Si los ochenta fueron la década de los héroes de acción, Stallone fue por derecho propio uno de ellos, aunque no directamente. Desde la adaptación de Primera Sangre, , convertida después en una franquicia donde el veterano con neurosis de guerra defendía todo aquello que lo había destrozado. Y también aquel boxeador en horas bajas, cuya andadura comenzaba a mediados d ellos setenta pero se convertirá en un héroe más de la siguiente década en sus entregas. Bueno, y responsable de que ahora suene en nuestras cabezas Eye of the Tiger cada vez que emprendemos cualquier proyecto que implique un poco de esfuerzo, desde ponernos en forma en el gimnasio hasta preparar oposiciones.
Rocky Balboa, aquella historia de superación (y hoy, en la era denla que solo nos queda sobrevivir, cada vez más interpretable como un cuento de hadas moderno se convertiría en una saga donde este superaría cada nuevo desafío y que como muchas otras, sería recuperada durante los dos mil en esa época en la que empezaban a mirar hacia atrás con insistencia. Pero en los ochenta, esta todavía estaba en buena forma con tres entregas continuando la carrera de The Italian Stallion…y una cuarta, donde la trama sufría todos los excesos de los ochenta.
Rocky Balboa disfruta ahora de sus últimos años como boxeador, su vida en familia y su amistad con Apollo Creed, el anterior campeón ahora retirado. Una oportunidad para este, como último gran combate, aparece con la llegada del boxeador soviético Ivan Drago, en su primera confrontación profesional al otro lado del telón de acero. Tras ceder el desafío propuesto a Balboa, ante la insistencia de su amigo, el combate se salda no solo con una brutal derrota, sino con la muerte de Apollo a causa de los golpes recibidos. Rocky, como algo personal, pide una revancha, aunque esta será en los términos de los representantes de Drago: en la Unión Soviética, en un territorio desconocido y donde será recibido con la misma hostilidad que estos sufrieron en territorio americano.
Considerada una de las más flojas, por el cambio de tono, la película, dirigida y escrita por el propio Stallone como varias de la serie, es la más alejada a las anteriores y quizá la que adolece de más excesos. El montaje es más propio de un videoclip, es vistosa y contiene muchas secuencias que reflejan ese nuevo sueño americano de modernidad y consumo. Una especie de optimismo, manifestado a través de la estética vistosa, en la que eligen no solo a un contrincante sino a un antagonista. Nada menos que el enemigo de los treinta años anteriores, esa amenaza comunista que entonces empezaba a flaquear y de la que el público solo sabía lo que le habían contado. Representada aquí por Ivan Drago, el oponente más recordado gracias a Dolph Lundgren en uno de sus primeros papeles, como el gigantesco y taciturno boxeador que provocará el deseo de venganza en su protagonista. Un rival complementado por Brigitte Nielsen en un papel apenas testimonial y Michael Pataki como parte del sobrio (y malvado. ¡no olvidemos que son comunistas!) comité que lo acompaña.
Excesos que convierten esta cuarta entrega en una de las más extrañas, por no decir floja, pero que cuenta son sus aciertos. Son esos mismo los que se aprovechan de forma efectiva en al secuencia del primer combate, contraponiendo un espectáculo exagerado y triunfalista frente a lo contenido de la comitiva soviética, y que se muestra con un tono paródico ese despliegue de confianza que llevará al momento más dramático de la trama. Y que, también gracias a que Lundgren dotara de cierto carácter amenazador a su personaje, contara con uno de los adversarios más reconocibles. Pero que en su desenlace acaba cediendo a los niveles de locura previos con, tras la esperada victoria de Rocky, un discurso sobre la paz mundial bastante simple, que viniendo de un púgil al que les han dejado la cara como un pan, resulta un poco anticlimático, por no decir cómico.
Crossfit antes de que fuera mainstream
Rocky IV queda un poco lejos de ese héroe de clase obrera que demuestra que siempre había una oportunidad mientras siguiéramos en pie. Es también la que peor ha envejecido, al depender tanto de una situación política muy específica como fueron esos felices ochenta y los últimos año de la guerra fría. Aunque paradójicamente, algunas secuencias hoy resultan actuales: el entrenamiento funcional de Rocky en la estepa, frente a la disciplina científica (y con anabolizantes. Toda ocasión es buena para recordar que los comunista son malos) no desentonaría hoy en cualquier box de crossfit. Y los momentos cómicos, por llamarlos de algún modo, entre Paulie y el Robot, por mucho que intentaran hacerlo desaparecer en el montaje posterior…bueno, las conversaciones que Siri, Alexa y Chat gpt tienen que aguantar con sus usuarios, por ahí andan.





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