Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 28 de mayo de 2026

Mad max 2: el guerrero de la carretera (1981). Cuando la civilización cae, ya no hay código de vestuario

 

                         

   No se cómo será la tercera guerra mundial, pero sí la cuarta: con piedras y palos
                                                                                                                                            Albert Einstein
Max, estás hecho una pena
Siniestro total
Los ochenta fueron  esa década en la que nos hicieron  creer que éramos felices.  La cultura popular, la estética, los brillos que se convertirían en una nostalgia  permanente  escondían también un miedo que a menudo  se asomaba a la ficción.  La guerra nuclear,  que todavía coleaba como algo posible,  pero enfocada de un modo distinto a la s aproximaciones de los setenta e incluso principios de los ochenta: esta vez, era el miedo a perder todo de un plumazo,  las comodidades que se habían convertido en un estilo de vida…el final de la Era de la Abundancia que  Macron  anunciará  décadas después,  pero que llegaría a acompañado  de una explosión. Con esta idea,   un director australiano, inspirándose en  el terror a la escasez de combustible en su país durante la crisis del petróleo, filmaría en 1979 una producción sobre ese principio del fin, tan despiadada e inhumana como el paisaje desértico  donde  transcurría.  Esta, un éxito inesperado,  vería su secuela dos años después,  mostrando qué había sido de aquel hombre que había  perdido su humanidad en medio del caos. Y estableciendo, definitivamente la estética que definiría  a una saga que continuaría hasta hace muy poco.


Ha pasado tiempo desde que  los gobiernos tomaron la peor decisión posible,  provocando la guerra nuclear que  acabó con la sociedad, pero también  con el funcionamiento de las máquinas necesarias para que esta  se mantuviera a flote. Ahora, en  medio del desierto, unos pocos supervivientes siguen con sus vidas  aislados y rapiñando el bien más preciado. La gasolina, como motor de los p vehículos que pueden transportarlos a un lugar mejor.  Algunos se han organizado en pequeñas comunidades. Otros,  convertidos en señores de la guerra,  asesinan y roban a todos los que  se encuentran a su paso.  En medio del páramo, Max,  quien acompañado  por su perro,  aislado de  amigos y enemigos,  recupera el  combustible que puede conseguir de saqueadores y vehículos abandonados. Un encuentro con otro ermitaño, piloto de un girocóptero, le descubre la existencia de una refinería en activo,  llevada por una comunidad de supervivientes, ahora en el punto de mira de una de las bandas de saqueadores que no dudarán en matar a sus habitantes  para hacerse con ella. Para Max, la decisión es algo lógico: su ayuda, como conductor de un camión cisterna  que los ayudará a huir del emplazamiento con  el combustible necesario, a cambio del que el pueda utilizar para seguir su camino.



Aunque la saga de Miller  se plantea como películas episódicas, donde es posible seguir el hilo de cada una de ellas de forma independiente,  esta  es la más cercana a  una secuela, haciendo referencia en el prólogo  al tiempo transcurrido  desde ese comienzo del fin  presenciado por Max Rockatansky y la ruptura mental del personaje principal, ahora solo Max, muy cercano al funcionamiento en modo  supervivencia de alguien con estrés postraumático o a la indiferencia de los héroes sin nombre de los westerns  crepusculares.
El western es precisamente una de las inspiraciones   principales. Es curioso que  un territorio todavía salvaje  y lo que queda  cuando la sociedad cae sean tan similares,  pero existe un paralelismo entre  la diligencia,  o todas las secuencias  de  fuertes asolados por los apaches, y una refinería  sitiada por un grupo de salvajes, ataviados con  crestas mohawk y cuyas celebraciones nocturnas muestran el primitivismo que queda cuando todo lo demás desaparece.


Aun cuando el nivel  de violencia y crudeza  es similar  a la primera entrega, esta, además de ser mucho más popular y en cierto modo, el establecimiento de la saga, constituye una secuela que supera a su predecesora y donde  abandona un poco la distopía realista para centrarse en la estética  que  la caracterizaría a partir de entonces.  Especialmente sus salvajes de la carretera, ahora ataviados con restos de uniformes policiales que recuerdan a la imaginería sado, punks con crestas, placas de armadura antidisturbios y piles de animales, e incluso un personaje tan extremo  como Lord Humungus, ataviado con una máscara de  Hockey mientras exhibe cachas (es el apocalipsis, si quieres ir en calzoncillos, vas y punto) y una  palabrería que  puede resultar una parodia del discurso de cualquier político excesivamente belicoso.  Un vestuario aparatoso, un tanto de comic, pero  que puede responder al mismo fin que el que hubiera llevado una tribu guerrera hace milenios, y que contrasta  visualmente con la comunidad de supervivientes  donde predominan las prendas blancas, quizá demasiado claras en un entorno marcado por la arena y la suciedad, y sus  armaduras confeccionadas a partir de  protecciones  para futbol americano. A ratos poco real, imposible de creer salvo por la violencia, bien reflejada, haciendo que no se trate tanto de una recreación  pretendidamente realista, sino de la visión de algo posible. Aunque, sinceramente,  tiene más sentido los excesos de Mad Max que los outfits apocalíptico chic que aparecen en Walking Dead.




Dentro de este escenario de cuero, crestas y brazacos al aire, lo real aparece de forma muy discreta:  si ya más adelante  en la saga  tendríamos  a Furiosa y su prótesis de brazo, las mutilaciones consecuencia del entorno  de los personajes aparecen como una parte más: los hierros que sujetan la pierna de Max, el rostro desfigurado de Humungus oculto  tras la máscara que años después  reconoceríamos por Jason Vorhees, el  mecánico invalido, moviéndose por poleas en la refinería, así como alguna prótesis que se atisba en la secuencia final de la persecución, quizá demasiado alargada pero planteada deliberadamente  por Miller. Nada exagerado quizá en parte por la limitación de presupuesto para aspectos como esto, pero que funciona como reflejo de un escenario en el que sobrevivir es  cuestión de fortaleza, suerte, y  nada sea lo bastante grave.

Con un montaje  más pulido que su primera entrega,  aun no exenta de exceso, Mad Max 2, este guerrero de la carretera para  el mercado internacional, se convertiría en una de las sagas más longevas y con menos altibajos de calidad  filmadas en estas décadas. Además de ser una influencia durante todo este tiempo. No solo Fallout se inspiraría directamente en  temas y vestuarios, sino que serviría   como referencia para toda una serie de  producciones italianas que aprovechando lo económico de esta estética trash,  estrenarían  varias películas sobre  las guerra nuclear del año 2000 y sus desastrados supervivientes.  Todas ellas, muy lejos  en cuanto a calidad de la distopía de Miller que se adelantaba  varios años a lo que  ya  sospechamos. Y es que la caída de la civilización  es muy similar a la teoría de la rana hervida: lo bastante lenta como para acostumbrarnos. Un día el político de turno dice que hay  que apretarse el cinturón, y un poco más tarde, estamos en la carretera, sin pantalones,  intentando robarle la gasolina al vehículo acorazado del vecino de enfrente.

jueves, 21 de mayo de 2026

Lecturas de la semana. Pierre Véry y nada es lo que parece

 


El policiaco, crímenes y thriller en general no me ha atraído demasiado. Ni el sueco (Lisbeth Salander, me aburres tú, tu autismo hacker y tus malos rollos familiares) ni el polar, ni el procedimental.  Puede caer de vez en cuando algo de Agatha Christie o de Simenon,  pero en cuanto a asesinatos, la realidad ofrece bastantes y con el true crime  voy servida .salvo una excepción, un señor francés  que   a lo largo de más de treinta años escribió novelas policiacas, además de incursiones en otros géneros. Un autor de novelas de misterio  mezcladas con  lo costumbrista, lo extraño, el absurdo, cierta ensoñación y  una resolución del caso de habitación cerrada completamente  rebuscado, donde lo importante no era el qué, sino las vueltas que hemos dado llegando hasta aquí. Desde que hace años encontrara  en cas un ejemplar de Goupi Manos rojas en París,  aquel charentino aparentemente siniestro escrito por Pierre Véry mostraba un mundo donde lo anodino y lo extraño convivían. Desde entonces, volver a casa con toda novela de este señor  que me encontrara se convirtió en la norma. Y como bruguera  ser encargó de incluirlo en el catálogo de su colección de policiaco, no me han faltado.


Mambrú ha muerto.  Durante un paseo, un hombre  e como un repartidor extravía un paquete. Sin más señas que  las de una casa cercana, y movido por la curiosidad, este decide hacer la entrega  para descubrir que su contenido, una prenda femenina, poco tiene que ver con  el carácter de los habitantes de la casa, a quienes el remitente desconocido parece inquietarles ¿es una broma,  una advertencia, un chantaje? Durante los días siguientes, este extraño se instalará   como profesor del hijo menor de la familia de  una forma tan inesperada  como  el camino que lo llevó a traspasar las puertas de ese hogar y convivir con los habitantes de este.  Una solterona que dirige el clan familiar,  un hermano con pocas luces, una viuda carcomida por el remordimiento, el primogénito mujeriego  y una hija menor, silenciosa e introvertida. En medio de este ambiente enrarecido, y  con las sospechas  de aquel misterioso envío,  que condujo al protagonista a ese lugar, cayendo en el olvido,  cada noche, unas luces se desplazan por el jardín. Un ritual nocturno interrumpido   por un disparo de fusil que al amanecer, descubre como resultado el cadáver de un joven cuya identidad todos aseguran desconocer.


Las novelas de Véry se caracterizan  por  transcurrir  en entornos acotados y marcados por lo extraño.  Bien  un pueblo, en la mayoría de casos, que puede caracterizarse  por lo excéntrico y pintoresco, como en sus novelas ambientadas en Inglaterra,  o bien más cerrado y claustrofóbico, donde el  estado de ánimo de sus personajes juega  un papel  principal como en El traje de los domingos o este Mambrú ha muerto ( como curiosidad, ha sido gracias a él por lo que descubrí que el Mambrú que se fue a la guerra era la transcripción fonética de Malbrough). Un factor que está  presente en  mayor o menor medida   en todos los personajes, incluso e n ese protagonista melancólico,  acompañado en su cabeza por los diálogo imaginarios que mantienen con la mujer que ama, y cuyo estado mental  aún pareciendo el más cuerdo de su entorno, es el que lo lleva a introducirse sin plantearse nada más a ese lugar: simplemente, es algo que puede hacer, y no tiene ningún motivo par ano llevarlo a cabo.

Es también  este aspecto  del romance en su versión más pesimista, lo que tiene un  peso importante en la trama. La  “mujer ideal” con la que dialoga el protagonista, las relaciones puramente físicas, el amor platónico  desde una percepción de la realidad errónea y el  remordimiento acompaña a todos los personajes y se entrelazan  en el punto de partida que plantea enigmáticamente cómo puede cometerse un crimen  en el que no se participa. Y  que   más que desarrollarse, aparecerá de forma súbita, rompiendo la rutina y la  atmósfera enrarecida que  Véry ha construido, para ser resuelto como suele hacer él,  de la forma más sencilla, casi propia de un deus ex machina y que se convierte en el punto final  de un drama familiar marcado por ese ambiente fantasmal.

Este, comparte con El traje  de los domingos  algunas características-. La visión  del romance y de desamor como algo no trágico, pero que no aporta nada positivo, su acercamiento al fantastique  mediante la irrupción de lo absurdo y el comportamiento de los personajes,  el uso exagerado de un mcguffin  y las referencias al momento histórico.  Ambas están separaos entre sí unos veinte años,  pero  parte de la acción se determina, respectivamente, por la Guerra Civil española y el final de la Segunda Guerra Mundial. El resultado lo convierte en una de sus novelas más oscuras,  donde algo global afecta, de forma tangencial e inesperada,  a los sucesos de la historia.


Las cuatro víboras. A veces,  de camino a su trabajo en la compañía de seguros, un oficinista  fantasea con otras vidas.  Sus ensoñaciones se convierten en realidad cuando  una misteriosa mujer a bordo de un vehículo, confundiéndolo con un miembro de su banda, le obliga a subir al coche. Su destino, una casa donde hay una anciana secuestrada y una botellita de vidrio, con forma de serpiente, que contiene un potente veneno.  Este se convertirá en testigo y narrador, a su regreso de la aventura, de una oleada  de  robos, incluso  de un asesinato,  marcados por la aparición de esos frascos de aspecto exótico.  Mientras, dos jóvenes, intentando hacerse un chueco en el mundo de los detectives, comienza un a investigación por su cuenta que los llevará a descubrir que el caso, relatado por la prensa, no es lo que parece.

Esta es una de las novelas más cercanas al fantástico de Véry. Anterior a Mambrú a ha muerto,  y ambas escritas a mediados de los treinta, esta  es anterior a los conflictos que llegarían. Mucho más  juguetona,  recreándose con los tópicos del folletín, y se adelanta  por varios años a Walter Mitty (ese mal llamado síndrome, cuando todos sabemos que es una herramienta para mantenernos cuerdos), con un protagonista   perdido entre la fantasía y la realidad ,  situación que arrastra al lector durante  toda la narración mediante una trama muy engañosa,  que funciona porque el autor miente deliberadamente y  la convierte en una historia que no podría  tomarse como policiaca de ningún modo. No queda otra que dejarse llevar por ese juego de crímenes  novelescos, de periódicos sensacionalista y de pistas falsas en un Paris que parece tan lejano e irreal  como el  ilustrado por Tardi en las aventuras de Adèle Blanc-Sec.

La trama  policial es lo menos importante y quizá una de las más flojas, a diferencia del desfile de personajes que se mueven entre oficinas,  redacciones y buhardillas subarrendadas (porque otra cosa no,  pero en Europa  se nos da muy bien  amargar a la gente con la vivienda desde hace siglos) y que homenajea al folletín más exagerado, el de  crímenes imposibles de resolver, bandas criminales y  pasadizos subterráneos transitados por todo tipo de sociedades secretas.  El desenlace, precisamente por  esta decisión, desluce el recorrido  con un deus ex máchina  que hace un borrón y cuenta nueva, pero consigue mantener una  sensación  final de desconcierto: Véry, después de todo, nos ha engañado tanto  como la banda criminal que dejaba, como firma de sus crímenes, una decorada botellita de veneno.  

jueves, 14 de mayo de 2026

Conan el bárbaro (1982). Malinterpretando la Era hiboria


Crom,  jamás te había rezado antes, no sirvo para ello, nadie, ni siquiera tu, recordarás si fuimos hombres buenos o malos, por qué luchamos o por qué morimos. No, lo único que importa es que dos se enfrenta a muchos, eso es lo que importa. El valor te agrada, Crom. Concédeme pues, una petición. Concédeme la venganza. Y si no me escuchas, vete al infierno.
Conan, ultimo enfrentamiento contra Thulsa Doom. En algún momento del pasado.
¿Quieres vivir para siempre, bárbaro?
Valeria.
El bárbaro, mercenario, pirata,  héroe y finalmente rey creado por Robert E. Howard  como personaje para Weird Tales, y probablemente,  como una vía de escape  vio distintas interpretaciones años después. No solo  la derivación del personaje en las novelas escritas por otros autores, sino  las ilustraciones de Frazetta,  las adaptaciones al comic de Barry Windsor Smith y Buscema, e incluso  la versión en BD más reciente. En el cine también tendría lugar su propia interpretación.  Pero una tan alejada del original, tan personal, y a la vez, tan impactante visualmente que  se convertiría en la versión   más alejada pero  paradójicamente, una de  las más fieles e imposible de igualar.

En algún lugar de un pasado muy lejano, cuando los océanos sepultaron la Atlántida, un hombre instruye a su hijo sobre  Crom, el dios que habita en la montaña, y el secreto del acero. Estas serán los últimos conocimientos que podrá  transmitir a Conan, cuando un ejército de mercenarios arrasa la aldea cimmeria  matando a los adultos y vendiendo a los niños como esclavos. Conan, uno de ellos, sobrevivirá para convertirse en luchador,  guerrero experimentado y una vez liberado de su vida  como gladiador,  llegará a ser rey.  Pero todavía no. Esta es su historia como ladrón y mercenario, y su venganza contra Thulsa Doom, el señor de la guerra que un día arrasó su hogar.


La producción de Conan, aunque extraña, se  dio en un momento propicio para el fantástico. Los ochenta fueron la década en la que el género   se consolidó como algo mayoritario. Y aunque el guion original de Oliver Stone  poco tenía que ver con la s narraciones del cimerio (con una historia postapocalíptica similar a Mad Max) sería John Millius  quien dirigiría un guion que  también se alejaba  bastante del material original y donde incluía muchos de sus propios intereses y fijaciones. Este, partiendo de los relatos con un importante subtexto sobre el hombre contra la civilización (antigua y malvada ¡Lo siento! ¡Haber visto una película más de cien veces acaba pasando factura!) perfilaba a su héroe con un trasfondo de venganza que  paradójicamente, se convertiría en  canon para versiones posteriores,  como la  filmada en 2011.  El Conan original abandonaba  Cimmeria en busca de fortuna  y su propio destino (algo así como  los funcionarios de la Aeat. Pero más épico y menos ranciedad y morriña). Este se parece al Conan de Milius  solo en su envergadura física. El bárbaro astuto y cínico poco tiene que ver con el personaje mecánico,  casi hierático   y no siempre brillante de su visión.  Una decisión seguramente influenciada  por el poco inglés y el marcado acento que entonces tenía  Arnold Schwarzenegger. Y que en cambio, con su  decisión,  pragmatismo, y sobre todo, con el ritmo narrativo, se convierte en el Conan cinematográfico por excelencia. 




El guion es una historia original,  creando una crónica nueva para su protagonista, aunque recurre a elementos de los relatos de Howard. Thulsa doom es  el hechicero de otra serie del autor, pero  secuencias como la crucifixión y su lucha  a mordiscos contra un buitre vienen directamente de Nacerá una bruja, y  otros momentos del guion serían inspirados por  La torre del elefante y El fénix en la espada.

Un guion original, muy personal en cuanto a los intereses de Milius  y en el que la historia se cuenta mediante lo visual y no por los diálogos. Estos escasos pero imperecederos, como el secreto del acero o lo mejor de la vida, no son pronunciados por sus personajes principales sino por  sus secundarios. Con un reparto tan variopinto como el propio Arnold, la bailarina Sandahl Bergman o  Gerry Lopez como Subotai, que hace  pensar en la fortuna de  disponer de un doblaje en castellano para mejorar las entonaciones  originales, estos   aportan su presencia, recayendo las habilidades interpretativas sobre  Max Von Sidow o un tremendo  James Earl Jones como Thulsa Doom, ataviado con una peluca de flequillo digno de una abertzale, hipnotizando  a los personajes con su voz y mirada y convertido en el villano pausado, carente de piedad y lleno de ambición que sería el opuesto  a la personalidad y naturaleza de Conan.



Un reparto  complementado por  dos elementos que  convierte a una producción  tan alejada del original y que en su momento disgustó a los fans de los comics por su falta de fidelidad, en una impactante, muy visual y expresiva: la banda sonora de Basil Poledouris que acompaña cada momento del camino del héroe, con la emotividad que necesita y los paisajes de España convertidos en distintos reinos de la Tierra. Donde, a través de los cuales, mediante travellings  de desiertos y montañas, es posible  adivinar el paso del tiempo sin necesidad de narrativa explícita.  Con elementos como estos, que la convierten una  película épica y terriblemente solemne, aun con su extraño punto cómico,  es posible  llevar momentos tan desconcertantes como encontrarse a Jorge Sanz y  Nadiuska como Conan niño y madre,  que algo tan incoherente como  una rueda de molino movida por niños esclavos que no muele nada,  solo da vueltas,  sea una herramienta para reflejar los inicios del héroe, o que el desconcertante  plan de infiltración en la secta de Thulsa  Doom, una orden de  hippies aficinados a las flores, acabe funcionando. Y   donde Milius   no se corta y muestra todas sus opiniones.  Pero a estas alturas hemos confirmado  que los  hippies   eran lo peor aparentando ser buena gente, por lo que se lo disculpamos.



Conan el bárbaro será de momento el Conan del cine, el de Milius, el de Schwarzenegger en su mejor papel y el de la espada y brujería más visual y evocadora. Un personaje que poco tiene que ver con el mercenario astuto de  Howard y que con todo,  es el que mejor  ha captado  los escenarios de sus relatos y de la era Hiboria.  De ahí que  la versión posterior, con un Jason Momoa aparentemente más fiel  al original, sea tan aséptica que haya sido olvidada hace mucho.  Y que pese a sus secuelas entre lo tierno y mediocre, como fueron  Conan el destructor y  Sonia la Roja, esta seguirá siendo  la más recordada por todos.  Además de  dar dos de las mejores  lecciones  de vida posibles: los hippies no son de fiar, y las niñas bien rebeldes no traen más que problemas.




jueves, 7 de mayo de 2026

Lecturas de la semana. Folletines y papel de pulpa

 


Desde hace unos años la literatura  popular con un mínimo de  8 décadas  de antigüedad se ha conferido en mi zona de comfort ¿Qué hay  bajón? Pulp ¿Qué hay incertidumbre? Señor francés escribiendo historias   por entregas  sobre un personaje  fundacional de la cultura popular. Puntos extra si es un villano o va enmascarado, y  por  su extraño sentido entre la intensidad y el absurdo ¿Qué un señor de color naranja ha decidido jugar al Pasimisí   con unos barquitos en Oriente Medio?  Póngame un poco de todo, que falta hace.


Ponson du Terrail. Los dramas de París (las aventuras de Rocambole) Tras recuperar su título, injustamente usurpado,  el conde Armando de Kergaz  dedica sus esfuerzos y fortuna  a  ayudar a  todos los que lo necesiten.  Viudas,  huérfanos pero también hijos perdidos y afrentas del pasado. Cuando un caballero solicita su ayuda para  encontrar a su hija, fruto de una relación ilegítima,  Armando  se cruzará con otros personajes  que tendrán su papel en la intriga. Cereza, una costurera   y su prometido  Leon, pero también  Baccarat, una cortesana, hermana de Cereza y mujer sin escrúpulos, y  el mismo  Andrés, medio  hermano de Armando que ha vuelto tras una vida dedicada al crimen para vengarse  de él. A este lo acompaña un muchacho huérfano,  ambicioso y dispuesto  a cambiar de bando como le convenga, a quinen conocen como Rocambole.

Poco podemos decir del personaje que  dio origen al adjetivo rocambolesco como como sinónimo de situación imposible y enrevesada. A lo que en este primer libro  va a haber a montones. A quien no veremos mucho, en cambio, será a su  antihéroe titular, quien en las historias de libro es poco menos que un secundario que  va cobrando importancia hacia al final, pero todavía muy poco, y que sirve como deus ex machina  en muchas situaciones: una traición de Rocambole  en el momento oportuno sirve para que los sufridos héroes  conozcan los planes del malvado Andrés. Unos héroes, por cierto, bastante tontainas y que el lector actual acaba preguntándose si  estos no se han buscado que  se los engañe de forma tan evidente.

Disfraces  hechos con poco menos que un  bigote postizo y unas gafas,  villanos  mintiendo  bastante mal para ser creidos a pies juntillas por unos protagonistas cuya  bondad y virtud los convierte en unos héroes  terriblemente tontorrones.  La trama de  las novelas incluidas en el tomo discurre entre  los tópicos de hijos ilegítimos, traiciones, mujeres fatales y disfraces propios de Mortadelo, enrevesados  hasta lo indecible para después solucionarse de la forma más sencilla posible. Un nivel de suspensión de la credibilidad que va aumentando a partir de la segunda parte,  con una sucesión de traiciones a plena luz del día, sociedades de criminales, mujeres fatal que seducen a protagonistas felizmente casados (donde se nota  la  moralidad imperante frente al personaje de Baccarat, en permanente redención  por sus faltas, y a la rápida justificación que se le da a los personajes masculinos infieles  como víctimas de una malvada  intrigante)….pero también princesas indias vengativas, venenos mortales. Y hasta telepatía e hipnotismo. Porque llegado un momento en el que el nivel de  conspiración y embrollo es imposible e deshacer,  Du Terrail recurre a la corriente que estaba tan en boga entonces  introduciendo una trama sobrenatural  secundaria destinada a que los protagonistas  puedan saber que está pasando.

La velocidad de la narración, su formato por entregas y seguramente, los plazos a los que  Ponson du Terrail tenía que atender, hace que el libro,. En su recopilación,  cuente con  varias incongruencias. Desde un personaje secundario que  cambia de nombre hasta el  cliffhanger anunciando la redención de  Rocambole que no tienen lugar en el siguiente libro, pero en el que al menos, sí se convertirá en el personaje principal.

A ratos divertido, a ratos absurdo  o rozando la comedia involuntaria, la  primera aparición de Rocambole es un ejemplo de lo que una novela por entregas podría ofrecer.  Todavía lejos  del carisma y amoralidad de un Fantômas, pero con una cantidad de  giros narrativos y personajes víctimas de su propia intensidad que es imposible no disfrutarlo.


Robert E. Howard. Conan, el Cimmerio 3.  Este recopilatorio de las historias del  bárbaro más famoso de la literatura y los cómics incluye, además de  una miscelánea  con  borradores y textos no terminados p por  Howard, los relatos El pueblo del Circulo negro y Nacerá una bruja.  En el primero,  Conan,  líder de una  de las muchas  tribus de  los afghulis,  secuestra a la  princesa de Vendhia  para exigir la liberación de  varios de sus cabecillas.   Pero esta también es perseguida por los Videntes Negros, una orden de brujos que  asesinaron a su hermano y ante los cuales, su secuestro también puede ser  su salvación.

Nacerá una bruja es un relato más breve,  sobre profecías,  gemelas malvadas,  princesas desterradas, civilizaciones antiguas y  malvadas (lo siento, las cien veces que he visto el Conan de Millius tenía que aparecer por algún sitio) y donde Conan juega un papel muy secundario frente a una intriga  que poco importa al mercenario.

Siendo el personaje más famoso de Howard, este ha acabado siendo más conocido por su  adaptación al comic, especialmente por los trazos de Buscema, que por las narraciones.  Es en el texto  cuando más se le notan las costuras  como escritor, con la paradoja  de  tener una capacidad de atrapar al lector como  se ha visto pocas veces, pero con unos  recursos estilísticos un tanto limitados ¡la de veces que he encontrado  nobles con rostro de halcón y al cimerio recurriendo a sus reflejos de pantera!

Recursos  que se acaban  obviando, acostumbrándose a ellos  una vez  se avanza un par de páginas de cualquiera de sus cuentos.  La era hiboria de Howard, ese mundo cuyos  países  desaparecidos son  en realidad un reflejo de las naciones y culturas del nuestro, es descrito por el  como brutal, sangriento y fascinante.  Con  toda la violencia  que le permitían las páginas de las revistas Pulp  con las que se ganó la vida, Conan  es el arquetipo de mercenario despiadado, ambicioso, y con cierto código del honor  que lo convierte en un héroe pragmático, pero no ambiguo: este representa al individuo no domado  por  las normas sociales, a menudo  hipócritas y más retoricas que la ética de los forajidos y mercenarios entre los que se mueve. Un personaje cuya  naturaleza  brutal lo dota de cierta racionalidad que le permite enfrentarse a hechiceros y fuerzas  que harían huir a cualquier otro, que se mueve en ese difícil equilibrio entre   lo despiadado y lo honorable.

Un logro  parar un héroe y unos relatos que se adelantan  casi un siglo al concepto de grimdark que  manejan hoy muchas narraciones  de héroes de moral gris, y que se caracteriza también por una sorprendente simpleza y  modernidad que hace que hoy puedan leerse como el primer día.

La edición, publicada por Timun Más hace unos veinte años, es la versión    económica del tomo único que había sacado con los relatos (hoy, al precio que van los libros, ese tocho nos hubiera resultado barato). Este, dividido en varios tomos en rústica, incluía dos o tres relatos más los textos sueltos de Howard, acompañado por unas ilustraciones de Gari Gianni que recuerdan mucho a los dibujos pulp de antaño. 

jueves, 30 de abril de 2026

Kpop Demon Hunters (2025). Y ahora, algo completamente diferente

 


Aunque pasara mis buenos años viendo dibujos animados, estos se fueron quedando un poco atrás. Gravity Falls o como mucho, el regreso de Gumball, han debido ser las más recientes.  El anime también se ha quedado muy lejos, en la primera época del kamehameha, de las cacas de Arale, los jarros de agua fría que recibía  Ranma y las trasformaciones entre purpurina de Sailor Moon.  El K-pop fue un fenómeno que  me pilló todavía más fuera de onda, edad e intereses. Y de repente, una película estrenada en Netflix, sin más ambición que  la de funcionar en streaming,  mezclaba todos estos elementos convirtiéndose en uno de los éxitos más inesperados del año pasado.  Ahora,  con un Oscar a mejor película animada y tras  haber descubierto  que  varias de las canciones que había escuchado por ahí  en los últimos meses venían, precisamente, de su banda sonora, y muchísimas referencias positivas,  fueron suficientes para  salir de momento,  de la zona de confort de los ochenta, del grano setentero y del stop motion  para comprobar que estaba pasando  con ese grupo de cantantes pop y cazadoras de demonios.


Rumi, Mira y Zoey, además de las integrantes e Huntrix, el grupo musical más popular de corea, son también  las cazadoras de demonios que  con el poder de su voz, se encargan de  proteger el umbral que separa el mundo de los humanos y el reino de Gwi-Ma, señor de los demonios.  Su próxima actuación en los premios musicales del año supondrá el cierre definitivo de  la frontera entre ambos mundos. Pero algo empieza a pasar con la voz de Rumi, y  mientras esta falla, sospecha que puede estar relacionado con el secreto que ha ocultado toda su vida. Y en el inframundo, uno de los siervos de Gwi-Ma  prepara un plan para  acabar con la energía que  protege a las Huntrix: hacerse con ella  mediante una boy band formada por demonios.



El argumento, muy deudor del género de las magical girls y muy centrado en un icho como es el kpop,  no resulta muy prometedor sobre el papel (y quizá por eso,  después de una película sobre los emojis de Wahatsapp, Sony prefiriera sacarla por streaming).  Pero en este caso,  no es la premisa, sino como se ejecuta. Y  una trama centrada en temas tan manidos como el poder de la amistad,  ser uno mismo y superar las adversidades, se integra perfectamente, una película de fantasía urbana, comedia musical y muy deudora del anime.


 En el guion se integran  varios de los tópicos de este género,  pero puliendo varios  de estos  y haciendo que lo que podía ser  personalidades tan esquemáticas como las líder, la  malencarada y la entusiasta  estén mucho más suavizadas, se complementen y ninguna sobresalga  por encima del resto. En este caso, el preso de la trama recaerá sobre la líder de grupo como hilo  vinculado a la trama principal, y que servirá de punto de ruptura, pero también de renovación,  en el grupo de  protagonistas.  El vestuario, el diseño y las armas, sacadas estas últimas de la cultura coreana, son una parte, de las más llamativas,  de una película que  destaca también por su aspecto visual. No es solo el uso del lenguaje humorístico propio del anime, con los cambios bruscos de expresión,  las caras con gestos caricaturescos o los movimientos y el montaje de las secuencias de acción. Sino también su integración con recursos propios del cartoon (esas lenguas cayendo al suelo y esos ojos  convertidos en mazorcas propios de  Chuck Jones) . y sobre todo, el diseño y aspecto visual de unos personajes y escenarios  donde conviven sin problema las texturas 2d y 3d, muy fluidas,  recurriendo a tonos pastel,  púrpuras y juegos con la luz. Y donde los diseños resultan tan llamativos que hace pensar que  las críticas eran ciertas y la animación a occidental mayoritaria lleva años estancada  en el estilo que había marcado Frozen y las más recientes de Pixar.


Aunque a nivel visual la primera referencia sea el anime, el guion  utiliza en su trasfondo la mitología  y  estética coreana.  Esta se traslada mediante el trasfondo que justifica la tarea musical de sus protagonista, y si el mundo de los humanos destaca por su luminosidad, el reino de los demonios con tonos más oscuros, a parece poblado por diseños propios de  estos mitos, así como el uso de  los vestuarios tradicionales. Y el tigre. Porque  es imposible no fijarse en ese tigre sobrenatural que como buen gatico, acaba tumbando con la pata todos los objetos que encuentra.


Los números musicales  son la parte principal teniendo en cuenta la importancia de las canciones y sus significado dentro de la historia.  Estas  van apareciendo a lo largo del metraje asimilándose a la acción, por lo que  las piezas musicales podrán interrumpirse , cambiarse  o reanudarse según  lo que  suceda. Estas, muy pegadizas,  consiguen funcionar  como esos hits que un grupo podría sacar. Aunque salvo “suenan bien”,  es difícil poder decir algo más siendo un género musical  del que poco sabía hasta  haber visto la película.

K-Pop Demon Hunters  no solo consigue  mezclar muy bien el lenguaje anime con una cultura musical  que muchos desconocemos y una historia  “para todos los públicos” en el buen sentido de la frase, sino que aporta algo más: en un sector  de entretenimiento anquilosado en franquicias donde la más nueva anda ya por la veintena,  de explotación hasta la saciedad de estas y de repetición de formulas que funcionan, esta ofrece algo distinto. No nuevo, pero si original y una idea que el público más joven puede considerar como suyo, y no heredado, pero que todos pueden disfrutar.  Desde  la niña que, como hace unos meses, pude ver como explicaba a un familiar quien era  su muñeca de pelo violeta  hasta la funcionaria que una tarde decidió ver que pasaba con esos dibujitos que habían tenido tanto éxito, y que al día siguiente se fue a trabajar  tarareando Takedown.

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