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jueves, 8 de octubre de 2026

Archivo 81 (2022). La sombra más allá del VHS

 


Si desde  el estreno de Backrooms lo liminal,  la estética analógica y todo lo relacionado con los no lugares se convirtieron en  un fenómeno mayoritario, hace unos pocos años este era un tema todavía de nicho, limitado a producciones pequeñas y  que  donde todavía  quedaba  mucho por explorar antes de alcanzar el punto de hartazgo. Fue entonces, mientras Kame Pixels todavía hacía sus pinitos en Youtube, cuando producciones como Broadcast Signal Intrussion o Murder Death Koreatown se asomaban a las pantallas (para  luego convertirse casi en un lost media moderno, por su inexistencia de formato físico y desaparición de las plataformas de streaming), Netflix  estrenaba una serie q uep artía de conceptos muy similares: un misterio, una desaparición, traumas del pasado y la presencia de una serie de pistas, en forma de un sistema de reproducción audiovisual hoy en desuso como único nexo  entre el pasado y el presente.


Artchivo  81 cuenta como Dan, un archivistas audiovisual, es contactado por un empresario para restaurar una serie de cintas de video grabadas en los 90 en el Visser, un edificio de apartamentos histórico destruido poco después en un incendio.  Este parece ser el proyecto  estudiantil de una joven, donde las primeras entrevistas realizadas a sus residentes se mezclan con situaciones cada vez más extrañas: las reuniones que estos realizan, muy similares a una secta, pero también imágenes y sonidos que se filtran en las grabaciones y no parecen ser provocadas por el deterioro de estas.  Las voces, una silueta monstruosa…pero también, el padre de Mark, fallecido en un incendio en la casa familiar, quien fue el terapeuta de Melody, la autora de las cintas, y que hace sospechar que la elección de Mark como restaurador no fue una coincidencia. Este es solo uno de los enigmas que irá encontrando a medida que restaura y comprueba cada cinta. Retirado en un complejo aislado, sin red, pero vigilado  permanentemente por un sistema de cámaras de seguridad repartidas por las instalaciones, su tarea y su presencia plantean más incógnitas que  las que Mark puede resolver,  entre medias verdades y la promesa de  que su trabajo podrá ayudarle a descubrir lo que sucedió verdaderamente la noche en la que su familia murió en el incendio. Cuando, una noche,  tras descubrir que la historia que esconden las cintas  va mucho más atrás que un incidente sucedido en los noventa, se encuentra frente a frente  con la joven que aparece en ellas como si la frontera entre el espacio y el tiempo desapareciera.



La serie es una adaptación del podcast del mismo nombre, pero  que también aparece como referencia, siendo uno d ellos amigos del protagonista el responsable de  uno. Es curioso el origen del material al tratarse de algo tan propio del siglo xXI  como un formato  de narración en audio impulsada en sus inicios por aficionados,  anunciando en cierto modo la inspiración  en nuevas formas de contar historias como la que se haría posteriormente   mediante el creepypasta o las series de youtube.  También, aunque  sea coincidencia, es un aspecto más de las distintas formas de narrar a través del tiempo,  que aparecen como parte de la trama, y que en muchos casos, no son otra cosa que  una adaptación de lo antiguo: un podcast no es otra cosa que una versión moderna y descargable de las radionovelas. Del mismo modo, antes de comenzar su labor de investigador, el protagonista está obsesionado con encontrar los rollos originales de El círculo, una serie de terror clásica, anterior al formato doméstico…serie que a su vez se inspira en una filmación de la primera década del cine, que su autor  descubrió hace años. Y que también es una pieza más de la trama, donde cada uno de los elementos van añadiéndose y encajando como en un serial o una narración Pulp.  Esta última también  tiene su influencia, o al menos, uno de sus escritores: una parte  de la trama  también guarda  relación con idas planteadas en la narrativa de Lovecraft,  tales como el espacio como entorno de fuerzas desconocidas, entidades incomprensibles y  capaces de influenciar  la psique de personas especialmente sensibles. Si lo primero que vienen a la cabeza en determinados momentos es El morador de las tinieblas, uno de los capítulos  podría ser perfectamente el trasfondo de uno de los últimos relatos de Lovecraft…o de una partida de La llamada de Cthulhu.


El uso de elementos de ficciones anteriores, por no llamarlas ya clásicas (nos pongamos como nos pongamos, el terror cósmico tiene ya sus cien años), se combina con las referencias tomadas del terror analógico, la fascinación que  despierta uno de los primeros formatos domésticos pero también uno de los más pobres en cuanto a calidad de imagen y sonido, y más propensos a mostrar el deterioro por el paso del tiempo,  caracterizado por sus colores saturados, la falta de nitidez pero también ese carácter personal, al tratarse de la misma tecnología que popularizó las grabaciones de televisión en directo o de celebraciones y momentos familiares. Una serie de cintas a través de las cuales el protagonista  desgrana el enigma principal  pero también aspectos de su pasado. No se puede hablar de este como found footage, porque las secuencias analógicas sirven en realidad de transición entre las dos líneas temporales en las que transcurre la trama.

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La forma de enlazar cada elemento, como un serial o incluso un juego, se lleva a cabo a través de su protagonista, interpretado por Mamaudou Ahtie,  que encarna a un personaje principal un tanto estereotipado: marcado por una tragedia de su pasado, que lo lleva una y otra vez a transitar los mismos lugares en busca de un por qué. Un recurso  que debido al tono de la serie, simplemente se acepta, y no es en comparación uno de los mayores defectos de estas: en su parte central,  a lo largo de la investigación, esta se alarga demasiado mientras los personajes tiran del hilo, dando la impresión  que  sobran un par de capítulos o que habría funcionado mejor reduciendo la media de sus cincuenta minutos.

La realización es también uno de los puntos flojos:  a Netflix ya entonces se le acusaba de tener un estilo  audiovisual plano, repetitivo y poco original, y en este caso, es la historia la que sujeta todo el conjunto. Esta parece una serie  que necesitó poco presupuesto, pero que queda lejos  de la atmósfera  fantasmagórica  que  Channel Zero supo  condensar  por lo exiguo de sus medios.  Esta parece un tanto aséptica, incluso en capítulo ambientado en el siglo anterior,  se queda en algo poco más que correcto.  Aquí, las imágenes se limitan a seri un medio para cumplir, y no parece que quisieran esforzarse demasiado.  Solo en el desenlace parece ser capaz de aprovechar más esa estética de backrooms, de dimensión paralela hecha con cuatro perras y de hacer que lo familiar sea extraño.


Archivo  81  es una serie que funcionaba  por lo novedoso de su material,  la mezcla entre terror analógico con horror cósmico y la forma de hilar  cada uno de los enigmas al final de cada capítulo. Pero ni  este, ni el tirón que podía tener el ser producida por James Wan, quien en 2010 era un valor seguro en cuanto a cine de terror, fue suficiente para que la historia de Dan y Melody pudiera continuar: relegada  inmerecidamente a serie de una sola temporada, como ya sucedió con Marianne. El número de visualizaciones puede ser hoy tan despiadado como cualquier índice de audiencia en los noventa.

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