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martes, 12 de mayo de 2026

Conan el bárbaro (1982). Malinterpretando la Era hiboria


Crom,  jamás te había rezado antes, no sirvo para ello, nadie, ni siquiera tu, recordarás si fuimos hombres buenos o malos, por qué luchamos o por qué morimos. No, lo único que importa es que dos se enfrenta a muchos, eso es lo que importa. El valor te agrada, Crom. Concédeme pues, una petición. Concédeme la venganza. Y si no me escuchas, vete al infierno.
Conan, ultimo enfrentamiento contra Thulsa Doom. En algún momento del pasado.
¿Quieres vivir para siempre, bárbaro?
Valeria.
El bárbaro, mercenario, pirata,  héroe y finalmente rey creado por Robert E. Howard  como personaje para Weird Tales, y probablemente,  como una vía de escape  vio distintas interpretaciones años después. No solo  la derivación del personaje en las novelas escritas por otros autores, sino  las ilustraciones de Frazetta,  las adaptaciones al comic de Barry Windsor Smith y Buscema, e incluso  la versión en BD más reciente. En el cine también tendría lugar su propia interpretación.  Pero una tan alejada del original, tan personal, y a la vez, tan impactante visualmente que  se convertiría en la versión   más alejada pero  paradójicamente, una de  las más fieles e imposible de igualar.

En algún lugar de un pasado muy lejano, cuando los océanos sepultaron la Atlántida, un hombre instruye a su hijo sobre  Crom, el dios que habita en la montaña, y el secreto del acero. Estas serán los últimos conocimientos que podrá  transmitir a Conan, cuando un ejército de mercenarios arrasa la aldea cimmeria  matando a los adultos y vendiendo a los niños como esclavos. Conan, uno de ellos, sobrevivirá para convertirse en luchador,  guerrero experimentado y una vez liberado de su vida  como gladiador,  llegará a ser rey.  Pero todavía no. Esta es su historia como ladrón y mercenario, y su venganza contra Thulsa Doom, el señor de la guerra que un día arrasó su hogar.


La producción de Conan, aunque extraña, se  dio en un momento propicio para el fantástico. Los ochenta fueron la década en la que el género   se consolidó como algo mayoritario. Y aunque el guion original de Oliver Stone  poco tenía que ver con la s narraciones del cimerio (con una historia postapocalíptica similar a Mad Max) sería John Millius  quien dirigiría un guion que  también se alejaba  bastante del material original y donde incluía muchos de sus propios intereses y fijaciones. Este, partiendo de los relatos con un importante subtexto sobre el hombre contra la civilización (antigua y malvada ¡Lo siento! ¡Haber visto una película más de cien veces acaba pasando factura!) perfilaba a su héroe con un trasfondo de venganza que  paradójicamente, se convertiría en  canon para versiones posteriores,  como la  filmada en 2011.  El Conan original abandonaba  Cimmeria en busca de fortuna  y su propio destino (algo así como  los funcionarios de la Aeat. Pero más épico y menos ranciedad y morriña). Este se parece al Conan de Milius  solo en su envergadura física. El bárbaro astuto y cínico poco tiene que ver con el personaje mecánico,  casi hierático   y no siempre brillante de su visión.  Una decisión seguramente influenciada  por el poco inglés y el marcado acento que entonces tenía  Arnold Schwarzenegger. Y que en cambio, con su  decisión,  pragmatismo, y sobre todo, con el ritmo narrativo, se convierte en el Conan cinematográfico por excelencia. 




El guion es una historia original,  creando una crónica nueva para su protagonista, aunque recurre a elementos de los relatos de Howard. Thulsa doom es  el hechicero de otra serie del autor, pero  secuencias como la crucifixión y su lucha  a mordiscos contra un buitre vienen directamente de Nacerá una bruja, y  otros momentos del guion serían inspirados por  La torre del elefante y El fénix en la espada.

Un guion original, muy personal en cuanto a los intereses de Milius  y en el que la historia se cuenta mediante lo visual y no por los diálogos. Estos escasos pero imperecederos, como el secreto del acero o lo mejor de la vida, no son pronunciados por sus personajes principales sino por  sus secundarios. Con un reparto tan variopinto como el propio Arnold, la bailarina Sandahl Bergman o  Gerry Lopez como Subotai, que hace  pensar en la fortuna de  disponer de un doblaje en castellano para mejorar las entonaciones  originales, estos   aportan su presencia, recayendo las habilidades interpretativas sobre  Max Von Sidow o un tremendo  James Earl Jones como Thulsa Doom, ataviado con una peluca de flequillo digno de una abertzale, hipnotizando  a los personajes con su voz y mirada y convertido en el villano pausado, carente de piedad y lleno de ambición que sería el opuesto  a la personalidad y naturaleza de Conan.



Un reparto  complementado por  dos elementos que  convierte a una producción  tan alejada del original y que en su momento disgustó a los fans de los comics por su falta de fidelidad, en una impactante, muy visual y expresiva: la banda sonora de Basil Poledouris que acompaña cada momento del camino del héroe, con la emotividad que necesita y los paisajes de España convertidos en distintos reinos de la Tierra. Donde, a través de los cuales, mediante travellings  de desiertos y montañas, es posible  adivinar el paso del tiempo sin necesidad de narrativa explícita.  Con elementos como estos, que la convierten una  película épica y terriblemente solemne, aun con su extraño punto cómico,  es posible  llevar momentos tan desconcertantes como encontrarse a Jorge Sanz y  Nadiuska como Conan niño y madre,  que algo tan incoherente como  una rueda de molino movida por niños esclavos que no muele nada,  solo da vueltas,  sea una herramienta para reflejar los inicios del héroe, o que el desconcertante  plan de infiltración en la secta de Thulsa  Doom, una orden de  hippies aficinados a las flores, acabe funcionando. Y   donde Milius   no se corta y muestra todas sus opiniones.  Pero a estas alturas hemos confirmado  que los  hippies   eran lo peor aparentando ser buena gente, por lo que se lo disculpamos.



Conan el bárbaro será de momento el Conan del cine, el de Millius, el de Schwarzenegger en su mejor papel y el de la espada y brujería más visual y evocadora. Un personaje que poco tiene que ver con el mercenario astuto de  Howard y que con todo,  es el que mejor  ha captado  los escenarios de sus relatos y de la era Hiboria.  De ahí que  la versión posterior, con un Jason Momoa aparentemente más fiel  al original, sea tan aséptica que haya sido olvidada hace mucho.  Y que pese a sus secuelas entre lo tierno y mediocre, como fueron  Conan el destructor y  Sonia la Roja, esta seguirá siendo  la más recordada por todos.  Además de  dar dos de las mejores  lecciones  de vida posibles: los hippies no son de fiar, y las niñas bien rebeldes no traen más que problemas.




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