Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 17 de septiembre de 2026

Lecturas de la semana. El final del verano

 


Se acabó el verano, y no por tener que sacar una chaqueta por la mañana (y desde el cambio climático, menos) ni  por saber que al día siguiente toca reincorporarse al trabajo. Más bien, es ese click que se activa en cuanto  termina el 31 de agosto y somos conscientes de que todo  empieza de nuevo. Como  se ha demostrado  con los  libros que me han acompañado  estos meses, mi concepto de nostalgia es muy relativo (y que a estas alturas, prefiero mil veces mi peor día como adulto funcional que mi mejor día como jovenzuela despreocupada) y dependiente de lo que haya encontrado en la librería de segunda mano, las últimas semanas de agosto vinieron acompañadas  por  libros algo más recientes. Algunos, con menos de quince años de antigüedad ¡la modernidad aparece!


Terry Pratchett. Un sombrero de cielo. Tiffany Dolorido es aprendiz de bruja y keldra temporal de los Nac Mac Feegle, una variedad de hadas de piel azulada, mal carácter, pero tremendamente leales y muy poco feéricos.  Ahora,  con la llegada de la nueva keldra del clan,  según sus tradiciones, y la pérdida de la abuela Dolorido,  la cuidadora de ovejas y bruja no oficial del valle, Tiffany se instala como aprendiz de la señorita Lento.  Las tareas diarias no parecen lo esperado para una mujer que convive al mismo tiempo en dos cuerpos separados y una niña capaz de abandonar  temporalmente el suyo propio, y que previamente ha derrotado a la reina de las hadas con una sartén. Pero ayudar a los demás, o hacer que seayuden, es también una parte del trabajo. No todos piensan así, y Anagramma, una de las aprendices d la comaca, tiene una visión  de la brujería mucho más elegante y autoritaria, y no tardará en chocar con el carácter de Tiffany. Pero también otra criatura, carente de cuerpo, antigua e incormprensible, se ha fijado en sus poderes y  la ve como un potencial huésped para su naturaleza incorpórea.
Esta es la segunda entrega de las aventuras de Tiffaany Dolorido, el personaje que Pratchett creó para una serie destinada aun público más joven. Aunque esta también esta ambientada en el Mundodisco, y aparecen personaje conocidos como Yaya Ceravieja, la bruja con más capacidades de cabezología de todo el Mundodisco, y la misma Muerte. Y tratándose de la serie “juvenil” del autor,  es en ella donde  una vez más  fue capaz de demostrar su talento y buen hacer con un libro  que pese al tono un poco distinto, puede disfrutarse cualquiera que sea la edad de sus lectores.
La principal diferencia con su saga más conocida  es una reducción  en el número de explicaciones y notas al pie irónicas que Pratchett incluía en sus libros, que  no solo servían para  conocer más el mundo y sus personajes sino también  la visión de estos, llena de ironía  pero no falta de ternura. Esta ironía aparee aquí con mucha menos frecuencia y mas limada,  centrándose mucho más en las descripciones de la vida cotidiana de su protagonista y la narración del mundo tal y como  lo vería esta niña de once  años: aprendiendo,  preguntándose por qué las cosas son de una manera y no de otra pero también  planteándose quien es y  cual es su lugar en el mundo. Aunque los personaje  más obtusos también serán descritos con cierta cantidad de malLecturas de la semana. El final del veranoa idea.
Es curioso que sea la novela juvenil  la que resulta más melancólica en comparación  a lo que había  leído hasta hora de Mundosdisco: pese a los momentos ligeros, una parte de la trama habla sobre el cambio, la adaptación, el conocerse a uno mismo y el temor a desconocerlo (precisamente el antagonista es una mente colmena que se alimenta de los individuos brillantes, potenciando su  ambición hasta consumirlos), y también  la muerte como parte de la vida. Algo que no es extraño  en el autor teniendo en cuenta que uno de sus personajes habituales es la Personificación  Antropomórfica de la Muerte,  pero que desde la perspectiva  de Tiffany, cuya abuela ha fallecido, se torna en una reflexión sobre  aceptar esta y recordar a quienes ya no están.
Los personajes que acompañan a la protagonista,  a modo de protectores y también origen de sus problemas, son los Nac Mac Feegle, esos pequeños hombrecillos azules cuyo comportamiento oscila entre un duende marrullero, un clan escoces igualmente marrullero (acento incluido) y  que esta vez tienen menos presencia la tratarse de un libro más dedicado a la formación de Tiffany. Y que en la traducción  castellana han optado por trasladar su forma de hablar original a una versión muy peculiar del asturiano, que resulta una decisión muy ingenios a la hora de mantener el carácter de estos hombrecillos.
Mirando hacia tras, después de casi 15 años sin haber leído  nada de Pratchett, y recordando lo que supuso la noticia de su alzheimer y posterior fallecimiento, solo puedo dar gracias a la capacidad creativa de sir Pterry y que su velocidad de escritura (como Sanderson, pero sin publicar topes para puerta) haya dejado suficiente libros como para poder  visitar el Mundodisco de nuevo.



Carl Sherrell. Raum, duque del Infierno. Cuando un mago invoca a Astaroth para que cumpla sus órdenes, un demonio distinto acude a su llamada. Raum, Duque de los infiernos, precedido por una bandada de cuervos,  encarnado en un gigantesco caballero de piel oscura y ojos rocos,  accede a entregar a la reina de Finlandia a su  conjurador a cambio de  poder deambular por la tierra y encontrara Merlín, de quien cree que puede obtener las respuestas que busca.  Su viaje en pos del mago lo llevará a encontrar su propia mortalidad, pero también   a tener que rendir cuentas de loas primeras acciones que como demonio, cometió en la tierra.

Esta es la primera entrega de la trilogía de Sherrel, que fue la única que se publicó en castellano de este autor, llegando el último  libro a publicarse de forma póstuma en España antes  que en su país de origen. Esta es una versión del viaje del antihéroe, con un caballero demoniaco en busca de respuestas  a su naturaleza  en un escenario donde conviven los mitos artúricos, los vikingos, unos cuantos anacronismos y una intención de profundidad existencial que en realidad,  en 180  paginas que ocupa la narración, no da para mucho más que para justificar las idas y venida de Raum hasta la última parte, donde se produce una transformación bastante inesperada, y atropellada, a partir del momento en que entra en escena Viviane, la doncella de Morgana,  de quien este se enamora (y que por algún motivo, también es mala. Pero después se le pasa, igual que a Raum).

La intención del libro es demasiado ambiciosa para su brevedad, por lo que todas las dudas existenciales de su protagonista parecen servir para que este se embarque con los vikingos, se pelee con los caballeros de la tabla redonda y encuentre su redención a prisa y corriendo.  Un poco difícil  encontrar así la profundidad que pretendería tener esta trama pero que en realidad la acerca a  antihéroes anteriores como Elric, a quien su búsqueda de algo por lo que quejarse y lo enloquecido de sus  aventura lo convierte en un referente directo de Raum. Y esa mezcla entre ciclo artúrico, vikingos y  demonios de la tradición cristiana  da una  novela de las que ya no se hacen:  sin extensión sobredimenisonada, ni tendencia a acomodarse en los cánones trillados que funcionan. La lectura es breve, ágil, original  y  con un final abierto en el que su protagonista,  ya redimido, debe partir a Vinland  para salvar a la mujer que ama: el caballero infernal contra los pieles rojas ¿pero qué más podemos pedirle a la vida?

La trilogía de Sherrell, además, fue una de las rarezas que se publicó en los noventa  en última Thule, de Anaya.  Una colección  preciosa donde  Javier Martin Lalanda seleccionaba desde relatos de  William Hope Hogdson, novelas de fantasía Pulp,  narraciones  poco conocidas de ciencia ficción o  obras de fantasía menores como estas.  Si la colección Tus Libros ofrecía  una selección de clásicos de edición cuidada y un montón de notas al pie para sus lectores, Última Thule  es algo así como la versión para todos lo públicos de Valdemar Gótica.


jueves, 27 de agosto de 2026

The Messengers (20007). La casa descafeinada,

 


La década de los dos mil no es una de las más recordadas en cuanto a cine de terror. Tampoco el páramo del que no se pueda rescatar nada como  nos haría creer la memoria cuando se pone cabezona, pero gran parte de las  que han permanecido   venían de Reino Unido, países no anglosajones o producciones muy pequeñas. Hoy quedan   28 días después y sus zombies que no son zombies, sino infectados,  la Trilogía del Cornetto  de Edgar Wright, los licántropos que  acechan en un bosque de Escocia de Neil Marshall o las películas de terror japonesas, muchas de finales de los noventa,  que  comenzaban a llegar  y sobre todo a ser fagocitadas  por los grandes estudios,  suponen un terror de la década más sólido que el mayoritario.  Este, tras la fiebre e los slashers de  las década anterior, se apoyaba en su mayoría en el montaje de videoclip, el traslado de los rodajes a Eruopa del este y una serie de premisas entre lo tradicional y el uso de las nuevas tecnologías que comenzaban a asomarse. La influencia del imaginario proveniente de otros países, especialmente  los espectros asiáticos, ominosos, implacables y nada complaciente, se convertirían en una presencia  en producciones que intentaban a provechar ese atractivo visual y  esa innovación que no tardarían en agotar.


Esta es la referencia sobrenatural, al menos a nivel visual,  empleada en The Messenters. Una producción donde una familia se muda a una graja de Dakota con el objetivo de empezar de cero, lejos de la ciudad y  regresando a la seguridad del campo y  una comunidad rural.  Esta, compuesta por un matrimonio y sus dos hijos,  una adolescente no muy conforme con el cambio y un niño del que mencionan que no ha hablado desde un accidente de tráfico provocado por su hermana, se adaptan a la vida en una casa antigua, donde  unos arañazos en el suelo captan la atención de la aburrida hija mayor. Mientras, el pequeño Ben señala y sonríe hacia algo que  solo el puede ver.  Siluetas y pasos  que hacen crujir los tablones de madera pero que pronto dan paso a algo mucho peor: un violentó poltergeist destroza la casa ante la aterrorizada mirada de su hermana, mientras una figura cadavérica, surgida de la puerta del sótano, intenta arrastrarla a la oscuridad.



La película fue dirigida por los hermanos Pang,  responsables de Bangkok Dangerous y sobre todo, The Eye, una de las cintas de terror asiático más conocidas de la época, pero salvo la influencia de este tipo de seres sobrenaturales a la hora de mostrar los espectros en la pantalla, poco hacen con un guion muy rutinario que por lo esquemático y poco desarrollado de sus personajes, y la sensación d e de aleatoriedad de la trama,  hace  pensar más en un telefilm de suspense  al que han añadido  unos cuantos aparecidos convincentes y una cantidad de jump scares que rozan lo irritante.


La premisa es la justita para  poner a los personajes en al escena: una familia con un poco de trauma que ha provocado el camio de aires, interpretado por Dylan McDermott a quien le iría un poco mejor, o peor según se mire, en la Murder House de American Horror Story.  Penelope Ann Miller en el papel de madre sufridora y  Kristen Stewart poniendo cara de adolescente inexpresiva, pero  no nos vamos  meter mucho con ella, que bastante tuvo  ya después con cuatro entregas de crepúsculo. Aparece  William B. Davis,  quien se reconoce a la legua como el Fumador de Expediente X, como empleado del banco  que ofrece una  jugosa recompra de la granja por…ni idea. Se menciona una vez y no vuelve a salir más que  como drama añadido para una familia de la que el guion intenta convencer que tiene un tremendo trauma pasado. Y a la que pese a todas las señales ominosas, en concreto, esos cuervos que merodean la casa y lo mismo vigila o lo mismo se marcan un Los Pájaros, las peripecias dramáticas y el giro final donde esta se encuentra con una amenaza real ajena a ellos (quizá por no copiar también El resplandor) acaba  superando el trauma y saliendo unida de este.  Una trama a la  que  lo simple no impide que esta   sea ejecutada a base de tópicos  sin explicación, sin más motivo que hacer avanzar esta, pero cuya mediocridad se hace  más evidente con unos protagonista muy poco trabajados más allá de esos cuatro rasgos que los definen.


 Lo que  en los trailers se  promocionaba como el principal atractivo de la película, esos fantasmas con aspecto de cadáveres reanimados que aparecían sin ser advertidos por los personajes, también acaban siendo un desastre más.  Un espectro  de apariciones esporádicas, pero aspecto corpóreo,   y movimientos erráticos que lo llevan a  arrastrarse por el suelo,  trepar por las paredes de manera antinatural y  asemejarse con esos movimiento pero sin el pelo por delante de l cara, a los espectros asiáticos que  parecían  ganar terreno entre el público. El motivo de esta caracterización no parece ser ninguno en concreto salvo imitar ese estilo visual, por que el comportamiento y normas  que deberían seguir los seres de toda casa embrujada  para que la historia tuviera su lógica no existe. Se comportan como el monstruo   oficial de la película, como poltergeist o como fantasma agresivo para  tener después un papel  muy distinto y bastante incoherente con lo mostrado previamente, pasando a convertirse en almas en pena que buscan venganza…y a la que  dar indicios de lo sucedido a los residentes vivos de la casa no se les da precisamente bien. Unas apariciones aderezadas con lo peor del terror dosmilero: jumpscares hasta para sacar un juguete de un armario, con subidas de volumen de la música, primeros planos de los actores y apariciones por sorpresa de los fantasma que por recordar algo más de la época, acaban haciendo  pensar en la imitación que Raul Cimas hizo de Bob para Muchachada Nui.


Con noventa minutos, una trama entre lo esquemático, lo predecible, y reciclando lo que podían de estéticas  del momento, no es de extrañar que  The Messengers sea una de esas películas que ha quedado olvidada por completo.  Ese mismo año, Trick ´r Treat   recupera el humor negro y el formato antológico, The Mist ofrecía un desenlace desolador y  Rec iniciaba una franquicia trayendo el found footage a un escenario dentro de las frontera nacionales. Poco podían hacer salvo subir el volumen de golpe y esperar que con eso se justificaran los seis euros que en su día  pague por ver esta película en el cine. Menos mal que esta segunda  vez ha sido con la tranquilidad (y el amago de siesta intermedia9 que aportan el sofá y una Tablet.

jueves, 20 de agosto de 2026

Lecturas de la semana. Antologías remix II

 


El verano se ha ido convirtiendo en un reducto  de un par de meses en el que rebuscar entre colecciones de editoriales olvidadas,  novelas de extensión muy limitada y portadas  a base de fotomontajes con paisajes y fantasmón recortado. Pero también para  recuperar las colecciones de relatos  con menos intención temática que podríamos encontrar. La selección de Bruguera ofrecía desde  las antologías de Kurt Singer troceadas, redistribuidas y con nuevos añadidos, y  algunas con nombre y apellido donde la idea parecía ser “cuantos más cuentos  quepan en un libro de bolsillo, mejor”.  Estas, tituladas por la editorial como “las mejores historias de..”,  podían respetar el material o aumentar su contenido, como pasó con Las mejores historias siniestras. En este caso,  estos dos tomos parecen haberse mantenido como el original e incluso   reconocer en su portada a sus editores,  quedado el carácter un tanto caótico de estas ediciones, ya es mucho para  quienes años después, intentamos rastrear la fuente original.



Forrest J. Ackerman. Las mejores historias de horror.  Una selección  del considerado padre del fandom moderno, fanático de los monstruos, del primer frikismo  y cienciólogo a nuestro pesar, que recopila treinta cuentos   sin más hilo que el  ser recientes, sin recurrir (salvo el caso de Stoker)  a clásicos.  Lo de reciente se traduce hoy como “cosas publicadas entre los años 20 y 1968 como máximo),. Estos abarcan temas muy variados, pro la falta de ese hilo conductor: encontramos tanto relatos  publicados en revistas Pulp, uno de la serie de Marte escrito por Clark Ashton Smith que sobresale entre el resto como siempre,  y  varios  en esta rama  sobre civilizaciones perdidas.  Los cincuenta (de nuevo, no hay orden cronológico, aportando esa sensación divertidísima de “a ver que sale ahora) se caracterizan  en su mayoría por su tono de advertencia y a menudo, un giro final en el que ese planeta destruido, primitivo o con seres salvajes no es otro que la Tierra siglos después de la temida guerra nuclear.  En cambio,  estos mantienen cierto carácter de fábula moral,  no exenta de optimismo, en el que  ese final  puede ser una posibilidad si no hacemos caso al sentido común.  Una atmósfera de “esto podría ser”  que resulta sorprendentemente esperanzador  para unos lectores  que en el siglo XXI nos limitamos  a esperar el meteorito en nuestro día más optimista.

Los giros finales  son también un rasgo común  en parte de los cuentos seleccionados de los cincuenta y sesenta: el invitado que resulta ser un vampiro, el anfitrión que es un asesino…e incluso  una historia, tan breve como loca, en la que el conde  Drácula se confunde de barco, escrito por W. S. Coburn. Textos muy breves y que dependen únicamente de esa sorpresa final. Y la presencia del rey de los vampiros no es una casualidad, porque tanto en el relato de  Stoker como en la secuela no oficial de  Stephen Vertlieb este vuelve a aparecer de nuevo.

El conjunto  es tan variopinto  como  vintage,  siendo  habituales los vampiros y espectros, y las aproximaciones más originales son las de  la época Pulp, apareciendo incluso un relato de  Tennesse Williams ambientado en Egipto. Y también, cierto carácter único: aunque  falten autores no anglosajones, siendo los únicos John Falnders y Walter Eckers (no es coincidencia que la antología se la dedique al editor belga Van Hageland), hay textos completamente inéditos, nunca publicados a posteriores o de  autores que parecen seudónimos ¿Quién será esa Tigrina o  Sathanas  Rehan?  Porque  al menos dos relatos, uno  con su nombre y el otro con seudónimo, son obra del propio Ackerman.

Además, esta  no tiene su equivalente en inglés: fue  recopilada por bruguera,  lo que lo convierte en un pequeño incunable de cuentos perdidos y un prólogo donde Ackerman invita al lector  a proponer ideas para antologías y a escribirle en esperanto si hace falta, idioma que admitía conocer. Ay, Forrest, si te hubieras quedado  en los idiomas inventado en vez de las sectas magufas.


A. Van Hageland.  Las mejores historias de ultratumba. Una selección de veintitrés relatos  donde el hilo conductor es la presencia de los sobrenatural. La meno del muerto, los espectoros victorianos navideños, las historias de fantasmas más antiguas e incluso  el Pulp y el fantastique se incluyen, de nuevo, en una antología sin criterio de fechas o todo, caracterizada por la presencia de muchos autores clásicos.

Van Hageland fue  publicado varias veces por la editorial, con recopilaciones de cuentos por temas y bastante extensos: las mejores historias diabólicas, de fantasmas o de hechicería, siendo esta última la más breve, o antologías de ciencia ficción  formaban parte de la sección fantástica de Libro Amigo de Bruguera.

En esta colección, recurre a los clásicos: Maupassant aparece un par de veces, un cuento muy extenso de Dickens, no falta  Ambrose Bierce, Le Fanu, Poe e incluso Shakespeare, siendo evidente que la intención no era buscar la modernidad.  En cambio, hay una mayor presencia de  europeos, como John Flanders (Jean Ray, a quien todavía le sobraban días para escribir), Walter Beckers o Claude Seignolle,  pudiendo asomarnos un poco a  ese fantastique de entreguerras que aquí  apenas hemos podido ver traducido.

Esta antología  es mucho más breve que la recopilada por Ackerman,  unas doscientas páginas menos donde se centra más en la literatura conocida y por suerte, en el fantastique continental aunque es posible  leer algún cuento  Pulp gracias a Seabury Quinn.  Y  aunque los autores más socorridos  no sorprendan, ha pasado el suficiente tiempo  (para que mentir, treinta años) desde que leyera, también  en una de esas antologías al peso, La casa del juez de Stoker.

Aunque esta selección tenga un tono más tradicional, sigue manteniendo ese interés casi nostálgico y un poco caótico de relatos reunidos sin motivo aparente en un solo tomo, y cuanto más gordo mejor. Estoy segura que con estas colecciones sobrevivías al tren nocturno  Coruña-Madrid y a los trasbordos que hicieran falta.

jueves, 13 de agosto de 2026

Monkey´s Magic Merry go Round (2025). La tele que daba miedo

 


No recordamos todo lo que ha pasado, ni todo lo que recordamos ha sucedido realmente.  Esa poca fiabilidad de la memoria  que se pone de manifiesto a la hora de  sacar a colación anécdotas embarazosas, que a cada uno le vienen a la cabeza de funa forma distinta, no es un tema ajeno al fantástico y sobre todo al terror.  Pero también la memoria, los recuerdos confusos de la primera infancia, especialmente en una generación ya familiarizada con la televisión, se convirtió en una fuente de inspiración  para  narrar historia de terror en formatos nuevos.  El creepypasta era el medio perfecto para relatar historia de programas de televisión olvidados, donde había algo extraño, el terror analógico recuperaría la imagen propia de las cintas  magnéticas, quemada hasta la extenuación, como una  estética de ese pasado poco fiable y en el que se  cuela algo extraño…y que  ha pasado a convertirse también en el símbolo de una época, de una forma distinta de filmar, como lo fue el grano setentero.  Estos recursos, ajenos al largometraje, serían  reclamados por este medio en busca de una forma  de adaptar ideas nuevas a uno  más tradicional.  Unas veces no funciona (vamos a olvidarnos de las versiones de Slenderman o el juego del ascensor), otras veces si (¡la que nos viene encima tras el éxito de las Backrooms!) y sin tener que convertirse en un éxito mayoritario ni recurrir a la narración  tradicional, en alguna ocasión  consiguen  recrear, sin excesos, ese punto de extrañeza entre los miedos infantiles, la memoria como elemento no fiable, y la estética  analógica que se ha convertido en un vestigio del pasado.



Monkey´s Magic Merry Go Round  es un programa infantil como tantos otros: un pequeño  escenario, música simple,  marionetas  reconocibles y un presentador humano, James, que se dirige a su público hablando de los distintos momentos típicos de estos programas, como sus compañero del patio de juegos, consejos de seguridad (nunca utilicéis tijeras sin la supervisión de un adulto), manualidades y  un pequeño hilo argumental que guía el programa.  Es  este a partir del cual empiezan a suceder cosas extrañas: James ha perdido la memoria, y sus compañeros, León,  Castor, Pájaro y Mono, su mejor amigo, prometen ayudarle a recuperarla.  Esta comenzará a volver, de forma violenta y fragmentada, a medida que  James  se da cuenta que algo extraño  sucede en el programa. Tras pedir varias veces que  paren la grabación,  sus amigos del patio de juegos le preguntan que a  qué se refiere. Después de todo, James y ellos siempre han estado allí. Y como Mono le asegura, solo necesita olvidar lo que ha pasado, y las cosas volverán a ser como antes.



La película dirigida por Aidan leary se inspira  directamente en la estética del terror analógico y los rasgos comunes de la mayoría de programas infantiles de los setenta y ochenta para desarrollar una historia claustrofóbica,  que transcurre únicamente en esos dos escenarios, las dos partes de ese plató del que nunca  se ven los entresijos y con un único protagonista visible,  Michael Gillio como James,  que  lleva  él solo el peso de la historia  al ser la única cara humana en todo el metraje, alternando este su papel de presentador, casi inquietante  en la inexpresividad y  serenidad de su comportamiento, y e en de una persona aterrorizada  cuyo mundo ficticio se desmorona. Su contrapartida, o antagonista es Mono, un disfraz o marioneta  a la que pone  voz Frank Cesario. Su primera aparición, dotada de unas manos humanas femeninas de uñas sucias parecen anunciar que algo no va bien en ese  entorno,  siendo la contrapartida entre el escenario del programa infantil y la pesadilla en la que deriva.



Este uso de las marionetas como material de miedos y clara referencia  los programas  que por algún motivo, provocaban terror en su público, se consolida  con la aparición de Huron, un disfraz de cuerpo entero de dientes grotescamente humanos y que anuncia ese punto de inflexión que tendrá lugar hacia  la media hora de metraje.  Es precisamente este “sentido de la pesadilla” de los programas infantiles semi olvidados en el que  se mantiene en todo el largometraje. Este se desarrolla íntegramente  como si fuera ese programa en el que el protagonista está atrapado, sin que en ningún momento haya una ruptura  con este entorno, averiguando  el público la poca  información que se sabe a partir de  referencias, sus momentos de lucidez y un desenlace en el que este toma consciencia de su situación, pero que en ningún momento   aporta más información que el motivo  por el que ha quedado atrapado en ese espacio antinatural. Lo que sucede fuera, o después de que este  tome consciencia,  queda a la imaginación del público, sin dar más de lo que podemos teorizar.


Quizá por esto  es por lo que esta funciona tan bien como producción para streaming. A fin de cuentas,  la produjo  Shudder,  pero su nivel de creatividad  sobrepasa  la de l cualquier film de relleno de Netflix.  Es precisamente el verla en formato televisivo 8y en cierto modo, la  premisa no desentonaría en una versión moderna de twilight  zone) la que, al igual que  Late Night  with the Devil, le confiere esa sensación de veracidad,  de  narración que solo podría  contarse en se formato y no en la gran pantalla. Esta, sin embargo, resulta irregular en la segunda mitad. Una  vez establecido  el tono, deciden pasarse al terror más  físico con la excusa del  paralelismo entre el dolor físico y el emocional,  con las marionetas convertidas ya en seres monstruosos y unas cuantas secuencia gore olvidado  el tono de terror surrealista que habían mantenido hasta ese momento. Una parte  que no desmerece el conjunto de la película, pero resulta un poco disonante en comparación a lo que habían ido construyendo.






Monkey´s Magic Merry go Round es  un ejemplo menor, pero efectivo, de como adaptar el terror analógico al medio audiovisual tradicional,  antes de que este se vea saturado por la cantidad de películas que se inspiraran en creepypastas que se nos vienen encima.  Además de utilizar  hábilmente  conceptos como la memoria, la fiabilidad de los recuerdos infantiles, o el terror involuntario que muchos programas provocaban, hace también patente el apoyo  que esta forma de  terror  tienen en  el pasado, especialmente  en un tipo de formato televisivo que ha desaparecido.  Los espectadores de 50 y 40 años  recordamos ese lenguaje audiovisual y sus códigos (salvo que hayas crecido con La bola de cristal, Planeta Imaginario, cualquier cosa hecha en Europa en los 80 y  el Xabarin club, que entonces salías punkarra de serie) pero, ¿Qué es lo que provocará esto mismo a las siguientes generaciones?  ¿los youtubers chillones, los brainrot, las frutinovelas? ¿las influencers de moda y skincare? Esas, entre los rellenos faciales y los filtros de Instagram, ya me dan cosa hasta a mí..






jueves, 6 de agosto de 2026

Lecturas de la semana. Colecciones de kiosko

 


Los veranos acabo leyendo la mayoría de antologías  bruguera y libros de kiosko que voy  encontrando en las tiendas de segunda mano.  Por lo simple de estas recopilaciones al peso,  por ser una lectura variada  o  por  eso que llaman falsa nostalgia  por libros que m e quedan tan lejos como puede estarlo la colección  Timun Más de los lectores actuales de Sanderson.  Geasa fue una de esas rarezas  que encontré hace un par de años. La edición española de Fleuve Noir Angoisse  publicó unos pocos números que sirvieron para conocer algo más el fantastique  muy similar a los bolsilibros patrios,  pero acompañados por unos rasgos propios, donde ya no era obligatorio el uso  de seudónimos anglosajones  ni trasladar las historias lejos de las fronteras. Lo extraño, a veces brillante, a veces torpe, un tanto absurdo en más de una ocasión,  estaba en esa puerta que no debía estar ahí  de las novelas de Kurt Steiner, de ese personaje que  nos recibe en el cementerio de Alphonse Brutsche… o también en lo ridículo y en las situaciones más caóticas   como en algunos de los  que pudieron verse traducidos.


Marc Agapit. El desfile de los muertos vivientes.  Un escritor esa acusado y encarcelado por la muerte de su hermano. La situación, así como las circunstancias del crimen, no son lo que parecen.  Porque el novelista de éxito es en realidad un vividor, que se ha limitado a  poner  su cara en los libros que su hermano, recluido en la  mansión  familiar, se dedica a escribir.  La muerte de este, según asegura  el acusado, tienen lugar la misma noche  que , tras acudir a la llamada de su hermano, es recibido por tres extraños personajes que aseguran  ser víctimas de unos torturadores sobrenaturales. La historia, imposible de creer,  es lo único que puede ofrecer a un detective aficionado a casos imposibles,  quien intrigado por un testimonio acerca de sillas gigantes y esqueletos luminiscentes, decide acudir a investigar el lugar del crimen.

La novela de Agapit  es una de las  más locas  que ha aparecido en la colección, muy breve por otro lado, y también la más deudora de las novelas de  Harry Dickson.  Ese infalible detective Gilles  parece un trasunto del personaje de Jean Ray y  los saltos que este  da entre conclusión y conclusión tienen la misma lógica que los misterios investigados por el rey de los detectives  y los disfraces rocambolescos.  

La diferencia es que seguramente  Ray hubiera titulado esta novelita “El misterio de los  tres asientos” o algo  igual de discreto  y seguramente, la resolución del enigma sería el colmo del realismo en comparación a la trama del señor Agapit.

Por resumirlo de algún modo: en este libro pasan cosas. Muchas, y ninguna relacionada con la anterior.  Los sucesos saltan  de una situación a otra, donde  poco importa la caracterización de ambos hermanos en una trama  que empieza como una novela de terror, pasa al policiaco, se resuelve como un relato de ciencia ficción sacia del bolsillo (o del fondo de una botella de ginebra sin  Agapit seguía las mismas técnicas literarias que Jean Ray) para  cerrar el enigma policiaco y acabar  con un epílogo filosófico sobre el futuro de la humanidad y los enigmas del universo. Un autentico locurón a lo largo de 250 páginas en las que, como suele pasar con estos libros, o te encuentras con una historia  atmosférica que funcione con sus rarezas (sin ir más lejos, Le Seuil du Vide de Kurt Steiner acabó siendo adaptada al cine) o bien  con unos niveles de absurdo que solo hacen  pensar “bueno, seguimos adelante que al menos quiero saber qué pasa”.

Este desfile de los muertos vivientes es  el segundo caso. Una novela de las flojas, con un montón de ocurrencias enlazadas  entre sí  de cualquier manera, pero dotada de esa honradez que mantenían las novelas de kiosko.  No pretende ser nada más, solo una historia que seguramente haya pagado alguna factura.



Maurice Limat. La Maleficio.  Un viaje de negocios a Venecia. Un joven encuentra a un gondolero moribundo que le previenen acerca de una mujer  en peligro. Una familia condenada por el crimen cometido hace siglos y una mujer  que desde hace cientos de años, busca a su amado muerto. Y en el medo de la noche la Maleficio, la campana reservada para las ejecuciones,  destruida hace mucho, vuelve a hacer sonar su tañido.

Esta novela  retoma el tema de la muerta enamorada, aquí lejos de ser un fantasma  pero convertido en un ser sobrenatural,  ambientándolo en una Venecia   como escenario de amores condenados a la tragedia pero donde  podían convivir el arte y la magia.

De nuevo, no se puede exigir demasiada caracterización a unos personaje que  caen rendido ante la visión de una mujer misteriosa cuyo  comportamiento errático es muy similar al de un espectro condenado a repetir los mismos actos una y  otra vez. Solo pueden  seguir el enigma  que esta  va desgranando a través de joyas misteriosas, personajes siniestros y una  Venecia de fondo que  como pasa a menudo en estos libros  caracterizados por la economía de página y su carácter de narrativa de evasión, no es la de verdad sino la que nos imaginamos (y que siempre será mejor que la real).  Y que durante  esos capítulos, esta se vuelve tan real como los elementos anómalos que el protagonista encuentra, como  esa puerta al pasado en el sótano de una mansión, un escenario tan improbable por las características de la ciudad como todo lo que va sucediendo en ella (y que Alex de la Iglesia desaprovecharía en Veneciafrenia  al no tener muy claro lo que quería hacer).

La trama, a partir de esa muerta enamorada y mezclando como trasfondo las maldiciones familiares, la magia negra y lo extraño,  recurre también a los arquetipos de los espectros sin descanso y a la ruptura de aquello que los ata a la tierra, como liberación pero también privando a su protagonista de un final  feliz que por el momento, no  hay llegado a  encontrarse en ninguno de los libros  que he podido encontrar en la colección. Una compuesta en su  mayoría por autores franceses de calidad un tanto irregular, pero a los que hay que reconocerles una cosa: de originalidad y falta de prejuicios van sobrados.  Y tienen muy claro que una verdadera historia macabra no puede terminar con un final feliz.

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