Un año después de que se estrenara aquel pequeño desastre, hoy recordado con ironía y ternura, que fue la adaptación cinematográfica de Street Fighter, se llevaba a cabo la adaptación de otro juego de lucha. Paul Anderson, antes de encasillarse con su reimaginación de Resident Evil protagonizada por su señora, dirigía la versión de un videojuego relativamente reciente entonces, pero ya infame por el uso de su violencia entonces exagerada, y hoy un tanto de serie Z por el uso de aquella técnica que consistía en la captura de movimientos de actores reales. Mortal Kombat, con K para ser más radical, además de comenzar una franquicia de juegos duradera, se convirtió también en una película resultona, que pillaba realmente el punto del material original y conseguía funcionar lo bastante como para tener una secuela. Esta, mucho más floja, sería uno de los motivos por los que no llegó a rodarse un Mortal Kombat 3, aunque el juego y su trasfondo continuarían su desarrollo a lo largo d ellos años, incluso contando con apariciones en otros medios como una webserie. Y mucho tiempo después, cuando quedaban lejos esos dos primeros juegos, el motion capture, y la música bakala que lo acompañaba, se estrenaba una nueva entrega, con una plantilla de actores casi desconocida y un tono muy distinto a la producción de 1995.
Cole Young es un luchador cuyo momento de gloria ha quedado atrás. Ahora sobrevive participando en combates mediocres, ajeno a lo que sucede en los confines del mundo: cada varios años, se celebra un combate entre los campeones del Mundo Exterior y los de la tierra, disputándose la posesión de este plano. El décimo combate decidirá el destino de esta, por lo que Shan Tsung, el gobernante de esa otra realidad, no dudará en retorcer las reglas p para eliminar a todos sus oponentes y evitar que la confrontación tenga lugar. Cole, junto a Sonya y Jax, dos militares y Kano, un mercenario, es uno de esos elegido, pero el tiempo del que disponen para prepararse para el combate final e s muy escaso. Aunque durante el entrenamiento Cole, además de su poder, descubrirá que su legado va mucho más allá que el de un luchador caído en desgracia, y que le destino de la tierra está ligado a su estirpe desde hace mucho.
Trabajar con este material de forma serie a es muy difícil, y no solo porque el público puede pensar que a estas alturas, el planeta tierra es el premio más cutre que se podría ofrecer en ningún combate interdimensional. Y sin embargo, l a película consigue funcionar tomándose en serio ese punto de partida, y manteniendo un equilibrio muy difícil entre un argumento tan poco manejable, y el uso de las referencias a las frases y momentos del juego original.
La cinta recurre a una herramienta que no suele ser muy bien recibida entre los fans de los videojuegos: el personaje nuevo, creado para el guion, al que le aportan información que sirve de información para el público ajeno al medio original. De nuevo, es difícil que esta decisión guste porque todos recordamos a Alice de Paul Anderson reconvertida en protagonista absoluta d su Resident Evil. Pero en este caso, el Cole Young interpretado por Lewis Tan cumple este papel y da espacio suficiente p ara los personajes que si provienen de la franquicia. Que no son todos, pero si suficientes, y los más clásicos, del primer y segundo juego. El peso de estos en la trama está también equilibrado, siendo el caso de los otros dos personajes más antiguos, Liu Kang y Kung Lao, más secundarios, llevando el peso de aportar más información a la trama. Al haberme quedado en los años de las primeras entregas, no sé hasta qué punto la versión cinematográfica de estos es file al original, pero han sido lo bastante bien perfilados como para que cada uno cuente con su momento de atención y función dentro del guion.
Al optar por una aproximación más seria, el problema de incluir las referencias a los momentos representativos del videojuego y a las características de este se hace mediante guiños y el uso del humor. El protagonista comenta lo difícil de creer la historia sobre el combate (algo que comparte con el público. Pero un sábado por la noche no estoy yo para replantearme la vida y la existencia), lo chocante del nombre de la contienda, refiriéndose incluso a que “el nombre está mal escrito”. Las frases que anuncian la victoria, o a los inolvidables fatalities las hacen a través del personaje de Kano, quien para su papel de antagonista lo caracterizan como una suerte de bufón, de un personaje escudado en un humor fuera de lugar como parte de una personalidad histriónica, que a veces resulta un poco irritante pero que en conjunto es útil para que referencias como “Kano Wins” o “flawless victory!” no queden fuera de lugar.
















