“Ningún gran hombre vive en vano. La historia no es más que la biografía de los grandes hombres”.
Thomas Carlyle
“Dinero y santidad, la mitad de la mitad”
La abuela
No suelo prestar mucha atención a las biografías, en parte, por aquello de nunca conozcas a tus héroes. Se salvan, en esta caso, la de H. P Lovecraft porque queremos saber con pelos y señales cualquier cosa de la vida del señor más aburrido del planeta, y todo lo que puedan contarme de ese tendero con increíble capacidad fabulatoria que fue Jean Ray. El resto, o bien pueden resultar un tanto sesgadas (ahí, la biografía de Lovecraft de Sprague de Camp y responsable de haberlo convertido en poco menos que un friki asocial) o textos redactados por un negro literario y aprobados por el biografiado. Si es una autobiografía, el tema es todavía más difícil: nosotros somos nuestros críticos menos imparciales y la propia memoria es algo muy poco fiable. Sin embargo, después de una sesión intensiva de cine de los hermanos Marx, más las referencias de que esta no se trataba de la típica autobiografía, decidí comprobar qué era lo que tenía que contar el propio Groucho sobre su vida.
El mismo año de esa última aparición de los hermanos Marx, ya en televisión, casi una anécdota o una despedida que pasa desapercibida, Groucho, quien ya llevaba unos años como presentador de radio y televisión, publicaba su autobiografía. Esta, lejos de ser una narración de su vida y obra ordenada y pulida por un negro literario, venía de la mano de Groucho, con la advertencia que esta no se ceñiría al formato tradicional.
Una advertencia expuesta con mucha sorna, que servía de prologo para la historia de los primeros años de Julius Henry, antes de ganarse su apodo artístico, pero también de sus padres y hermanos en un apartamento de Nueva York. Un hogar lleno de bullicio, familiares, pero también de música la venir estos de un entorno de artistas alemanes emigrados a Estados Unidos años atrás. Durante esta época comenzará su interés por el mundo de las variedades, así como la formación audiovisual de sus hermanos y sus primeros pasos en circuitos artísticos poco relevantes hasta que estos formarían los Hermanos Marx tal y como los conocería el público. A partir de entonces, referirá de forma muy rápida, saltando entre situaciones y contexto, su carrera cinematográfica, anécdotas del mundo del espectáculo, su participación en el programa I bet your life en el tramo final de su andadura. Y paradójicamente, muy poco de la vida de Julius Henry Marx.
Como autobiografía, esta resulta bastante particular: no es una andadura vital llena de momentos personales y reflexiones, sino más bien una colección de anécdotas de distintas épocas de su vida, donde s i bien no esconde los aspectos poco agradables pero que eran conocidos de sobra, como los problemas de Chico con el juego, su vida personal ese limita mucho a su época de infancia y como máximo (y seguramente, el propio Groucho se quejaría de que su editor habría insistido) alguna anécdota sobre su hija menor, nacida en su matrimonio con Eden. El resto de aspectos oficiales , o más propio s de prensa rosa quedan fuera, e incluso las referencia a su vida privada son mostradas mediante un par de primeras citas desastrosas, pero cómicas, durante su adolescencia.
El humor, propio de su personaje, está presente en los primeros capítulos donde incluso la historia de su familia casi puede leerse como si fuera el guion de una de sus películas. En las escenas sobre su padre, el peor sastre de la ciudad y sus traslados en busca de clientes que no conocieran sus trajes mal cortados, o su vida con sus dos hermanos y compañeros de comedia, casi es posible imaginarse al Harpo niño sin hablar, haciendo sonar los primeros acordes de arpa, y a Chico con su falso acento intentando estafar a todo lo que se mueva. Queda la duda de si muchas de estas vivencia narradas son una invención, por lo cercano muchas veces a la comedia gestual (incluido un coche que despide a una de sus citas oro los aires a causa de un muelle defectuoso) pero estas son tan absurdas que conservan ese aire de veracidad.
Groucho, en todos caso, nos cuenta de su vida lo que quiere. Y esto incluye también momentos tan interesantes como el crack del 29, donde describe con mucha precisión los momentos de locura previos en los que todo el mundo podía hacerse rico en un mercado que parecía no tener techo. Como curiosidad, el pasaje donde su asesor resume la caída de bolsa con “Marx, el baile se ha acabado” aparecía incluido en uno de los textos de literatura histórica en uno de mis libros de texto.



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