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jueves, 19 de marzo de 2026

Me encontrarás en lo profundo del abismo (2022). De este Apocalipsis no saldremos mejores

 


Si el cine es un reflejo de la forma de pensar de cada época, esto también se muestra en la forma  en la que  abordan determinados temas.  De los setenta, la época del final del sueño americano, conservamos  aproximaciones  al Final como  las distopías de Charlton Heston,  donde la sobra de la guerra nuclear, la escasez y las enfermedades  eran un tema recurrente.  En los ochenta llegarían  historias   tan  aterradoras como pesimistas y  reales como  Threads y  El día después. El siglo XXI, en esta segunda  década prevalece la idea de que nuestra seguridad se mantiene sobre pilares muy frágiles,  sumado a esa sensación general de que todo se está desmoronando, y  de vivir a crédito de los recursos  futuros. Y eso, si es  que hay alguno. Un entorno también propicio para explorar  cualquier hipótesis sobre el fin del mundo. La diferencia en este caso, es la de un cine mucho más pesimista, donde la tónica general   es más cercana ala resignación y borrado total de melancolía que  a la esperanza que albergaba The Omega Man. Una idea que  Matias Ripau tomaría en un guion donde ese Final es visto  desde una  perspectiva  más  reducida e intimista.


Varios días después de que algo sucediera, un hombre solo se refugia en su coche de una lluvia que no  ha parado de caer desde entonces.  terminada su última reserva de agua, escucha de nuevo en su teléfono los mensajes de audio de una mujer,  desde  su aviso de evacuación a los anteriores, donde todo parecía normal.  La necesidad de supervivencia le lleva a entrar en uno de los edificios abandonados, en busca de comida y  quizá  una batería para hacer funcionar su vehículo. A lo lejos,  entre las luces del cielo, unas gigantes cas criaturas deambulan en el horizonte. En el interior del edificio, unos seres capaces de imitar el sonido humano atraen y matan a todos los que se acercan engañados por ellos.  Es ese lugar donde Bannon encuentra una radio, las indicaciones para sintonizar una frecuencia y al otro lado de esta, una voz que le ofrece su ayuda y quizá , la posibilidad de escapar.


La película recurre a una hipótesis ambigua  en la que el final llega por un motivo externo. De este, representado mediante  las criaturas, muy parecidas a los alienígenas de  Cloverfield,  los  colores anómalos del cielo y una lluvia  concebida como algo  anormal, juega a no  decir nada pero utiliza elementos reconocibles para el público:  tanto una invasión alienígena como esa llegada de loso primigenios imaginados por Lovecraft.  Esa explicación es algo secundario, siendo suficiente el uso de  un imaginario  moderno   o las hipótesis de los personajes,  quienes en un momento dado,  hacen referencia a la tradición cristiana.


Esta atmósfera a es uno de los principales atractivos de la película: las secuencias nocturnas de la primera parte, los eres que aparecen  de manera puntual y muy dosificados, así como los interiores destruidos en los que  se adivina que fue un lapso de tiempo muy breve, sirven de marco al periplo de un protagonista aferrado  a unos o pocos objetos que hacen sospechar que hay algo que no concuerda con él.


Junto al uso de escenarios reconocibles, también es un acierto el empleo de la tecnología moderna. En este caso, el teléfono móvil se utiliza como una forma de  reproducir esos últimos momentos de normalidad y aportar algo más de trasfondo al personaje principal (aunque es  curioso que tras  más de quince años  de smartphones, la mejor forma de integrarlos en una narrativa sea despojándolos de capacidad conectiva). Un objeto recurrente en toda la trama  que acompaña al protagonista y se convierte en un indicio real  de la pesadilla y visiones que este vive a lo largo de la historia: el apartado  onírico, orquestado de forma que tenga un carácter premonitorio en el desenlace, es quizá  lo que resulta menos integrado en una historia  marcada por lo personal y la ambigüedad. No llega a quedar claro si es  un indicio que algo falla en la cabeza del personaje principal o solo un intento de acentuar las consecuencias personales de despojar a un ser humano de todo lo que creía real.


Al margen del intento de combinar el escenario con las secuencia oníricas, las caracterización de Bannon, este personaje identificado únicamente por el apodo con el que se presenta, se lleva  acabo de forma más efectiva  paralelamente a la trama.  Esta opta por un escenario  muy pesimista,  donde la falta de información va acompañada de la sospecha de lo que sucede es a nivel global,  pero donde no hay esperanza: las interactuaciones de Bannon son únicamente para obtener algo a cambio, se a con su interlocutor de radio, peleando con otro superviviente  con el que no es capaz de entablar ni una colaboración o aprovechándose de las provisiones y delirios de quien ha enloquecido.  Un escenario que opta por  el hecho de que el hombre sea un lobo para el hombre con todas sus consecuencias, y que resulta inquietantemente  creíble.

La trama se divide en dos partes, siendo la primera la más efectiva en cuanto a ritmo y escenario, y una segunda en la que se da un descanso a ese entorno  urbano de lluvia para centrarse en los dos personajes y en el aspecto más  personal de la historia, pero también en la ambigüedad que intentar  mantener en todo omento  con respecto a la naturaleza de su protagonista.  Y donde se hace patente uno de los defectos del guion: mientras los momentos de  soledad  funcionan mucho mejor, los diálogos  son artificiales, más cercanos a los de un intento de ser una producción internacional que a una historia de supervivencia y desolación que pretende ser.

Con todo, y quizá  con la referencia  a ese abismo que devuelve la mirada en el título, l a película de Rispau es una propuesta de cine apocalíptico tan  prometedora como irregular , pero también diferente a las habituales.



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