Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 22 de octubre de 2026

Lolita (1962). Obsesión por lo que no existe

 


Todo villano es el héroe de su propia historia

Desde 1955 una novela, un romance trágico desde el punto de vista de su protagonista, la historia de una perturbadora obsesión para el lector, se convertiría en un tema lleno de controversia e interpretaciones no muy acertadas desde entonces.  La intención de Nabokov de utilizar un narrador  que reflejara lo sucedido desde su propio y distorsionado punto de vista sería objeto de análisis y en varios casos, de tergiversación. El término Lolita se convertiría de forma de retorcida que la mentalidad de su protagonista, en sinónimo de joven tentadora, una mezcla de inocencia y perversidad que  permanecería en la cultura popular posterior. La novela, además de controvertida,  supondría el contar, por su temática, con una dificultada añadida a la hora de barajar una adaptación al cine. Al reflejo oscuro de la sociedad americana de posguerra, con sus excesos, luces y sombras, se añadía la obsesión de Humbert por una criatura.  Kubrick afrontaría esta tarea, enfocando el texto de una forma distinta: una sátira de esa misma sociedad, donde cada uno de los personajes resulta a su manera, igual de monstruoso que su protagonista.


Un caballero europeo, con el anodino nombre de Humbert Humbert, llega  durante  el verano a la casa de los  Haze en busca de un lugar donde pasar las vacaciones.  Este descarta en un primer momento el alojamiento ante  la excesiva  personalidad de Charlotte, una viuda  vanidosa y con ínfulas intelectuales. Es la visión de Dolores, su hija, la que le causa una impresión lo bastante fuerte  como para cambiar su opinión.  El verano transcurrirá entre  los avances románticos de Charlotte y  la creciente obsesión de  Humbert por  la niña a la que él llama familiarmente  Lolita, hasta el punto de convertirse en el nuevo marido de su madre, y por tanto, en padrastro, para poder  continuar cerca de ella. Una situación  enfermiza, que cambiará drásticamente  con la muerte de Charlotte y la presencia de Humbert como único tutor de su hijastra.




La película comienza con la secuencia que anuncia el desenlace: el encuentro entre dos personajes,  Humbert y Clare Quilty,  presentados en un escenario ruinoso, una antigua mansión  llena de objetos artísticos  destrozados y de distribución similar a un escenario teatral o un plató, que  parece un reflejo de ambos: un protagonista hundido, que busca venganza por algo que el público todavía desconoce y su antagonista, alcoholizado y reducido a una serie de imitaciones de distintos personajes que parecen buscar una complicidad cómica pero que solo resulta patética. Ambos son las dos caras de una moneda, como se irá viendo: un depredador, oculto  bajo la máscara de caballero otoñal europeo e intelectual abierto de mente.  James Mason, el profesor Humbert, cortes y contenido al que solo una expresión  facial captada a hurtadillas  muestra su verdadera naturaleza, y Peter Sellers,  que  recurre a su talento vocal y cómico  emulando distintas voces y personajes, convirtiendo el drama en una charada de la que nadie parece darse cuenta.  Estos son solo dos de los participantes en una trama  donde todos los personajes y situaciones son presentados de forma satírica.  Charlotte Haze, la madre de la protagonista a quien pone voz y rostro  Shelley Winters, resulta un personaje igualmente  irritante, con una personalidad claramente narcisista y  desconectada de la realidad que parece no ser consciente de la envidia que siente por su hija: la escena en la que tras descubrir las intenciones de su ahora esposo, le grita “me marcho y no podrás acercarte de nuevo a esa mocosa estúpida” resulta tanto o más inquietante  que los avances de Humbert hacia Lolita.  Comparten escena con ellos distintos secundarios, desde amigos e intelectuales con ínfulas a vecinos, todos  retratados de forma similar, sin apenas ser conscientes de lo que puede suceder o sin preocupación por intervenir.


Dolores Haze es el personaje alrededor del cual orbita  la trama. el enfoque de la narración difiere del empleado por Nabokov en su novela, y  puede apreciarse la habilidad con la que  trabajaron con las restricciones  de la censura. Se sustituyen las sugerencias más directas por dobles sentidos, guiños y palabras susurradas al oído, expresiones  faciales de unos actores capaces de transmitir la emoción que aporta al público la información necesaria, y con ella, la sorpresa y repulsión que esta genera. Su protagonista, ahora de una edad indefinida  que solo puede suponerse por las referencia al colegio e instituto muestra un comportamiento  junto a Humbert que  es presentado como algo tentador, pero el normal en cualquier niña de su edad que  Sue Lyon  presenta en otras escenas  acompañada por el resto del reparto.  Se refuerza así la idea  de hechos narrados desde el punto de vista de Humbert, un personaje  cuya percepción de la realidad no resulta fiable y que  vive un tormentoso romance unilateral. Es en el desenlace cuando se presenta una Lolita muy distinta, cuyo comportamiento es ya el de una adulta  al que se adivina  como un alguien roto, obligado a crecer demasiado rápido, no solo por lo vivido junto a Humbert, y que  encuentra  una salida en su nueva vida con un entorno muy distinto al que vivió previamente. Uno mediocre, quizá más vulgar comparado con el presentado con anterioridad, pero que constituye ante todo, una vía de escape.


La Lolita de Kubrick es una sátira, plagada de personajes incapaces de generar la más mínima simpatía. Intención que este lleva a cabo de forma exitosa: ninguno tiene un rasgo salvable, hecho que los convierte también en series fallidos, pero reales y creíbles. A quienes no podemos dejar de mirar preguntándonos que pasará con ellos. Una aproximación a la novela de Nabokov que difiere de esta  en muchos aspectos pero que aporta matices distintos. E incluso presenta a alguien todavía más despreciable que  el pretendidamente atormentado Humbert:  Clare Quilty, el guionista, beatnik, intelectual hombre   moderno, que en contrapartida  al caballero encarnado por Mason, es tanto o más repulsivo que este.  Aunque reconozco que me encantaría aprenderme el baile de moderno que Peter Sellers se marca al principio de la película, de cara al próximo ágape laboral que toque.

jueves, 15 de octubre de 2026

Te van a matar (2026). El descenso (de la propiedad horizontal ) a los infiernos

Hell hath no fury like a woman scorned
Wiliam Congreve

En 2026 solo hemos podido estar seguros de una cosa: todos odiamos a los millonarios. Nadie cree en el mito del garaje (algo así como la caverna de Platón pero con dos emprendedores empezando su carrera en el garaje de sus padres) ni en el del filántropo. Esta imagen ha sido sustituida por una más ácida donde cualquier potentado no dudaría en sacrificar los recursos del paleta para ir a dar una vuelta en una nave espacial o comprar el pan en su jet privado. El mundo post covid nos deja un escenario peor y menos esperanzador que hace unos años, pero esa pérdida de inocencia conlleva una lucidez y una buena cantidad de mala idea, a la hora de retratara a ese uno por ciento. Si tenemos que tener varios cubos para separar residuos en un minipiso, usar pajitas de papel y apretarnos más el cinturón, al menos nos queda el consuelo de ver a unos cuantos privilegiados siendo ridiculizados, por no decir masacrados, en la ficción. Una idea que ha ido apareciendo a menudo en la comedia negra y el fantástico, géneros que suelen ser el reflejo de cada época. Y que en el caso de esta película de Kiril Sokolov, recurre no solo a esta premisa sino a varias referencias del cine de los últimos treinta años para una historia entre el terror, el cine de acción, la casquería…y hasta el satanismo pop.



Una noche de lluvia, una mujer llama a la puerta de un lujoso rascacielos de Nueva York, para incorporarse a su puesto de asistenta.  El edificio, residencia  de personalidades influyentes y celosas de su privacidad  tiene reglas muy estrictas. Sus empleados  residen  allí y deben entregar sus móviles. Durante  la primera noche, una figura encapuchada entra en la habitación de Asia, pero su atacante encuentra  algo que no esperaba: una mujer con recursos , habilidades de lucha implacable y sin intención de convertirse en ninguna víctima. Y que tampoco parece demasiado sorprendida cuando sus  atacantes  muertos resucitan y se recomponen ante sus ojos.  Este es solo un obstáculo para lo que ha venido a hacer,  y no van a impedirle y tras la persona a quien ha ido a buscar.

La película se plantea como una comedia negra, con más acción que terror, y muchas referencias al cine clásico. Especialmente a Sam Raimi, Tarantino, y la estética de la semilla del diablo, cuya idea del edificio como escenario para un culto o un aquelarre es claramente reconocible. El cine de Tarantino, en concreto, su montaje mediante prólogo y escenas , es la referencia que predomina en gran parte del metraje. La presentación del pasado de los protagonistas, los cortes de cada escena de forma episódica y una heroína con un pasado extremo, cuya determinación y actitud estoica recuerda muchísimo a La novia. Un estilo que se coordina con un terror exagerado, lleno de casquería y que recuerda al héroe que consigue triunfar pero que es previamente herido, apaleado y vapuleado de Posesión infernal de Raimi. Y lo cierto es que estos satanistas con capacidad de regenerarse dan mucho margen a que la heroína los trocee y destroce unas cuantas veces.





La realización no juega a ser original sino a integrar distintas referencias como parte de algo nuevo y que el resultado resulte reconocible, pero divertido el montaje de las peleas, su protagonista parca en palabras, bebe de muchas fuentes del cine de acción de artes marciales, donde esta es capaz de ignorar su propia integridad física para llevar a cabo todo tipo de maniobras de combate y huida. Con Asia se busca moverse en un terreno conocido, ofrecer un personaje que proporcione la seguridad de que no lo van a coger desprevenido sin que pueda defenderse y acabar con varios villanos bastante desconcertados ante la resistencia de su víctima. Lejos de ser invencible, esta se caracteriza como alguien implacable, que también resulta herida, como pasaba con Ash Williams, pero que no va a detenerse. Mientras pueda seguir adelante. A lo largo del metraje se va desarrollando el desgaste que esta sufre, físico y mental, en el momento en que ese descubre el motivo de su presencia allí, lo que hace que en vez de alguien protegido por la trama, se trate una mujer a la que cumplir su objetivo va a costarle, y mucho.  
Zazie Beetz encarna a una heroína lacónica, un tanto estoica y donde se reconoce el arquetipo de héroe enigmático y con recursos inspirado en muchas producciones clásicas, desde Yojimbo a el hombre sin nombre. Sus antagonista son caras conocidas que, por la velocidad de sus apreciaciones, aunque recurrentes, parecen secundarios, como es el caso de Tom Felton (¿Se habrá escondido en ese rascacielos intentando huir de la sombra de Draco Malfoy?), teniendo más presencia Patricia Arquette como una de las residentes inmortales.


El avance de la trama, va mostrando en las distintas secuencias más de un escenario que, como buen templo de adoradores de Satanás ha sido extraído de los siete pecados capitales, deteniéndose al menos, en los más reconocibles. la planta del restaurante se convierte en el lugar donde estos son quemados vivos, y me pregunto si el escenario dedicado a la lujuria sería un guiño a Eyes Wide Shut o a una delas teorías de la conspiración más escabrosas que resultaron ser ciertas. Un recorrido que termina en una versión del infierno muy deudora del imaginado en Helraiser, donde no faltan cadenas ni ganchos de un matadero, y la aparición del mismo diablo presentado en una forma física muy grotesca, inofensiva pero aterradora, que pasa a ser un escenario más para la última secuencia de pelea ¿una más? Bueno, en realidad no habíamos venido a buscar otra cosa.  
Te van a matar no ofrece nada nuevo, sino que trabaja con materiales conocidos combinándolos con agilidad en una historia donde su trasfondo, esa secta de millonarios que han vendido su alma a cambio de inmortalidad y de los sacrificios periódicos de su personal de servicio, se plantea más como una diversión que como una reflexión propia del “terror elevado”, ese concepto que intenta presentarse como algo serio y lleno de profundidad. A veces no necesitamos pensar y reflexionar. Solo ver como le rompen la crisma a un montón de oligarcas.

jueves, 8 de octubre de 2026

Archivo 81 (2022). La sombra más allá del VHS

 


Si desde  el estreno de Backrooms lo liminal,  la estética analógica y todo lo relacionado con los no lugares se convirtieron en  un fenómeno mayoritario, hace unos pocos años este era un tema todavía de nicho, limitado a producciones pequeñas y  que  donde todavía  quedaba  mucho por explorar antes de alcanzar el punto de hartazgo. Fue entonces, mientras Kame Pixels todavía hacía sus pinitos en Youtube, cuando producciones como Broadcast Signal Intrussion o Murder Death Koreatown se asomaban a las pantallas (para  luego convertirse casi en un lost media moderno, por su inexistencia de formato físico y desaparición de las plataformas de streaming), Netflix  estrenaba una serie q uep artía de conceptos muy similares: un misterio, una desaparición, traumas del pasado y la presencia de una serie de pistas, en forma de un sistema de reproducción audiovisual hoy en desuso como único nexo  entre el pasado y el presente.


Artchivo  81 cuenta como Dan, un archivistas audiovisual, es contactado por un empresario para restaurar una serie de cintas de video grabadas en los 90 en el Visser, un edificio de apartamentos histórico destruido poco después en un incendio.  Este parece ser el proyecto  estudiantil de una joven, donde las primeras entrevistas realizadas a sus residentes se mezclan con situaciones cada vez más extrañas: las reuniones que estos realizan, muy similares a una secta, pero también imágenes y sonidos que se filtran en las grabaciones y no parecen ser provocadas por el deterioro de estas.  Las voces, una silueta monstruosa…pero también, el padre de Mark, fallecido en un incendio en la casa familiar, quien fue el terapeuta de Melody, la autora de las cintas, y que hace sospechar que la elección de Mark como restaurador no fue una coincidencia. Este es solo uno de los enigmas que irá encontrando a medida que restaura y comprueba cada cinta. Retirado en un complejo aislado, sin red, pero vigilado  permanentemente por un sistema de cámaras de seguridad repartidas por las instalaciones, su tarea y su presencia plantean más incógnitas que  las que Mark puede resolver,  entre medias verdades y la promesa de  que su trabajo podrá ayudarle a descubrir lo que sucedió verdaderamente la noche en la que su familia murió en el incendio. Cuando, una noche,  tras descubrir que la historia que esconden las cintas  va mucho más atrás que un incidente sucedido en los noventa, se encuentra frente a frente  con la joven que aparece en ellas como si la frontera entre el espacio y el tiempo desapareciera.



La serie es una adaptación del podcast del mismo nombre, pero  que también aparece como referencia, siendo uno d ellos amigos del protagonista el responsable de  uno. Es curioso el origen del material al tratarse de algo tan propio del siglo xXI  como un formato  de narración en audio impulsada en sus inicios por aficionados,  anunciando en cierto modo la inspiración  en nuevas formas de contar historias como la que se haría posteriormente   mediante el creepypasta o las series de youtube.  También, aunque  sea coincidencia, es un aspecto más de las distintas formas de narrar a través del tiempo,  que aparecen como parte de la trama, y que en muchos casos, no son otra cosa que  una adaptación de lo antiguo: un podcast no es otra cosa que una versión moderna y descargable de las radionovelas. Del mismo modo, antes de comenzar su labor de investigador, el protagonista está obsesionado con encontrar los rollos originales de El círculo, una serie de terror clásica, anterior al formato doméstico…serie que a su vez se inspira en una filmación de la primera década del cine, que su autor  descubrió hace años. Y que también es una pieza más de la trama, donde cada uno de los elementos van añadiéndose y encajando como en un serial o una narración Pulp.  Esta última también  tiene su influencia, o al menos, uno de sus escritores: una parte  de la trama  también guarda  relación con idas planteadas en la narrativa de Lovecraft,  tales como el espacio como entorno de fuerzas desconocidas, entidades incomprensibles y  capaces de influenciar  la psique de personas especialmente sensibles. Si lo primero que vienen a la cabeza en determinados momentos es El morador de las tinieblas, uno de los capítulos  podría ser perfectamente el trasfondo de uno de los últimos relatos de Lovecraft…o de una partida de La llamada de Cthulhu.


El uso de elementos de ficciones anteriores, por no llamarlas ya clásicas (nos pongamos como nos pongamos, el terror cósmico tiene ya sus cien años), se combina con las referencias tomadas del terror analógico, la fascinación que  despierta uno de los primeros formatos domésticos pero también uno de los más pobres en cuanto a calidad de imagen y sonido, y más propensos a mostrar el deterioro por el paso del tiempo,  caracterizado por sus colores saturados, la falta de nitidez pero también ese carácter personal, al tratarse de la misma tecnología que popularizó las grabaciones de televisión en directo o de celebraciones y momentos familiares. Una serie de cintas a través de las cuales el protagonista  desgrana el enigma principal  pero también aspectos de su pasado. No se puede hablar de este como found footage, porque las secuencias analógicas sirven en realidad de transición entre las dos líneas temporales en las que transcurre la trama.

Cumpliendo los requisitos para alquilar un piso en 2026

La forma de enlazar cada elemento, como un serial o incluso un juego, se lleva a cabo a través de su protagonista, interpretado por Mamaudou Ahtie,  que encarna a un personaje principal un tanto estereotipado: marcado por una tragedia de su pasado, que lo lleva una y otra vez a transitar los mismos lugares en busca de un por qué. Un recurso  que debido al tono de la serie, simplemente se acepta, y no es en comparación uno de los mayores defectos de estas: en su parte central,  a lo largo de la investigación, esta se alarga demasiado mientras los personajes tiran del hilo, dando la impresión  que  sobran un par de capítulos o que habría funcionado mejor reduciendo la media de sus cincuenta minutos.

La realización es también uno de los puntos flojos:  a Netflix ya entonces se le acusaba de tener un estilo  audiovisual plano, repetitivo y poco original, y en este caso, es la historia la que sujeta todo el conjunto. Esta parece una serie  que necesitó poco presupuesto, pero que queda lejos  de la atmósfera  fantasmagórica  que  Channel Zero supo  condensar  por lo exiguo de sus medios.  Esta parece un tanto aséptica, incluso en capítulo ambientado en el siglo anterior,  se queda en algo poco más que correcto.  Aquí, las imágenes se limitan a seri un medio para cumplir, y no parece que quisieran esforzarse demasiado.  Solo en el desenlace parece ser capaz de aprovechar más esa estética de backrooms, de dimensión paralela hecha con cuatro perras y de hacer que lo familiar sea extraño.


Archivo  81  es una serie que funcionaba  por lo novedoso de su material,  la mezcla entre terror analógico con horror cósmico y la forma de hilar  cada uno de los enigmas al final de cada capítulo. Pero ni  este, ni el tirón que podía tener el ser producida por James Wan, quien en 2010 era un valor seguro en cuanto a cine de terror, fue suficiente para que la historia de Dan y Melody pudiera continuar: relegada  inmerecidamente a serie de una sola temporada, como ya sucedió con Marianne. El número de visualizaciones puede ser hoy tan despiadado como cualquier índice de audiencia en los noventa.

jueves, 1 de octubre de 2026

Lecturas de la semana. Pasado, presente y futuros chungos

 


Después de pasar todo el verano en esa zona de confort que son las antologías Bruguera, las colecciones encontradas en librerías de segunda mano, y regresar a Mundodisco, volvemos a la normalidad relativa de leer lo primero que saque de la estantería (aunque  procuro seguir un riguroso método FIFO por cuestiones de control y no acumular, a veces me la salto ¡ni que esto fuera Inditex!).  Cada libro  podo puede tener que ver entre sí, de esta forma, pero  por un extraño sentido de la coincidencia algunos acaban  teniendo  algo en común.  En este caso, una novela planteada como crónica previa a un desastre. Y un ensayo que refleja un presente, y quizá un futuro, muy influenciado por la idea del pasado y la necesidad de evasión.


Christopher Isherwood. Goodbye to Berlin. La crónica de Isherwood sobre su  estancia en Berlín durante los años 30, entre los últimos coletazos de la república de Weimar y el ascenso del nazismo,  reflejando su llegada a la ciudad, su estancia en distintos alojamientos y con ellos, personas de cada clase y  estrato social distintos que encontrará durante su trabajo como profesor.


El estilo de Isherwood fue resumido como “soy una cámara”, algo muy alejado del musical de Fosse que se inspiró en el libro (y a través del cual muchos llegamos al material original), pero donde aparecen personajes que el lector que vienen de la película, reconocerá: Sally Bowles, la aspirante a estrella de cine, cantante de tercera y mitómana. Fritz, el hombre de negocios que vive como puede o la familia Landauer, un clan judío acomodado  que parece vivir en una burbuja a través de la cual pueden atisbar lo que sucederá en  unos pocos años.


Estos son solo una parte de la vida de Isherwood en esa Alemania  destrozada por la Gran Guerra y la crisis económica, perdida, hedonista y habitada por  gente que  viven entre el día a día y la necesidad de aferrarse a cualquier ápice de felicidad.  Las distintas pensiones en las que Isherwood  se aloja, antiguas casas señoriales venidas a menos, regentadas por matronas con un grado de honradez cuestionable y ocupado por gente de distinta suerte en la vida, son un reflejo más del Berlín que el autor  retrata con mordacidad, narrando con total naturalidad una relación homosexual con una diferencia de edad y posición económica más que cuestionable, o la vida diaria de formalismos, etiqueta y viajes por capricho de los personajes más acomodados, o la facilidad con la que Sally Bowles, a quien el narrador encuentra en varias ocasiones, miente  e inventa acerca de su vida. El retrato irónico de los personajes  viene dado únicamente por el  estilo de Isherwood,  que se limita a  caracterizarlos  a través de sus diálogos y acciones sin que su relación con ellos afecte al retrato.  Un retablo que transcurre entre la naturalidad y el hedonismo con unos personajes que aprovechan los momentos  buenos  en cuanto pueden, sin cuestionarse más, y con un pragmatismo por el que cualquier situación o contacto, por cuestionable que sea, puede serles  de provecho.


El libro se cierra con la promesa del título, la despedida del narrador de un Berlín convertido en un mosaico de personajes y retazos de vida,  pero también una especie de olla puesta al fuego  que Isherwood abandona en el momento adecuado.


Valentina Tanni. Exit Reality.  Vaporwave, Backrooms, Weirdcore.  Un ensayo muy breve que explora aspectos de la cultura  de internet un poco al margen del mainstream  que han ido permeando a este. Desde la musaica vaporwave y sus variaciones, el creepypasta  omo modo de ficción y su evolución directa, las backrooms, el concepto de liminal como espacio,  estéticas que asimilan  y reinterpretan  elementos del pasado y del subconsciente e incluso  fenómenos tan peculiares como  la cultura surgida alrededor del ASMR o la teoría del shifting,  ese método, según sus usuarios, para saltar a otras realidades (que curiosamente, todas ellas  son derivadas de algún fandom de los últimos años). Un repaso a ese lado no salvaje, pero si ciertamente extraño de la red, ahora cada vez más lejos del cyberpunk más  duro con el que se la imaginaba en los noventa y contagiada  por una mezcla de nostalgia, misticismo, y una mitología propia sobre la que  planea la teoría del internet muerto, esa red donde el tráfico lo constituyen en su mayoría  bots e IAS, en lugar de usuarios reales.

Conocí el libro gracias a la reseña de La isla de las bufandas, y ante un ensayo donde  habla de fenómenos como los espacios liminales y el creepypasta,  no iba a quedarme sin saber más. O por lo menos, que Tanni, o alguien, pudiera explicarme que demonios está pasando desde hace unos años.  No ha habido esa suerte, pero su texto, como historiadora del arte, da contexto a esta fenomenología,  categorizando  en la medida de lo posible, expresiones artísticas que parecen una evolución del collage, así como la musical,  con el nacimiento del vaporwave.  Este último, un capítulo interesante  para cualquier lego en música, donde señala  su influencia en la cultura mayoritaria y su naturaleza evocadora de nostalgia imaginaria, como pasará  con tendencias visuales como el dreamcore y el weirdcore.

Las backrooms, ahora convertidas en fenómenos de masas, tienen su apartado  dentro  de ese concepto de los espacios liminales,  señalando su vinculación a una parte de la cualquiera de internet como son los videojuegos y la progresiva conversión de estas  en un lugar  de espacios gamificados, con niveles y recompensas, que si bien las convierten en un espacio vivo, donde todos colaboran en su desarrollo, también la alejan de su concepción original.

Dentro de las corrientes  que  analiza Tanni, el ASMR y el shifting  correspondería a la parte espiritual, cierta búsqueda de cercanía y consuelo en una pantalla,  con sonidos y estéticas, o una forma de huida hacia otro lugar. Un aspecto que esta analiza también de una forma imparcial, mostrándolo como una parte más de una subcultura, también muy influenciada por las limitaciones en el mundo real que supusieron los años del covid.  Sin dejar  espacio para juicios subjetivos, sino señalándolo como una forma de evasión o de surrealismo colectivo.  Y dicho esto, reconozco que el descubrir que hay una comunidad de gente que  cree que se puede ir de viajes astral a Hogwarts a tirarle los tejos a Draco Malfoy  me ha dejado descolocada para una temporada.

Tanni, además de su análisis, quizá muy breve y pensado para un público con curiosidad sobre el tema, acompaña los textos e imágenes de comentarios y referencia extraidas de usuarios de youtube y Reddit acerca del tema de cada capítulo. Estas frases breves, anónimas más allá de un Nick,  no solo son capaces de resumir perfectamente  las sensaciones que evocan  el vaporwave o los espacios liminales, como volver a ser niño en un viaje en coche con tus padres, o sentirse como el único ser vivo en una dimensión vacía, sino que resumen muy bien, con esa emotividad y a veces exageración,  el carácter colectivo, un tanto irracional y que apela al inconsciente, de estas formas de expresión.

jueves, 24 de septiembre de 2026

Pom Poko (1994). Más huevos que el mapache de Espartero

 

El perro mapache, tanuki o mapache japonés es un  mamífero carnívoro de la familia de los cánidos, de aspecto similar  al mapache, originario de Japón, Corea y China oriental. 
- Wikipedia
Muy pocos lo saben, pero  cuando no hay humanos cerca, los tanuki pueden caminar sobre dos patas, hablar y transformar su aspecto. 
- Conocimiento popular. 


Cualquiera, aunque no sea aficionado al anime, puede reconocer enseguida una película del Studio Ghibli. Su estilo de dibujo, su animación, a menudo alejada de las imágenes que  tenemos del anime más genérico (especialmente para los que en los noventa, torcían el morro calificando  un estilo de animación distinto como “todos son iguales y tienen los ojos grandes”) y sobre todo,  por la carga emocional de cada una de sus producciones. En todas ellas, con enfoque distinto o alguna variación, tiene una gran importancia el difícil equilibrio entre el progreso y el cuidado de la naturaleza, las consecuencias  de este como fruto de la ambición desmedida,  principalmente  en el uso de la guerra como forma de control y negocio, la necesidad de convivir y adaptarse a los cambios así como un mensaje  pacifista  en muchas ocasiones. Fue Porco Rosso el que dijo que prefería ser un cerdo a un fascista,  Mononoke quien reflejo el conflicto entre mundos y  Totoro quien  recordó que siempre hay lugar para la magia.  Temas universales, que hacen que el público de todo el mundo  sienta una mayor cercanía con sus historias  independientemente dela simpatía que se pueda tener  por el anime como género y estilo. Una vocación universal que sin embargo a veces vuelve la mirada hacia s u lugar de origen  narrando historias  a partir de  sucesos hi tradiciones locales. La tumba de las luciérnagas mostraba la cara humana y las consecuencias del final de la guerra en el Pacífico. Pom Poko, unos años después,  empleaba la tradición popular  para reflejar el cambio que  Japón vivió a partir de entonces.



El país ha cambiado durante los últimos años. La guerra queda lejos y  la prosperidad y el desarrollo trae consigo  la necesidad de más espacio para las ciudades. Estas comienzan a extenderse hacia el exterior,  ganando terreno a los bosques  donde muchas criaturas tienen su hogar. No solo los animales salvajes han sido desplazados, sino también los tanuki,  a quienes sus poderes les permiten hablar y transformarse en cualquier oca o ser vivo. Bueno, y utilizar  sus testículos como parte de esa transformación o como arma.  Los distintos clanes, obligados a desplazarse  por  el  avance de los humanos, son conscientes de la  invasión de su territorio o y la falta de comida.  Unos cuantos, capaces todavía de transformarse, deciden utilizar sus poderes  para conseguir comida de los humanos, además  de  poder enterarse de lo que está sucediendo.  Este medio de vida no es suficiente para mantener a una población  de mapaches   que crece cada año, mientras muchos de ellos caen a causa del tráfico  y las trampas de los humanos.  Estos empiezan a tomar acciones   contra  quienes invaden su terreno, aunque los conflictos a la hora de elegir estrategia  no tardan en llegar:  unos optan por  mantenerse  en secreto, utilizando sus poderes para hacer creer que sus bosques están poblados por yokais y mantener alejados a los extraños. Otros prefieren enfrentarse a ellos directamente  declarándoles la guerra. Mientras, las grúas y los trabajadores  continúan haciendo su trabajo  cada vez más cerca del asentamiento de los tanuki.



Dirigida por Isao Takahata, responsable  de  La tumba de las luciérnagas y Recuerdos del ayer, la película refleja el cambio entre una sociedad vinculada a los ciclos de la naturaleza, que explica esta a través de mitos y la llegada del progreso  y la expansión  de las ciudades a costa de ganar terreno al entorno que una vez fue un medio de vida.  Los tanuki son testigos y víctimas de ese cambio, buscando distintas formas de sobrevivir,  desde el control de la población (algo difícil cuando llega la época del celo) hasta la infiltración  pasando por el enfrentamiento directo,  bien por el empleo de fuerzas sobrenaturales o el uso de la violencia. Siendo también las opciones más agresivas las que están  condenadas a fracasar desde el principio: nadie cree ya en los yokai y además, ¿qué pueden hacer unos mapaches contra una red de carreteras y el paso de los camiones?



La película  mantiene el equilibrio entre el humor y el drama, aunque progresivamente  avanza hacia este último (o sería  más adecuado calificarlo de tristeza), y marca en momentos determinados un contraste entre ambos: el mundo real,  al que se enfrentan los protagonista, se verá reflejado en las secuencias en las que estos son retratados como animales realistas, mostrando las consecuencias de las trampas, la caza o los accidentes. Y la naturaleza de estos se verá reflejada a través de los distintos estilos  en los que estos aparecen dibujados: el realismo,  siendo percibidos como animales corrientes, los rasgos de animales antropomórficos,  con el estilo reconocible de Ghibli, y uno ocasional, más caricaturesco, para los momentos cómicos o cuando estos se ven derrotados. Una forma de reflejar la naturaleza de unas criaturas propias de la mitología japonesa, donde los extraño y lo grosero conviven con naturalidad tratándose de unos seres que pueden hacer todo tipo de trucos con sus testículos, y que seguramente  resultará chocante para el público occidental (salvo los que caemos en el humor básico, que cualquier chiste sobre huevitos ya nos hace felices). 



Una tradición que aparece también  reflejada en el resto de la trama: durante el enfrentamiento  de los tanukis contra el progreso, estos se encuentran con otros yokai similares (los kitsune, también de naturaleza burlona), referencias a las historias de terror populares como la kuchisake Ona, la mujer sin cara  en medio de la noche, o en una de las secuencias que condensan perfectamente el tono de la película, el desfile nocturno de los cien demonios, donde pueden reconocerse todo tipo de yokai e incluso  referencias a la pintura clásica como el esqueleto gigante de Takiyasha la bruja. Y  sí, también hay un yokai que tiene un ojo en el medio del trasero, ¿pero no habíamos quedado que estamos de acuerdo con el humor básico?





El apartado técnico  es  también otro rasgo del estudio: aunque  emplean ya algo de infografía, la animación sigue teniendo ese estilo artesanal, muy cuidado, donde la animación fluida convive  con planos fijos detallados, de paisajes que parecen pintados a mano. También  es una de las películas más adultas del estudio: aunque  en todas esllas convive el tratamiento de una producción  que puede ser disfrutada por todos lo públicos junto a cuestiones más complejas, es este caso cuando se abordan directamente temas como la superpoblación, la guerra, la desaparición del mundo tradicional y la necesidad de encontrar una convivencia, por precaria que sea, para sobrevivir. Esta última, trata de una forma más melancólica que pesimista, mostrando el camino tomado por los tanuki y otros yokai para esconderse entre los humanos y a menudo, adquirir los rasgos negativos de estos. Si La tumba de alas luciérnagas reflejaba con dureza las consecuencias del bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, ese final de Japón como  fuerza bélica, Pom Poko a través del fantástico, muestra lo que sucedió después: la transformación de la sociedad (la japonesa por extensión, el resto del mundo. No somos tan distintos), olvidando al mismo tiempo, una parte de lo que fuimos.

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