Hace casi veinte años, en internet surgió una nueva forma de narración. Entre la herencia de la leyenda urbana y el uso de un lenguaje nuevo basado en la comunicación online, el creepypasta fue el medio en el que relatos como Candle Cove, historias sobre episodios de televisión demasiado oscuros para ser emitidos o Slenderman nacerían, crecerían y serían ampliados y transformados como mitos por sus propios lectores. Una forma de narrativa que con el tiempo también evolucionaría, sin llegar a desaparecer, pero cuyo impacto se volvería menor. El creepypasta daría paso a las series de terror analógico, pero también se transformaría en historias sobre reglas y rituales no escritos que podrían abrir la puerta a otros lugares u obtener una improbable recompensa.
Este estilo de transmisión oral, o más bien, telemática, serviría de inspiración a los medios tradicionales.. Channel Zero tomaría durante sus cuatro temporadas, de forma muy libre, varios creepypasta hoy considerados como clásicos. Slenderman sería adaptado a una película, bastante mediocre. Y años después, cuando este se ha convertido caswi en un elemento del internet del pasado, una película adaptaría uno de los más recientes, acerca de un ritual, donde solo se necesita algo tan sencillo como un ascensor, un edificio de más de diez pisos, y bastante sangre fría.
La desaparición de una joven se convierte en parte de la leyenda que gira entorno a un reto viral según el cual, pulsar una serie de botones de un ascensor, siguiendo cuidadosamente un orden, abriría una puerta a un limbo. Un reto al que un grupo de youtubers especializado en investigar fenómenos terroríficos, no han prestado demasiada atención: después de todo, veinte minutos subiendo y bajando en un ascensor no va a conseguir demasiadas visitas ni patrocinadores. Pero la necesidad de seguir sacando contenido y mantener contentos a los sponsors, junto con la llegada de un nuevo miembro a la plantilla, que parece fascinado por la historia, les lleva a comprobar la veracidad de esta. Su investigación los lleva al mismo edificio donde hacía unos meses había desaparecido esa misma joven, y un primer intento, similar al de esta, les lleva a cumplir todos los pasos del ritual salvo uno: en la quinta planta, bajo ningún concepto, deben abrir los ojos mientras una mujer se sube con ellos. Un paso mal ejecutado, entre el desafío y no tomarse en serio la historia, es suficiente como para que estos comprueben que los rumores acerca del Mundo Rojo y la mujer de la quinta planta son ciertos. Y que está siempre va a cumplir su parte del ritual.
Inspirada en el creepypasta de origen coreano del mismo nombre, la película se sirve de las normas descritas en este para desarrollar una historia que se apoya en una forma de terror surgido al amparo de una generación criada en lo digital, caracterizado por su brevedad, el impacto del final, así como lo enigmático de este y su facilidad de transmisión. Y también, en las formas de comunicación nuevas como son las redes sociales o los influencers. O al menos, es lo que pretendían en teoría, porque el resultado se convierte en una historia de fantasmas vengativos bastante rutinaria y unos protagonistas que rozan lo caricaturesco.
Adaptar un formato tan apoyado en la comunicación esquemática es difícil, y más cuando el trasfondo es tan ambiguo como una serie de normas y elementos como otra realidad y la prohibición de actuar con quienes la habitan. Nick Antosca lo sabía y Candle Cove serviría, de forma tangencial, para crear una historia nueva donde el creepypasta se convertía en un apoyo y no en la trama principal. Los hermanos Philippou en Talk to Me filmaron una historia propia valiéndose de los códigos y formas de comunicarse de los jóvenes, que demostraron conocer de sobra. En esta versión de El juego del ascensor confirman simplemente, estar trabajando con un material que no comprenden.
Ya con la primera aparición de los protagonistas, la impresión es que esto han sido escritos según la idea que tendría un guionista desconectado de la actualidad sobre lo que es un creador de contenido: un grupo de niños chillones de instituto que mencionan en repetidas ocasiones que ellos quieren dedicarse a internet en lugar de tener un trabajo de verdad…la mejor forma de resumirlos es como si un boomer escribiera según la idea, o lo que le han contado, de lo que son los chiquillos de la generación Z. estos parecen tener la capacidad de atención de un lémur, cambian de carácter de forma súbita, son descuidados y lo mismo se agarran al escepticismo insistiendo en llamar a las fuerzas del orden (que, por cierto, no aparecen por ningún lado, pudiendo entrar y salir a placer de un edificio de oficinas supuestamente vigilado), o se lanzan a intentar hacer correctamente un ritual para incumplirlo de la forma más absurda porque…a saber, será que los jóvenes hoy no tienen concentración, o que los guionistas se acordaron de lo malrolleros que eran los fantasmas asiáticos y decidieron apuntarse a los finales pesimistas. Unos personajes tan esquemáticos como el mala persona, la rubia tonta, el soso, el rarito, la protagonista y el tipo con motivos ocultos, en este caso, encontrar a su hermana que ya desde hace rato sospecha que está criando malvas….unos rasgos mínimos para ir siendo asesinados por orden.
El desarrollo de ese juego también ha sido modificado para adaptarse a un guion que intenta ser una historia de fantasmas moderna y se queda en lo trillado. Lejos de lo enigmático y de cierto fatalismo que caracterizan las narraciones orales asiáticas, con un desafío que podría llevarse a cabo en cualquier momento y lugar, aquí es vinculado a un lugar específico y a una figura maldita entorno a la que gira la investigación. Esta esconde en realidad un trasfondo tan simple como un espectro vengativo, con una caracterización tomada un poco de todas partes (desde los movimientos propios de Sadako hasta unas cicatrices faciales tomadas de la leyenda de Kuchisake Ona) del que los personajes deben averiguar una forma de pararlo, anular la maldición o desaparecer con ella.
No hay mucho más que aportar a una película donde los personajes generan un rechazo similar a los chavales masacrados por Jason Vorhees hace cuarenta años, donde la realización delata lo apretado del presupuesto con una iluminación bastante pobre, a vedes demasiado saturada y una falta de figurantes que demuestra que no tenían ni para pipas…¡y pensar que Channel Zero, de esa misma pobreza, hizo una ventaja!
El juego del ascensor se queda como una prueba más de lo que sucede cuando se trabaja con un material que ni se comprende ni se respeta: una cinta mediocre, ni terror tradicional ni algo nuevo. Se pierde la oportunidad de hacer algo distinto, quizá haber mostrado lo que sucede cuando las reglas se cumplen, ese otro lado que todos nos imaginamos en algún momento. Quizá con un poco de suerte la adaptación de Kane Parson de su miniserie de Youtube de las Backrooms que se estrena este año, ofrezca una adaptación de estas narraciones online que sí merezca la pena.
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