Me siguen gustando mucho los dibujos animados un poco extraños, aunque ya no sean una novedad. Entre Hora de aventuras (ahora camino de convertirse en Los Simpson del canal Boing), Historias corrientes, a ratos algo de Clarence y hasta Titoyayo, no falta animación con la mezcla justa entre lo absurdo, los guiños para adultos escondidos entre chistes raros y un tono a veces un poco macabro. El anuncio hace un año de una nueva serie, muy corta, prometía el mismo tipo de dibujos que seguía, aunque quizá con más incidencia en lo fantástico y lo siniestro..lo que me gustaba aún más. El horario de emisión y el estar viendo otras series en ese momento hizo que junto a su brevedad, se quedara en algo que decidí ver más adelante, y esos diez capítulos de diez minutos escasos pasaron a ser algo que se quedó por ahí pendiente. Pero también esa brevedad sirvió para que el mismo canal optara por una nueva emisión, esta vez seguida como si fuera una película de animación, que encontré por coincidencia y sí que me quedé a ver. Además de hacerme pensar "¿por qué demonios he esperado tanto?" Y que, teniendo en cuenta la calidad de la producción, no iba desencaminado. Porque detrás de los personajes se encuentran actores como Elijah Wood o Christopher Lloyd.
Más allá del jardín es la historia de dos hermanos perdidos en el bosque que intentan volver a casa. Como tantos otros en cientos de cuentos y libros. Y que al igual que estos, no podían ser más distintos: un adolescente preocupado y desconcertado ante un lugar desconocido, junto a un niño alegre, un poco extraño y que acepta felizmente todo lo que pasa. Dos reacciones muy distintas hacia un bosque donde todo resulta fuera de lo común: los animales hablan y los esqueletos bailan. Pero no todo es tan inofensivo: un leñador les ha advertido contra el propio bosque y la bestia que lo habita, quien no permitirá que estos vuelvan a su casa. Pero en muchos casos, las intenciones del leñador y la propia bestia no terminan de quedar claras.
Debido a la distribución de la historia, muy corta, se trata más bien de una miniserie. Y una compuesta de minicapítulos, porque estos no son más largos que un corto de la Warner. Y que n cierto modo, podría ser una película por entregas, como los folletines. Una comparación muy adecuada porque parte del estilo y la ambientación recurre a la estética de principios de siglo: los vestuarios, los colores sepia, muchos enfoques propios de las primeras animaciones, y sobre todo, la banda sonora y las canciones, donde abundan los temas de piano y las melodías que recuerdan a los seriales mudos.
Lo cierto es que la distribución por episodios, independientes entre sí de no ser el hilo principal, hace que, vistas seguidas y montadas como largometraje resulten muy aleatorias y separadas en argumento y tono unos de otros. Algo que en realidad no es negativo: es una serie, no una película, aunque pueda verse en menos de dos horas, por lo que el ritmo es distinto. Además, aún viéndose de forma continuada, esa independencia de tramas y capítulos hace que se note más el aspecto anterior de serial. Y que, a nivel de guión, aporte elementos como el presentar la historia de forma menos lineal. Mientras el comienzo presenta a dos niños vestidos de forma rara en un lugar todavía más raro, que aceptan sin demasiada dificultad. Al igual que el público, que también lo acepta como aceptó las aventuras de Finn y Jake. Pero que no es hasta más adelante cuando, una vez se hayan presentado los personajes, se sepa quienes son y de donde vienen. Y donde su origen anodino contrasta con los elementos fantásticos que ahí son la norma.
Este giro es también parte de uno de los componentes más importantes de la serie: las influencias, a nivel narrativo o visual, de trabajos anteriores, clásicos o recientes. Los niños perdidos en el bosque y la búsqueda del hogar son uno de los arquetipos por excelencia de la narrativa popular. Pero en muchas escenas puede reconocerse sin problemas a Coraline, Las crónicas de Narnia (las de C. S. Lewis, no la hermana de Sabela), El árbol de las brujas, el viaje de Chihiro, los animales parlantes de Beatrix Potter y los primeros cortometrajes de animación. Pero también a Slenderman e incluso un guiño, muy sutil, a Posesión infernal. Son muchas situaciones y elementos reconocibles, pero que en ningún momento la historia parece hecha para enseñarlos, o montada a trozos. Más bien, han tomado una estética y unos elementos que hoy son parte de la imaginación colectiva del público, reconocibles por su origen e impacto, más que por querer hacer batiburrillo de referencias.
Más allá del jardín se ha planteado como un cuento. Un muy breve donde se recogen escenarios que hoy su público reconoce muy bien. Pero también un cuento macabro, donde lo siniestro se dibuja con una estética de aspecto infantil. Es el tipo de animación que, de haberla visto con cinco años, me habría quedado pasmada y de la que probablemente, recordaría durante años sus secuencias de esqueletos bailarines, árboles retorcidos y donde uno de sus protagonistas lleva una tetera en la cabeza.
Quizá fuera por el impacto que supusieron los temas y
enfoque de True Detective, o quizá porque resultaban interesantes por sí solos.
Por eso una película donde se volviera a los noventa y se trataran casos de víctimas
infantiles, cultos y ciudades con secreto resultaba igual de prometedora,
aunque recurriera de forma abierta a representar una historia de esas en las
que avisan que es “basada en hechos reales”. Algo que tratándose de una
producción de primera clase, no parecía un problema. Alejandro Amenabar dirige
a Ethan Hawke y Emma Watson con un guión de suspense y quizá algún toque
sobrenatural. Aparentemente, no podía salir mal.
Regresión recrea uno de los casos sucedidos en una pequeña
ciudad de Estados Unidos, durante una extraña ola de pánico donde, por algún
motivo, salían sectas satánicas hasta debajo de las piedras. Es a partir de la
denuncia de abusos por parte de una joven, quien su padre, alcohólico, no
parece recordar, cuando la policía comienza a emplear los servicios de un psicólogo
que, a través de distintas terapias de regresión en la familia, destapa una
realidad mucho peor. Estos parecen deberse a un culto satánico que ha operado
durante años en la casa familiar, y que el inspector encargado del caso, se
toma como algo personal. Pero, entre nuevos descubrimientos a través de los
recuerdos reprimidos de los personajes se filtran detalles un poco dudosos: el
libro escrito por la víctima de una de estas sectas es todo un best seller
entonces, y la policía no parece tener más pistas que los testimonios que los
afectados declaran bajo hipnosis.
La idea, en principio, tiene potencial si se sabe aprovechar
tanto la estética más gris de la época en la que se ambienta (1992) como los
matices del caso: lo grotesco de los testimonios y la ausencia en un principio
de pruebas físicas dan en todo momento lugar a una duda bastante razonable
sobre lo que puede suceder. Pero en realidad, nada de esto llega a aprovecharse
demasiado.
La ambientación es, como mucho, correcta: hay muchos tonos
grises, escenarios nublados y otros nocturnos, y estos mantienen un aspecto
bastante anodino y desvencijado que aporta atmósfera, pero no demasiada. Esta
no llega a resultar opresiva, sino una opción de realización adecuada, y muy
bien ejecutada, para el tipo de historia que quieren contar. No podría decirse
que es sosa, pero sí correcta, sin grandes logros.
Pero en realidad es el desarrollo de la historia el que más
sufre este estilo poco arriesgado. En todo momento da la impresión de que le
falta algo para que llegue a tener mayor interés, o que se pueda simpatizar con
los protagonistas. En el caso del inspector principal, no hay ningún motivo por
el que el personaje de Hawke se comporte así: en todo momento parece demasiado
severo y dispuesto a creerse cualquier testimonio sin una sola duda, unas
tendencias un poco paranoicas…y de golpe, cambia de opinión como de camisa para
volversede nuevo un policía sesudo y
cabal. Su actitud desconcierta porque no hayningún trasfondo que pueda justificar su caracterización, ni esta se va
construyendo a medida que avanza la trama. El psicólogo que lo acompaña se
limita a hacerle terapias regresivas a todo lo que se mueva, sin que tampoco
haya una sola protesta hasta el desenlace, cuando este método se cuestiona de
forma muy inesperada. Y el papel de Emma Watson es poco menos que testimonial,
porque apenas hace otra cosa que aparecer de vez en cuando y poner cara de
pena.
Salvo por la realización profesional y el querer dar a la
historia algo más de personalidad, aunque esta queda bastante diluída, en el
fondo la historia podría ser perfectamente la de un telefilme de sobremesa en
Antena 3. Porque lo tiene todo: los hechos reales, la historia tirando a
tremendista y la resolución poco complicada. Si hubieran cambiado a los
protagonistas por actores desconocidos y le hubieran añadido al título “mortal”,
“fatal” o “letal”, no se habría notado la diferencia.
Regresión se queda como una película que parecía prometer
mucho y que se quedó en una zona muy neutra, sin más atractivo que el basarse
en ese caso real y más suspense que los giros de guión que acumulan en la última
parte de la película. Aunque, a su favor, es la cantidad de gaticos que
aparecen sin motivo aparente en varios de los escenarios. Para contar con unos
personajes sospechosos de satanismo, cuidan muy bien a sus mininos…
Hay lugares que superan cualquier ficción. Y que sirven de inspiración para muchas. Centralia se convirtió en Silent Hill, las catacumbas de París fueron una entrada al infierno en As Above, so Below, y la ciudad abandonada de Pripyat es un referente en el imaginario popular. Uno de ellos ha sido el más reciente en trasladar su leyenda al cine: un bosque donde todavía es posible perderse y no ser encontrado. Y que ha sido elegido como el lugar predilecto para los suicidas.
El bosque de Aokigahara es donde Sarah acude en busca de su hermana, una profesora de inglés en Japón, quien fue vista por última vez en dicho lugar poco antes de desaparecer. Desesperada por la actitud fatalista de los lugareños, quienes ven como algo inevitable que todo el que acuda al bosque sea para morir, decide buscar a su hermana sin más ayuda que un periodista, quien espera conseguir un reportaje, y uno de los voluntarios que conoce el bosque y lo recorre de forma habitual para recuperar los cuerpos de los suicidas. Frente a las advertencias de este último, ella permanece allí durante la noche. Y aunque ninguno parece creer en fantasmas, el guardabosques le hace una advertencia: allí pueden verse cosas que no existen. Y que pueden hacerle daño si olvida que están solo en su cabeza.
En general, la película tiene muchos aciertos y un fallo muy gordo. El planteamiento es muy directo y recurre quizá a un par de tópicos para no tener que perder el tiempo: no dudan en echar mano de las teorías sobre la conexión entre gemelas para que entre el título y la llegada de la protagonista a Japón no pasen más de cinco minutos, ni para introducir al que será el coprotagonista (directamente, se lo encuentra en un bar). En cambio, consigue dar una idea de las personalidades de ambas hermanas y el transfondo por el cual el personaje principal tiene un carácter más protector y decidido frente al de su gemela.
Además, toda la trama sobrenatural es muy acertada, especialmente la forma en la que esta va introduciéndose en el guión. Detalles chocantes como las colegialas que gritan al confundir a la protagonista con una aparecida dan paso de una manera gradual a la aceptación general de que algo sucede. En los primeros casos no queda claro si los paseantes que encuentra son seres humanos, visiones de la protagonista o fantasmas, algo que posteriormente irá quedando más claro. Y que además, encaja muy bien con la pista que se da al principio: frente a la frase que se proporciona sobre el peligro del bosque, aparece una duda razonable sobre las intenciones de los personajes, que se mantiene casi hasta el final, que es uno de los elementos mejor aprovechados.
Las secuencias del bosque (que por cierto, no es el de verdad, sino que rodaron en Europa) también transmiten la sensación de duda sobre la realidad y la ilusión. De nuevo, algunos personajes podrían ser gente perdida en el bosque, o algo muy distinto. Pero en muchos casos, forman parte de ese escenario. Estos pueden verse, o no, en las escenas nocturnas, siendo en varias ocasiones sombras que se ven solo desde lejos y dan la idea de lugar sobrenatural que en el fondo, es el tema central del guión.
Precisamente por el tono de la película se nota demasiado su mayor error. Si en el guión se pretendía que todo fuese más sutil, y más propio del terror psicológico, ...¿Por qué meten escenas de sustos gratuitas? Pesadillas de la protagonista, o algunas apariciones que surgen de golpe, con aspecto de máscara y que rompen por completo el tono anterior. Esto llega a ser vergonzoso en el desenlace, donde deciden que la mejor forma de cerrar la película es con la parición de un fantasma demacrado en primer plano al que solo le falta gritar "¡Raah! ¡Sustaco!". Tras varios gifs y vídeos de YouTube deberían darse cuenta que esto, directamente, no es terror, ni tensión ni suspense. Son screamers. Y que parecen puestos de forma aleatoria por miedo a que la película no fuera lo bastante terrorífica.
The Forest podría haber sido una producción de terror mejor de lo que resultó. El planteamiento, y su juego entre la realidad y lo ilusorio recuerda un poco a Oculus. Pero donde la historia del espejo maldito optaba por contar únicamente con la paranoia y el suspense, esta se pierde en varios momentos a causa de unas escenas "de susto" muy fuera de lugar.
No hay nada más corto que un cuento. O que una historia. Y
tampoco hay nada que sea más cercano a la imaginación y lo tradicional que
estas. Pero, pese a lo ligadas que pueden estar al pasado, nada impide que se puedan
inventar leyendas y fábulas nuevas, y que ni siquiera sea necesario recurrir a
un pasado remoto para ellas.
Amos Tutuola. Mi vida en la maleza de los fantasmas. El
libro de Tutuola es una fábula muy ligada a la narración tradicional africana.
El protagonista, siendo niño, huye de una guerra en su poblado, donde se oculta
durante varios años en una zona de la selva llamada Maleza de los Fantasmas.
Estos, no son espectros en el sentido tradicional, sino que abarcarían todo
tipo de criaturas fantásticas: aquellos que fallecieron antes de su hora, pero
también otros que no tendrían ningún equivalente en la mitología europea y con
los que, el autor simplemente emplea la palabra fantasma para describir algo no
humano.
En realidad, la narración poco tiene que ver con Kiriku y la
bruja: está ambientada en la época contemporánea (los años cincuenta entonces)
donde se mezclan todo tipo de elementos y creencias: la mitología tradicional,
el animismo, los objetos modernos, el cristianismo e incluso los sistemas de
administración pública tienen un hueco en cada uno de los poblados de estos
fantasmas. Así, el protagonista vive todo tipo de situaciones que lo mismo
pueden ser humorísticas, que rozar el surrealismo: es transformado mediante
hechizos practicamente en todo: en burro, en vaca, y hasta en botijo. Se casa
dos veces, llega a ser funcionario en un poblado fantasma y encuentra todo tipo
de criaturas extrañas que el autor bautiza de una forma muy básica: el Fantasma
Apestoso, la Fantasma Fea, la Superseñora...nombres que resultan muy chocantes
y que quizá se deban a que Tutuola en realidad no escribe en su lengua natal,
sino en inglés. Pero uno muy básico y también muy mezclado seguramente con la
gramática de su idioma, por lo que su historia resulta una lectura muy
peculiar. Las palabras cultas se usan a veces correctamente, y a veces, fuera
de contexto, y estas conviven con frases que resultan de lo más simple. Estilo
que en la traducción se ha conservado muy bien y que transmite verdaderamente esa
idea de narración popular o de cuento explicado a niños muy pequeños.
El libro, también por esto, es muy breve, pero no evita que
llegue a abarcar, también de una forma muy caótica, más de veinte años en la
vida del protagonista y que también abarque todo tipo de situaciones. Los
momentos de humor se mezclan con la tensión, con la enseñanza moral, donde en
cualquier momento se puede hablar sobre el odio o el miedo, e incluso con el
terror, también tratado de una forma muy específica, y que quizá sea lo más
interesante: el terror aquí, es lo desconocido, pero también lo real y todo lo
que puede hacer daño. La selva desconocida, el hambre, y también la sangre, las
moscas, la suciedad…todo lo que se aparte de lo familiar y la seguridad. Esto
en cierto modo, junto a lo peculiar del estilo, hace que el libro resulte muy
extraño, caótico y también a veces muy cómico. Pero que también resume muy bien
toda una forma de pensar y ver el mundo.
Tanith Lee. El señor de la noche. Tras terminar Volkhavaar
concluí que Lee era una escritora que, con todo su material, merecería una
segunda oportunidad en España tras las cuatro cosas que se publicaron en los
ochenta. Y que, aunque su estilo un poco decadentista en el género de la
fantasía podía aturullarme un poco, algún libro suyo de cuando en cuando era
bienvenido.
En El señor de la noche sigue conservando su estilo muy
cercano al decadentismo, salvo que en lugar de ser una novela fantástica más
tradicional, opta por crear un ciclo de leyendas del príncipe de los Demonios,
quien en cierto modo, es una versión del diablo en un mundo muy deudor de la
mitología oriental. Sin llegar a emplear el nombre directamente, es fácil
reconocer a las criaturas fantásticas que aparecen como djinns y genios.
En realidad, tampoco es una novela al uso, sino una
colección de relatos, o más bien, de leyendas, sobre este personaje: cómo sus
interacciones en el mundo de los humanos supone consecuencias que pueden dar
pie a nuevas historias con otros personajes. De las que estos, bien pueden
acabar como una historia trágica o un final feliz y en las que, pese a la
actuación de lo sobrenatural, la parte más negativa de las personas, pero
también lo bueno, juega un factor decisivo.
Al ir encadenando estos relatos, se convierten en cierto
modo en un ciclo, del que, al que como toda mitología, la autora opta por dar
un desenlace propio de esta: el fin del mundo y el nacimiento de uno nuevo,
algo bastante ambicioso pero que, debido a las influencias del libro, y del que
con cada capítulo haya perfilado cada vez mejor a su personaje conductor,
resulta una jugada muy afortunada.
A muchos de los que nos gustaba el terror siendo muy niños
nos encontrábamos con un problema: la noche era el momento en el que todos los
monstruos que tanto nos fascinaban, se convertían en un motivo para esconderse
bajo la colcha. Y, de alguna que otra pesadilla, no nos librábamos. Cuando esos
miedos nocturnos, muy leves, quedan muy lejos, se convierten en algo que
despierta el interés. Y las pesadillas o los terrores nocturnos son también a
menudo, una fuente de inspiración.
The Nightmare, en este caso, no es una obra de ficción, sino
un documental que estudia a través de varias entrevistas, la parálisis del
sueño. Un fenómeno que no es demasiado extraño pero sí bastante aterrador para
el que lo sufre: la respuesta corporal queda anulada, y quien lo padece percibe
a su alrededor sombras y presencias. En realidad la wikipedia lo explicaría de
una forma más precisa, pero la idea general es algo así como una pesadilla en
3d: sin moverse, viendo de todo, y sufriendo un ataque de pánico bastante
lógico en estos casos. Una situación que no llega a suponer un riesgo pero sí
una situación angustiosa para los aquejados. De los que unos cuantos son
entrevistados y donde se reproduce, basado en las descripciones que estos
aportan, lo que se ve u oye durante ese estado.
Lo único que mantendría la película del formato documental
es el estar formada por una serie de entrevistas, porque en realidad, el
planteamiento no busca el rigor y la información. Exceptuando la mención al
concepto de parálisis del sueño, no se entrevista a nadie de la comunidad médica
ni se pretende explicar de una forma objetiva el fenómeno. En principio podría
parecer arbitrario, pero la intención del guión no es ser un reportaje sino la
recopilación de testimonios, como es percibida por los afectados, y sus
opiniones acerca del fenómeno. De hecho, este se divide en varios capítulos
donde cada uno explica el comienzo de los episodios de parálisis, el momento
clave o el más grave, y cómo estas son percibidas con posterioridad. En cierto
modo, la película podría resumirse como un grupo de gente contando sus
pesadillas mientras se hace una representación figurada de estas.
Lo cierto es que la idea como tal, funciona muy bien, ya que
en ningún momento pretendieron darle un enfoque científico sino uno puramente
subjetivo. Y que es a raíz de este por el que también tiene cierto
componentede ficción, al aportar teorías
e hipótesis que en la mayor parte entran directamente en el terreno de lo fantástico.
Algo a lo que también contribuye la forma en la que estas pesadillas son
rodadas. En realidad la película no cuenta con grandes medios, pero también por
eso hace que estas secuencias conserven perfectamente la cualidad absurda, a
veces siniestra y en algunos casos, involuntariamente cómica, de los sueños.
La calidad de la realización también es más cercana al cine
que al documental, especialmente en las secuencias oníricas, al igual que la
aproximación al tema, muy ligera, la convierta en una película para quien le
interese lo relativo a las pesadillas y los terrores nocturnos, siempre que no
espere una producción llena de información y rigor científico. Lo cierto es que
como curiosidad, a mí me ha convencido: el punto fuerte de la película es
precisamente todo lo relativo a la recreación de pesadillas y las referencias
cinematográficas que se inspiran en estas. Pero en cuanto al resto, ni es una
película memorable, ni un documental sesudo. Interesa, y capta la atención, lo
que, tal y como está planteada, es todo un acierto. Y yo por si acaso pondré
esta noche a mis gatas a montar guardia a los pies de la cama…