No se cómo será la tercera guerra mundial, pero sí la cuarta: con piedras y palos
Albert Einstein
Max, estás hecho una pena
Siniestro total
Los ochenta fueron esa década en la que nos hicieron creer que éramos felices. La cultura popular, la estética, los brillos que se convertirían en una nostalgia permanente escondían también un miedo que a menudo se asomaba a la ficción. La guerra nuclear, que todavía coleaba como algo posible, pero enfocada de un modo distinto a la s aproximaciones de los setenta e incluso principios de los ochenta: esta vez, era el miedo a perder todo de un plumazo, las comodidades que se habían convertido en un estilo de vida…el final de la Era de la Abundancia que Macron anunciará décadas después, pero que llegaría a acompañado de una explosión. Con esta idea, un director australiano, inspirándose en el terror a la escasez de combustible en su país durante la crisis del petróleo, filmaría en 1979 una producción sobre ese principio del fin, tan despiadada e inhumana como el paisaje desértico donde transcurría. Esta, un éxito inesperado, vería su secuela dos años después, mostrando qué había sido de aquel hombre que había perdido su humanidad en medio del caos. Y estableciendo, definitivamente la estética que definiría a una saga que continuaría hasta hace muy poco.
Ha pasado tiempo desde que los gobiernos tomaron la peor decisión posible, provocando la guerra nuclear que acabó con la sociedad, pero también con el funcionamiento de las máquinas necesarias para que esta se mantuviera a flote. Ahora, en medio del desierto, unos pocos supervivientes siguen con sus vidas aislados y rapiñando el bien más preciado. La gasolina, como motor de los p vehículos que pueden transportarlos a un lugar mejor. Algunos se han organizado en pequeñas comunidades. Otros, convertidos en señores de la guerra, asesinan y roban a todos los que se encuentran a su paso. En medio del páramo, Max, quien acompañado por su perro, aislado de amigos y enemigos, recupera el combustible que puede conseguir de saqueadores y vehículos abandonados. Un encuentro con otro ermitaño, piloto de un girocóptero, le descubre la existencia de una refinería en activo, llevada por una comunidad de supervivientes, ahora en el punto de mira de una de las bandas de saqueadores que no dudarán en matar a sus habitantes para hacerse con ella. Para Max, la decisión es algo lógico: su ayuda, como conductor de un camión cisterna que los ayudará a huir del emplazamiento con el combustible necesario, a cambio del que el pueda utilizar para seguir su camino.
Aunque la saga de Miller se plantea como películas episódicas, donde es posible seguir el hilo de cada una de ellas de forma independiente, esta es la más cercana a una secuela, haciendo referencia en el prólogo al tiempo transcurrido desde ese comienzo del fin presenciado por Max Rockatansky y la ruptura mental del personaje principal, ahora solo Max, muy cercano al funcionamiento en modo supervivencia de alguien con estrés postraumático o a la indiferencia de los héroes sin nombre de los westerns crepusculares.
El western es precisamente una de las inspiraciones principales. Es curioso que un territorio todavía salvaje y lo que queda cuando la sociedad cae sean tan similares, pero existe un paralelismo entre la diligencia, o todas las secuencias de fuertes asolados por los apaches, y una refinería sitiada por un grupo de salvajes, ataviados con crestas mohawk y cuyas celebraciones nocturnas muestran el primitivismo que queda cuando todo lo demás desaparece.
Aun cuando el nivel de violencia y crudeza es similar a la primera entrega, esta, además de ser mucho más popular y en cierto modo, el establecimiento de la saga, constituye una secuela que supera a su predecesora y donde abandona un poco la distopía realista para centrarse en la estética que la caracterizaría a partir de entonces. Especialmente sus salvajes de la carretera, ahora ataviados con restos de uniformes policiales que recuerdan a la imaginería sado, punks con crestas, placas de armadura antidisturbios y piles de animales, e incluso un personaje tan extremo como Lord Humungus, ataviado con una máscara de Hockey mientras exhibe cachas (es el apocalipsis, si quieres ir en calzoncillos, vas y punto) y una palabrería que puede resultar una parodia del discurso de cualquier político excesivamente belicoso. Un vestuario aparatoso, un tanto de comic, pero que puede responder al mismo fin que el que hubiera llevado una tribu guerrera hace milenios, y que contrasta visualmente con la comunidad de supervivientes donde predominan las prendas blancas, quizá demasiado claras en un entorno marcado por la arena y la suciedad, y sus armaduras confeccionadas a partir de protecciones para futbol americano. A ratos poco real, imposible de creer salvo por la violencia, bien reflejada, haciendo que no se trate tanto de una recreación pretendidamente realista, sino de la visión de algo posible. Aunque, sinceramente, tiene más sentido los excesos de Mad Max que los outfits apocalíptico chic que aparecen en Walking Dead.
Dentro de este escenario de cuero, crestas y brazacos al aire, lo real aparece de forma muy discreta: si ya más adelante en la saga tendríamos a Furiosa y su prótesis de brazo, las mutilaciones consecuencia del entorno de los personajes aparecen como una parte más: los hierros que sujetan la pierna de Max, el rostro desfigurado de Humungus oculto tras la máscara que años después reconoceríamos por Jason Vorhees, el mecánico invalido, moviéndose por poleas en la refinería, así como alguna prótesis que se atisba en la secuencia final de la persecución, quizá demasiado alargada pero planteada deliberadamente por Miller. Nada exagerado quizá en parte por la limitación de presupuesto para aspectos como esto, pero que funciona como reflejo de un escenario en el que sobrevivir es cuestión de fortaleza, suerte, y nada sea lo bastante grave.
Con un montaje más pulido que su primera entrega, aun no exenta de exceso, Mad Max 2, este guerrero de la carretera para el mercado internacional, se convertiría en una de las sagas más longevas y con menos altibajos de calidad filmadas en estas décadas. Además de ser una influencia durante todo este tiempo. No solo Fallout se inspiraría directamente en temas y vestuarios, sino que serviría como referencia para toda una serie de producciones italianas que aprovechando lo económico de esta estética trash, estrenarían varias películas sobre las guerra nuclear del año 2000 y sus desastrados supervivientes. Todas ellas, muy lejos en cuanto a calidad de la distopía de Miller que se adelantaba varios años a lo que ya sospechamos. Y es que la caída de la civilización es muy similar a la teoría de la rana hervida: lo bastante lenta como para acostumbrarnos. Un día el político de turno dice que hay que apretarse el cinturón, y un poco más tarde, estamos en la carretera, sin pantalones, intentando robarle la gasolina al vehículo acorazado del vecino de enfrente.
Hace ya muchos años que me vi la trilogía original. Lo que recuerdo es la diferencia de tono entre la primera y las otras dos. Luego no sé si fue un tema de derechos o si venía en un paquete con otras películas, pero la de la cúpula del trueno con Tina Turner la pasaron bastante en los primeros noventa. Me pasa como con El ejército de las tinieblas, que fue la primera Evil Dead que vi.
Sin crisis del petróleo no existirían ni Mad Max ni a La matanza de Texas. Imagino que por el camino que vamos cabe esperar algo similar. Ya me veo venir la próxima peli coreana con gente dándose de collejas por la falta de gasolina xD.
Me estaba acordando según te leía lo de Mad Max como western de Doomsday, cuando en unos años Escocia se convierte en territorio de bandas punkis de salvajes. Tal como recuerdo las películas, creo que esta segunda entrega era un poco más contenida en cuanto a elementos paródicos que la tercera, que ya era de echarse unas risas.
Es increíble lo que ha calado Mad Max en el imaginario del fin del mundo que tenemos. Y no sólo en lo estétitco, sino en ese concepto de guerra de todos contra todos. Como en The Walking Dead, que desaparecen el estado y el mercado y la gente se pelea por una lata de garbanzos. Salvo que esos garbanzos sean de Pedrosillo, no lo entiendo xD
1 comentario:
Hace ya muchos años que me vi la trilogía original. Lo que recuerdo es la diferencia de tono entre la primera y las otras dos. Luego no sé si fue un tema de derechos o si venía en un paquete con otras películas, pero la de la cúpula del trueno con Tina Turner la pasaron bastante en los primeros noventa. Me pasa como con El ejército de las tinieblas, que fue la primera Evil Dead que vi.
Sin crisis del petróleo no existirían ni Mad Max ni a La matanza de Texas. Imagino que por el camino que vamos cabe esperar algo similar. Ya me veo venir la próxima peli coreana con gente dándose de collejas por la falta de gasolina xD.
Me estaba acordando según te leía lo de Mad Max como western de Doomsday, cuando en unos años Escocia se convierte en territorio de bandas punkis de salvajes. Tal como recuerdo las películas, creo que esta segunda entrega era un poco más contenida en cuanto a elementos paródicos que la tercera, que ya era de echarse unas risas.
Es increíble lo que ha calado Mad Max en el imaginario del fin del mundo que tenemos. Y no sólo en lo estétitco, sino en ese concepto de guerra de todos contra todos. Como en The Walking Dead, que desaparecen el estado y el mercado y la gente se pelea por una lata de garbanzos. Salvo que esos garbanzos sean de Pedrosillo, no lo entiendo xD
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