Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 22 de febrero de 2024

Deadstream (2022). Si os ha gustado, dadle a like, suscribiros, y enviad un exorcista

 


Por unos años de diferencia, muchos aspectos de la cultura popular más reciente me pillaron mayor como para tener  por ella el mismo afecto que por la década anterior. La entrada de Harry Potter en Hogwarts coincidió con el final del instituto, Los juegos del hambre, opositando (aunque este último, y quizá Battle Royale, es lo más parecido a un proceso selectivo de función pública que podamos encontrar). Por lo que aunque me parecieran buenas historias, ni de lejos tendría por ellas el mismo afecto que su público. Un caso completamente distinto fue el coincidir con la aparición de los youtubers y la cultura del streaming: a esos, directamente, no los soportaba. Abrir cajas opinando de su contenido, las reacciones exageradas ante el susto de cualquier videojuego, las interjecciones en inglés eran algo que no solo no comprendía, sino que me resultaba irritante (el desprecio al sistema tributario solo supuso el clavo en el ataúd). Un medio de comunicación que, pese al rechazo que generaba, sí que acabó aportando algo positivo: el renovar un género que empezaba a agotarse, como era el metraje encontrado y las cintas de vídeo, a una nueva forma de narración audiovisual, que igual que su aparición previa, se valía de métodos de narración nuevos. La cámara en mano daba paso a la gopro en la cabeza, y con ella, a técnicas como utilizar la videoconferencia o una filmación tan de guerrilla como un streaming para contar algo de manera directa. La figura del yotuber también se empleaba ahora  como personaje para este tipo de historias, y a menudo, señalando ese carácter  insufrible que se había  hecho más evidente con el paso del tiempo ahora  ya no es tan raro encontrar, como en este caso, la premisa de un streamer desagradable recibe su merecido en forma de encuentro sobrenatural. Pero en este caso, sí que es un streaming que me quedaría a ver sin duda.


Deadstream recoge punto por punto esta situación: Shawn Ruddy, un streamer especializado en vídeos de retos y bromas pesadas, prepara su regreso poco después de haber perdido a sus patrocinadores a causa de una actuación poco afortunada. Aprovechando  Halloween, decide prescindir de las bromas a terceros y pasar  la noche en una casa, conocida como el lugar más embrujado de Estados Unidos, a la que una serie  de suicidios y muertes han dado su fama hasta  hoy. Los primeros minutos en la casa, que Shawn intenta animar a base de gritos y sobresaltos falsos, dan paso a algo mucho más real: hay algo moviéndose ante las cámaras. Y los fantasmas están tan deseosos de atención como cualquier creador de contenidos.



Concebida en su totalidad como un comedia, esta dedica su primera parte a hacer todo un repaso de la cultura streamer y los tics que se repiten en la mayoría de ellos: la necesidad continua de atención y la deriva a hacia una falta de ética en favor de las visualizaciones, así como la actitud, entre patética y mendicante, una vez perdida la fuente de ingresos. Situaciones que debido al carácter global de este medio de comunicación, es muy fácil reconocer e incluso encontrar su equivalente local. Y que el actor principal, Joseph Winter, que codirige la cinta con su  mujer, recrea perfectamente durante los primeros minutos. No hay  ni un solo gag que no esté presente, desde la actitud payasa buscando mantener espectadores hasta las referencias a las limitaciones en cuanto a lenguaje malsonante propio de las plataformas. Un personaje principal al que  toca sufrir durante un buen rato hasta la segunda mitad, donde por fin llega esa comedia de terror que se esperaba, y a partir de la cual,  aparece una referencia reconocible y más antigua: los espectros de la casa, agresivos, faltosos, y con una cantidad de latex propia de una serie Z de los ochenta, son influencia directa de posesión infernal, donde no falta un protagonista pateado, vapuleado y convertido en héroes a su pesar, y donde se emplea también una explicación ocultista tomada muy a broma. Hay rituales sacados de la manga y una explicación a la maldición que pesa sobre la casa muy bien traída: si hay un streamer dispuesto a vender sus principios a cambio de likes, también hay una poetisa dispuesta a vender su alma a  cambio de público. Y el que la calidad de ambos sea más que dudosa solo lo hace más irónico.


Slenderman en pijama

La película aprovecha también esas dos influencias y su aparición gradual haciendo que sirvan de apertura y desenlace:  la primera estética de video  en vivo, con el comienzo de un directo, termina con unos créditos finales muy sencillos, con una textura anticuada, en la que las letras rojas sobre negro acaban de confirmar  de donde vienen cada una de esas fuentes de inspiración para una película que también toma prestada, seguramente  no de forma voluntaria, un elemento común a ambas: el presupuesto bajo mínimos. El streaming como modo de filmar sirve para poder sacar adelante proyectos como los de Fred Savage durante la pandemia (aunque el protagonista de Deadstream es mucho menos irritante y grotesco que la heroína de Dashcam) y estos medios se notan durante todo un metraje compuesto de carreras, tropezones y jumpscares, donde juegan mucho  con el tomarse la historia a broma a la hora de poder salirse con la suya  con unos maquillajes y monstruos tremendamente cutres. Una realización que queda muy lejos de propuestas más cuidadas, como Scare Campaign de 2016 o el Host de Savage, que ni el propio equipo parece tomarse demasiado en serio debido a su enfoque de película para pasar el rato (es una producción original de Shudder). Pero que se consigue salvar bastante bien gracias a centrarse, más que en el humor, en la ironía y en buscar similitudes entre ese youtuber caído en desgracia y esos fantasmas ávidos de nuevas víctimas. Después de todo, a ambos les sucede algo parecido: si no se les ve, no existen.

jueves, 15 de febrero de 2024

Lecturas de la semana. Relatos navideños y señoras victorianas

 


Llevaba una temporada relativamente larga sin colecciones de cuentos, pero tarde o temprano siempre acaba cayendo alguna recopilación. Más de una vez he comprobado que una buena selección es casi tan compleja como escribir una novela, y quienes se dedican a esta labor pueden llegar a tener la misma consideración a la hora de elegir un libro que el autor de un texto original (cuando veo que Peter Haining recopila algo, voy de cabeza). Bueno, y que las señoras victorianas siempre vienen en pack de cuentos cortos.


Lucy Evans y Tanya Kirk. Solsticio siniestro. Impedimenta es una de las editoriales de referencia a la hora de encontrar relatos poco conocidos del siglo pasado. Su Damas oscuras podría considerarse el primero de las antologías que devolverían a escritoras parcialmente olvidadas al lugar que les correspondían, y esta vez han publicado en tapa dura uno de los tomos de la Tales of the Weird de la British Library, una colección de relatos fantásticos caracterizados por los temas más variados. Desde el folk horror hasta las historias relacionadas con la red de transporte público.

Solsticio siniestro, sin centrarse especialmente en los relatos de corte navideño, sí que tiene un marco igual de específico: cuentos ambientados en la época invernal, cuando los días son más cortos y las noches más oscuras. En los que los sobrenatural puede ser algo muy sutil, casi psicológico algo tangible, espectral, o incluso una intrusión cuyas intenciones no son hostiles.

Con una preferencia por el siglo XIX y principios del XX, las recopiladoras incluyen uno de los cuentos  más  populares de Daphne du Maurier, después de Los pájaros, donde un manzano  en un jardín invernal parece atormentar a un hombre tras la pérdida de su esposa. Esta aproximación psicológica al tema del regreso de la esposa muerta, es uno de los textos más recientes, junto con el relato de Muriel Sparks en el que el “espíritu navideño” toma un matiz más irónico y muy alejado del que podría haber imaginado Dickens…quien también tiene una pequeña aparición de la mano de Hugh Walpole, como cierre de la antología.

El resto incluye en gran parte, relatos de fantasmas. Quizá porque este tipo de narración fuera una tradición en las fiestas navideñas en Inglaterra, pero una gran parte de estos relatos incluyen una aparición espectral, en busca de justicia, venganza, o intentando  avisar al protagonista de una desgracia inminente. Incluso el curioso fenómeno del doppelgänger, o el fantasma de los vivos, tiene su espacio entre apariciones de ultratumba, como la mujer de Ganthony de  Temple  Thurston o La aparición de la estrella de Robert Aickman.

Caracterizada por esa preferencia por lo espectral, muy propia de eses estado de ánimo de las festividades que quieren evocar, la antología de Evans es una colección con una buena cantidad de relatos inéditos, todo un añadido por los aficionados a las antologías, acostumbrados a encontrarse al menos uno que han leído varias veces, y con la variedad y brevedad que caracteriza a las selecciones de tales of the Weird. Una serie de tomos que de cuando en cuando, aparecen en alguna editorial española. Por el momento, junto a Solsticio siniestro, Alba  ha publicado Cuentos de Tatuajes y Duomo ediciones, un par de selecciones de relatos de fantasmas.


Señoras victorianas: fantasmas. Una colección muy corta, realizada expresamente por La biblioteca de Carfax, que no solo están especializados en señoras victorianas sino en señores contemporáneos que nos recuerdan que el mundo es un lugar bastante deprimente (entre Ketcthum y Stephen Jones, muy alegres no nos dejan, no).

Esta selección, como el título indica, incluye una serie de relatos  donde lo fantasmal está ligado al papel de la mujer en la época. Como explican en el prólogo, muchas de ellas encontraron la independencia económica y social en la escritura, y esta era a menudo un reflejo del papel  al que la mujer era relegada. Los relatos de Catherine Crowe, Elizabeth Bradden, Nesbitt o Katherine Tyron tratan en una parte, de las relaciones sentimentales como un factor que afecta de forma negativa a sus vidas, y a veces, un aviso para las narradoras: el espectro de una mujer rechazada que hace su aparición en la estancia de una mansión,  la joven rechazada por su prometido que regresa para cumplir la promesa que ambos hicieron, una versión muy ligera, y con cierta ternura, del fantasma enamorado, narrado por Edith Nesbitt o el relato, que cierra la colección, en el que un fantasma familiar, en el sentido literal y figurado, impide a la protagonista seguir con su vida, son una parte de una colección muy corta. No más de seis relatos acompañado de ilustraciones para una edición muy cuidada cuyo principal defecto es su brevedad. Aunque, en parte gracias a esta, el concepto de “señora victoriana” se está convirtiendo en un género literario por derecho propio.

jueves, 8 de febrero de 2024

Cuando acecha la maldad (2022). Que el fin del mundo nos coja en las Antípodas

 


Hay algo que los guiones de ficción casi nunca han reflejado bien: el fin del mundo no va a ser para hoy. Ni para mañana. Cualquier alteración en lo cotidiano de la sociedad (llamémoslo virus respiratorio, guerra en el confín de Europa o crisis económica periódica) se convierte en algo que trastoca primero ese día a día, preocupa, y pasa a ser una parte más de una vida cada vez más desmejorada. El fin del mundo, según la tradición religiosa, tampoco tendría que ser algo distinto, y es probable que la llegada del diablo y sus huestes se convirtiera también en un problema de salud pública, para el que se determinan una serie  de protocolos de actuación y al que la gente no le prestaría la mayor atención. Al menos, hasta que les tocara de cerca. Algo que una producción argentina (justo en el momento en que viven la situación política más absurdamente convulsa que podríamos imaginar) refleja de una forma muy precisa, y también muy desesperanzadora.


En una zona aislada de Argentina, Pedro y Jaime, dos hermanos, descubren que en una de las casas de sus vecinos hay un embichado. Un joven, poseído por un demonio, se encuentra, monstruosamente hinchado y putrefacto, al cuidado de su familia. Las instrucciones del gobierno para estos casos son claras: evitar que la víctima muera, no asesinarlo bajo ningún concepto, y aguardar a la llegada de un especialista que se encargará de expulsar al demonio de forma segura. Salvo que esta vez la ayuda no ha aparecido. Un cadáver mutilado es todo lo que queda de ese enviado, que habría llegado, de dotas formas, demasiado tarde. Temiendo lo que pueda pasar si uno de estos posesos se encue3ntra cerca del pueblo, ambos hermanos, con ayuda de uno de los vecinos, decide deshacerse de la criatura y de todo lo que ha estado en contacto con ellos. Pero cuando Pedro intenta alertar a su exmujer y sus hijos de lo que ha pasado, intentando convencerlos de que abandonen el pueblo, parte del mal que  quiere evitar le ha acompaña, extendiéndose  como la pólvora. Sin otra alternativa que llevarse a lo que queda de su familia e intentar huir lo más lejos posible, solo el cansancio y el consejo de Mirtha, una antigua exorcista, le hace volver: es necesario deshacerse del embichado al que abandonaron en un intento de salvarse, o Pedro acabará también  perdiendo a sus hijos, tocados ya por el mal que empieza a extenderse en la comarca.



Demian Rugna había tanteado el género de casas encantadas previamente en Aterrados, una producción caracterizada pro lo a presencia de lo inquietante en una comunidad cerrada, la ausencia de explicaciones y un enfoque de lo sobrenatural marcado por la amenaza y lo inevitable. Elementos que se mantienen en esta aproximación  a las posesiones diabólicas y al cine apocalíptico. La trama, en este caso, transcurre en una zona rural aislada, no exento de crítica social mediante esos agentes del orden que niegan lo sucedido y al abandono que esta población sufren debido a un enfoque centralista de los problemas, ya que como mencionan esto, 2solo hay embichados en las ciudades”. Un matiz crítico que sin formar parte del tema principal, ni  sin que sea la intención del guion, aporta un poco más de trasfondo de una idea de lo que sucede, junto con las menciones que los personajes dejan caer en algunos diálogos.  Pero que aquí se queda en una parte más de la vida diaria de los personajes, y donde lo importante es lo que sucede cuando ese problema toca sus vidas de cerca. La única alternativa que tienen los protagonistas es la huida, y no ceder al pánico…aunque esto último no sale precisamente bien. Un comportamiento que recuerda ciertamente a las estampidas que vieron las ciudades en marzo del 2020: no era lo correcto, pero una persona asustada solo pensará en sí mismo y los suyos.


Black Philip se va a Argentina 

Aunque este no sea el tema principal del guion, uno de los aspectos más interesantes es el desarrollo de ese posible apocalipsis como trasfondo:  algo con el que conviven, convirtiéndose en un problema  más que intenta solucionarse a duras penas y para el que la gente ha desarrollado su propio vocabulario. Se habla de embichados, de la escasez de especialistas en tratar con ellos, pero planteado como un tema tabú. El público solo sabrá algo más a través de las explicaciones que el hijo menor del protagonista ha pedido, o a través de la desesperación del personaje principal cuando pone de manifiesto que las iglesias han cerrado, y que “dios los ha abandonado” . y que se queda muy corto en lo que respecta al personaje de Mirtha, que en su papel de exorcista aporta mucha más información. Se hubiera agradecido una mayor presencia de esta, lastrada por el desenlace en el que la tensión inicial se diluye en secuencias un tanto confusas, y con tópicos prestados de otras películas, con niños siniestros y otros elementos del terror satánico.

Su mayor acierto es también la at5mósfera opresiva que mantiene desde el primer momento en que el aislamiento de los personajes se muestra a través de esos espacios vacíos y ola ausencia de núcleos de población, hasta que lo sobrenatural empieza a hacerse sentir en  escenas puntuales, cargadas de desasosiego y violencia. La aparición de ese cadáver en vida,  del primer embichado. El perro que ataca violentamente a una niña que aparece ilesa, de una manera un tanto irreal pero amenazadora, o la silueta tambaleante de una madre devorando los restos de su hijo confirman aquello de lo que el protagonista intentaba huir: no hay esperanza, cualquier paso en falso supone perder a todos los que intentaba  proteger. La mortalidad infantil es un tema muy presente en la película, como también lo fue en Aterrados, donde no dudaba en mostrar la violencia y lo repentino de la pérdida accidental de un hijo, que aquí se refleja desde un enfoque más orientado a lo sobrenatural, pero igual de devastador.


Al igual que en la anterior, Cuando acecha la maldad es una película que n o duda en recurrir al terror sin concesiones: olvidando toda posibilidad de salvación para sus protagonistas, en un entorno abandonado por el gobierno, quizá este también desbordado por lo que sucede fuera de cámara, y que el espectador puede llegar a intuir, este funciona como una historia de terror sobre posesiones, pero también como un posible apocalipsis que solo podemos imaginar. Y en el que quizá los protagonistas deberían haber recordado la inscripción que anunciaba la entrada al infierno: abandonad toda esperanza.


jueves, 1 de febrero de 2024

Háblame (2022). Dame la manita, Pepe Luis

 


Aunque el terror se considere un género  para el público adulto, al menos, según qué temática, también lo es para los adolescentes. En los últimos sesenta años no ha quedado ni un solo chaval que no haya sido perseguido por un asesino, algún monstruo…o  cualquier cosa que hayan   encontrado por meterse donde no debían. Los jóvenes de los años cincuenta pueden ser muy distintos a los zoomers, pero todas las generaciones tienen algo en común: la capacidad de encontrar problemas, pero también de resolverlos. Bueno, y en el caso de los últimos, bastantes  trastornos  de ansiedad y la sensación de vivir al borde de un inminente apocalipsis. Pero esa parte de los miedos propios de la adolescencia también han sido reflejados fielmente en muchas producciones recientes, y en el caso de la película de los hermanos Philippou, mezclando una trama de fantasmas y posesiones  tradicionales  con las formas de narración  audiovisual recientes y los temas ligados a estas.


Háblame es el saludo ritual con el que empieza un peligroso juego que hace furor entre los jóvenes (lo reconozco…¡siempre he querido escribir un titular alarmista al estilo de Espejo Público): la reproducción, en yeso aparentemente, de una desgastado mano que, tras sujetarla y pronunciar la fórmula anterior y una invitación a entrar, permite a quien la utiliza entrar en contacto con un espectro. Pero como todo juego donde se mezcla lo real y la leyenda  urbana, esta tiene una regla estricta: el contacto no puede durar más de noventa segundos, o resultaría peligroso, incluso mortal, para quien se presta a ello. Durante ese tiempo, sus participantes resultan poseídos por el espectro al que han invitado, siendo controlados por un alma en pena, a  menudo confusa, violenta o atormentada…pero también pueden sentir una subida de adrenalina y ser gravados por los participantes en la sesión. Mia, una joven que ha perdido a su madre recientemente, en circunstancias que apuntan a un suicidio, ve uno de estos vídeos junto a sus amigos y deciden acudir a la fiesta donde tiene lugar la próxima sesión. Intentando, como muchos adolescentes, librarse de su fama de aburrida, se presta voluntaria a un juego que provocará en ella una sensación similar a la de una adicción, hasta que, como tal, pierde el control en uno de los contactos: cuando el hermano de su mejor amiga es poseído  por el espectro de la madre de Mia, esta intenta mantener el contacto más del tiempo permitido, poniendo la vida del chico en peligro pero provocándole muchas dudas sobre lo que ha visto: es espectro de su madres asegura que su muerte no fue voluntaria, pero estos, si deben tener en cuenta a los que han conocido, también se caracterizan por su capacidad de mentir y por el deseo de dañar a los vivos.


La historia, pese a jugar con unos elementos muy trillados, fue una de las más interesantes de 2022 gracias a la capacidad de dar la vuelta a esta temática y adaptarla a un lenguaje más moderno. Quizá relacionado con el hecho de que sus directores vinieran de youtube y estén muy familiarizados con elementos nuevos como el creepypasta o las narraciones de rituales: juegos como Charlie Charlie, llevados a cabo y grabados para las redes sociales, tienen aquí su reflejo, en ese objeto mucho más simple y visual, como es esa mano llena de notas escritas, y que sustituye al tablero ouija , siendo grabado y compartido de forma similar a sus referentes reales.

Esta aproximación a la forma de comunicación de los adolescentes está muy bien reflejada, y no supone alejar al público madura, sino hacerle comprender que esos chavales que, pese a estar todo el día con el móvil y hablar raro, según los más rancios, tienen los mismos miedos y preocupaciones por los que han pasado todos: la muerte, la incertidumbre, la amistad o encontrar un sitio en el que ser aceptado están presentes en la historia de estos protagonistas en los que el “subidón” provocado por una posesión parece bastante similar al de un botellón o el q llevar a cabo una actividad peligrosa. Y que no es tan descabellado. Después de todo, en la época victoriana una sesión de espiritismo a la hora del té era tan habitual socialmente como ponerse a jugar al Catán.


Una sensación de cercanía con los protagonistas ayudado por un detalle tan nimio como es el aspecto del casting: por una vez, todos parecen adolescentes de diecisiete, y no gente de treinta moviéndose por decorados del instituto. Incluso Sophie Wilde en el papel de Mia,  que contaba  veintidós años en el momento del rodaje, tiene un aspecto desvalido muy adecuado para su personaje, que junto al resto de protagonista, hace pensar lo que realmente debería transmitir una historia protagonizad por gente tan joven: ¡pero qué canijos se ven y en menudo lío se han metido!




Si  bien la trama principal es una mezcla entre historia de fantasmas y posesión, deudora de muchos elementos que aparecerían previamente en Insidious, otro de los aspectos interesantes es el trasfondo que puede verse brevemente del mundo sobrenatural que perciben los protagonistas. Los espectros que contactan parecen ser victimas de suicidios o muertes violentas, atrapados en un limbo del que solo pueden salir brevemente durante la posesión que  refleja en gran parte sus últimos momentos. Cadáveres hinchados, ancianos decrépitos o de comportamiento grotescos, son las almas en pena que estos verán en la mayor parte de los casos. Fantasmas, en su mayoría, violentos que buscan atraer a la muerte a esos médiums involuntarios y cuya aparición resulta desoladora. El otro lado con el que contactan en un lugar oscuro, sin esperanza, un limbo  muy similar al que podía intuirse en el primer Insidious y en el que no hay ningún fantasma familiar protector para salvar a sus protagonistas.

Un escenario que no permite el final feliz, típico de Entre fantasmas que acaban recurriendo las sagas cinematográficas y que aquí se usa para jugar al despiste, manteniéndose dentro de cierto pesimismo, y haciendo que funcione mucho mejor que  los guiones más tópicos. Y que, ahora que esa mano de yeso parece que seguirá moviéndose por las fiestas de chavales en alguna otra película, espero que mantenga como parte del trasfondo de la posible franquicia, en lugar de optar por el deus ex machina sobrenatural.  

jueves, 25 de enero de 2024

Doc Savage (1975). Hay un hombre en Estados Unidos que lo hace todo

 


Si hay un tipo de ficción que sea hija de su propio tiempo, es el pulp. Una narrativa, bien en papel, seriales radiofónicos o episodios de cine, que sería imposible separar de la década de los veinte y los treinta, así como de la mentalidad que conlleva: el sentido de la maravilla, el uso de la ciencia como algo imparable y casi mágico, la creencia, hoy un tanto entrañable, en lo bueno y lo malo, sin matices, y la aparición de una serie de héroes tan memorable, como para qué negarlo, simples. Sacarlos de su contexto resulta muy complicado, y no solo por la dificultad de imaginarlos en un escenario que no sea esa década casi idealizada, sino porque los intentos  de adaptaciones posteriores no han sido los más exitosos. Fue el mismo destino de aquellos que disfrutaron de un asegundo período de éxito e interés por   parte de los lectores, como fue el caso de cierto millonario, aventurero y filántropo que cuya aparición en el cine  sería primero un desastre, después una curiosidad audiovisual. Evidentemente, no estamos hablando de Tony Stark ni Bruce Wayne sino alguien un poco anterior…


Es 1936, años después de la primera gran debacle económica y un poco antes de la segunda gran guerra. Sin embargo, poco importa para la historia lo que ha sucedido o sucederá: gente como Clark “Doc” Savage Jr, millonario, inventor y filántropo, así como sus asociados, algunas de las mentes más brillantes en el campo de la ciencia y las leyes, procuran hacer del mundo un lugar mejor. Su trabajo recibe un duro golpe con la noticia  del fallecimiento d su padre, víctima de una extrañan enfermedad, mientras se encontraba trabajando por el bien común (la filantropía viene de familia) en la república centroamericana de Hidalgo. Pero hay algo extraño tras la muerte de Clark Savage Senior: el intento de asesinato que  Doc sufre, a manos de un indígena, lo conduce a él y sus compañeros al corazón de la selva, último lugar donde su padre había estado. Y donde se encuentran también las tierras que los indígenas le habían legado. Un lugar que esconde una riqueza inesperada, descubierta también por delincuentes dispuestos  a todo para obtener sus ganancias.



La película adapta a grandes rasgos la primera aventura de Doc Savage, personaje serializado bajo el seudónimo de Kenneth Robeson (aunque el autor será en gran parte, Lester Dent), cuyas aventuras continuarían a lo largo de más de cien entregas. Estos se caracterizarían  por su personaje principal, apodado el hombre de bronce y que representaría ese epítimo de valores intachables: el millonario  filántropo, inteligente, atlético y  que no solo trabaja por el bien de la humanidad sino que  protagoniza todo tipo de aventuras en entornos exóticos. Un tipo de personaje, que si bien años después sería calificado en cualquier taller de escritura como una Mary Sue pero  que viviría una segunda juventud durante los años sesenta, gracias a las reediciones d sus novelas (se ve que esto de la nostalgia de la generación anterior no es solo cosa de los ochenta), y que contaría con una adaptación al cómic y su versión  c cinematográfica de la mano de George Pal.


Parecía que contar con el responsable de El tiempo en sus manos era la mejor decisión  creativa para un personaje  tan fuera de su tiempo como lo era Doc Savage, pero el proyecto empezó a sufrir diversos recortes  presupuestarios  que lo alejarían de la idea original. Desde los exteriores hasta la banda sonora, que se solucionaría con piezas libres de derecho, hicieron que la producción fuera más parecida a un telefilme, y no de los más caros, que a una película que debería relejar la atmósfera de los años treinta, así como los entornos selváticos en los que transcurre. Estos, en cambio, tienen un aspecto de decorado que se nota a kilómetros, donde más que ciudadanos de los años treinta, los figurantes parecen ir disfrazados, y donde un par de inventos dan paso  a escenas en una selva de interiores con más indígenas de teatro.


No sería este el mayor revés que sufriría, sino el enfoque dado a un guion excesivamente camp, en el que los camaradas de Savage son poco menos que secundarios cómicos, el villano y sus femmes fatales  son más graciosos que amenazadores y cuenta con una de las secuencias de lucha más ridícula que se vieron en mucho tiempo. Un tono en general, más cercano a la película de Batman de Adam West que al serial de aventura, por inocente que este pudiera ser, que el publico esperaba.

Entre decorados, atrezzo, el tono yeyé demasiado poco  serio, ni el Doc Savage interpretado  correctamente por Ron Ely, desgarrando su camisa a poco que empieza una pelea, salva una película  que resultó un desastre, sin más curiosidad actualmente que el ver en la pantalla a un arquetipo que inspiraría con posterioridad, a personajes más referenciales como Buckaroo Banzai. No es una producción de aventuras en condiciones, tampoco una comedia, sino algo que se queda un poco en la tierra de nadie de los proyectos fracasados, pero que por esa cualidad desastrosa conserva cierta fascinación.

Una curiosidad, derivada del paso del tiempo y ese cambio de mentalidad por partida doble que supone el adaptar en una producción fallida de los setenta a un héroe de los años treinta, es la sensación de disonancia que para el espectador actual podría provocar  la figura del millonario filántropo.. Estamos en 2023, y la percepción de los oligarcas es mucho más negativa, en el peor de los casos, y muy irónica, en el mejor.

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