema y se salta un poco la continuidad temporal de las anteriores: los muertos han comenzado a levantarse (otra vez), cosa que sorprende a un grupo de estudiantes de cine en pleno proyecto de fin de carrera, y que deciden aprovechar para filmar todo lo que puedan e irlo subiendo a la red. Algo así como los vídeos de gaticos, pero con zombies. En un principio la realización sería la típica de “metraje encontrado”, del que tanto tiran las películas de bajo presupuesto y que tiende a marear bastante, pero Romero lo cuida bastante explicando que las imágenes se rodaron con cámaras semiprofesionales y que fueron montadas y editadas, con banda sonora y todo, antes de mostrarlas. De hecho, en más de una secuencia los personajes aparecen tirando de cualquier rato y conexión a Internet, que empieza a fallarles, para ir subiendo los vídeos que han rodado desde que se encuentran al primer zombie hasta que llegan…bueno, en realidad no tenemos muy claro hacia donde quieren ir, ni siquiera lo tienen ellos mismos: en un principio, pretenden llegar a la casa de algunos personajes, para después cambiar de opinión y visitar la mansión de otro de sus amigos donde supuestamente, estarán a salvo (de los zombies puede. Pero no de su estupidez, que tienen bastante).

 

Con estas ideas, la película se plantea un poco como una road movie también, ya que pasan bastante tiempo conduciendo en la caravana, y de paso, haciendo alguna parada para repostar, o incluso, conociendo a otros personajes, desde saqueadores, a un grupo de tipos que han conseguido organizarse y procuran repartir comida y gasolina de la forma más equitativa posible. Estos últimos tienen su gracia porque si hay algo típico de las películas de Romero, son los negros con papeles de líderes, o al menos, con caracteres fuertes: tuvimos a Duane Jones en la primera, a Ken Foree en zombie, a otro que no recuerdo el nombre en Day of the dead, y en Land of the Dead, el personaje se cambia de bando para hacer de zombie con inteligencia superior a la media. Su aparición en esta es bastante breve, y en su lugar está el profesor de los protagonistas, que mantiene la calma en todo momento y además, se las arregla muy bien con un arco y unas flechas. Una cosa hay que reconocerle: ¡Romero se adelantó varios años a Daryl Dixon!



Yo de mayor quiero ser como este tío

Si hay algo a favor de Diary of the Dead, es el buen ritmo que mantiene: aunque lo diga habitualmente de muchas películas, es entretenida, tiene gancho y en ningún momento acabé pensando “por dios, que se acabe esto…”. Por otro, tiene algunos fallos menores, como abusar de la moralina sobre la manipulación de los medios de comunicación, a base de voz en off, e incluso de recordar la famosa frase de “Ellos son nosotros”, que decía la protagonista en el remake de La Noche de los muertos vivientes. Aunque Romero siempre mete algo de crítica, o lo intenta, en la saga de los zombies (desde los prejuicios raciales hasta el consumismo), aquí resulta excesivo.

Pero lo peor de todo, y que lastra la película por completo hasta convertirla en algo bastante flojo, es la completa falta de sentido común: los personajes no tienen ninguno. Y aunque pueda valer el que alguno de ellos se niegue a soltar la cámara, así le esté un zombie mordiendo los menudillos, lo que no tiene disculpa es la tontería de la que hacen gala en la última mitad de la película: los protagonistas llegan a la dichosa mansión, que es una verdadera fortaleza. La puerta está abierta pero no hay cadáveres a la vista…y no se les ocurre otra cosa que dejar la verja abierta, que entren todos los bichos que quieran, y ellos, hala, a meterse en una habitación del pánico para editar y subir a la red la película de marras ¿Qué más da que estuvieran en una casa enorme, con comida y agua para varios meses, y sin posibilidad de que entrara ni un solo bicho? No, lo importante es encerrarse en una ratonera, y a hacer el Igmar Bergman.

 

Pero, pero, peroperopero...¡¡coge un palo o algo!!

Con la cantidad de tonterías que acumula, muy lejos de la lógica que mantenían los personajes de las películas anteriores, no me extraña que las críticas se la comieran viva: está muy lejos de clásicos como Zombie, o incluso, de las que no llegaron a gustar tanto, como Land of the Dead (que a mí me gustó un montonazo), y aunque la ambientación de la película hace que el peligro sea bastante evitable, y en todo momento dicen que los zombies son lentos y pueden evitarse, no me extraña que unos protagonistas tan tontainas tengan pocas oportunidades ¡Pero es que se lo buscan!

lunes, 28 de mayo de 2012

El nombre del viento. De aventurero a tabernero en cómodos libros.


Kvothe usa sus poderes para transmutarse en gato y pasar de todo

El género de fantasía, además de contar con un montonazo de seguidores, cuenta también con un problema: es muy difícil innovar. Tolkien sentó las bases en su momento, y menos George R. R. Martin, que le echó valor y decidió tirar más por bases históricas con la Guerra de las Rosas, la mayoría de novelas y sagas dan un poco la sensación de ir por el camino que abrió el primero. Eso no implica mala calidad porque desde entonces, ha habido sagas excelentes, algunas más sobrevaloradas que otras, pero es que en este género pasa como en todos: unas cosas son buenas, y otras, no tanto.

Por suerte, la primera novela de Patrick Rothfuss entraría en la primera clasificación. O al menos, tiene bastantes posibilidades porque el tema de la calidad y lo que duran en la memoria del lector, lo decide el tiempo, y todavía no ha pasado el suficiente.


En un principio, intenta saltarse la situación típica de las novelas de fantasía, que serían los comienzos del héroe, y empezar un poco al revés: un cronista llega a una posada, donde descubre que el dueño es Kvothe, uno de los héroes más conocidos del reino. Este se ofrece a contarle su historia en tres días (a día por tomo. Patrick Rothfuss se las sabe), y así aclarar los rumores que se cuentan sobre él. Y desde luego hay bastante, porque de lo poco que se sabe en el principio del libro, es que su ayudante es un fauno, y que en los últimos tiempos, empieza a haber más monstruitos acechando la aldea de los que deberían.

De entrada, la narración y el estilo es buena, y bastante superior a la media en muchas series fantásticas. Además, el autor intenta crear un mundo lo más realista posible dentro de lo fantástico: habrá demonios y bicherío, pero los granjeros están más preocupados porque estos les estropeen las cosechas, o por los impuestos anuales, que por cosas más heroicas. La Universidad de Magos que describe, al margen de los rayos y accidentes que puedan salir de sus ventanas (a mí me recordó un poco a la Universidad Invisible. Pero en vez de orangután tienen a un mago locatis), tiene que financiarse con matrículas y por supuesto, tragar a determinados alumnos por ser de buena familia. Los chanchullos y tráficos de influencias están a la orden del día, aunque el profesorado intente ser todo lo imparcial posible.

Este tipo de ambientación ayuda bastante, y al menos convierte al mundo de El nombre del viento en un lugar algo más tangible donde la gente tiene que trabajar y pagar sus facturas. De hecho, el protagonista se pasa gran parte del libro pasándolas canutas para poder pagar la matrícula y sus gastos universitarios, y de paso, hacerse enemigo de un noble bastante irritante…Vamos, que hasta ahí, el tema funciona, y el que cree personajes negativos que caigan mal por actuaciones mezquinas bastante simples, lo demuestra.

El principal fallo está en el protagonista en algunos casos: aunque intenta describirlo como un personaje normal, algo por encima de la media, sus primeros pasos y sus prodigiosos avances con la magia, por no decir su inteligencia y todo eso, hacen que empiece a convertirse en una Mary Sue de libro, y el que se las ingenie para sobrevivir él solo en una ciudad tampoco ayuda. Por suerte, Rothfuss se da cuenta hacia la mitad del libro y decide humanizarlo un poco más, haciendo que no pueda impresionar a los personajes más de una vez, tenga sus problemas con otros secundarios, y sobre todo, que pase más hambre y necesidades que un maestro de escuela. Y precisamente esto último es lo más importante, porque, tratándose de los primeros años del protagonista, poco más pasa que el entrar en la universidad y como se las apaña allí, sin que la trama avance más hasta las últimas páginas.

Como era de esperar, El nombre del Viento no se queda en un solo libro, sino que promete dos más de los que ha aparecido uno de momento. Que sin haber sido el colmo de la innovación, sí me parece bastante superior a sagas tan valoradas como Añoranzas y Pesares.

jueves, 24 de mayo de 2012

Lecturas del mes I. De superventas va la cosa


No hay peluches, ni puntos rojos que se mueven...normal que se aburra

Llevaba algún tiempo sin subir entradas sobre libros. En realidad no mucho, pero sí bastante para la frecuencia con la que aparecen por aquí. Y además esta vez vienen con una sorpresa: los que he estado leyendo esta temporada son libros muy conocidos y que se han vendido muy bien en los últimos años. Esto, comparado con la cantidad de novelas en inglés, escritores desconocidos por no decir altamente frikis y argumentos marcianos, es una novedad. Ha quedado un poco más corta de lo normal, pero eso es porque en el último libro se me ha ido la mano escribiendo, por lo que a Patrick Rothfuss le toca una entrada para él solito.


Suzanne Collins. En llamas (Los juegos del Hambre 2). Aunque esta saga de literatura juvenil haya tenido bastante éxito, siempre ha contado con dos críticas previas: en un principio, las protestas por su supuesto parecido con Battle Royale, y tras el estreno de la película, las sospechas de que la trilogía iba a ser un nuevo Crepúsculo. Por suerte, ninguna de las dos es cierta, porque, aunque el punto de partida del libro (un juego televisado en el que los concursantes deben matarse entre sí), se ha visto en más obras de ciencia ficción que la dichosa película japonesa, está muy bien llevado y se mezcla con temas reconocibles como los reality shows absurdos, la manipulación de la información o las guerras televisadas. Y respecto a la segunda acusación, todavía menos, ya que esta es una novela de ciencia ficción postapocalíptica en la que, si bien la protagonista va a tener sus dramillas por tal o cual chico (recordemos que el público objetivo es gente de diecisiete años), está más preocupada en salvar a sus seres queridos de una dictadura y, de paso, derrocar a un régimen totalitario que lleva casi 75 años en activo. En Llamas cuenta cómo la protagonista, tras haber superado los primeros juegos, empieza a convertirse en un símbolo de rebelión entre los distintos Distritos, y por cierta triquiñuela (vamos, que al dictador esto de los símbolos libertarios no le hace ni puñetera gracia), debe volver a participar en los Juegos del año siguiente. La novela es más lenta que la anterior, ya que dedica gran parte de los capítulos a describir cómo es la vida de la protagonista tras haber ganado, las revueltas que se producen en los distritos, e incluso la aparición de una Resistencia que, o se pone un poco las pilas, o podría ser la Más Inútil de la Historia, y a los 75 años de antes me remito. En algunos puntos es algo más flojo que el libro anterior, sobre todo por las neuras sentimentales que se empieza a plantear la protagonista, y especialmente, por algunos pasajes un tanto absurdos, como los personajes hartándose de marisco en una playa donde supuestamente están celebrándose unos juegos de supervivencia. Pero por lo demás, me ha dejado con ganas de saber qué pasará en el último libro, y sobre todo, de recomendarla a los lectores más jóvenes.


Matilde Asensi. El último Catón. Es raro que lea novelas españolas, y más de una temática que me interesa tan poco como las investigaciones vaticanas y las reliquias cristianas. Y si le añadimos que la protagonista es una monja, uno de los colectivos que más mal rollo me provocan, después de los médicos, sería un libro que tiene muy pocas posibilidades conmigo…Pero lo más raro ha sido que al final sí las tuvo. El último Catón cuenta cómo tres protagonistas bastante dispares (la susodicha monja, un profesor egipcio y un capitán de la Guardia Suiza) deben investigar el robo de varios maderos de la Vera Cruz, que supuestamente, es cosa de una secta antiquísima que les hace pasar una serie de pruebas basadas en el Purgatorio de la Divina Comedia. Aunque esta línea de argumento esté hoy bastante explotada por el exitazo de Dan Brown, no tiene ni punto de comparación: es infinitamente mejor que cualquier otro thriller. Obviamente, la historia es bastante improbable, pero la autora, además de narrarla bien, se la toma con el punto justo de incredulidad que necesita: la descripción, y la cantidad de aventuras que implican las pruebas que pasan los protagonistas tienen un montón de elementos clásicos: suelos de fuego, mausoleos subterráneos, cámaras secretas, trampas imposibles, y hasta alguna referencia a la Tierra Hueca que imaginaron muchos escritores de aventuras hace años.
De los personajes, quizá un poco estereotipados en algunos casos, y algún detalle a mayores no vendría mal, pero, el caso de la protagonista, mi principal problema, ha sido un éxito: consigue retratar a una persona con una gran formación, que, siendo religiosa, no es exageradamente meapilas ni conflictuada, sino que lleva, al menos hasta el momento de la historia, la vida que ella cree que ha elegido, y esta cambia por más motivos que llevar a cabo una investigación un tanto extraña. Por supuesto, los mayores vapuleos se los lleva la Iglesia, y en menor medida, sus poco recomendables contactos, mafia siciliana incluída.

lunes, 21 de mayo de 2012

La llamada de Cthulhu 1926 y The Whisperer in Darkness 1931. H. P. Lovecraft visto por los frikis (más de lo habitual)


¡¡Y después dicen que los gatos no son útiles!!

Visto que ahora nos vamos a quedar sin En las montañas de la Locura (gracias, Prometheus. Gracias, estudios de cine remilgados) previsto por Guillermo del Toro, parece hacerse más cierta que nunca la mala suerte de los relatos de Lovecraft a la hora de adaptarse al cine. Porque, haberlos haylos, no tantos como versiones de Edgar Allan Poe, pero mal que bien, siempre ha habido alguna película que se basara directamente o no en sus relatos. Generalmente, oscilando entre lo cutre, el gore y la serie B, pero reconozcámoslo: hasta hace muy poco era muy difícil adaptar correctamente a un escritor que no dudaba en incluir vacíos espaciales o enormes monstruos tentaculados. Y algún que otro gato. Todos sabemos lo difícil que es trabajar con gatos.

Una de las versiones más originales fueron las que filmaron los de la H. P. L. Society, que con ese nombre, no van a engañar a qué se dedican. En concreto, no se les ocurrió otra cosa que tomar un par de relatos y rodarlos…como serían en la fecha en la que se publicaron los relatos.
 

El primero fue La llamada de Cthulhu en 2005, que, siendo de 1926, se trata de una película muda, con lo que se adelanta varios años a The Artist en eso de filmar de una forma anacrónica ¡Muérete de envidia, cine de Oscar! En su día, fue sorprendente: unos tipos que se ponían a rodar una película muda, con filtros para darle un aspecto antiguo, y con los efectos especiales que podría haber en la época. Eso no quita que estos no sean efectivos, ya que los juegos de espejos que utilizan, y que recuerdan bastante al cine expresionista, funcionan casi mejor que otras películas más recientes, además de no desentonar nada. Incluso aprovechan la disculpa de los efectos artesanales para presentar a un Cthulhucito en stop motion que también queda muy bien.

 

Una de sus mayores ventajas, además del detalle con el que fue filmada, es aprovechar también el que la mayoría de cine de la época fueran mediometrajes, por lo que esta versión no dura más que 45 minutos, menos de la mitad que la mayoría de películas de los últimos setenta años. Y eso significa que en esta versión de La llamada de Cthulhu no hay más que lo que aparece en el relato original: el descubrimiento del protagonista, a través de diversas cartas y diarios, de la existencia de una isla extraña, unos dioses llamados Primigenios que supuestamente, planean la caída de la humanidad, y una secta que todavía los venera. No hay ni personajes añadidos, ni historias paralelas, ni nada para rellenar metraje, lo que, en la fecha, y después de tantas adopciones remezcladas, fue un puntazo.


Unos años después decidieron probar suerte de nuevo, y eso que tardaron lo suyo por eso de temas de producción, pero en 2011 apareció The Whisperer in Darkness, la adaptación del relato de 1931 sobre unos alienígenas de Plutón que se esconden en Vermont, su trato con algunos humanos, y como irán conociendo los aficionados a Lovecraft, su relación con los Primigenios. Esta ya entraría en la época del cine sonoro, y siendo el relato en que se basa algo más largo, y más lineal que La llamada de Cthulhu, se rodó en el estilo de las películas de suspense de la época: tiene algo más de acción y los aparatos espaciales que aparecen recuerdan a los cacharros diseñados por Tesla que tanto sorprendían en la época o a la tecnología de las revistas de ciencia ficción.

 

En este caso, el agumento sí varía un poco respecto al original: al protagonista se le añade transfondo con una familia difunta, aparecen unos cuantos aldeanos sectarios e incluso una escena de acción que en el relato no aparecía para nada (porque los protagonistas suelen ser unos mantas que se pasan el día aterrorizados o escribiendo diarios) con una persecución en avión, que por un lado, es muy propia de la época pulp, pero por otro, no me convenció mucho ya que los monstruos que aparece se notan demasiado informatizados, lejos del aspecto artesano que tenía Cthulhu en la anterior película, y que estropea un poco el aspecto verídico que intentaba presentar.

jueves, 17 de mayo de 2012

Inland Empire (2006). Una mujer en problemas y un público desorientado


No me mires así, que yo tampoco me he enterado de nada

A David Lynch se le conoce por Twin Peaks, y sobre todo, por una filmografía más rara que un perro verde. Al menos, eso me han dicho: no he visto la famosa serie de Laura Palmer, y de sus películas solo conozco Dune, Mullholland Drive y Cabeza Borradora que…bueno, sí, habrá que dar la razón a los entendidos, porque esta última se las trae.



A todo esto, se llama Inland Empire como podría haberse llamado Barrilete Cósmico: no tiene nada que ver

También debe ser cierto eso que dicen de que, cuanto más mayor se hace uno, más raro se vuelve, y en el caso de David Lynch debe tener un plus de rareza, porque desde Mullholland Drive, decidió que eso de los argumentos y la coherencia no iban con él y que a partir de ahora, iría filmando lo que le viniera a la cabeza.

 

El resultado en 2006 fue Inland Empire, que, a grandes rasgos, consiste en tres horas de secuencias muy raras, con diálogos intercalados en polaco y un hilo conductor muy poco claro. Con bastante esfuerzo, este podría condensarse en cómo una actriz recibe la visita de una vecina un tanto extraña, que le profetiza un papel en una película. Película que es un remake de una producción polaca de hace cuarenta años en la que los actores fueron asesinados. Los actores de la  que se está rodando parecen querer tener una aventura a espaldas de sus respectivos matrimonios, pero llegado un momento, es difícil saber si eso es lo que sucede en realidad o si se trata del guión que interpretan. La cosa se complica (aún más) cuando la protagonista, Laura Dern, pasa de ser una glamourosa actriz a una mujer abandonada por su marido, a compartir piso con un grupo de prostitutas de Hollywood, y finalmente, a contarle su historia a una especie de detective que asiste con cara de poker a unos relatos completamente absurdos y que poco tienen que ver con lo que se ha ido viendo en pantalla hasta el momento. Pero, que por algún motivo, hacen que el espectador se quede igual de pasmado que el personaje que escucha.


Si David Lynch quiere meter una secuencia con conejitos, está en su derecho. Y si fuera con gatitos, tendría todo mi apoyo

Llegado este punto, es difícil saber donde empieza y termina la película que ruedan, o cual sería el personaje real de todos lo que han aparecido interpretados por la misma actriz. De hecho, la mayoría de personajes que aparecen se desdoblan en distintos papeles: el marido de la protagonista se convierte en parte de la historia polaca. El asistente de rodaje se va volviendo cada vez más loco, siniestro, y acaba convertido en una especie de prestamista que sigue al otro personaje de Laura Dern y que parece bastante peligroso. Encontrar un argumento reconocible, o al menos, lógico, es lo más difícil: las cosas van pasando porque sí, se intercalan secuencias muy extrañas, como una teleserie protagonizada por conejitos, o una secuencia en plan screamer con la cara deformada de la protagonista, y un personaje que ve la historia en una pantalla de televisión mientras llora (más o menos, como debió llorar el público que pagó 7 euros de entrada por la película).

Todo ello muy típico del director pero que en mi opinión, esta vez se le ha ido la mano: porque una cosa es querer narrar algo, por raro que sea, y que el espectador lo entienda o la pueda interpretar como quiera. Y otra muy distinta, es que ni tus propios actores sepan qué demonios están rodando. Sin embargo, esto último funciona a su favor, porque en todo momento el reparto, aunque cumple en cuanto a interpretación, parece bastante perdido en algunas secuencias, salvo Jeremy Irons, que hace de director de cine y es al que le tocan las escenas menos extrañas.

 

Astuta maniobra de David Lynch, intentando que el respetable no se le duerma. Aunque sea a base de bocinazos

Seguramente Inland Empire no sea la película más adecuada para empezar con la carrera de un director ya de por si bastante rarito. Sin embargo, reconozco que la disfruté por lo extraña e inquietante, o al menos, así fue durante las dos primeras horas: las secuencias posteriores a la última toma de la película, con la protagonista abandonando el plató completamente desorientada, me resultaron un poco cansinas para una producción que de entrada, necesita bastante atención y esfuerzo para verla. Y desde luego, cuarenta y cinco minutos extra de miradas desviadas y música disonante rebasa la paciencia de cualquiera. Aunque incluyan al final un número musical de Nina Simone

.

Este es un blog cat-friendly

Este es un blog cat-friendly
...Por si quedaba alguna duda