jueves, 30 de julio de 2026
Celsius 232 2026. El año de las sillas plegables
jueves, 9 de julio de 2026
Rocky IV (1985). A hostia limpia contra el comunismo
Si los ochenta fueron la década de los héroes de acción, Stallone fue por derecho propio uno de ellos, aunque no directamente. Desde la adaptación de Primera Sangre, , convertida después en una franquicia donde el veterano con neurosis de guerra defendía todo aquello que lo había destrozado. Y también aquel boxeador en horas bajas, cuya andadura comenzaba a mediados d ellos setenta pero se convertirá en un héroe más de la siguiente década en sus entregas. Bueno, y responsable de que ahora suene en nuestras cabezas Eye of the Tiger cada vez que emprendemos cualquier proyecto que implique un poco de esfuerzo, desde ponernos en forma en el gimnasio hasta preparar oposiciones.
Considerada una de las más flojas, por el cambio de tono, la película, dirigida y escrita por el propio Stallone como varias de la serie, es la más alejada a las anteriores y quizá la que adolece de más excesos. El montaje es más propio de un videoclip, es vistosa y contiene muchas secuencias que reflejan ese nuevo sueño americano de modernidad y consumo. Una especie de optimismo, manifestado a través de la estética vistosa, en la que eligen no solo a un contrincante sino a un antagonista. Nada menos que el enemigo de los treinta años anteriores, esa amenaza comunista que entonces empezaba a flaquear y de la que el público solo sabía lo que le habían contado. Representada aquí por Ivan Drago, el oponente más recordado gracias a Dolph Lundgren en uno de sus primeros papeles, como el gigantesco y taciturno boxeador que provocará el deseo de venganza en su protagonista. Un rival complementado por Brigitte Nielsen en un papel apenas testimonial y Michael Pataki como parte del sobrio (y malvado. ¡no olvidemos que son comunistas!) comité que lo acompaña.
Rocky IV queda un poco lejos de ese héroe de clase obrera que demuestra que siempre había una oportunidad mientras siguiéramos en pie. Es también la que peor ha envejecido, al depender tanto de una situación política muy específica como fueron esos felices ochenta y los últimos año de la guerra fría. Aunque paradójicamente, algunas secuencias hoy resultan actuales: el entrenamiento funcional de Rocky en la estepa, frente a la disciplina científica (y con anabolizantes. Toda ocasión es buena para recordar que los comunista son malos) no desentonaría hoy en cualquier box de crossfit. Y los momentos cómicos, por llamarlos de algún modo, entre Paulie y el Robot, por mucho que intentaran hacerlo desaparecer en el montaje posterior…bueno, las conversaciones que Siri, Alexa y Chat gpt tienen que aguantar con sus usuarios, por ahí andan.
jueves, 2 de julio de 2026
Deathstalker (2025). No se puede volver atrás
En ese bucle infinito de películas buenas, memorables, confusas, enigmáticas e incluso cutres que fueron los ochenta, las fantasía épica se hizo un hueco entre ellas. No deja de resultar chocante que un género tan visual y hoy asociado a los despliegues de efectos especiales pudiera funcionar con medios más artesanales, por no decir, modestos, en muchos casos. Porque junto a la grandeza de Willow, la atención puesto a los detalles de Dentro del laberinto o los excesos de Krull estaba también la brutalidad simple y efectiva de Conan, o aportaciones que permanecen más en nuestra memoria por haberlas visto con ojos de niño y no por su calidad. El señor de las bestias, Cromwell, rey de los bárbaros o Ator el poderoso convertían un descampado en un país de leyenda por el que un descamisado con más brazacos que habilidades interpretativas se enfrentaba a varios monstruos de plástico mientras un actor en horas bajas recitaba sus líneas de villano o hechicero.
Es esta épica un tanto y torpe, definitivamente cutre, pero un a parte de la infancia de muchas, la que pasaría a formar parte de ese fenómeno que empieza a oler ya a cadáver como es la nostalgia de los ochenta, y que inevitablemente acabaría viéndose homenajeada y parodiada. En este caso, retomando una franquicia de lo más profundo de la serie B y transitando por la Z como eran las películas de Deathstalker.
La película retoma al personaje que había aparecido en 1984 en una producción de presupuesto ínfimo y cuyo éxito daría lugar a tres secuelas. Sin ser una continuación, reboot ni pretender seguir la línea argumental, utiliza a este héroe como protagonista con un objetivo muy claro: homenajear a las películas de espada y brujería dirigidas a videoclub, tremendamente cutres y con carátulas que suplían la falta de medios con la fascinación que despertaban estos Conan de poca monta. D e ahí que la mejor opción fuera precisamente recurrir a este héroe convertido en arquetipo de la fantasía en vhs.
Pero no hay nada más allá de confirmar que puede. The Void era una película de terror cósmico con elementos reconocibles de décadas anteriores, muy bien integrados, un buen uso de efectos especiales artesanos e incluso de la falta de coherencia y lo pesadillesco como recurso. Psycho Gormenan era una parodia llevada al extremo, que aún sin conseguir pillarle el punto, hacía una burla muy bien traída del cine para todos los públicos. Deathstalker es…una película de fantasía cutre, hecha a propósito. Y más allá de la gracia de poder ver una producción con los defectos de aquellas cintas, y recordar lo que nos divertimos con ellas siendo niños, no hay nada más allá. Y si quisiera recuperar esa situación de torpeza, de ternura, de volver a disfrutar de lo que veía en pantalla sin preocuparme por la ejecución técnica, simplemente, vería de nuevo Masters del Universo, El señor de las bestias incluso, si quiero pasar un poco de vergüenza ajena, Los bárbaros.
jueves, 25 de junio de 2026
We bury the Dead (2025). Repitiendo fórmulas
Ellos son nosotros. Y nosotros somos ellos.
Bárbara. La noche de los muertos vivientes (1989?
- ¿tus zombies muerden?
- No, pero te miran con cara de no saber qué hacer de sus vidas
- El guionista
Queda un poco lejos la época en la que los zombies se convirtieron en uno de los géneros más populares y socorridos. Un poco por agotamiento (once temporadas d Walking dead más varios spin offs en activo acaban con la paciencia de cualquier fanático) o porque al tratarse de una criatura que refleja los temores contemporáneos, se había convertido también en algo muy asociado a una época específica. O porque estamos ya tan aburridos de todo que nos da igual apocalipsis zombi que meteorito. Salvo los intentos por traer de vuelta Resident Evil (y a ver si a Zach Cregger le sale bien), los zombies se volvieron a su nicho, a cine más de serie B, hoy cambiando el VHS por el streaming y a menudo como premisa de guiones más cercanos al humor y ala parodia. Las reimaginaciones serias se quedarían casi olvidadas, salvo por el regreso de 28 días después…¡Pero estos como sabemos desde 2004, no son zombies, son infectados!
Este enfoque, respecto a los que podemos considerar zombies “de los de siempre”, volvería en una pequeña producción australiana con un enfoque menos ambicioso, pero contando con ese elemento que se mal explotó hasta la saciedad como es el drama personal.
Una mujer se dirige a Tasmania en un vuelo, para colaborar como voluntaria tras una catástrofe que barrió gran parte de la isla: un error militar provocó la activación de un pulso electromagnético que, sin dañar el exterior, provocó la parada cerebral de todos los seres vivos. Ahora, con una isla repleta de edificios llenos de cadáveres, los voluntarios se encargan de las tareas de reunión de restos y limpieza. Ava no ha llegado allí solo para ayudar, , sino para encontrar a su marido, sorprendido por el accidente durante un viaje de trabajo a varios kilómetros de allí. El plan de esta es llegar hasta l a zona y comprobar qué ha sido de el. Pero para ello deberá eludir los controles militares y encontrarse con cadáveres que por algún motivo, han vuelto a reanimarse. Estos, según el ejército, no son peligrosos. Pero los disparos a la cabeza han sido más rápidos que cualquier examen más exhaustivo.
Es precisamente esta falta de resucitados y caracterizados las pocas veces que aparecen, de una forma muy tradicional y efectiva, l que junto a los exteriores naturales dota a la producción de una atmósfera intimista y un tanto desoladora: las vastas extensiones de terreno baldío, rotas solo por pequeños núcleos de población, hoteles o algún resort a lo largo de carreteras locales que ni siquiera aparecen colapsadas salvo por unos vehículos o la escasa presencia de militares, hacen que el foco recaiga sobre el personaje principal, completamente aislado y para quien la amenaza es más ese paraje desértico o el humo de un incendio que los no muertos. Y en la que Daisy Ridley, hoy lejos de su época de Star Wars y de posible estrella, se centra en producciones más pequeñas, pero más interesantes que los estrenos Disney. Esta encarna a una protagonista cuyo viaje es una forma de lidiar con el duelo de dos pérdidas, una súbita, la provocada por la tragedia, y otra más personal, por el final de una relación.
Este planteamiento se mantiene durante gran parte del metraje, acompañado por esos cadáveres reanimados e inexpresivos como reflejo de una situación traumática y una potencial amenaza. Una idea bien planteada que podrí haber sido lo que diferenciara a la película del resto de las de su temática, pero que empieza a abandonar para utilizar los típicos más reconocibles: los cadáveres reanimados empiezan a correr y atacar porque…bueno, algo tiene que pasar que no va a ser todo ponerse a pensar. E intentan derivar hacia una explicación filosófica como esa teoría de “solo vuelven aquellos con asuntos pendientes” que tampoco termina de funcionar cuando el punto de partida es una explicación realista, establecida con claridad y más cercana a la crítica de la situación a actual que a lo sobrenatural. De momento, no se ha podido superar que “el infierno está lleno, y los muertos caminan sobre la tierra”, ni parece que vaya a suceder en un futuro cercano.
jueves, 18 de junio de 2026
Los caballeros las prefieren rubias (1953). Una morena y una rubia, hijas de la comedia musical
Lorelei y Dorothy son dos artistas de variedades, amigas pese a las diferencias de su carácter: una alegre, despreocupada y siempre fascinado por el dinero, sus propietarios y todo lo que brille, especialmente si son joyas. Dorothy, la de los pies den la tierra, se preocupa poco por esto último y más porque sus pretendientes sean atractivos. Ambas se embarca en un viaje marítimo hacia Francia, sufragado por Gus, el prometido de la primera, para desgracia del padre de este, quien no esté dispuesto a que su heredero se case con una cazafortunas. Aunque para ello tenga que contratar a un detective que consiga las pruebas necesarias para demostrarlo. Una situación de la que Dorothy tendrá que estar pendiente en todo momento, y que resulta mucho más complicado cuando uno de los pasajeros es nada menos que el propietario de una mina de diamantes, y lo bastante prendado de la inconsciente Lorelei como para desprenderse de alguna de sus piezas de joyería.
El reparto de los papeles entre ambas actores hace que la Dorothy Shaw de Russell tenga mayor peso, y se convierte junto al detective Malone, interpretado por Elliott Reid, se convierten en los personajes principales y los que desarrollan una trama romántica con más tiempo, frente al romance cómico y un tanto pesetero de Monroe y Tommy Noonan.
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