Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

martes, 12 de mayo de 2026

Conan el bárbaro (1982). Malinterpretando la Era hiboria


Crom,  jamás te había rezado antes, no sirvo para ello, nadie, ni siquiera tu, recordarás si fuimos hombres buenos o malos, por qué luchamos o por qué morimos. No, lo único que importa es que dos se enfrenta a muchos, eso es lo que importa. El valor te agrada, Crom. Concédeme pues, una petición. Concédeme la venganza. Y si no me escuchas, vete al infierno.
Conan, ultimo enfrentamiento contra Thulsa Doom. En algún momento del pasado.
¿Quieres vivir para siempre, bárbaro?
Valeria.
El bárbaro, mercenario, pirata,  héroe y finalmente rey creado por Robert E. Howard  como personaje para Weird Tales, y probablemente,  como una vía de escape  vio distintas interpretaciones años después. No solo  la derivación del personaje en las novelas escritas por otros autores, sino  las ilustraciones de Frazetta,  las adaptaciones al comic de Barry Windsor Smith y Buscema, e incluso  la versión en BD más reciente. En el cine también tendría lugar su propia interpretación.  Pero una tan alejada del original, tan personal, y a la vez, tan impactante visualmente que  se convertiría en la versión   más alejada pero  paradójicamente, una de  las más fieles e imposible de igualar.

En algún lugar de un pasado muy lejano, cuando los océanos sepultaron la Atlántida, un hombre instruye a su hijo sobre  Crom, el dios que habita en la montaña, y el secreto del acero. Estas serán los últimos conocimientos que podrá  transmitir a Conan, cuando un ejército de mercenarios arrasa la aldea cimmeria  matando a los adultos y vendiendo a los niños como esclavos. Conan, uno de ellos, sobrevivirá para convertirse en luchador,  guerrero experimentado y una vez liberado de su vida  como gladiador,  llegará a ser rey.  Pero todavía no. Esta es su historia como ladrón y mercenario, y su venganza contra Thulsa Doom, el señor de la guerra que un día arrasó su hogar.


La producción de Conan, aunque extraña, se  dio en un momento propicio para el fantástico. Los ochenta fueron la década en la que el género   se consolidó como algo mayoritario. Y aunque el guion original de Oliver Stone  poco tenía que ver con la s narraciones del cimerio (con una historia postapocalíptica similar a Mad Max) sería John Millius  quien dirigiría un guion que  también se alejaba  bastante del material original y donde incluía muchos de sus propios intereses y fijaciones. Este, partiendo de los relatos con un importante subtexto sobre el hombre contra la civilización (antigua y malvada ¡Lo siento! ¡Haber visto una película más de cien veces acaba pasando factura!) perfilaba a su héroe con un trasfondo de venganza que  paradójicamente, se convertiría en  canon para versiones posteriores,  como la  filmada en 2011.  El Conan original abandonaba  Cimmeria en busca de fortuna  y su propio destino (algo así como  los funcionarios de la Aeat. Pero más épico y menos ranciedad y morriña). Este se parece al Conan de Milius  solo en su envergadura física. El bárbaro astuto y cínico poco tiene que ver con el personaje mecánico,  casi hierático   y no siempre brillante de su visión.  Una decisión seguramente influenciada  por el poco inglés y el marcado acento que entonces tenía  Arnold Schwarzenegger. Y que en cambio, con su  decisión,  pragmatismo, y sobre todo, con el ritmo narrativo, se convierte en el Conan cinematográfico por excelencia. 




El guion es una historia original,  creando una crónica nueva para su protagonista, aunque recurre a elementos de los relatos de Howard. Thulsa doom es  el hechicero de otra serie del autor, pero  secuencias como la crucifixión y su lucha  a mordiscos contra un buitre vienen directamente de Nacerá una bruja, y  otros momentos del guion serían inspirados por  La torre del elefante y El fénix en la espada.

Un guion original, muy personal en cuanto a los intereses de Milius  y en el que la historia se cuenta mediante lo visual y no por los diálogos. Estos escasos pero imperecederos, como el secreto del acero o lo mejor de la vida, no son pronunciados por sus personajes principales sino por  sus secundarios. Con un reparto tan variopinto como el propio Arnold, la bailarina Sandahl Bergman o  Gerry Lopez como Subotai, que hace  pensar en la fortuna de  disponer de un doblaje en castellano para mejorar las entonaciones  originales, estos   aportan su presencia, recayendo las habilidades interpretativas sobre  Max Von Sidow o un tremendo  James Earl Jones como Thulsa Doom, ataviado con una peluca de flequillo digno de una abertzale, hipnotizando  a los personajes con su voz y mirada y convertido en el villano pausado, carente de piedad y lleno de ambición que sería el opuesto  a la personalidad y naturaleza de Conan.



Un reparto  complementado por  dos elementos que  convierte a una producción  tan alejada del original y que en su momento disgustó a los fans de los comics por su falta de fidelidad, en una impactante, muy visual y expresiva: la banda sonora de Basil Poledouris que acompaña cada momento del camino del héroe, con la emotividad que necesita y los paisajes de España convertidos en distintos reinos de la Tierra. Donde, a través de los cuales, mediante travellings  de desiertos y montañas, es posible  adivinar el paso del tiempo sin necesidad de narrativa explícita.  Con elementos como estos, que la convierten una  película épica y terriblemente solemne, aun con su extraño punto cómico,  es posible  llevar momentos tan desconcertantes como encontrarse a Jorge Sanz y  Nadiuska como Conan niño y madre,  que algo tan incoherente como  una rueda de molino movida por niños esclavos que no muele nada,  solo da vueltas,  sea una herramienta para reflejar los inicios del héroe, o que el desconcertante  plan de infiltración en la secta de Thulsa  Doom, una orden de  hippies aficinados a las flores, acabe funcionando. Y   donde Milius   no se corta y muestra todas sus opiniones.  Pero a estas alturas hemos confirmado  que los  hippies   eran lo peor aparentando ser buena gente, por lo que se lo disculpamos.



Conan el bárbaro será de momento el Conan del cine, el de Millius, el de Schwarzenegger en su mejor papel y el de la espada y brujería más visual y evocadora. Un personaje que poco tiene que ver con el mercenario astuto de  Howard y que con todo,  es el que mejor  ha captado  los escenarios de sus relatos y de la era Hiboria.  De ahí que  la versión posterior, con un Jason Momoa aparentemente más fiel  al original, sea tan aséptica que haya sido olvidada hace mucho.  Y que pese a sus secuelas entre lo tierno y mediocre, como fueron  Conan el destructor y  Sonia la Roja, esta seguirá siendo  la más recordada por todos.  Además de  dar dos de las mejores  lecciones  de vida posibles: los hippies no son de fiar, y las niñas bien rebeldes no traen más que problemas.




jueves, 7 de mayo de 2026

Lecturas de la semana. Folletines y papel de pulpa

 


Desde hace unos años la literatura  popular con un mínimo de  8 décadas  de antigüedad se ha conferido en mi zona de comfort ¿Qué hay  bajón? Pulp ¿Qué hay incertidumbre? Señor francés escribiendo historias   por entregas  sobre un personaje  fundacional de la cultura popular. Puntos extra si es un villano o va enmascarado, y  por  su extraño sentido entre la intensidad y el absurdo ¿Qué un señor de color naranja ha decidido jugar al Pasimisí   con unos barquitos en Oriente Medio?  Póngame un poco de todo, que falta hace.


Ponson du Terrail. Los dramas de París (las aventuras de Rocambole) Tras recuperar su título, injustamente usurpado,  el conde Armando de Kergaz  dedica sus esfuerzos y fortuna  a  ayudar a  todos los que lo necesiten.  Viudas,  huérfanos pero también hijos perdidos y afrentas del pasado. Cuando un caballero solicita su ayuda para  encontrar a su hija, fruto de una relación ilegítima,  Armando  se cruzará con otros personajes  que tendrán su papel en la intriga. Cereza, una costurera   y su prometido  Leon, pero también  Baccarat, una cortesana, hermana de Cereza y mujer sin escrúpulos, y  el mismo  Andrés, medio  hermano de Armando que ha vuelto tras una vida dedicada al crimen para vengarse  de él. A este lo acompaña un muchacho huérfano,  ambicioso y dispuesto  a cambiar de bando como le convenga, a quinen conocen como Rocambole.

Poco podemos decir del personaje que  dio origen al adjetivo rocambolesco como como sinónimo de situación imposible y enrevesada. A lo que en este primer libro  va a haber a montones. A quien no veremos mucho, en cambio, será a su  antihéroe titular, quien en las historias de libro es poco menos que un secundario que  va cobrando importancia hacia al final, pero todavía muy poco, y que sirve como deus ex machina  en muchas situaciones: una traición de Rocambole  en el momento oportuno sirve para que los sufridos héroes  conozcan los planes del malvado Andrés. Unos héroes, por cierto, bastante tontainas y que el lector actual acaba preguntándose si  estos no se han buscado que  se los engañe de forma tan evidente.

Disfraces  hechos con poco menos que un  bigote postizo y unas gafas,  villanos  mintiendo  bastante mal para ser creidos a pies juntillas por unos protagonistas cuya  bondad y virtud los convierte en unos héroes  terriblemente tontorrones.  La trama de  las novelas incluidas en el tomo discurre entre  los tópicos de hijos ilegítimos, traiciones, mujeres fatales y disfraces propios de Mortadelo, enrevesados  hasta lo indecible para después solucionarse de la forma más sencilla posible. Un nivel de suspensión de la credibilidad que va aumentando a partir de la segunda parte,  con una sucesión de traiciones a plena luz del día, sociedades de criminales, mujeres fatal que seducen a protagonistas felizmente casados (donde se nota  la  moralidad imperante frente al personaje de Baccarat, en permanente redención  por sus faltas, y a la rápida justificación que se le da a los personajes masculinos infieles  como víctimas de una malvada  intrigante)….pero también princesas indias vengativas, venenos mortales. Y hasta telepatía e hipnotismo. Porque llegado un momento en el que el nivel de  conspiración y embrollo es imposible e deshacer,  Du Terrail recurre a la corriente que estaba tan en boga entonces  introduciendo una trama sobrenatural  secundaria destinada a que los protagonistas  puedan saber que está pasando.

La velocidad de la narración, su formato por entregas y seguramente, los plazos a los que  Ponson du Terrail tenía que atender, hace que el libro,. En su recopilación,  cuente con  varias incongruencias. Desde un personaje secundario que  cambia de nombre hasta el  cliffhanger anunciando la redención de  Rocambole que no tienen lugar en el siguiente libro, pero en el que al menos, sí se convertirá en el personaje principal.

A ratos divertido, a ratos absurdo  o rozando la comedia involuntaria, la  primera aparición de Rocambole es un ejemplo de lo que una novela por entregas podría ofrecer.  Todavía lejos  del carisma y amoralidad de un Fantômas, pero con una cantidad de  giros narrativos y personajes víctimas de su propia intensidad que es imposible no disfrutarlo.


Robert E. Howard. Conan, el Cimmerio 3.  Este recopilatorio de las historias del  bárbaro más famoso de la literatura y los cómics incluye, además de  una miscelánea  con  borradores y textos no terminados p por  Howard, los relatos El pueblo del Circulo negro y Nacerá una bruja.  En el primero,  Conan,  líder de una  de las muchas  tribus de  los afghulis,  secuestra a la  princesa de Vendhia  para exigir la liberación de  varios de sus cabecillas.   Pero esta también es perseguida por los Videntes Negros, una orden de brujos que  asesinaron a su hermano y ante los cuales, su secuestro también puede ser  su salvación.

Nacerá una bruja es un relato más breve,  sobre profecías,  gemelas malvadas,  princesas desterradas, civilizaciones antiguas y  malvadas (lo siento, las cien veces que he visto el Conan de Millius tenía que aparecer por algún sitio) y donde Conan juega un papel muy secundario frente a una intriga  que poco importa al mercenario.

Siendo el personaje más famoso de Howard, este ha acabado siendo más conocido por su  adaptación al comic, especialmente por los trazos de Buscema, que por las narraciones.  Es en el texto  cuando más se le notan las costuras  como escritor, con la paradoja  de  tener una capacidad de atrapar al lector como  se ha visto pocas veces, pero con unos  recursos estilísticos un tanto limitados ¡la de veces que he encontrado  nobles con rostro de halcón y al cimerio recurriendo a sus reflejos de pantera!

Recursos  que se acaban  obviando, acostumbrándose a ellos  una vez  se avanza un par de páginas de cualquiera de sus cuentos.  La era hiboria de Howard, ese mundo cuyos  países  desaparecidos son  en realidad un reflejo de las naciones y culturas del nuestro, es descrito por el  como brutal, sangriento y fascinante.  Con  toda la violencia  que le permitían las páginas de las revistas Pulp  con las que se ganó la vida, Conan  es el arquetipo de mercenario despiadado, ambicioso, y con cierto código del honor  que lo convierte en un héroe pragmático, pero no ambiguo: este representa al individuo no domado  por  las normas sociales, a menudo  hipócritas y más retoricas que la ética de los forajidos y mercenarios entre los que se mueve. Un personaje cuya  naturaleza  brutal lo dota de cierta racionalidad que le permite enfrentarse a hechiceros y fuerzas  que harían huir a cualquier otro, que se mueve en ese difícil equilibrio entre   lo despiadado y lo honorable.

Un logro  parar un héroe y unos relatos que se adelantan  casi un siglo al concepto de grimdark que  manejan hoy muchas narraciones  de héroes de moral gris, y que se caracteriza también por una sorprendente simpleza y  modernidad que hace que hoy puedan leerse como el primer día.

La edición, publicada por Timun Más hace unos veinte años, es la versión    económica del tomo único que había sacado con los relatos (hoy, al precio que van los libros, ese tocho nos hubiera resultado barato). Este, dividido en varios tomos en rústica, incluía dos o tres relatos más los textos sueltos de Howard, acompañado por unas ilustraciones de Gari Gianni que recuerdan mucho a los dibujos pulp de antaño. 

jueves, 30 de abril de 2026

Kpop Demon Hunters (2025). Y ahora, algo completamente diferente

 


Aunque pasara mis buenos años viendo dibujos animados, estos se fueron quedando un poco atrás. Gravity Falls o como mucho, el regreso de Gumball, han debido ser las más recientes.  El anime también se ha quedado muy lejos, en la primera época del kamehameha, de las cacas de Arale, los jarros de agua fría que recibía  Ranma y las trasformaciones entre purpurina de Sailor Moon.  El K-pop fue un fenómeno que  me pilló todavía más fuera de onda, edad e intereses. Y de repente, una película estrenada en Netflix, sin más ambición que  la de funcionar en streaming,  mezclaba todos estos elementos convirtiéndose en uno de los éxitos más inesperados del año pasado.  Ahora,  con un Oscar a mejor película animada y tras  haber descubierto  que  varias de las canciones que había escuchado por ahí  en los últimos meses venían, precisamente, de su banda sonora, y muchísimas referencias positivas,  fueron suficientes para  salir de momento,  de la zona de confort de los ochenta, del grano setentero y del stop motion  para comprobar que estaba pasando  con ese grupo de cantantes pop y cazadoras de demonios.


Rumi, Mira y Zoey, además de las integrantes e Huntrix, el grupo musical más popular de corea, son también  las cazadoras de demonios que  con el poder de su voz, se encargan de  proteger el umbral que separa el mundo de los humanos y el reino de Gwi-Ma, señor de los demonios.  Su próxima actuación en los premios musicales del año supondrá el cierre definitivo de  la frontera entre ambos mundos. Pero algo empieza a pasar con la voz de Rumi, y  mientras esta falla, sospecha que puede estar relacionado con el secreto que ha ocultado toda su vida. Y en el inframundo, uno de los siervos de Gwi-Ma  prepara un plan para  acabar con la energía que  protege a las Huntrix: hacerse con ella  mediante una boy band formada por demonios.



El argumento, muy deudor del género de las magical girls y muy centrado en un icho como es el kpop,  no resulta muy prometedor sobre el papel (y quizá por eso,  después de una película sobre los emojis de Wahatsapp, Sony prefiriera sacarla por streaming).  Pero en este caso,  no es la premisa, sino como se ejecuta. Y  una trama centrada en temas tan manidos como el poder de la amistad,  ser uno mismo y superar las adversidades, se integra perfectamente, una película de fantasía urbana, comedia musical y muy deudora del anime.


 En el guion se integran  varios de los tópicos de este género,  pero puliendo varios  de estos  y haciendo que lo que podía ser  personalidades tan esquemáticas como las líder, la  malencarada y la entusiasta  estén mucho más suavizadas, se complementen y ninguna sobresalga  por encima del resto. En este caso, el preso de la trama recaerá sobre la líder de grupo como hilo  vinculado a la trama principal, y que servirá de punto de ruptura, pero también de renovación,  en el grupo de  protagonistas.  El vestuario, el diseño y las armas, sacadas estas últimas de la cultura coreana, son una parte, de las más llamativas,  de una película que  destaca también por su aspecto visual. No es solo el uso del lenguaje humorístico propio del anime, con los cambios bruscos de expresión,  las caras con gestos caricaturescos o los movimientos y el montaje de las secuencias de acción. Sino también su integración con recursos propios del cartoon (esas lenguas cayendo al suelo y esos ojos  convertidos en mazorcas propios de  Chuck Jones) . y sobre todo, el diseño y aspecto visual de unos personajes y escenarios  donde conviven sin problema las texturas 2d y 3d, muy fluidas,  recurriendo a tonos pastel,  púrpuras y juegos con la luz. Y donde los diseños resultan tan llamativos que hace pensar que  las críticas eran ciertas y la animación a occidental mayoritaria lleva años estancada  en el estilo que había marcado Frozen y las más recientes de Pixar.


Aunque a nivel visual la primera referencia sea el anime, el guion  utiliza en su trasfondo la mitología  y  estética coreana.  Esta se traslada mediante el trasfondo que justifica la tarea musical de sus protagonista, y si el mundo de los humanos destaca por su luminosidad, el reino de los demonios con tonos más oscuros, a parece poblado por diseños propios de  estos mitos, así como el uso de  los vestuarios tradicionales. Y el tigre. Porque  es imposible no fijarse en ese tigre sobrenatural que como buen gatico, acaba tumbando con la pata todos los objetos que encuentra.


Los números musicales  son la parte principal teniendo en cuenta la importancia de las canciones y sus significado dentro de la historia.  Estas  van apareciendo a lo largo del metraje asimilándose a la acción, por lo que  las piezas musicales podrán interrumpirse , cambiarse  o reanudarse según  lo que  suceda. Estas, muy pegadizas,  consiguen funcionar  como esos hits que un grupo podría sacar. Aunque salvo “suenan bien”,  es difícil poder decir algo más siendo un género musical  del que poco sabía hasta  haber visto la película.

K-Pop Demon Hunters  no solo consigue  mezclar muy bien el lenguaje anime con una cultura musical  que muchos desconocemos y una historia  “para todos los públicos” en el buen sentido de la frase, sino que aporta algo más: en un sector  de entretenimiento anquilosado en franquicias donde la más nueva anda ya por la veintena,  de explotación hasta la saciedad de estas y de repetición de formulas que funcionan, esta ofrece algo distinto. No nuevo, pero si original y una idea que el público más joven puede considerar como suyo, y no heredado, pero que todos pueden disfrutar.  Desde  la niña que, como hace unos meses, pude ver como explicaba a un familiar quien era  su muñeca de pelo violeta  hasta la funcionaria que una tarde decidió ver que pasaba con esos dibujitos que habían tenido tanto éxito, y que al día siguiente se fue a trabajar  tarareando Takedown.

jueves, 23 de abril de 2026

La centinela (1977). Abandonad toda esperanza

 


Early this morning
When you knocked upon my door
And I said Hello, Satan,
I believe it´s time to go
Me & the Devil – Skin and Soap

Los setenta pueden considerarse una de las mejores décadas en cuanto a cine de terror. El final del sueño americano, la ´perdida del temor a  mostrar escenas más viscerales, de violencia directa, pero no tan gráficas  como las que podrían verse años después pero sí mucho más desasosegantes por su  intensidad y ese aspecto sucio provocado por el grano del metraje. Una forma de reflejarlo  no solo en cuanto al mar como algo propio de la naturaleza humana sino espiritual: es imposible  repasar los setenta sin contar con el diablo, y por extensión, la religión,  como trasfondo de varias películas. El exorcista y La profecía  siempre serán los primeros títulos que vienen a la cabeza, junto a otros, derivados del éxito de los anteriores. Pero una producción de Michael Winner, ya  a finales de los setenta,  trataba, quizá de forma no tan brillante como las anteriores, pero con un carácter muy propio, la presencia del diablo.


La centinela comienza con Alison, una  joven modelo, que busca apartamento. A pesar de una vida exitosa tanto en lo laboral como en lo personal,  esta manifiesta en varias ocasiones la necesidad de un espacio propio. Su carrera y futuro  prometedor son en realidad un momento de paz  en una vida marcada por dos intentos de suicidio  y el escándalo de su relación con un hombre casado cuya mujer fallecería en extrañas circunstancias.  En uno d ellos barrios de Nueva York, encuentra un apartamento en un edificio antiguo, donde pronto conocerá a un vecindario un tanto extraño. Desde su llegada, esta empezará a notar  que algo sucede, su salud se deteriora e incluso  empieza a dudar de su cordura: los hechos de su pasado vuelven a manifestarse en forma de flashbacks vívidos. Y el edificio, antes lleno de gente, aparece ahora vacío.


Michael Winner, responsable de Scorpio, y sobre todo, de El justiciero de la ciudad con Charles Bronson, filma una película de terror en la que su intención era, según él, conseguir  que los espectadores se revolvieran en sus asientos. No se si lo lograría  pero su Centinela, aún siendo  una  producción mucho más torpe  que  no puede compararse a nivel formal con La profecía, consiguió  revalorizarse con el tiempo y que  muchos des sus defectos se convirtieran en algo que la vuelve en una  producción tan visceral como única.


Oportunidad: precioso ático con vistas a la ría de Bilbao

Partiendo de una novel a de Jeffrey Konvitz, la trama acerca de una puerta al infierno, el  pecado capital, especialmente el suicidio y la redención, mostrada como algo  retorcido y manejado por la iglesia  a su favor. La película  busca reflejar estos elementos de una manera muy directa,  pero se lleva a cabo de forma bastante torpe.  Las primeras secuencias, con el flashback de la protagonista, muestran ya  una grotesca escena de desnudo y comida (es curioso que   para reflejar ese infierno recurran ante todo a la gula y la lujuria) que  servirán para caracterizar   de esa forma demasiado  obvia,  el carácter de la protagonista y como marca su vida posterior. Del resto  de personajes se recurre a soltar de forma brusca este pasado, como añadido rápido al trasfondo necesario para  perfilar la historia. Así, la policía parece aparecer únicamente para mencionar la acusación de  asesinato que recae sobre el novio de la protagonista y para revelar en un momento  determinado, el secreto de los inquilinos del edificio. Una trama que se desarrolla así, a golpes de revelación rápida donde se   coordinan rápidamente el trasfondo de trauma, lo sobrenatural e incluso la actuación de una rama secreta de la iglesia, un elemento  al que años después se recurriría muchas veces cuando  los guiones buscaban ese punto entre la conspiración y la idea de elegir el menor entre dos males.


Esta trama, por lo simple, lo rápido de su ejecución y por ir al grano, especialmente en cuanto a escenas de impacto, es lo que hace que sorprendentemente  funcione. Una simpleza y determinación unidas a un tono atmosférico, una fotografía típica de los setenta y el contraste entre  las secuencias de glamour neoyorkino un tanto vacío, con las más grotescas,  de terror físico en ese lugar entre ambos mundos que es el edificio donde se desarrolla la historia. Donde no solo recurren a planos contrapicados, expresiones deformadas y el uso del desnudo como elemento repulsivo, sino también a algo tan drástico como  la contratación de figurantes con deformidades reales, muy similar  al Freaks de Browning y que hace que la secuencia final, con los condenados acosando a la protagonista, resulte e una representación del más allá más mundana, real y  aterradora que  cualquier evocación del infierno realizada con medios digitales.

Hay colas para alquilar este piso, es un chollo 

Es este tono de la película, entre lo directo, lo torpe y lo onírico, lo que hace que  lo que  solo pretendía ser shock, tenga  un mayor  valor  narrativo. Pero también, el reparto de secundarios.  Si  Christina Raines cumple con una interpretación neutra y correcta, sin estridencias (además de a portar un aspecto físico donde su papel de modelo resulta creíble, y lejos de la artificiosidad  de los cánones de belleza actuales), en la película, como sucedía en otras producciones de los setenta, aparecen actores clásicos ya semirretirados en papeles menores donde aportan  cierto atractivo crepuscular. En este caso,  desde  Ava Gardner como agente inmobiliaria, John Carradine hasta caras recientes como Chris Sarandon y primeros papeles muy breves, de quienes serían famosos más tarde: Jeff Goldblum o Christopher Walken aparecen junto a  Burgess Meredith, nuestro Pingüino  del primer Batman, uno de los propietarios de la mansión de Burnt Offerings y ahora, como  uno de los inquilinos, ese anciano estrafalario, adorable e inquietante a partes iguales capaz de ofrecer una enloquecida fiesta de cumpleaños a su gata  o una posibilidad  de liberación a la protagonista, frente a la redención instrumentalizada  a su favor, que los representantes de la iglesia, esa fuerza contraria, pero ausente durante toda la trama, le ofrecen como último recurso.

La centinela es en comparación a  las dos grandes apariciones del Mal  en los setenta, una película menor, quizá más torpe, pero brillante  en su atmósfera y  en la ejecución de la sencillez de su trama. De esas películas que ganan con el tiempo tanto  por como este suaviza sus defectos formales  como por mostrar una realidad que no ha cambiado tanto: y es que la secuencia de la agente inmobiliaria justificando  precios abusivos con la coletilla de “hay cola para alquilar este piso”  resulta hoy entre familiar y deprimente. ..

Bueno, y que  por mucho que nos adviertan citando  a la Divina Comedia y lo de Abandonad toda esperanza, si en el Infierno me dejan estar con mis gatas, que me guarde un sitio Pedro Botero.

jueves, 16 de abril de 2026

Horror in the High Desert Firewatch (2024) y Majesty (2025). Siguiendo el hilo

 


Hace seis años una película seguía de una manera muy similar a los reportajes de true crime, las desaparición en extrañas circunstancias de un excursionista en el desierto de Nevada,. Esta, abriendo más enigmas que resolviéndolos, indicaba la posibilidad e algo acechando en aquella extensión de terreno para la que la persona desaparecida a la que seguían el rastro  solo era una de varias que habían sucedido durante los años previos. Esta investigación era en realidad un found footage dirigido por Dutch Marich  quien en ese primer Horror en el Alto Desierto comenzaba una franquicia  que discretamente, había ido asegurándose un grupo de seguidores mediante una premisa sencilla, enigmática y una distribución a través de plataformas de streaming.  Desde entonces, casi cada año, se estrena una nueva entrega donde  poco a poco, van desentrañando el misterio y añadiendo  nuevas líneas.


Tras los hechos narrados en Minerva,  uno de los muchos investigadores aficionados  que siguió el caso de  Gary Hinge, aprovechando la distracción provocada por el incendio forestal que arrasa un lado del estado,  se mueve libremente por el desierto para descubrir que ha sucedido mediante la información que este asegura tener en su poder. Esta la llevará a los terrenos adquiridos por la compañía minera Mantis,  que  Oscar, ese investigador obsesionado con lo que esconde un lugar a miles de kilómetros de su hogar, no dudará en atravesar infringiendo la ley y arriesgando su vida.



Esta entrega continua el anuncio con el que se cerraba  Minerva: esta vez, la investigación principal sigue los pasos de ese aficionado de una forma muy similar a la primera parte: diversas entrevistas  a familiares y amigos que dan una caracterización con un tono periodístico.  Este no es desarrollado por sus propios actos sino por lo que su entorno cuenta de el. En este caso, presentado como  un tipo de perfil que se aferra a una investigación  que no tienen nada que ver con su vida  como  una manera  de mantenerse a flote psicológicamente.  Detalles que van a pareciendo en cada entrevista (y de paso, que sirven para  jugar al despiste sobre si ha conseguido llegar al final  para contarlo o no, como había apostado hace un par de años tras ver Minerva). Y con  los que aportan un componente más humano a la trama. Esta, por esa misma causa, también  afecta al ritmo de la película, que sigue intentando mantener el tono de crónica periodística destallando todo y  que  pese a su brevedad, no sea uno de los found footage más dinámicos que hay disponibles.


Pero, tras tres películas, queda claro que este  es el tono elegido para la franquicia, y que no va a cambiar. Es también el momento en el que  se aporta más información nueva a la trama con elementos como la incorporación de ese nuevo escenario, un pueblo expropiado por la empresa minera en la que los trabajadores entrevistado aseguran haber visto algo durante la noche, y al que  el protagonista se dirige. Esta segunda mitad es la más interesante, metiéndose por fin en lo que aparentemente es una respuesta al misterio y donde se dedican, de forma similar a las anteriores entregas,  a secuencias más largas mediante las cintas grabadas por su protagonista, en la que  el publico, solo puede esperar a atisbar algo, y si no se está acostumbrado al ritmo de esta serie,  desesperarse un poco con las secuencias nocturnas.




Majesty supone un cambio drástico  en la franquicia. Esta comienza con la entrevista a Dolly Broadbent, dueña del rancho Majesty quien tras perder su hogar en un incendio,  descubre que una de las pocas cosas que se han salvado  del fuego es una caja oculta en el sótano de la casa familiar,  perdida hace décadas y cuya desaparición obsesionó a su padre hasta la locura.  El contenido de esta son una serie de notas y grabaciones que Beau Broadbent registró durante años, convencido de que algo merodeaba  por su rancho y que la  compañía  minera dueña de los terrenos adyacentes, y empeñada en comprar sus tierras, conocía.  


Las grabaciones, onde se llegan a captar siluetas humanoides, sonidos e incluso en enfrentamiento directo, son completadas con notas, un tanto erráticas, para desgracia del equipo de periodistas , menciones a un abogado y a  un misterioso informador  al que Beau se refiere como El hombre extraño, que bien quedan como pista muerta, o bien abren posibilidades.


Esta entrega funciona casi como una precuela, pero también como una película independiente.  Tras un prólogo  haciendo referencia de forma genérica a las desapariciones, este reconstruye la historia d ellos Broadbent, expandiendo las pistas descubiertas  en las películas anteriores, abriendo una trama nueva alrededor de la empresa minera y aportando más información, aunque vaga, acerca de los seres del desierto. Se habla de su aspecto humanoide en algunos casos, de su aversión a la luz y el sonido que emiten.  Es también donde  se podrá ver a algunos de ellos de forma más explicita, aunque siempre, con la vaguedad que caracteriza a la franquicia. En este caso,  el equilibrio entre la historia d ellos personajes de la trama está mucho más conseguido. El único que aparecerá será  Dolly, una ranchera de carácter recio que se encarga de narrar  los hechos mientras que la figura de su padre se muestra a través de los elementos obtenido de la caja.

La historia toma aquí un carácter  casi propio de los terrores forestales de Algernon Blackwood con algo desconocido que esta vez se acerca más a sus víctimas, y un escenario, el desierto, que acaba convertido en un personaje más, una extensión interminable con la que hay que tomarse su tiempo para apreciarla y comprenderla  como procura hacer el guion. Y que, para espectadores ajenos a esa geografía  le resultará un terreno enigmático y fascinante.

Majesty se cierra  una vez más, con un adelanto para el siguiente capítulo de la investigación: un trabajador de Mantis los contacta y les ofrece una visita e información. Esta, cuyo rodaje ha comenzado ya,  llegará seguramente este año, y sin más información de momento acerca de una sexta película, habrá que esperar en todo caso, a saber que se esconde en el interior de las minas  del desierto de Nevada como mínimo, hasta 2027.

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