Ellos son nosotros. Y nosotros somos ellos.
Bárbara. La noche de los muertos vivientes (1989?
- ¿tus zombies muerden?
- No, pero te miran con cara de no saber qué hacer de sus vidas
- El guionista
Queda un poco lejos la época en la que los zombies se convirtieron en uno de los géneros más populares y socorridos. Un poco por agotamiento (once temporadas d Walking dead más varios spin offs en activo acaban con la paciencia de cualquier fanático) o porque al tratarse de una criatura que refleja los temores contemporáneos, se había convertido también en algo muy asociado a una época específica. O porque estamos ya tan aburridos de todo que nos da igual apocalipsis zombi que meteorito. Salvo los intentos por traer de vuelta Resident Evil (y a ver si a Zach Cregger le sale bien), los zombies se volvieron a su nicho, a cine más de serie B, hoy cambiando el VHS por el streaming y a menudo como premisa de guiones más cercanos al humor y ala parodia. Las reimaginaciones serias se quedarían casi olvidadas, salvo por el regreso de 28 días después…¡Pero estos como sabemos desde 2004, no son zombies, son infectados!
Este enfoque, respecto a los que podemos considerar zombies “de los de siempre”, volvería en una pequeña producción australiana con un enfoque menos ambicioso, pero contando con ese elemento que se mal explotó hasta la saciedad como es el drama personal.
Una mujer se dirige a Tasmania en un vuelo, para colaborar como voluntaria tras una catástrofe que barrió gran parte de la isla: un error militar provocó la activación de un pulso electromagnético que, sin dañar el exterior, provocó la parada cerebral de todos los seres vivos. Ahora, con una isla repleta de edificios llenos de cadáveres, los voluntarios se encargan de las tareas de reunión de restos y limpieza. Ava no ha llegado allí solo para ayudar, , sino para encontrar a su marido, sorprendido por el accidente durante un viaje de trabajo a varios kilómetros de allí. El plan de esta es llegar hasta l a zona y comprobar qué ha sido de el. Pero para ello deberá eludir los controles militares y encontrarse con cadáveres que por algún motivo, han vuelto a reanimarse. Estos, según el ejército, no son peligrosos. Pero los disparos a la cabeza han sido más rápidos que cualquier examen más exhaustivo.
Es precisamente esta falta de resucitados y caracterizados las pocas veces que aparecen, de una forma muy tradicional y efectiva, l que junto a los exteriores naturales dota a la producción de una atmósfera intimista y un tanto desoladora: las vastas extensiones de terreno baldío, rotas solo por pequeños núcleos de población, hoteles o algún resort a lo largo de carreteras locales que ni siquiera aparecen colapsadas salvo por unos vehículos o la escasa presencia de militares, hacen que el foco recaiga sobre el personaje principal, completamente aislado y para quien la amenaza es más ese paraje desértico o el humo de un incendio que los no muertos. Y en la que Daisy Ridley, hoy lejos de su época de Star Wars y de posible estrella, se centra en producciones más pequeñas, pero más interesantes que los estrenos Disney. Esta encarna a una protagonista cuyo viaje es una forma de lidiar con el duelo de dos pérdidas, una súbita, la provocada por la tragedia, y otra más personal, por el final de una relación.
Este planteamiento se mantiene durante gran parte del metraje, acompañado por esos cadáveres reanimados e inexpresivos como reflejo de una situación traumática y una potencial amenaza. Una idea bien planteada que podrí haber sido lo que diferenciara a la película del resto de las de su temática, pero que empieza a abandonar para utilizar los típicos más reconocibles: los cadáveres reanimados empiezan a correr y atacar porque…bueno, algo tiene que pasar que no va a ser todo ponerse a pensar. E intentan derivar hacia una explicación filosófica como esa teoría de “solo vuelven aquellos con asuntos pendientes” que tampoco termina de funcionar cuando el punto de partida es una explicación realista, establecida con claridad y más cercana a la crítica de la situación a actual que a lo sobrenatural. De momento, no se ha podido superar que “el infierno está lleno, y los muertos caminan sobre la tierra”, ni parece que vaya a suceder en un futuro cercano.





1 comentario:
Yo lo primero en lo que pensé al ver la peli fue en Mariana Enriquez: ahora que se ha mudado a Tasmania, va y se desata un apocalipsis zombi en la isla xD
Estoy leyendo 'Porsiemprismo' de Grafton Turner cuya tesis trata esto que señalas al principio: nada se acaba nunca, todo se reinicia y vuelve. 'The Walking Dead' y sus spin-off, '28 días después' y la nueva trilogía, la resurrección y relanzamiento de 'Resident Evil' después de no sé cuántas pelis, series y juegos... No hay final a la vista.
La peli ya me empezó gustando por salirse del espacio geográfico al que estamos habituados en el desarrollo de estas historias. Zombis en Australia mejor que zombis en EEUU. Luego, imagino que por ser una cosa pequeñita con poco presupuesto, opta por contar una historia intimista, un drama. No tengo problema con eso, pero me parece que por momentos se aleja de ese planteamiento para caer en otros tropos del género más manidos. Y que al final quieres mover a los personajes del punto A al punto B y parece que cualquier excusa es válida.
La peli también cae en este imaginario de época que es el apocalipsis sin esperanza. Igual el colapso no llega de repente a todos los lugares al mismo tiempo y por igual, pero llegará. Casi funciona como advertencia: virgencita que me quede como estoy xD
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