Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 9 de marzo de 2017

Lecturas de la semana. Volviendo a los clásicos II. De capa y espada




A menudo lo que hoy llamamos clásicos, y no solo de la literatura más seria, sino dentro del género de evasión, se han quedado más como títulos de referencia que como unos habituales entre los lectores (sobre todo en mi caso, que suelo andar perdida entre folletines, pulps y novelas de terror). Es más fácil acordarse de ellas cuando se las encuentra de frente, o más bien, en un estante, al igual que estaban los primeros libros que pude empezar después de trasladarme. Esta vez, más que variedad, ambos tenían una temática similar, la de aventuras más típica como podían ser los espadachines, las traiciones y las doncellas en apuros.



Anthony Hope. El prisionero de Zenda. El prisionero del título hace referencia al rey de Ruritania, un pequeño país en Centroeuropa que ha sido secuestrado por otro de los aspirantes al trono y a quien el protagonista, debido a su extraordinario parecido, debe suplantar hasta que este sea liberado. El doble, un inglés, guarda por ironías de la genética un gran parecido con el monarca debido a la indiscrección de uno de sus antepasados hace algunas generaciones. Y junto a sus labores como rey deberá también salvar al verdadero, así como no cometer el error de enamorarse de la futura reina.

La historia, narrada de forma bastante breve, es una mezcla muy curiosa entre el género de aventuras típico, donde no faltan traiciones, villanos y duelos, con el de la comedia de enredos. Porque Rudolf, el protagonista, es en apariencia la oveja negra de su familia, sin oficio conocido ni ganas de honrar un apellido que se toma con bastante sorna e indiferencia. Y donde sorprende que se trate el tema de la infidelidad y de los descendientes ilegítimos de una forma bastante abierta y enfocada a sus resultados más cómicos. Debido también a lo corto de la novela, esta es muy dinámica, todo sucede de forma rápida para poder llegar al desenlace y el enfrentamiento final, haciendo que en cierto modo, las partes más pausadas o las más melosas sean algo más anecdótico frente a la importancia del personaje principal, planteado como alguien cuya indolencia no es lo que parecía. Y a quien, teniendo en cuenta el tono de la historia anterior, sorprende un poco el encontrarlo con un final un tanto agridulce, pero que hace pensar que no podía ser de otro modo y que, en cierta manera, cierra el ciclo que el lector conoció cuando se le narran los orígenes de su personaje principal.



Rafael Sabatini. Scaramouche. El nombre que da título al libro es solo el de uno de los personajes que en un momento dado interpreta André Louis Moreau, el protagonista e hijo ilegítimo de un noble que debe huir de Bretaña tras presenciar como uno de ellos asesina a sangre fría a su mejor amigo. A partir de entonces vivirá todo tipo de peripecias como comediante y actor, a lo que le ayudará su carácter un poco cínico y un tanto calculador, y durante la cual interpretará al personaje de Scaramouche, como maestro de esgrima e incluso como político, siendo testigo de los primeros pasos de la Revolución Francesa y a menudo, atrapado entre los dos mundos representados por el Antiguo Régimen y el Tercer Estado.

Es fácil entender por qué se la considera como una de las novelas de capa y espada por excelencia, al aportar uno de los escenarios más reconocibles,y donde abundan las referencias históricas, y por suponer la caracterización de un tipo de personaje que sería reconocible en obras posteriores. Este se caracteriza por su astucia, cierta picaresca, casi, y por un carácter con el que casi se le podría considerar un antihéroe: desconfiado, sarcástico, cuyas acciones a menudo no tienen la nobleza ni altruismo que interpreta su entorno y que su desarrollo con la trama implica un mayor conflicto entre sus orígenes y sus creencias. Scaramouche no es tanto un héroe como alguien que se mueve en dos mundos opuestos, sin pertenecer a ninguno. Esta caracterización hace también que tenga uno de los defectos que posteriormente serían habituales en muchos héroes: su asombrosa capacidad para que todo le salga a la primera, sea arengar a las masas a la revuelta, escribir comedias de éxito y convertirse en el mejor espadachín de toda Francia..¿Hay algo que este tipo no sepa hacer bien? Un carácter tan infalible y con tanto exceso de carisma que hace pensar que el Kvothe de Patrick Rothfuss tiene aquí a su antepasado. Tampoco salen muy bien parados los personajes femeninos, de los que algunos están muy bien caracterizados y sus rasgos negativos los hacen muy humanos, pero el resto se limita a los papeles que le corresponden por lógica debido a la ambientación histórica, en el mejor de los casos, o a ser un componente romántico de lo más caprichoso y estereotipado en el peor. Y es que es un poco difícil comprender por qué un personaje como es Scaramouche puede acabar mostrando interés por uno cuyo hobby es enfurruñarse o desmayarse (actividad habitual en las féminas de entonces, parece. Debía ser cosa de los corsés). Una de las tramas menos satisfactorias pero que por suerte, no afecta a la calidad del resto y que, ante cualquier duda, hay que reconocerle que cuenta con uno de los mejores comienzos que pueden encontrarse en una novela de aventuras: “Nació con el don de la risa y la intuición de que el mundo estaba loco. Y ese era todo su patrimonio”.

jueves, 2 de marzo de 2017

Resident Evil: Capítulo final (2017). Despedida y cierre

 
Sí, se que el traje es de Fallout y no de Resident Evil, pero es una monada

Cuando hace quince años se estrenó una película basada en Resident Evil, era impensable que los zombies se fueran a poner de moda y que una adapción más que correcta de un videojuego acabara convirtiéndose en una franquicia tan duradera. Aunque esta consistiera en pasarse por el forro cualquier similitud con el argumento original para convertirlo en una saga de ciencia ficción apocalíptica donde una agente, espía o categoría profesional no determinada lucha contra los zombies, contra una corporación malvada y se dedica entre una entrega y otra a ser clonada o a adquirir o perder los poderes más descacharrantes. Con una secuela cada dos o tres años, demostró tener una buena salud y aprovechar muy bien a nivel de recaudación los huecos que quedaban entre el estreno de un blockbuster y otro. Pero seis entregas repartidas en una década y media eran más que suficientes para terminarla.



Capítulo final demuestra que el poner títulos sugestivos no es uno de los fuertes de la saga: después de apocalipsis, extinción, venganza, este debe haber sido el único que anuncia un poco lo que se espera del guión. El cierre, definitivo, en principio, en el que Alice, la protagonista, debe volver a la colmena, el laboratorio subterráneo aparecido en la primera entrega y recuperar una cura para el virus que ha devastado la tierra. Pero dispone de un tiempo muy limitado, solamente 48 horas tras las cuales el sistema de inteligencia artificial que dirige el complejo eliminará a los supervivientes de la tierra. Y todavía quedan algunos miembros de Umbrella, la corporación causante del desastre, dispuestos a impedir que Alice encuentre el antídoto.




En esta serie es una costumbre el terminar cada secuela con un cliffhanger de cara a la siguiente. Como también lo es saltarse a la torera ese mismo final abierto, contar lo que se les ocurra, y rematar de una forma similar. Por eso no sorprende que el anterior desenlace haya desaparecido de un plumazo, junto con los pocos secundarios que pudieron llegar, para volver a presentar a Milla Jovovich como protagonista absoluta hasta bien entrada la mitad de la trama. Esto también había quedado establecido desde la segunda secuela, pero resulta mucho más excesivo, al limitarse a mostrar a la protagonista recibiendo la información necesaria sobre la historia de esta entrega, desplazándose y figurando en distintas escenas de acción donde también se presenta al que será el antagonista en el cierre. La falta de personajes, secundarios o no, se hace tan evidente que cuando aparecen estos, se limitan a ser un grupo de supervivientes genéricos a los que ni se molestan en dar un nombre o más de un par de líneas de diálogos: para qué, si van a morir uno detrás de otro en las siguientes secuencias. Incluso la referencia a los personajes del juego original es casi una broma, saliendo unicamente Claire Redfield de manera testimonial y casi como el único vestigio de una saga donde los secundarios van, vienen, son mencionados y olvidados rapidamente en unos guiones que prefieren los tiros a la coherencia a largo plazo. Un fallo bastante gordo cuando se pretende hacer una franquicia duradera, pero a estas alturas...¡Esta es la última! ¡Poco importa!



Comparada con la anterior, también aporta bastante más a la historia, o al menos, se la ve algo más cuidada que el llevar al cine los zombies y disparos de rigor cada tres años. Intentan, al menos, darle un cierre a la historia de su protagonista, de la que precisamente por culpa del guión, nunca queda claro qué demonios pintaba ahí desde el principio, salvo el tratarse de una espía, o algo igual de ambiguo. Las tramas sobre clones, mutaciones genéticas y poderes todavía lo volvían más confuso, y es ahora cuando intentan aportarle un trasfondo donde se le da todavía más importancia a una heroina que practicamente se come las películas ella sola. También intentan aportar un poco más de coordinación entre cada una recuperando al personaje del doctor Isaacs como villano, que, salvo hacer que Ian Glen salga más en pantalla que en las cinco películas anteriores (y de paso cobre, que solo quedan dos temporadas de Juego de Tronos y hay que pensar en el porvenir), no sirve de mucho el intentar darle ahora una caracterización de malvado apresurada y destinada a resolver algunas tramas sueltas.





El montaje también demuestra cierto agotamiento en la serie y que esta conclusión era bienvenida: practicamente se limita a ser una serie de secuencias de acción variadas de las que se van saltando una a otra. Luchas contra un monstruo, peleas contra los soldados de Umbrella (me pregunto, con esto del apocalipsis, como les pagan ¿tendrán planes de jubilación?), persecuciones en moto y un desenlace en unos escenarios conocidos que remiten directamente a la primera película. Esta sucesión no parece fluida, sino que va de una escena movida a otra sin más hilo que el llevar a la protagonista a su parada final. Aunque si bien poco innovadoras y repetitivas, son más que correctas. Un aspecto positivo de la serie es que siempre conoció sus limitaciones y se las arreglaban bien para aprovechar al máximo la aparición de criaturas hechas con cgi sin que cantaran demasiado, unos zombies resultones y un aspecto en general de no ser una peli de las de mover millones, pero tampoco una de dos pesetas. Salvo en la anterior, donde se veía que andaban más justos de tiempo y dinero, todas han cumplido. Esta no ha sido una excepción, aprovechando muy bien los medios, las secuencias e incluso los zombies, que no podían faltar y que aquí los hay en número más que suficiente, e incluso con una caracterización bastante mejor que la que se podría ver en un Z Nation. Bueno, aunque decir que algo está mejor hecho que los zombies de Z nation tampoco puede considerarse un cumplido.

 
 
Todo villano que se precie debe tener varios jerseys de cuello vuelto en su fondo de armario

Lo bueno que se puede decir del Capítulo final de Resident Evil es que era lo que se esperaba: el cierre de una saga que poco tenía que ver con el videojuego que la inspiró, donde Milla Jovovich se convirtió en la estrella absoluta y donde el conjunto, si se contaba con algo más, es flojo. Nunca fueron buenas películas, pero al menos tenían la intención de ofrecer más calidad y entretenimiento de lo que puede verse en algo que dirige Uwe Boll (de nuevo, creo que comparar para bien a alguien con Uwe Boll tampoco es positivo) y que en todo este tiempo cubrieron más que bien un nicho dentro de la serie B con medios. Después de todo, nos hemos divertido.


jueves, 23 de febrero de 2017

Lecturas de la semana. Pastiches y tentáculos


 
Sospecho que en caso de advenimiento de los mitos de Cthulhu los gatos iban a ser los mejor parados
 
Como lectora fiel de H. P. Lovecraft, hay alún momento en el que se echan en falta los Mitos de Cthulhu. Y como a estas alturas parece muy poco probable que aparezca por ahí el gran texto inédito del autor, muchos acabamos leyendo aluna recopilación de relatos de esta temática: homenajes al escritor, a los propios mitos, o directamente, antologías que que han escogido a unos bichos con muchos tentáculos como punto de partida común. Esta ha sido una de esas temporadas, pero esta vez encontrar un libro que pudiera ser interesante no ha sido un problema: las colecciones sobre este tema han salido como setas y lo difícil no es encontrarlos, sino elegir uno dentro de un género que cada vez se vuelve más específico.



Silvia García Moreno. She walks in Shadows. Con una premisa tan genérica como “relatos lovecraftianos escritos por mujeres”, la idea parece ser más bien la aproximación del punto de vista femenino a un género donde donde el papel de esta es muy minoritario (y personajes como Lavinia Whateley o Asenath Waite se llevaban la peor parte).

Esta antología se financió vía crowdfunding, y las autoras participantes provienen en su mayoría de países no anglosajones. Con una procedencia muy dispar, y siendo amateurs en su gran mayoría, o que todavía no han llegado a hacerse un nombre, al menos el libro ofrece una mayor variedad que la que podría encontrarse en una colección tradicional. La calidad también es muy variable. No llea a haber (al menos que recuerde. Eran muchos textos) ningún relato que parezca fuera de lugar en la antología. Hay algunos que funcionan sin resultar novedosos, y otros olvidables. Pero tampoco faltan dos o tres retellings, o como se les llama a las piezas en las que se cuenta la historia de un personaje ficticio desde su punto de vista. Estas no pasan de tener una gracia anecdótica en el mejor de los casos, o el intento de darle carácter y mucho drama a algún secundario creado por H. P. L., en el peor de ellos.



Darrell Schwzeiter. Cthulhu´s Reign. En la mayoría de relatos sobre los mitos, la humanidad se salva de la condenación y los pulpos gigantes de chiripa. Los protagonistas pueden salvarse para pagar sus impuestos un año más o sacrificarse heroicamente, pero los primigenios se vuelven a retirar hasta el próximo libro. A un editor se le ocurrió proponer qué podría pasar si sucediera lo contrario: que las estrellas estén en posición correcta, que alguien lea el pasaje adecuado del Necronomicon o que el colisionador de hadrones suizo abra una puerta hacia un sitio poco recomendable.

Esta recopilación recoge precisamente el qué pasaría después, y en su mayoría se caracteriza porque los autores han optado por la vertiente más negativa: salvo alguna excepción, los relatos se centran en los últimos momentos de la tierra o de algún personaje presenciando ese fin, lo que no la convierte en una lectura muy alegre pero sí en una aproximación bastante original. Los autores que colaboran también son un aspecto a favor: nombres más o menos conocidos fuera de Inglaterra y EEUU pero en su mayoría con una carrera consolidada: a Richard A. Lupoff se le debe El libro de Lovecraft, aquella novela de aventuras protagonizada por H. P. L. (y que también aporta el desenlace más optimista que se puede encontrar en la colección). Ian Watson abre la antología haciendo un homenaje muy extraño a las inquietudes que generó la puesta en marcha del acelerador de partículas suizo, donde no faltan tentáculos...y muchos. Y Laird Barron se sale un poco de la norma con un relato tan raro como ya se había previsto desde la lectura de su primera novela.
 
A todo esto, no se puede escribir sobre el fin del mundo sin ponerle banda sonora:
 
 

jueves, 16 de febrero de 2017

Doctor Extraño (2016). Magos contra supervillanos



Marvel ha llegado a una fase en la que se encuentra con dos problemas: empieza a ser difícil seguir todas las películas del universo cinemático y dos por año (tres en alún caso), se hacen excesivas Además, se han presentado ya a los superhéroes princiaples, aquellos que el público, por cultura popular, conocía de antemano. Quedan los secundarios, como Pantera negra, a los que les toca enfrentarse también con esta saturación del género. Pero también supone una portunidad para poder ver en pantalla a otros personajes que suponen una vertiente menos explotada de Marvel: hemos visto superhéroes, mutantes e incluso guardianes de la galaxia. Pero también hay sitio para los magos.



Doctor Extraño es la presentación oficial del hechicero del universo Marvel, quien se encargará de enfrentarse a las amenazas de caraácter místico, mientras que los Vengadores  hacen los mismo con las más comunes (que, entre supervillanos, alienígenas y demonios de otra dimensión, vivir en ese mundo debe ser un peligro. Pero también muy divertido, vaya). Pero eso será más adelante, porque ahora a quien se presenta es a Stephen Strange, un brillante cirujano cuyas manos resultan dañadas en un accidente y que acabará buscando una cura en el terreno de la magia, creencia que hasta entonces había despreciado. Este emprenderá que, además de suponer una cura de humildad para alguien acostumbrado al éxito, lo descubrirá sus aptitudes par la hechicería, que deberá poner a prueba cuando Kaecilius, un mago que ha traicionado a la Orden de hechiceros, intenta abrir un portal a otra dimensión  e invocar a un demonio. Una idea a estas alturas un poco trillada. Pero un supervillano al uso no se convorma con hacerse millonario y retirarse: o se siembra el caos y la devastación, o no hay película.


El problema principal del guión es el de ser, una vez más, el origen de un personaje principal de la franquicia. Este va por un camino trillado, como el del protagonista pagado de si mismo que supera una serie de pruebas y acepta su papel como héroe. Al igual que con Iron Man, el personaje es interesante, pero lo que lo rodea, no. Strange muestra potencial para una secuela o una aparición posterior, como alguien más calmado pero con un buen punto sarcástico, al que todavía le falta por aprender. Y, al igual que Tony Stark con Robert Downey Jr, es Benedict Cumberbatch el que lo dota de carisma y matices...si bien en más de una ocasión  la actitud de Strange y sus habilidades  mentales recuerdan demasiado al Sherlock de Moffat. En cambio, es el personaje de Mordo el que  ofrece más matices: frente al papel inicial de amigo y mentor, este sufre una evolución en la que se aprovechan mejor las luces y sombras que la película podría transmitir. Es su fe ciega en las normas y el presenciar la ruptura de estas lo ue lo desmoraona y lo hace convertirse comprensiblemente en un potencial antagonista. No es el caso de el Antigo o Kaecilius, quienes se limitan a figurar coo arquetipos de maestro y villano vengativo de cara a terminar la estructura del guión y facilitar la llegada de las secuencias de acción y explosiones. Desde luego, la presencia de Mads Mikkelsen está tan desaprovechada coo la de Christopher Ecceston  en Thor: el mundo oscuro.



Si en las anteriores producciones los efectos especiales se destinaban a hacer que la gente vuele y las cosas leviten o exploten de forma espectacular, aquí  el departamento ha tenido  un poco más de libertad. El aspecto visual principal es el de la magia, y esta sirve para poder dedicar la inforafía a conseguir escenarios más irreales y en principio, creativos. Una tarea lograda solo a ratos: hay secuencias donde realmente aprovechan el sentido de lo fantástico y la idea de romper las reglas, recurriendo a imágenes frangmentadas similaes a las de un caleidoscopio, o el despliegue de colores que supone el primer viaje astral de Strange. En otras, se limitan a seguir un camino más seguro, pero que garantiza  la espectacularidad de estos efectos: las escenas donde los edificios  se separan y repliegan sobre si mismos  cumple esta función, pero es imposible no verlo sin recordar Inception y pensar que han abusado un poco de este recurso. Parece, en general, que a este aspecto creativo se le ha dado libertd, pero no demasiada para no espantar a un público al que  han estudiado al milímetro y conocen lo que quieren, o más bien, lo que se le quiere ofrecer y va a garantizar un éxito de taquilla.



Doctor Extraño cuenta con la mayría de defectos y aciertos de todas las historias de orígenes ue ha ofrecido Marvel hasta ahora:  no se va a alejar de los caminos pautados previamente pero el personaje al menos, supone una aportación menos conocida y más variada que los supehéroes anteriores. También ha supuesto un reto al aportar un nuevo héroe  en una fase en la que Marvel parece enfrentarse a un agotamiento lógico de la franquicia. Pero por otro lado, el estreno de una tercera entrega de Thor donde tendremos una aparición del mago interpretado por Benedict Cumberbatch es muy prometedor. Espero al menos que no nos decepcione.

jueves, 9 de febrero de 2017

Lecturas de la semana. Volviendo a los clásicos.



Una de las peores cosas de haberse mudado es la falta de pelitos de gato en los muebles de la casa (aunque por el momento, Sabela y Narnia siguen muy felices repartiendo pelusa y felicidad felina en su hogar temporal). Una de las mejores es que además de muebles, venía con libros. En concreto, con bastantes ejemplares de las colecciones de novelas de aventuras y policíacas que El País había sacado hace varios años. Una parte de los que publicaron son todavía muy populares. Otros suenan, pero más por las adapciones cinematográficas de los años cuarenta y cincuenta. . En toco caso, en conjunto siguen considerándose verdaderos clásicos, aunque muchos de ellos no se me hubiera ocurrido empezarlos. Estando disponibles en un estante, era un buen momento.



L. Frank Baum. El mago de Oz. Judy Garland haría famosa la versión musical de un libro muy cortito que, al igual que Alicia o Peter Pan, daría lugar a multitud de aproximaciones, y de lo más variopinto. Pero que, como estos, acabaría muchas veces siendo eclipsado por el cine. No hace falta resumir la historia de Dorothy, que perdida tras un tornado en un país extraño, intenta encontrar al mago que la devolverá a casa, acompañada por un león cobarde, un hombre de lata y un espantapájaros.

En el texto se reconocen los rasgos típicos de la narración de un viaje iniciático para sus protagonistas, que posteriormente se retomaría en muchos otros libros: la búsqueda del hogar, de cualidades como la valentía, o la inteligencia que todos tenían desde el primer momento se refleja de una forma muy sencilla. El lenguaje no es complejo, sino el necesario para un cuento destinado a ser leído por niños. Pero no impide que la historia desborde fantasía e incluso juegue a veces con escenarios muy poéticos: el hogar de Dorothy, la protagonista, es gris. Un gris que lo inunda todo, frente a la viveza de los lugares que visitará posteriormente, detalle que la película capta perfectamente.

Además, la edición conserva el postfacio escrito por Baum, donde explica que su intención era entretener a los niños, ofreciéndoles fantasía sin tener que incluir ninguna enseñanza moral. Hay que reconocerle que, al menos en el primer viaje de Dorothy a Oz, lo consiguió.



Agatha Christie. Asesinato en el Orient Express. Junto a Diez negritos, el caso resuelto por Hercule Poirot a bordo del popular ferrocarril es la obra más famosa de Christie y al menos, dos de las más recomendables de la autora.
El escenario de la habitación cerrada y los múltiples sospechosos se traslada aquí a un lugar que entonces supuso una novedad: un viajero del Orient Express es asesinado, no hay más potenciales asesinos que los demás pasajeros y ninguno de ellos tiene en apariencia motivo para haber cometido el crimen.
La novela no está pensada para ofrecer pistas al lector sino para que estas sean descubiertas y analizadas por su protagonista. Cada capítulo plantea un nuevo enlace entre los sospechosos y más información sobre el motivo del asesinato. Que en realidad parece un poco arbitrario que la explicación desemboque en un lugar tan exótico como improbable. Y, al igual que la mayoría de crímenes planteados en la narrativa de esa década, esta se queda bastante nimia para unos lectores acostumbrados a policiacos más duros y desengañados. Pero es precisamente esta ambientación tan clásica, casi nostálgica, y cómo se orquesta su planteamiento, lo que convierte el Asesinato en el Orient Express en un referente para las siguientes décadas.

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