Esta no es Renaissance escribiendo. Pero al paso que vamos, podría serlo
No era algo que me fuera a esperar, pero el mismo parón inesperado que ya sufrimos a finales de octubre se ha vuelto a repetir. Por suerte esta vez he llevado a cabo una planificación de tiempo y días más sesuda que me permite anunciar sin ningún problema: la semana que viene, no hay entrada, por falta de tiempo. Y más que nada, esta es para que no cunda el pánico. No vamos a estar por aquí, pero:
- Son solo unos días. - Ninguno ha sido estrellado en una isla desierta, cambiado de dimensión o convertido en hombre lobo, vampiro u otra criatura sobrenatural. - Volveremos en breve.
Hasta entonces, sean buenos, vean muchas series y hagan enfadar a Ramoncín todo lo que sea posible.
Como este fin de semana estuve bastante entretenida con los Trífidos no pude hacer una entrada sobre los episodios correspondientes. Tampoco es que tuviera intención de hacer un seguimiento semanal de lo que voy viendo, pero acabo de descubrir que es una forma bastante sencilla de actualizar y…bueno, quería escribir algo sobre The glass books of the dream eaters, la novela steampunk que estoy leyendo pero ¡no me da tiempo! Todavía no lo he terminado porque además de gordo, tiene la letra muy pequeña, pero prometo artículo en cuanto tenga ocasión.
¿Gay vampires y les parece gracioso? Ay, si las fans de Poppy Z. Brite los escuchan, hay escabechina.
Domingo, 17 de enero. Being Human. Segundo episodio de la segunda temporada: Nina parece resignada a asumir su condición de licántropo y Annie está feliz como camarera y lo que suponemos que será un nuevo novio, pero ya sabemos que nada va a terminar bien. Lo mejor del capítulo ha sido el desarrollar el tema de los fantasmas y la posibilidad de que Annie sea el personaje que corra más riesgo, ya que no cruzó al otro lado cuando le correspondía, y es probable que este la reclame tarde o temprano. Otro punto a favor es el que la novia de George abandone la casa de sus amigos rechazando toda ayuda. De todas formas, este personaje tiene bastantes papeletas de no pasar de la segunda temporada ¿Qué mejor que atormentar a un protagonista que matando a un secundario al que aprecia?
Lunes, 18 de enero. The Big Bang Theory. Los guionistas deberían plantearse en cambiarle el nombre a la serie por “Las paranoias de Sheldon Cooper y el tipo canijo con gafas que sale con una rubia”. O eso, o subirle el sueldo a Jim Parsons, ya que es el que está sacando adelante esta tercera temporada. En este caso, un robo doméstico da lugar a situaciones particularmente graciosas: Leonard y Sheldon enumeran durante un rato los videojuegos sustraídos. Howard instala un moderno sistema de alarmas con red incluida, “muy útil si entra a robar un banco de atunes”. Por otro lado, el capítulo dio lugar a más comportamientos infantiles por parte de Sheldon, en este caso, a causa del miedo a quedarse solo, que tan buen resultado han dado en otras ocasiones. Y es que no hay nada que mueva tanto a la risa o al desconcierto como un tipo completamente desconectado del mundo real comportándose como un niño de ocho años. Ehm..oh, dios mío. Creo que tendré que revisar esta frase.
El tensímetro de Saber Vivir patrocina este episodio.
Jueves, 21 de Enero. Fringe. Otro capítulo autoconclusivo cual moderno Expediente X en el que aparece algo tan típico de la serie como los virus raros. En este caso, uno que provoca una hemorragia modelo aspersor. La relación entre Astrid y Walter Bishop, bastante entrañable, se desarrolla un poco más y podemos verla llevando al doctor a una feria científica, con una secuencia en la que Walter ilustra a unos niños los peligros del conocimiento con la alegoría del monstruo bajo la cama. Los intentos de añadir tensión a la situación no van muy allá, porque aunque Peter se infecte del virus para alegría de muchos que no lo soportamos, sabemos que no le va a pasar nada. Y hay un pequeño, pero muy pequeño, avance en la trama principal debido a un desliz de Walter. Tampoco sé a quien quieren engañar, si ya sabemos que a Peter lo sacaron de otra dimensión…Ouch. Espero que esto último fuera obvio para todos.
Y hasta aquí, las series de la semana (pasada). Por mi parte, a seguir con el libro a ver si no llega al fin de semana.
Esto ya es una sinvergüencería en toda regla: Hewl ha vuelto a decidir que el balancín de su casa es más cómodo que estar delante de una pantalla escribiendo, así que me no me queda más remedio que ponerme a escribir igual que todas las veces que se ha producido esta contingencia. En fin, de poco sirve lamentarse, al tajo. Y tras pensar brevemente a ver qué subía, decidí hablar, aunque con dos semanas de retraso, de la miniserie de El día de los Trífidos.
Trailer de la primera película. Mundo viejuno..
A modo informativo, un Trífido (no confundir con los bichitos que se le meten a los yogures), es, igual que los Morlocks, algo típicamente británico: una palabreja para definir un bicho y que hace que te suene al oírla, pero que pocos han visto. Los trífidos fueron un invento de John Whydam allá por el 59: unas plantas presuntamente diseñadas por la Unión Soviética (Cuando los comunistas aún metían algo de miedo. Recuerden que era la guerra fría) con capacidad para moverse, atacar a la gente y comérsela, actividad que deciden llevar a gran escala después de que una lluvia de meteoritos verdes deje a la humanidad más ciega que Ray Charles. El resto de la historia viene a ser los distintos intentos de Bill Madsen, el protagonista, por escapar de los regímenes, entre absurdos, feudales y totalitarios, que intentan ascender en lo que queda de Inglaterra.
No estoy subiendo fotos viejas por vicio, es que no encuentro ninguna de la versión nueva que me guste
Por si alguien se lo pregunta, sí, me leí el libro. Tenía amenazas comunistas, el Fin del Mundo Tal y como lo Conocemos, megalómanos con intereses totalitarios y unas plantas que amenazan a lo que queda de la humanidad…¡la mejor novela de la historia!. Algo así como Ensayo sobre la ceguera, pero en freak.
Como puede verse, El día de los trífidos es la típica novela de tiempos de crisis: apocalíptica, crítica con la sociedad contemporánea…Así que no era raro que 50 años después, la BBC decidiera adaptarla una vez más. Y el resultado, sino redondo, ha sido bastante bueno.
Al no ambientarse en los años 60, era de esperar que se incluyeran algunos cambios: los malvados comunistas abandonan la botánica y la escena para dejar paso a unas plantas geneticamente modificadas en laboratorio para producir un sustituto del petróleo y de paso, frenar el calentamiento global. Pero es precisamente la mejora de la capa de ozono la que permite que se vea una tormenta solar que causa la ceguera de todo el mundo, algo bastante malo en pleno siglo XXI.
A partir de aquí, irán apareciendo los personajes: Bill Madsen, el científico que trabaja en la planta de tratamiento de trífidos, Jo Playton, que pasa de ser novelista a presentadora de tv, y Torrance, un misterioso sujeto que saldrá de la nada para intentar convertise en el amo y señor de lo que queda de Inglaterra. Un detalle bastante interesante ya que en cierta ocasión uno de los personajes menciona acerca de este que ha llegado a donde está gracias a la amenaza de los trífidos. Se trata, en conjunto, de una adapción literal, exceptuando los cambios de carácter temporal, con bastante ritmo, acción y un argumento que engancha. Si bien, hay algunas cosillas que no me han acabado de convencer:
- El tratamiento de los ciegos en la primera parte de la película: ¡se movían como zombies! Se ve que la sombra de 28 días después es alargada.
- Los trífidos. Tiene su gracia que en una miniserie llamada El día de los trífidos lo peor sean los monstruos en cuestión, pero es casi imposible hacer una adapción y conseguir que la plantita de marras resulte amenazadora, problema que ya hubo en la película de los 60 y la miniserie de los 80. En el caso de esta miniserie, hablando claro, parecían aloe veras hipertrofiadas. Y a mí me resulta bastante difícil sentirme amenazada por algo que se supone que es bueno para la piel.
Algo pasa con los británicos. Conducen al revés, han invadido el Levante español, medio mundo les detesta, incluídos los irlandeses y sin embargo, hacen unas series condenadamente buenas.
Descendientes de los fundadores de un imperio. Señor, baja y llévatelos...O con que pierda el Arsenal, es suficiente
Y no soy yo sola, sino que tengo a mi favor (no literalmente) a una recua de productores estadounidenses que dieron luz verde varios remakes de series británicas, con mayor o menor fortuna. Y es que esto de versionear no es cosa de los últimos años, si no que ya se estilaba antes de que se inventara bittorrent e incluso cuando muchos de nosotros creíamos que tener un walkman era el colmo de la tecnología portátil.
Por si todavía quedaban dudas, esta entrada es un repaso a las versiones americanas más inesperadas que se llegaron a rodar y emitir. Obviamente, referirme a las versiones IT Crowd, The Office, Life on Mars y las futuras Being Human y Torchwood hubiera sido demasiado fácil. Ja.
The Young Ones. Una comedia gamberra, punk y resultado de la época Tatcher que se emitió de 1982 a 1984 y contaba las (surrealistas) (des)aventuras de cuatro estudiantes en una casa ruinosa: un mod, un punk, un playboy y un hippie. Los gags eran puro anarquismo y consistían la mayoría de las veces en porrazos entre los protagonistas. La Fox, que vaya usted a saber lo que estaba pensando, decidió hacer un piloto de cara a la emisión de la versión estadounidense, que nunca llegó a hacerse. Y no he encontrado vídeo alguno acerca de dicho piloto. Supongo que la cinta original se encuentra en el mismo almacén en el que escondieron el Arca de la Alianza al final de la primera película de Indiana Jones.
Concurso: encuentre las diferencias y gane una tarde sentado en el balancín de Barrilete Cósmico
Enano Rojo. Es la Segunda Serie de Ciencia ficción Británica, ya que todos sabemos que la primera es el Doctor Who, y culpable de que Hewl vaya por ahí diciendo que soy una friki. En 1992, la NBC quiso hacer el piloto correspondiente, con cambios que no gustaban a todo el mundo: un reparto blanco frente a dos protagonistas de color, y un gato de género femenino frente al reparto masculino de la serie inicial. No tuvo éxito, llamaron a Grant y Naylor, guionistas de la versión original, cambiaron un par de actores e hicieron un apaño con metraje de capítulos anteriores. Tampoco tuvo éxito, por si quedaba alguna duda, hasta el extremo de que el piloto nunca se llegó a emitir. Pero Moloch cuida de sus hijos y para eso tenemos al Youtube:
David Delfín patrocina esta fotografía
Doctor Who. La vaca sagrada de la tele inglesa no iba a salvarse, y en 1996, ocho años después de que el Doctor hubiera sido cancelado, la Fox quiso hacer su telefilme para lanzar al personaje en Estados Unidos más allá de los cuatro frikitos que se compraban los vhs a Inglaterra. De nuevo, unos cuantos cambios: el doctor pasa de ser un gallifreyano de pura cepa a medio humano, incluyen algo de atracción entre este y su acompañante (eran los noventa) que Russel T. Davies se limitaría a insinuar en la serie de 2005, y en general, unas cuantas explosiones y presentaciones de personajes de cara a una serie. Ah, y Eric Roberts haciendo de The Master, su mejor papel hasta su aparición en Dead or Alive. El resultado fue el de siempre: pésima audiencia en Estados Unidos aunque en Inglaterra funcionó sorprendentemente bien, y si bien fue el Doctor con la aparición más corta en tv (exceptuando el especial en el que regeneraba en Rowan Atkinson), la falta de guiones para televisión le permitieron una vida bastante fructífera en cuanto a novelas y cómics. Después vino Russell T. Davies, Christopher Eccleston, David Tennant, Steve Moffat..y el resto ya es historia.
Como puede verse, el que hagan una versión igual de buena que su original británico es un extraño fenómeno que solo debió darse en The Office. Y por supuesto, este repaso nos enseña una valiosa lección: no deberíamos andarnos quejando de la falta de buenas series de los dos últimos años, porque, visto lo visto, antes estábamos mucho peor.
Después de las vacaciones, retomamos las series que también se habían ido de nochebuena y algún estreno. A mis habituales Fringe y The Big Bang Theory se une el regreso de Being Human, la sorpresa británica del año pasado.
Coming soon no, que ya la ví este lunes
Domingo, 10 de enero. Being Human. Con bastante éxito por su parte (entre otras cosas, una temporada que pasa de seis a trece capítulos y un remake estadounidense a la vista), vuelve la historia del vampiro, el hombre lobo y la fantasma más prosaicos de toda la televisión. Con las tramas de la temporada anterior ya cerradas y un cliffhanger, las novedades se presentan interesantes: una Annie que superado ya su estado de alma en pena, decide buscarse un trabajo en el pub de la esquina, la novia de George intentando lidiar con su primera transformación en licántropo y la aparición de una organización, de la que desconocemos si es un grupo gubernamental, o directamente, cuatro ociosos mirando internet, que busca investigar, y me temo, erradicar cualquier actividad sobrenatural. ¿Un episodio redondo? No del todo, al menos en mi opinión: como los vampiros no podian faltar, incluyen a una pareja (como una regadera ella, con pinta de mal rollo él) que recuerdan más a la locura de Drusilla y Spike que a la actitud de los vampiros que se había establecido en la anterior temporada.
No te esfuerces. Ya sabemos lo que va a pasar.
Lunes, 11 de enero. The Big Bang Theory. Con Penny y Leonard siendo una adorable pareja, no queda más que tirar del frikismo del resto de personajes para sacar adelante la serie. Aunque con un poco de suerte esto puede servir para capítulos realmente buenos (como el de Sheldon sufriendo las consecuencias de una discusión entre Leonard y Penny), el de esta semana ha sido muy flojo. Raj y Sheldon como pareja cómica está bastante poco explotada como para que resulte interesnante, si bien el resto del capítulo no ha tenido gran cosa que contar: Penny y Leonard riñen y se reconcilian, Raj tiene que emborracharse para hablar con las chicas y Sheldon sigue pasando de todo lo que tenga faldas. No voy a decir que me aburriera porque es una serie a la que le exijo muy poco, pero hay que tener unos mínimos, caray.
Mi abuelo tenía una boina igual, igual, igual..
Jueves, 14 de enero. Fringe. Un capitulillo muy Expediente X para Fringe, que, si bien no dice nada para la Gran Trama de la Guerra Dimensional, siempre es divertido. O más bien, divertido por las monerías varias de Walter Bishop, que en esta ocasión pasa un mal rato por haber visto demasiado cine clásico. Experimentos del gobierno, pueblo con secreto y Walter Conflictuado. Y para mi sorpresa, es de esas escasas veces en las que Astrid sale fuera del laboratorio. Por cierto, ¿soy la única a la que le parece que a Broyles solo le faltan las nike y un número pegado a la camiseta para salir esprintando? ¡Parece un atleta keniata!
Y eso es todo. Que no cunda el pánico, ahora no me dedico a ver series al ritmo de salida: el ver solo tres capítulos a ritmo de emisión me ha permitido terminar con la tercera temporada de Blackadder, fantástica serie que demuestra que los poetas románticos también pueden ser graciosos. Y que Hugh Laurie también puede ser gracioso poniendo cara de atontado.
NADIE escapa a las series británicas de los ochenta. Al menos, en mis entradas