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jueves, 12 de marzo de 2026

Lecturas de la semana. Pulp fiction

 


Aunque una parte de los libros que acabo leyendo durante el año son señores d entreguerras y señoras victorianas, más de una vez, y cuando el componente aleatorio de la librería de segunda mano  lo permite, me paso por la época intermedia entre ambas. Porque  a los señoras y señores  pulp también se les hace un  hueco  y más en estos Años 20 mal, donde  se acaba echando en falta la inventiva,  ausencia de prejuicios y  cierto optimismo, casi inocencia, con el que reflejaban un mundo en el que todavía había lugares ignotos.


Catherine L. Moore.  Shambleau.  Una extraña criatura,  de aspecto humano  y comportamiento cercano al de un felino dotado de inteligencia, es salvada por  Northwest Smith  durante uno de sus viajes. El ser, a quien los locales llaman Shambleau, esconde un secreto que lo acerca a los seres mitológicos de los que  las leyendas de la tierra advirtieron a los primeros humanos. Esta es solo una de  las aventuras del contrabandista y su socio, el venusiano  Yarol. Un tapiz que traslada a su poseedor a otro mundo donde este queda atrapado, civilizaciones olvidadas en planetas remotos e incluso  misterios ocultos en el planeta tierra son una parte de la vida de este forajido, contrabandista y mercenario que  Catherine L. Moore dio a conocer en las páginas de Weird Tales durante los años 30.


Moore comenzó su carrera como autora en revistas pulp, y si Jirel de Joiry, la castellana  era un personaje propio de la espada y brujería (además de  ser una de las mejores heroínas que he podido leer), Northwest Smith lo es de la ciencia ficción,  pero tal y como se concebía e los relatos de este género: muy cercana  a la fantasía,  donde  el hombre había conquistado el espacio  sin que  fuera necesario que se explicara  el como, y donde convive con  razas alienígenas muy parecidas   a los humanos.  Pero donde se mantiene  cierto trasfondo histórico, presentando lugares remotos en los  que es posible descubrir civilizaciones  desaparecidas hace mucho en forma de ruinas y reliquias.  La imaginación de la época está muy presente,  representando a Venus como  un planeta gemelo cuyos habitantes,  como  Yarol, el socio y amigo de Northwesth,  tienen rasgos similares a los que tomarían  por norma los elfos de la ficción posterior. Marte, escenario recurrente de las aventuras del protagonista,  se convierte, con los distintos lugares que menciona Moore, e desde desiertos a canales, en una suerte de tierra de contrabandistas, mezcla del salvaje oeste y  de un puerto de piratas donde es posible adquirir cualquier objeto y también los  servicios de un mercenario como  West.


Northwest Smith   es en este caso un antihéroe, descrito por Moore con unos penetrantes ojos grises  y el cuerpo surcado de cicatrices de  una vida al margen de la ley. Un buscavidas que en ningún caso es un héroe pero que mantiene cierto código de honor, que lo lleva  a encontrarse  con la criatura de Shambleau,  pero a mantener compañeros y aliados en el  mundo de forajidos en el que se mueve. Sus  aventuras no comienzan movidas  por la  heroicidad sino por el interés,  en su mayoría siendo resultado del  encargo de un tercero o  un encuentro fortuito derivado de  una aventura in media res.  A lo largo de los cuentos protagonizados por Smith, es fácil encontrarlo  siendo contratado por  alguien con bastante dinero (y que acaba cayendo por su codicia) o en medio de algún lugar de Marte, huyendo o en un descanso muy breve. La caracterización de este, un personaje un tanto amoral  pero con ese fondo de nobleza, hace pensar que  puede ser uno de los referente a la hora de crear  héroes posteriores  como  serían Han Solo, quien  guarda muchas similitudes con el.


El ciclo de cuentos de Northwest Smith,  entre planetas muy similares a la tierra  ciudades sin ley,  civilizaciones perdidas y criaturas desconocidas,  constituyen algunos de los mejores relatos escritos por Moore en su etapa  pulp,  ya un poco lejos de esos felices veinte pero todavía durante  los años dorados de la narrativa fantástica popular. Sigo siendo mucho más devota de la espadachina con carácter y dueña del castillo de Joiry, pero los viajes de Northest en el espacio  se han  hecho también un hueco entre  mis pulps favoritos.


Fritz Leiber. Espectros de la noche.  Una colección de relatos de terror donde lo extraño y  los temores antiguos no han desaparecido sino que se han adaptado al cambio de la civilización humana. Un fantasma creado por el humo de las fábricas, un revolver embrujado por l deseo de venganza de su propietario, un juego de ajedrez a distancia  contra   seres más allá del espacio o el fin del universo narrado por su último testigo…Los relatos de la colección, titulada originalmente  Agentes de la noche, en referencia al diálogo de Macbeth,  fueron en su mayoría publicados  durante los años cuarenta,  un detalle que se filtra en algunos de ellos cuando se mencionan las noticias de la entrada en la guerra o el comienzo de esta, como parte de la cotidianeidad que se ve rota por lo sobrenatural. Estos se desarrollan  en entornos urbanos, siendo sus protagonista en su mayoría oficinistas,  ociosos  o incluso trabajadores   al aire libre que bien perciben algo anómalo  en lo         que los rodea, o se encuentran con esto de manera fortuita.  

La forma de  introducir  estas criaturas e  a través de la adaptación al entorno  que refleja  cada  cuento: monstruos tradicionales, como los fantasmas o los licántropos,  se mueven ahora por las ciudades habiendo modificado sus características para poder sobrevivir como mitos, pero  son reconocidos por los personajes. En algunos lugares apartados quedan restos de  seres que son descubiertos de forma accidental, como sucede en  La colina y el agujero, donde  un túmulo viene a comparado por la descripción de esa América aislada de  personajes desconfiados… pero sin duda, mucho menos siniestros  que los vecinos de Dunwich. Lo sobrenatural no está solo en la tierra sino en los cuentos donde  los alienígenas se comunican con los personajes de algún modo, que acaban haciendo  pensar al lector en las teorías sobre el éter y las ondas mentales que servían  para justificar muchos relatos de ficción con un poco de ciencia.

En la colección, estas ocho narraciones se caracterizan por  su  intención:  ir directos al grano, sin necesidad de giro final y  dedicando el tiempo necesario para crear una ambientación que se perciba  como  distinta a los escenarios clásicos. Algo que  Leiber en sus textos pulp  sabe hacer bien: aunque sea  más conocido por el  ciclo de Fafhrd y el Ratonero Gris, el responsable de  Nuestra señora de las Tinieblas e s igual de capaz de defenderse en el género de terror.

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