jueves, 22 de octubre de 2026

Lolita (1962). Obsesión por lo que no existe

 


Todo villano es el héroe de su propia historia

Desde 1955 una novela, un romance trágico desde el punto de vista de su protagonista, la historia de una perturbadora obsesión para el lector, se convertiría en un tema lleno de controversia e interpretaciones no muy acertadas desde entonces.  La intención de Nabokov de utilizar un narrador  que reflejara lo sucedido desde su propio y distorsionado punto de vista sería objeto de análisis y en varios casos, de tergiversación. El término Lolita se convertiría de forma de retorcida que la mentalidad de su protagonista, en sinónimo de joven tentadora, una mezcla de inocencia y perversidad que  permanecería en la cultura popular posterior. La novela, además de controvertida,  supondría el contar, por su temática, con una dificultada añadida a la hora de barajar una adaptación al cine. Al reflejo oscuro de la sociedad americana de posguerra, con sus excesos, luces y sombras, se añadía la obsesión de Humbert por una criatura.  Kubrick afrontaría esta tarea, enfocando el texto de una forma distinta: una sátira de esa misma sociedad, donde cada uno de los personajes resulta a su manera, igual de monstruoso que su protagonista.


Un caballero europeo, con el anodino nombre de Humbert Humbert, llega  durante  el verano a la casa de los  Haze en busca de un lugar donde pasar las vacaciones.  Este descarta en un primer momento el alojamiento ante  la excesiva  personalidad de Charlotte, una viuda  vanidosa y con ínfulas intelectuales. Es la visión de Dolores, su hija, la que le causa una impresión lo bastante fuerte  como para cambiar su opinión.  El verano transcurrirá entre  los avances románticos de Charlotte y  la creciente obsesión de  Humbert por  la niña a la que él llama familiarmente  Lolita, hasta el punto de convertirse en el nuevo marido de su madre, y por tanto, en padrastro, para poder  continuar cerca de ella. Una situación  enfermiza, que cambiará drásticamente  con la muerte de Charlotte y la presencia de Humbert como único tutor de su hijastra.




La película comienza con la secuencia que anuncia el desenlace: el encuentro entre dos personajes,  Humbert y Clare Quilty,  presentados en un escenario ruinoso, una antigua mansión  llena de objetos artísticos  destrozados y de distribución similar a un escenario teatral o un plató, que  parece un reflejo de ambos: un protagonista hundido, que busca venganza por algo que el público todavía desconoce y su antagonista, alcoholizado y reducido a una serie de imitaciones de distintos personajes que parecen buscar una complicidad cómica pero que solo resulta patética. Ambos son las dos caras de una moneda, como se irá viendo: un depredador, oculto  bajo la máscara de caballero otoñal europeo e intelectual abierto de mente.  James Mason, el profesor Humbert, cortes y contenido al que solo una expresión  facial captada a hurtadillas  muestra su verdadera naturaleza, y Peter Sellers,  que  recurre a su talento vocal y cómico  emulando distintas voces y personajes, convirtiendo el drama en una charada de la que nadie parece darse cuenta.  Estos son solo dos de los participantes en una trama  donde todos los personajes y situaciones son presentados de forma satírica.  Charlotte Haze, la madre de la protagonista a quien pone voz y rostro  Shelley Winters, resulta un personaje igualmente  irritante, con una personalidad claramente narcisista y  desconectada de la realidad que parece no ser consciente de la envidia que siente por su hija: la escena en la que tras descubrir las intenciones de su ahora esposo, le grita “me marcho y no podrás acercarte de nuevo a esa mocosa estúpida” resulta tanto o más inquietante  que los avances de Humbert hacia Lolita.  Comparten escena con ellos distintos secundarios, desde amigos e intelectuales con ínfulas a vecinos, todos  retratados de forma similar, sin apenas ser conscientes de lo que puede suceder o sin preocupación por intervenir.


Dolores Haze es el personaje alrededor del cual orbita  la trama. el enfoque de la narración difiere del empleado por Nabokov en su novela, y  puede apreciarse la habilidad con la que  trabajaron con las restricciones  de la censura. Se sustituyen las sugerencias más directas por dobles sentidos, guiños y palabras susurradas al oído, expresiones  faciales de unos actores capaces de transmitir la emoción que aporta al público la información necesaria, y con ella, la sorpresa y repulsión que esta genera. Su protagonista, ahora de una edad indefinida  que solo puede suponerse por las referencia al colegio e instituto muestra un comportamiento  junto a Humbert que  es presentado como algo tentador, pero el normal en cualquier niña de su edad que  Sue Lyon  presenta en otras escenas  acompañada por el resto del reparto.  Se refuerza así la idea  de hechos narrados desde el punto de vista de Humbert, un personaje  cuya percepción de la realidad no resulta fiable y que  vive un tormentoso romance unilateral. Es en el desenlace cuando se presenta una Lolita muy distinta, cuyo comportamiento es ya el de una adulta  al que se adivina  como un alguien roto, obligado a crecer demasiado rápido, no solo por lo vivido junto a Humbert, y que  encuentra  una salida en su nueva vida con un entorno muy distinto al que vivió previamente. Uno mediocre, quizá más vulgar comparado con el presentado con anterioridad, pero que constituye ante todo, una vía de escape.


La Lolita de Kubrick es una sátira, plagada de personajes incapaces de generar la más mínima simpatía. Intención que este lleva a cabo de forma exitosa: ninguno tiene un rasgo salvable, hecho que los convierte también en series fallidos, pero reales y creíbles. A quienes no podemos dejar de mirar preguntándonos que pasará con ellos. Una aproximación a la novela de Nabokov que difiere de esta  en muchos aspectos pero que aporta matices distintos. E incluso presenta a alguien todavía más despreciable que  el pretendidamente atormentado Humbert:  Clare Quilty, el guionista, beatnik, intelectual hombre   moderno, que en contrapartida  al caballero encarnado por Mason, es tanto o más repulsivo que este.  Aunque reconozco que me encantaría aprenderme el baile de moderno que Peter Sellers se marca al principio de la película, de cara al próximo ágape laboral que toque.

2 comentarios:

  1. Me parece loquísimo que se llegara a adaptar la novela tan rápido. Vale que eran los sesenta y ya le faltaba poco al nuevo cine de Hollywood para aparecer, pero aunque adaptada para sortear la censura, no deja de ser una decisión valiente para la época. También creo que el carácter no confiable del narrador en la novela permite a la película adaptar ese tono más sugerente y menos explícito. Tiene narices que sea más turbia esta 'Lolita' que la de los noventa, que siendo mucho más fiel a la novela, era bastante más olvidable.

    Otra novela que jugó con adaptar este tema de 'Lolita' fue 'El fin de Alice', de A. M. Homes, que por momentos se acerca más en tono a 'La chica de al lado' de Ketchum que al de la novela de Nabokov.

    Para mí Peter Sellers siempre será el inspertor Clouseau xD

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  2. A mi también me sigue sorprendiendo como la combinación de sortear la censura y las nuevas corrientes cinematográficas sirvieran para poder estrenar una versión del libro muy perturbadora, que refleja mucho mejor el carácter no fiable de su protagonista, y un entorno donde practicamente todos los adultos son personajes monstruosos. De la versión de los noventa recuerdo que se había hablado en su momento y no había salido muy bien parada: las comparaciones con Kubrick no ayudaban y de nuevo, es una novela donde una versión más personal aporta mucho más que una adaptación fiel.
    Y del inspector Cluseau no tanto, pero cada vez que me levanto después de estar mucho rato sentada, digo lo de "Mein Führer! I can walk!" XD.

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