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jueves, 9 de julio de 2026

Rocky IV (1985). A hostia limpia contra el comunismo

 


Si los ochenta fueron la década de los héroes de acción,  Stallone fue por derecho propio uno de ellos, aunque no directamente. Desde la adaptación de  Primera Sangre, ,  convertida después en una franquicia donde el veterano con neurosis de guerra defendía  todo aquello que lo había destrozado. Y también aquel boxeador en horas bajas, cuya  andadura comenzaba a mediados d ellos setenta pero se convertirá en un  héroe más de la siguiente década en sus entregas. Bueno, y responsable   de que ahora suene  en nuestras cabezas  Eye of the Tiger  cada vez que emprendemos cualquier proyecto que implique un poco de esfuerzo, desde  ponernos en forma en el gimnasio hasta preparar oposiciones.



Rocky Balboa, aquella historia de superación (y hoy,  en la era denla que  solo nos queda sobrevivir, cada vez más interpretable como un cuento de hadas moderno se convertiría en una saga donde  este superaría cada nuevo desafío y que como muchas otras, sería recuperada durante los dos mil en esa época en la que empezaban a mirar hacia atrás  con insistencia. Pero en los ochenta, esta todavía  estaba en buena forma con tres entregas  continuando la carrera de The Italian Stallion…y una cuarta,  donde la trama sufría todos los excesos de los ochenta.


Rocky Balboa disfruta ahora de sus últimos años como boxeador, su vida en familia y  su  amistad con Apollo Creed, el anterior  campeón  ahora retirado.  Una oportunidad para este,  como último gran  combate, aparece con la llegada  del boxeador soviético Ivan Drago, en su primera confrontación profesional al otro lado del telón de acero.  Tras ceder el desafío propuesto a Balboa, ante la insistencia de su amigo,  el combate se salda   no solo con una brutal derrota, sino con la muerte de Apollo a causa de los golpes recibidos. Rocky, como algo personal, pide una revancha, aunque esta será  en los términos de los representantes de Drago: en la Unión Soviética, en un territorio desconocido y donde será recibido con la misma hostilidad que  estos sufrieron en territorio americano.


Considerada una de las más flojas, por el cambio de tono, la película, dirigida y escrita por el propio  Stallone como varias de la serie, es la más alejada a las anteriores y  quizá  la que adolece de más excesos. El montaje es más propio de un videoclip, es vistosa y contiene muchas secuencias que reflejan ese nuevo sueño americano de modernidad y consumo.  Una especie de optimismo,  manifestado a través de la estética  vistosa, en la que eligen no solo a un contrincante sino a un antagonista. Nada menos que el enemigo de los treinta años anteriores, esa amenaza comunista que entonces empezaba a flaquear y de  la que el público solo sabía lo que le habían contado.  Representada aquí  por Ivan Drago, el oponente más recordado gracias a Dolph Lundgren en uno de sus primeros papeles,  como el gigantesco y taciturno boxeador que   provocará el deseo de venganza en su protagonista.  Un rival  complementado por Brigitte Nielsen en un papel apenas testimonial y  Michael Pataki como parte del sobrio (y malvado. ¡no olvidemos que son comunistas!) comité que lo acompaña.


Esta es solo una parte de los excesos de una película que a ratos parece una comedia familiar, a ratos una de Rocky y a ratos,  quiere  sumarse a las tramas de exaltación patriótica y de buscar un enemigo que represente  todo lo contrario al héroe y su entorno. Las secuencias en familia, en entornos que parecen   alardear de los lujos de la clase media,  la aparición del hijo de Rocky, un poco niño repipi en toda regla, y sobre todo,  los momentos, no se si cómicos, pero decididamente surrealista protagonizados por Paulie, el secundario  recurrente de la saga encarnado  por Burt Young y  un robot  de servicio  que habla y realiza tareas domésticas…y fue convenientemente eliminado en el montaje del director.

Excesos que convierten esta cuarta entrega en una de las más extrañas,  por no decir floja, pero que cuenta son sus aciertos. Son esos mismo los que  se aprovechan de forma efectiva en al secuencia del primer combate,  contraponiendo un espectáculo exagerado y triunfalista frente a lo contenido de la comitiva soviética, y que se muestra  con un tono paródico  ese despliegue de confianza que  llevará al momento más dramático de la trama. Y que, también gracias a que Lundgren dotara de cierto carácter amenazador a  su personaje,  contara con uno de los adversarios más reconocibles. Pero que en su desenlace  acaba cediendo a los niveles de locura previos con, tras la esperada victoria de Rocky, un discurso sobre la paz mundial bastante simple, que viniendo de un púgil  al que les han dejado la cara como un pan, resulta un poco anticlimático, por no decir cómico.

Crossfit antes de que fuera mainstream

Rocky IV queda un poco lejos de ese héroe de clase obrera que demuestra que siempre había una oportunidad mientras  siguiéramos en pie.  Es también la que peor ha envejecido, al depender tanto de una situación política muy específica como fueron esos felices ochenta y los últimos año de la guerra fría. Aunque paradójicamente, algunas secuencias hoy resultan actuales: el entrenamiento funcional de Rocky en la estepa, frente a la disciplina científica (y con anabolizantes. Toda ocasión es buena para recordar que los comunista son malos) no desentonaría hoy en cualquier  box de crossfit. Y los momentos  cómicos, por llamarlos de algún  modo, entre Paulie y el Robot,  por mucho que intentaran hacerlo desaparecer en el montaje posterior…bueno,  las conversaciones que Siri,  Alexa y Chat gpt  tienen que aguantar con sus usuarios, por ahí andan.

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