Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

jueves, 4 de junio de 2015

Lecturas de la semana. Espada, brujería, segundas impresiones...y gatos




La fantasía, al menos la de espadas, nigromancias varias y mundos fantásticos, es algo que tenía un poco aparcado. Patrick Rothfuss y George R. R. Martin se encargaban de llenar el cupo y hasta que no me puse al día con ambos, no me acordé de otros autores cuyos libros en su momento no me habían convencido demasiado. Ahora que ambos se lo van tomando con calma, era un buen momento para encontrar algo más de variedad.




Tanith Lee. Volkhavaar. Aunque durante los ochenta se publicaron en España varias novelas y antologías de esta escritora, desde hace una década desapareció de los catálogos, y tras terminar este libro, me parece que de una forma bastante injusta. Hasta entonces no me había interesado mucho, creyendo que sería otra Anne Rice con espada y brujería en lugar de vampiritos. Volkhavaar está muy lejos de esa comparación: el estilo es mucho más gótico y cercano al Romanticismo que la fantasía heroica habitual. Los personajes y escenarios resultan bastante exóticos, recordando en muchos casos a Las mil y una noches. De hecho, la protagonista es una esclava, quien se enamora a primera vista del actor de una extraña compañía ambulante: ofrecen espectáculos de ilusionismo que parecen reales, pero cuando la función termina, los artistas parecen marionetas en manos del director de la troupe…y ninguno de ellos tiene sombra.

Tanto los escenarios, describiendo estepas y bandas de ladrones a caballo, como la condición de la protagonista, la que recuerda a la tradición oriental: se plantea como algo normal, una situación asumida que esta supera con tesón, principalmente (porque de sentido común, la pobre no anda muy sobrada. Demasiadas emociones). La historia de amor, al menos como desencadenante de la trama, funciona debido al estilo de la historia, muy decadente y tan irracional como cualquier heroína romántica. Lo cierto es que también hay que tener esta forma de narrar muy en cuenta, porque viéndolo desde una perspectiva más seria, resultaría bastante pillado por los pelos. Pero a medida que avanza la historia, esto va convirtiéndose en algo menor, cobrando mayor importancia situaciones aisladas, como la historia del villano principal, narrada magistralmente, y la descripción de la magia y los dioses, formando una parte indispensable de la historia y sin que en ningún momento parezca una digresión o un manual de hechizos de la Dragonlance. Bueno, y además tiene su gracia el caracterizar al antagonista como un completo sociópata, sádico irredimible y técnicamente inhumano…al que le gustan los gatos.

Al poco de terminar el libro, me enteraba del fallecimiento de Tanith Lee el pasado domingo, tras casi noventa libros sin contar los relatos. No sé si es de esos escritores que se quedan en una sola genialidad, limitándose a repetir los mismos clichés en el resto de libros. Pero Volkhavaar me ha gustado lo bastante como para querer comprobarlo.




Tad Williams. La canción de Cazarrabo.  Añoranzas y pesares es la saga más conocida de Williams. Una saga que abandoné al tercer tomo por hacérseme demasiado larga y darme la impresión que todos los arquetipos sobre nacimientos del héroe y salvar reinos los había visto demasiadas veces, y que Williams tampoco aportaba nada nuevo. Pero fue precisamente un libro, de esos escritos de forma independiente (algo que siempre agradezco un montón entre tantos tomos y sagas no autoconclusivas), mucho más breve..y en el que el protagonista era un gato. Un minino llamado Fritti Cazarrabo que, como buen héroe fantástico, se enfrenta muy a su pesar las desapariciones que están sucediendo en su comunidad.

El libro está escrito con mucho humor. Pero muy sutil y entrañable, sin buscar abiertamente la broma. En realidad recopila todos esos gestos de los gatos, dándoles un sentido a todos esos pequeños gestos que hacen: los intercambios de manotazos, el dar vueltas sobre el sitio en el que se van a acostar, e incluso una mitología propia donde, adecuadamente, explican la creación de los humanos como servidores de los gatos. Todas esos guiños que reconocen los lectores y que el autor, al que se le nota que le gustan los animales, utiliza con bastante ingenio.

La novela tiene un carácter a ratos bastante ligero: es una historia sobre viajes, aventura, y en la que se añade también un componente realista mediante las referencias a las otras especies, y en concreto, a los humanos. Pero por su planteamiento fantástico se evitan muchas situaciones dramáticas que son habituales en otras series escritas desde una perspectiva más cercana a la naturaleza tal y como es, que sería la de los Gatos guerreros. Esto no supone que La canción de Cazarrabo sea una historieta edulcorada, porque tampoco busca deliberadamente un final feliz ni huir de las situaciones trágicas aunque la narración las necesitara. Si no que más bien es un cuento, con todas las características que estos tienen, y que gustará a todos los que tengan felinos. Y probablemente, también a estos últimos.

lunes, 1 de junio de 2015

What we do in the Shadows (2014). Los vampiros de andar por casa


Si hay algo que le resta horror y dramatismo a cualquier monstruo es ponerlo en una situación cotidiana. Un vampiro de siglos puede ser todo lo amenazador que quiera…hasta que se encuentra con los mismos problemas que cualquier hijo de vecino: compartir vivienda, organizar tareas domésticas e incluso salir de marcha resulta bastante complicado para unos personajes con tantos siglos encima que, más que  convertirlos en seres poderosos y melancólicos, les suponen un engorro y un verdadero desfase respecto a las costumbres y adelantos recientes.

 

Esto es lo que les pasa a un grupo de cuatro vampiros afincados en Nueva Zelanda, tras acceder a ser grabados para un documental de tv: Viago, Deacon, Vlad y Petyr provienen todos de Europa, sus edades oscilan entre los 200 y los 8000 años pero eso no evita que tengan sus discusiones sobre quien debe fregar los platos, sacar los cadáveres de sus víctimas o tener problemas para entrar en las discotecas. Tanto por la tradición de no poder entrar a los sitios sin ser invitados, como a causa de un aspecto que se les ha quedado desfasado desde hace un par de siglos. La filmación se ocupa de muchos otros aspectos de su vida: la historia de los protagonistas hasta entonces, el nacimiento de un nuevo vampiro y cómo este, y su amigo humano les cambia un poco la vida, su relación con otras criaturas nocturas y el evento más importante para todas ellas: la Mascarada Impía, un baile anual al que los personajes, junto a brujas y muertos vivientes, han acudido regularmente.




La película recoge todos los estereotipos de la filmación de reportajes,  desde los rótulos informativos en negro hasta las actitudes un poco incómodas de quien no está acostumbrado a aparecer delante de una cámara. Y que, junto a la forma tan anodina y corriente que tienen de presentar las situaciones, es uno de los mayores puntos de comicidad: lo mismo las cortinillas informan que al equipo de grabación se le ha garantizado protección por el consejo de vampiros, que uno se pone tranquilamente a pasar una aspiradora…suspendidos a un metro del suelo. Precisamente lo de presentar cualquier cosa propia de una película de vampiros como si fuera lo más normal y aburrido del mundo es el rasgo principal de toda la producción, además de trabajar con ella de forma que según avanza esta, aprovecha al máximo todas las situaciones que han dado los tópicos de la ficción sobre vampiros. Algunas de estas son tan ingeniosas que hacen que los gags relacionados con tópicos comunes parezcan algo más flojos, pero se compensan con momentos tan brillantes como el presentar la relación entre un vampiro y su siervo humano como toda una parodia de una relación laboral entre jefe y empleado.

 


El otro aspecto que parodia directamente el género documental es el estilo de las interpretaciones: la actitud de los protagonistas ante las cámaras recuerda directamente a cualquier reportaje de Callejeros, especialmente en las secuencias de exteriores. Lo que, a medida que las escenas van siendo más cercanas a los tópicos sobre clichés del género, hace que el humor de esta se vuelva mucho más absurdo y también aproveche más el potencial cómico de cosas que el público ha visto miles de veces. Especialmente en el caso de Stu, el personaje humano, que se pasa toda la película con una expresión de paciencia y resignación pase lo que pase (sean vampiros, zombies, o una banda de hombres lobo). Y el que un personaje tan anodino acabe siendo el mejor amigo de unos principales que supuestamente desbordan carácter y rarezas también se emplea de forma bastante hábil, al convertirse en una parte de la trama y no solo en un gag recurrente.

 


Tratándose de un reportaje de vampiros, estos tampoco iban a librarse de ser parodiados. De una forma u otra, repasan los estereotipos que han producido el cine y la industria del ocio los últimos 25 años. Principalmente explotan la figura de los más clásicos, recurriendo a temas populares como un sosías de Vlad el empalador, un campesino, un dandi que recuerda mucho a los imaginados por Anne Rice sin olvidarse del Nosferatu de Murnau, donde se le da un repaso cómico a  sus historias sobre torturas medievales y amores perdidos. Tampoco faltan los guiños a versiones más modernas y menos racionales de los vampiros como las que podían salir en The Strain o Stake Land, gracias al aspecto y carácter más animalesco del protagonista más antiguo de todos. Aunque con esto de no tener muchos diálogos, y que estos tópicos todavía no los han exprimido mucho, sus apariciones son más breves a favor de los otros tres personajes principales.

 


También sería imposible terminar una comedia de vampiros sin hacer referencia al juego que más ha explotado estos elementos: cuando una fiesta lleva un nombre como el de Unholy Masquerade no hace falta imaginarse por donde van a ir los chistes. En este caso, esta mención se queda en poco más que un guiño bastante evidente, porque el resto de tópicos los han tratado muy bien en la primera mitad de la película y poco más queda por aparecer. Pero en este caso, el presupuesto reducido con el que contaban juega muy bien a su favor: la fiesta, celebrada en un local cualquiera, y con los asistentes disfrazados  a base de trapos victorianos y máscaras venecianas recuerda muchísimo al atrezzo y argumentos que pueden verse en una partida de rol en vivo.

Entre la simpleza a la hora de grabar y mantener el estilo de reportaje, el humor a veces un poco grueso, otras veces (y el mejor) absurdo, y en algunos casos, entrañable, y la imaginación a la hora de resolver muchas de las situaciones del guión, What we do in the Shadows me ha pillado por sorpresa: no contaba con que filmar una película de vampiros como si fuera un reportaje de Callejeros pudiera haber tenido un resultado tan original.

jueves, 28 de mayo de 2015

Lecturas de la semana. Otra vez para los niños y menos niños.



De vez en cuando, y confieso que últimamente, de forma más habitual, recupero algún libro para niños. En algunos casos es porque los más recientes cuentan con un humor mucho más apto para todos los públicos, y hacen que estos se cuelen entre las lecturas de los adultos. Otras veces, porque se me quedó mucha literatura clásica por el camino, y gran parte de esta tiene más matices cuando se lee desde una perspectiva distinta a los niños. Y en el último caso, porque no me gustan los textos adaptados: a la hora de aprender un idioma, prefiero leer la versión sin traducir de Jim Botón y Lucas el maquinista que una versión reducida a 50 páginas de Tiempo para amar, tiempo para morir.

 


Otfried Preussler. Nuevas aventuras del bandido Saltodemata. Preussler es autor de libros muy conocidos, desde Krabat y el molino del Diablo, hasta el bandido Saltodemata. Si este era simple, su continuación también lo es: el bandido se ha escapado de nuevo, y disfrazado con un traje de policía es capaz de tropelías como comerse el desayuno cocinado por una abuelita, secuestrarla, hasta volver a caer en una trampa tan simple como la que lo encarceló la primera vez. Simple, sí, pero a la vez bonito: la historieta, más pensada para lectores de 9 que de 12 años, está aderezada con personajes y situaciones un poco más fantásticas, o a la vez absurdas: una adivina cuyo perro fue convertido por error en cocodrilo, un bandido con un cinturón lleno de puñales y pistolas de pólvora y un pueblecito de esos en los que es imposible saber en qué época se encuentran, si no es en la de la nostalgia.

 


Precisamente me hizo pensar mucho en lo que pude leer sola una vez fui capaz de juntar dos frases seguidas (y de pillarle el chiste a esas cosas llenas de letras y con pocos dibujos llamados “libros”). Además, las ilustraciones que lo acompañan, y que en muchos casos llegan a ocupar página y media, son preciosas sin contar más que con trazos de tinta y un estilo muy caricaturesco.

Lo cierto es que sí se queda muy pequeño hoy y más como un ejercicio de nostalgia, exceptuando que es el primer libro en alemán que he podido leer, todo un logro junto a la ayuda del señor wordreference y que, precisamente por esa simpleza me ha sido muy útil. Aunque también es toda una curiosidad  descubrir que Saltodemata, Pepe y Jaime son en realidad Hotzenplotz, Kasperl y Seppel.

 


Johanna Spyri. Heidi. Además de ser uno de los libros más populares de Suiza, al personaje de los Alpes lo conocimos muchos gracias a la serie de animación japonesa. La historia de la niña criada junto a su abuelo, su amistad con Clara, la niña inválida, su estancia en Frankfurt y su vuelta a las montañas es, hoy, casi más accesible gracias a los dibujos de Miyazaki que por el propio libro. Es de esos casos donde la adapción ha pulido mucho el material original, porque lo cierto es que el libro no ha envejecido muy bien. El estilo resulta hoy muy meloso, hace que el avance en la lectura resulte bastante complicado, y los personajes han sufrido también el paso del tiempo: la protagonista hoy resulta demasiado perfecta y candorosa, y si esto último aun tenía sentido en el los primeros capítulos (cuando esta tiene cinco años). La mayoría de secundarios resultan imposibles y excesivamente paternalistas con ese carácter tan benefactor y en general, todo conserva, insistiendo en lo de verlo así en la actualidad, un aire demasiado pasteloso que hace que la versión animada sea mucho más fresca y suponga una mejor memoria que el propio libro.

 

En realidad tiene muchos elementos que sí hacen que esta sea un clásico: frente a la narrativa melosa, las descripciones de Spyri de los Alpes y el tema de la nostalgia sí resultan emotivos, y algunos personajes, como Pedro, acaban resultando más humanos y mejor caracterizados que la protagonista y la gran mayoría de secundarios. De todas formas, hoy se queda un poco más lejos de lo que pueden aportar otros libros: La isla del tesoro sigue siendo una novela de aventuras en toda regla. Peter Pan tiene tantas segundas interpretaciones como años de sus lectores. Heidi resulta entrañable, aunque lo que más puede sorprender a un lector adulto es que el personaje tradicionalmente negativo que era la señorita Rottenmeier no es más que alguien que hace su trabajo…Aunque en el libro se menciona expresamente que odia a los gatos. Así, de una manera completamente casual y aleatoria. La señora Spyri ha necesitado muy poco para que un secundario me caiga mal.

 

 

 

lunes, 25 de mayo de 2015

Total Recall (2012). El remake que no hacía falta


El gato ha salido purista

A estas alturas pocas películas de los ochenta deben quedar sin contar con un remake. Mad Max y Poltergeist se estrenaron estas semanas, pero ya hace unos tres años Desafío total llegaba a las pantallas en una versión nueva, con los efectos especiales y los cambios de guión que en un principio, habían sido pensados para atraer a un público al que probablemente, una película de 1990 le debe parecer como mínimo de la prehistoria.
 
 

De entrada, es complicado decidir si una película es un remake, cuando en realidad está basada de forma muy libre, al igual que la anterior, en un relato de Philip K. Dick. En ella una empresa llamada Rekall ofrece la posibilidad de crear recuerdos que su cliente vivirá como si hubieran sido reales. Un buen negocio cuando en el planeta no queda gran cosa tras una guerra bacteriológica: unicamente la Federación Británica y la Colonia Australiana, a la que miles de trabajadores se desplazan diariamente. Quaid, un hombre con un trabajo anodino, acude para hacer realidad su sueño sobre agentes secretos, terroristas y mujeres fatales. El procedimiento es interrumpido cuando se descubre que su memoria ha sido previamente alterada y unos hombres comienzan a perseguirlo. A partir de entonces, todo lo que consideraba real pasará a ser un recuerdo implantado: sus fantasías sobre espías eran recuerdos de su vida como agente de la resistencia en la Colonia. Su mujer y su colega del trabajo solo son agentes encargados de vigilarlos, pero, mientras intenta contactar con la base de la resistencia junto a Melina, una de los rebeldes, Quaid llega a dudar si todo ello es real o solo parte de una fantasía elaborada.

 



A la hora de adaptar de nuevo el relato de Dick, se han quedado con lo principal a muy grandes rasgos: la trama sobre la fabricación de recuerdos y la frontera entre realidad y fantasía, se han conservado de forma bastante fiel al tratarse del centro de la historia. A partir de la cual, podría trasladarse a cualquier escenario, como han hecho en este caso. Porque el escenario original, consistente en un viaje a Marte que el protagonista aspira a realizar, ha sido sustituido por la Tierra, diseñada como un paisaje apocalíptico en el que no existen más que dos zonas habitables. Lo cierto es que el cambio es algo bastante nimio y que en principio, no afecta a la historia. El tema del desplazamiento entre ambas zonas es algo secundario y en lo que más han incidido es en lo relativo a las identidades del protagonista como hilo principal de la historia.

 

En el futuro, todos los robots se parecerán a los Daft Punk

Al menos, lo sería en principio. Porque una cosa es hacer un cambio y otra que ese cambio sea coherente y necesario para el argumento, que en este caso, no lo es. La ambientación la despachan en una introducción de tres minutos donde se ponen a contar un drama bacteriológico y que en el planeta no queda nada de nada menos dos países ¿Hacía falta? Excepto para que todo sea más crepuscular y deprimente, no demasiado, salvo para que los protagonistas tengan que correr un montón, ser perseguidos y al final, ofrecer una secuencia donde aparecen las ciudades vacías de las que hablaban al principio (que, curiosamente, es de las mejores que ofrece la película). Otro tanto para lo concerniente al trasporte entre ambos estados: han dedicado mucho tiempo a hablar de un invento llamado tren gravitacional, a mostrar un poco su funcionamiento…para que los personajes tengan una secuencia final de acción y explosiones en un entorno de riesgo. Todo muy impresionante lo de las piezas desmontándose y la gente cayéndose por las escotillas, pero lo mismo podría haber sido en una máquina de teletrasporte, que en un barco, que en un Interregional de Vía Estrecha.

 


La impresión que da ese cambio de escenario es precisamente la de ofrecer un paquete de acción a un público determinado, y no el de adaptar un guión de una forma adecuada. No es que este sea demasiado brillante: se quedaron con lo principal que ofrecía el relato, y el resto es bastante vago: “presidente malvado”, “agente doble”, “Resistencia”, todo ello se ha planteado de una forma muy genérica, con el primero pretendiendo llevar a cabo un plan de invasión que en realidad resulta un poco pillado por los pelos y que solo sirve para lo que la película va a ofrecer: personajes corriendo para llegar a un sitio concreto mientras se pelean contra los enemigos y encuentran obstáculos. El resto produce la impresión de haber sido añadido para poder justificar todos los efectos especiales de los que se han servido.

 


El reparto es algo más salvable: cuentan con un Brian Cranston en plena forma y fama con Breaking Bad, que se defiende todo lo bien que puede en un papel tan magro como el de antagonista. Y aunque Colin Farrell es un actor un tanto limitado, resulta bastante competente para una cinta de acción…y toda una mejora respecto al Quaid interpretado por Arnold Schwarzenegger en su momento. Hay que reconocerlo: Desafío total de 1990 es muchísimo mejor que esta versión. Pero el actor de Terminator era un ladrillo con músculos (claro que contaban con secundarios como Michael Ironside y Sharon Stone. Y un guión mucho mejor). Otros no salen tan bien parados: la elección de Jessica Biel y Kate Beckinsale como secundarias no ha sido muy acertada. La primera, por ser bastante limitada como actriz, y la segunda, porque practicamente es imposible distinguir a una de otra en muchas secuencias. Quizá era un guiño ingenioso a todo lo de los recuerdos implantados del protagonista, pero entre la misma complexión, pelo, vestuario, y lo acelerado de las secuencias de acción, me resultaba muy difícil saber quien estaba pegando a quien. Y por favor, que alguien invite a comer a Kate Beckinsale. Ha perdido tanto peso que en esta película la pobre mujer era todo pómulos y pelo planchado.

 

Desafío total es de esas películas que plantean si realmente hacían falta. Pese a adaptar de forma distinta el relato original, y haber sido concebida como una cinta de acción, se queda en dos horas de persecuciones justificadas de una forma muy pobre. Y de un despliegue de efectos digitales.

jueves, 21 de mayo de 2015

Dirk Lloyd. A los señores del mal tampoco les gustaba el colegio.



¿Qué sería de muchas historias sin un villano? El Señor del Mal con mayúsculas, con sus ejércitos de orcos, no muertos , su fortaleza y una fijación un tanto monotemática por dominar un país. Desde El señor de los anillos hasta otras novelas de fantasía, pasando por montones de juegos de la misma temática, esta figura se ha convertido en tal estereotipo que ha acabado por pasar a lo paródico. Los lectores y jugadores suelen calificar a este tipo de personajes como “señor oscuro típico”, y textos como el decálogo de lo que no debería hacer un malvado demuestran lo cómicos que resultan hoy estos tópicos. Y son precisamente estos los que Jaime Thomson ha decidido aprovechar para escribir una serie de libros infantiles donde el protagonista precisamente es uno de esos malvados terribles. Pero sin poderes, ni ejércitos, y condenado a tener el inofensivo aspecto de un niño de doce años.

 


Esta comienza con un niño al que la policía encuentra en las afueras de una ciudad inglesa. Perdido y desorientado, este asegura ser el hechicero más poderoso de un mundo diferente, convertido ahora en un niño humano por obra de un mago rival.  Los servicios sociales achacan a algún tipo de estrés postraumático y se apresuran a buscarle un hogar de acogida. En su nueva casa, al Señor Oscuro conocido ahora como Dirk Lloyd no le queda otra que convivir con sus padres de acogida, su hermanastro Chris, ir a clase, y lo que a él le hubiera parecido impensable: hacer amigos. Porque cuando estos son una gótica y un aficionado a los videojuegos de fantasía, sus historias acerca de regresar a su mundo y su pasado como villano se toman con más humor que otra cosa. Al menos, hasta que algunas cosas que suceden en el colegio hacen pensar que las invenciones de Dirk pueden no ser solamente excentricidades.

 


Antes de dedicarse a la narrativa, Jamie Thomson había escrito librojuegos (son como aquella colección de Elige tu propia aventura, pero además tirabas dados para resolver peleas), por lo que conoce perfectamente los clichés de la temática fantástica y de sus personajes. Especialmente los villanos. Estos últimos los explota al máximo en su vertiente cómica: el protagonista dedica todo el libro a hablar como un megalómano, menciona hechizos que parecen directamente sacados de una fase del Warcraft  y en general, cualquier cosa que llevada a cabo por un crío de trece años resulta bastante chocante. Precisamente el libro está planteado como comedia y no tanto como fantasía, consiguiendo en algunos casos momentos bantante buenos a veces de la forma más sencilla: uno de los momentos más divertidos es cuando los servicios sociales confunden “Dark Lord” con “Dirk Lloyd”, encogiéndose de hombros y comentando que el chico debe ser galés.

 


Además de la comedia y el género fantástico, el primer libro sigue contando con algunos de los temas típicos de la literatura para niños: en principio sigue los esfuerzos de su protagonista por regresar a su hogar y retomar su papel de villano, pero a su vez se plantea cómo este se vuelve un personaje más positivo, y especialmente, el papel que tienen sus amigos en este cambio. No hay mucha innovación en este caso, aunque hay que tener en cuenta que en todo momento se ha planteado como una comedia de aventuras muy ligera, y muy pensada para los aficionados a la fantasía.

 


La serie no está planteada de forma independiente, sino que cada tomo termina con un cliffhanger que sirve de base para la siguiente entrega. En el caso del segundo, transcurre en su mayor parte en un escenario fantástico al uso, donde lo estereotipado de este aprovecha muy poco su potencial cómico y donde es más una novela de aventuras. Solo hay determinados casos donde se busca más el humor, como el excesivo uso del encaje blanco y los brillos en el vestuario de los personajes heróicos, o el planteamiento de estos como una pandilla de fanáticos que acaban por recordar bastante a la Inquisición Española del sketch de Monty Python. En conjunto es bastante más irregular, precisamente por tomarse un poco más en serio una serie de estereotipos que fueron pensados en un principio como una parodia, resolviendo algunas situaciones de forma muy simple (o no tanto. El público objetivo son niños de doce años) hasta que optan por regresar a lo que suponía la gracia principal de la historia: su protagonista, atrapado una vez más en la vida de un niño.

 

Exceptuando esa sencillez propia de un libro humorístico pensado para niños, a la serie de Dark Lord le pasa un poco como El diario de Greg: atrae también a otros lectores por lo específico de su humor..Y en el caso de la edición española, porque esa portada convence a cualquiera que haya leído (y no se haya tomado muy en serio) varios cientos de sagas fantásticas.

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