El perro mapache, tanuki o mapache japonés es un mamífero carnívoro de la familia de los cánidos, de aspecto similar al mapache, originario de Japón, Corea y China oriental.
- Wikipedia
Muy pocos lo saben, pero cuando no hay humanos cerca, los tanuki pueden caminar sobre dos patas, hablar y transformar su aspecto.
- Conocimiento popular.
Cualquiera, aunque no sea aficionado al anime, puede reconocer enseguida una película del Studio Ghibli. Su estilo de dibujo, su animación, a menudo alejada de las imágenes que tenemos del anime más genérico (especialmente para los que en los noventa, torcían el morro calificando un estilo de animación distinto como “todos son iguales y tienen los ojos grandes”) y sobre todo, por la carga emocional de cada una de sus producciones. En todas ellas, con enfoque distinto o alguna variación, tiene una gran importancia el difícil equilibrio entre el progreso y el cuidado de la naturaleza, las consecuencias de este como fruto de la ambición desmedida, principalmente en el uso de la guerra como forma de control y negocio, la necesidad de convivir y adaptarse a los cambios así como un mensaje pacifista en muchas ocasiones. Fue Porco Rosso el que dijo que prefería ser un cerdo a un fascista, Mononoke quien reflejo el conflicto entre mundos y Totoro quien recordó que siempre hay lugar para la magia. Temas universales, que hacen que el público de todo el mundo sienta una mayor cercanía con sus historias independientemente dela simpatía que se pueda tener por el anime como género y estilo. Una vocación universal que sin embargo a veces vuelve la mirada hacia s u lugar de origen narrando historias a partir de sucesos hi tradiciones locales. La tumba de las luciérnagas mostraba la cara humana y las consecuencias del final de la guerra en el Pacífico. Pom Poko, unos años después, empleaba la tradición popular para reflejar el cambio que Japón vivió a partir de entonces.
El país ha cambiado durante los últimos años. La guerra queda lejos y la prosperidad y el desarrollo trae consigo la necesidad de más espacio para las ciudades. Estas comienzan a extenderse hacia el exterior, ganando terreno a los bosques donde muchas criaturas tienen su hogar. No solo los animales salvajes han sido desplazados, sino también los tanuki, a quienes sus poderes les permiten hablar y transformarse en cualquier oca o ser vivo. Bueno, y utilizar sus testículos como parte de esa transformación o como arma. Los distintos clanes, obligados a desplazarse por el avance de los humanos, son conscientes de la invasión de su territorio o y la falta de comida. Unos cuantos, capaces todavía de transformarse, deciden utilizar sus poderes para conseguir comida de los humanos, además de poder enterarse de lo que está sucediendo. Este medio de vida no es suficiente para mantener a una población de mapaches que crece cada año, mientras muchos de ellos caen a causa del tráfico y las trampas de los humanos. Estos empiezan a tomar acciones contra quienes invaden su terreno, aunque los conflictos a la hora de elegir estrategia no tardan en llegar: unos optan por mantenerse en secreto, utilizando sus poderes para hacer creer que sus bosques están poblados por yokais y mantener alejados a los extraños. Otros prefieren enfrentarse a ellos directamente declarándoles la guerra. Mientras, las grúas y los trabajadores continúan haciendo su trabajo cada vez más cerca del asentamiento de los tanuki.
Dirigida por Isao Takahata, responsable de La tumba de las luciérnagas y Recuerdos del ayer, la película refleja el cambio entre una sociedad vinculada a los ciclos de la naturaleza, que explica esta a través de mitos y la llegada del progreso y la expansión de las ciudades a costa de ganar terreno al entorno que una vez fue un medio de vida. Los tanuki son testigos y víctimas de ese cambio, buscando distintas formas de sobrevivir, desde el control de la población (algo difícil cuando llega la época del celo) hasta la infiltración pasando por el enfrentamiento directo, bien por el empleo de fuerzas sobrenaturales o el uso de la violencia. Siendo también las opciones más agresivas las que están condenadas a fracasar desde el principio: nadie cree ya en los yokai y además, ¿qué pueden hacer unos mapaches contra una red de carreteras y el paso de los camiones?
La película mantiene el equilibrio entre el humor y el drama, aunque progresivamente avanza hacia este último (o sería más adecuado calificarlo de tristeza), y marca en momentos determinados un contraste entre ambos: el mundo real, al que se enfrentan los protagonista, se verá reflejado en las secuencias en las que estos son retratados como animales realistas, mostrando las consecuencias de las trampas, la caza o los accidentes. Y la naturaleza de estos se verá reflejada a través de los distintos estilos en los que estos aparecen dibujados: el realismo, siendo percibidos como animales corrientes, los rasgos de animales antropomórficos, con el estilo reconocible de Ghibli, y uno ocasional, más caricaturesco, para los momentos cómicos o cuando estos se ven derrotados. Una forma de reflejar la naturaleza de unas criaturas propias de la mitología japonesa, donde los extraño y lo grosero conviven con naturalidad tratándose de unos seres que pueden hacer todo tipo de trucos con sus testículos, y que seguramente resultará chocante para el público occidental (salvo los que caemos en el humor básico, que cualquier chiste sobre huevitos ya nos hace felices).
Una tradición que aparece también reflejada en el resto de la trama: durante el enfrentamiento de los tanukis contra el progreso, estos se encuentran con otros yokai similares (los kitsune, también de naturaleza burlona), referencias a las historias de terror populares como la kuchisake Ona, la mujer sin cara en medio de la noche, o en una de las secuencias que condensan perfectamente el tono de la película, el desfile nocturno de los cien demonios, donde pueden reconocerse todo tipo de yokai e incluso referencias a la pintura clásica como el esqueleto gigante de Takiyasha la bruja. Y sí, también hay un yokai que tiene un ojo en el medio del trasero, ¿pero no habíamos quedado que estamos de acuerdo con el humor básico?
El apartado técnico es también otro rasgo del estudio: aunque emplean ya algo de infografía, la animación sigue teniendo ese estilo artesanal, muy cuidado, donde la animación fluida convive con planos fijos detallados, de paisajes que parecen pintados a mano. También es una de las películas más adultas del estudio: aunque en todas esllas convive el tratamiento de una producción que puede ser disfrutada por todos lo públicos junto a cuestiones más complejas, es este caso cuando se abordan directamente temas como la superpoblación, la guerra, la desaparición del mundo tradicional y la necesidad de encontrar una convivencia, por precaria que sea, para sobrevivir. Esta última, trata de una forma más melancólica que pesimista, mostrando el camino tomado por los tanuki y otros yokai para esconderse entre los humanos y a menudo, adquirir los rasgos negativos de estos. Si La tumba de alas luciérnagas reflejaba con dureza las consecuencias del bombardeo de Hiroshima y Nagasaki, ese final de Japón como fuerza bélica, Pom Poko a través del fantástico, muestra lo que sucedió después: la transformación de la sociedad (la japonesa por extensión, el resto del mundo. No somos tan distintos), olvidando al mismo tiempo, una parte de lo que fuimos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario