Aunque una parte de los libros que acabo leyendo durante el año son señores d entreguerras y señoras victorianas, más de una vez, y cuando el componente aleatorio de la librería de segunda mano lo permite, me paso por la época intermedia entre ambas. Porque a los señoras y señores pulp también se les hace un hueco y más en estos Años 20 mal, donde se acaba echando en falta la inventiva, ausencia de prejuicios y cierto optimismo, casi inocencia, con el que reflejaban un mundo en el que todavía había lugares ignotos.

Catherine L. Moore. Shambleau. Una extraña criatura, de aspecto humano y comportamiento cercano al de un felino dotado de inteligencia, es salvada por Northwest Smith durante uno de sus viajes. El ser, a quien los locales llaman Shambleau, esconde un secreto que lo acerca a los seres mitológicos de los que las leyendas de la tierra advirtieron a los primeros humanos. Esta es solo una de las aventuras del contrabandista y su socio, el venusiano Yarol. Un tapiz que traslada a su poseedor a otro mundo donde este queda atrapado, civilizaciones olvidadas en planetas remotos e incluso misterios ocultos en el planeta tierra son una parte de la vida de este forajido, contrabandista y mercenario que Catherine L. Moore dio a conocer en las páginas de Weird Tales durante los años 30.
Moore comenzó su carrera como autora en revistas pulp, y si Jirel de Joiry, la castellana era un personaje propio de la espada y brujería (además de ser una de las mejores heroínas que he podido leer), Northwest Smith lo es de la ciencia ficción, pero tal y como se concebía e los relatos de este género: muy cercana a la fantasía, donde el hombre había conquistado el espacio sin que fuera necesario que se explicara el como, y donde convive con razas alienígenas muy parecidas a los humanos. Pero donde se mantiene cierto trasfondo histórico, presentando lugares remotos en los que es posible descubrir civilizaciones desaparecidas hace mucho en forma de ruinas y reliquias. La imaginación de la época está muy presente, representando a Venus como un planeta gemelo cuyos habitantes, como Yarol, el socio y amigo de Northwesth, tienen rasgos similares a los que tomarían por norma los elfos de la ficción posterior. Marte, escenario recurrente de las aventuras del protagonista, se convierte, con los distintos lugares que menciona Moore, e desde desiertos a canales, en una suerte de tierra de contrabandistas, mezcla del salvaje oeste y de un puerto de piratas donde es posible adquirir cualquier objeto y también los servicios de un mercenario como West.
Northwest Smith es en este caso un antihéroe, descrito por Moore con unos penetrantes ojos grises y el cuerpo surcado de cicatrices de una vida al margen de la ley. Un buscavidas que en ningún caso es un héroe pero que mantiene cierto código de honor, que lo lleva a encontrarse con la criatura de Shambleau, pero a mantener compañeros y aliados en el mundo de forajidos en el que se mueve. Sus aventuras no comienzan movidas por la heroicidad sino por el interés, en su mayoría siendo resultado del encargo de un tercero o un encuentro fortuito derivado de una aventura in media res. A lo largo de los cuentos protagonizados por Smith, es fácil encontrarlo siendo contratado por alguien con bastante dinero (y que acaba cayendo por su codicia) o en medio de algún lugar de Marte, huyendo o en un descanso muy breve. La caracterización de este, un personaje un tanto amoral pero con ese fondo de nobleza, hace pensar que puede ser uno de los referente a la hora de crear héroes posteriores como serían Han Solo, quien guarda muchas similitudes con el.
El ciclo de cuentos de Northwest Smith, entre planetas muy similares a la tierra ciudades sin ley, civilizaciones perdidas y criaturas desconocidas, constituyen algunos de los mejores relatos escritos por Moore en su etapa pulp, ya un poco lejos de esos felices veinte pero todavía durante los años dorados de la narrativa fantástica popular. Sigo siendo mucho más devota de la espadachina con carácter y dueña del castillo de Joiry, pero los viajes de Northest en el espacio se han hecho también un hueco entre mis pulps favoritos.

Fritz Leiber. Espectros de la noche. Una colección de relatos de terror donde lo extraño y los temores antiguos no han desaparecido sino que se han adaptado al cambio de la civilización humana. Un fantasma creado por el humo de las fábricas, un revolver embrujado por l deseo de venganza de su propietario, un juego de ajedrez a distancia contra seres más allá del espacio o el fin del universo narrado por su último testigo…Los relatos de la colección, titulada originalmente Agentes de la noche, en referencia al diálogo de Macbeth, fueron en su mayoría publicados durante los años cuarenta, un detalle que se filtra en algunos de ellos cuando se mencionan las noticias de la entrada en la guerra o el comienzo de esta, como parte de la cotidianeidad que se ve rota por lo sobrenatural. Estos se desarrollan en entornos urbanos, siendo sus protagonista en su mayoría oficinistas, ociosos o incluso trabajadores al aire libre que bien perciben algo anómalo en lo que los rodea, o se encuentran con esto de manera fortuita.
La forma de introducir estas criaturas e a través de la adaptación al entorno que refleja cada cuento: monstruos tradicionales, como los fantasmas o los licántropos, se mueven ahora por las ciudades habiendo modificado sus características para poder sobrevivir como mitos, pero son reconocidos por los personajes. En algunos lugares apartados quedan restos de seres que son descubiertos de forma accidental, como sucede en La colina y el agujero, donde un túmulo viene a comparado por la descripción de esa América aislada de personajes desconfiados… pero sin duda, mucho menos siniestros que los vecinos de Dunwich. Lo sobrenatural no está solo en la tierra sino en los cuentos donde los alienígenas se comunican con los personajes de algún modo, que acaban haciendo pensar al lector en las teorías sobre el éter y las ondas mentales que servían para justificar muchos relatos de ficción con un poco de ciencia.
En la colección, estas ocho narraciones se caracterizan por su intención: ir directos al grano, sin necesidad de giro final y dedicando el tiempo necesario para crear una ambientación que se perciba como distinta a los escenarios clásicos. Algo que Leiber en sus textos pulp sabe hacer bien: aunque sea más conocido por el ciclo de Fafhrd y el Ratonero Gris, el responsable de Nuestra señora de las Tinieblas e s igual de capaz de defenderse en el género de terror.
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