Series de tv, libros, cine...y una constante presencia gatuna

miércoles, 16 de diciembre de 2009

Las Seductoras Voces Que Me Dicen Lo Que Tengo Que Hacer opinan que el mundo está loco, y yo estoy de acuerdo

Ayer me di cuenta de una extraña circunstancia.
Iba caminando por la calle, hacia la consulta de mi psiquiatra, escuchando Las Seductoras Voces Que Me Dicen Lo Que Tengo Que Hacer, cuando me di cuenta de que algo extraño pasaba a mi alrededor.


Había bolitas rojas por todas partes, y papelitos plateados de los que son tan difíciles de limpiar y luces brillantes, brillantes, brillantes, brillantes, brill…
Cuando me desperté todo era muy confuso. Las bolitas, los papelitos y las luces seguían allí, pero me dolía la lengua, tenía la barbilla cubierta de espuma y había una extraña humedad en mis pantalones. Sospecho que algo tuvieron que ver los extraterrestres con todo eso, y mi psiquiatra estuvo de acuerdo cuando se lo comenté. Es un magnífico profesional.

Sin embargo, también en el psiquiatra noté algo extraño. Suele ser un hombre muy conservador. Me resulta difícil imaginármelo sin su traje de pana, su pajarita de lunares y sus chancletas con calcetines blancos. Es todo un gentleman.
Y ayer, sin venir a cuento, llevaba un absurdo sombrero rojo con una borla blanca. Era absolutamente ridículo!! Y oye, que yo no tengo nada en contra de las modas. Cuando en El Centro todo el mundo llevaba el papel de aluminio en la cabeza, ahí estaba yo, al pie del cañón. No le hacía ningún favor a mi tono de piel, pero quería ser popular. Y vaya si lo conseguí. Cuando al final me gradué todos mis compañeros empezaron a farfullar y darse cabezazos contra la pared. Fue muy emotivo.

Y no solo era el sombrero. Había un pino en su despacho!! Un pino!!! Quien demonios tiene un pino en una habitación?? En el jardín vale, lo entiendo. Pero en un despacho? Y no era un pino normal, no. Estaba decorado con toda suerte de chorraditas y patochadas. Que si una estrella, que si un muñeco de nieve, que si una manzanita. Sinceramente, empiezo a dudar de la salud mental de ese hombre. Quizás haya llegado el momento de dejar la terapia. Al fin y al cabo, Las Seductoras Voces Que Me Dicen Lo Que Tengo Que Hacer no paran de repetirme lo mismo. Y digo yo, ellas de esto algo tienen que saber.

Pero aquí no acabó todo. Después de la consulta, me acerqué hasta la farmacia del centro comercial, a comprar las vitaminas que me había recetado el médico. Por cierto, no acabo de entender porque en la farmacia guardan las vitaminas bajo llave. Los farmaceuticos son personas extrañas. Siempre nerviosos, y asustados. Cualquiera diría que me tienen miedo.

Y no os lo creeréis, pero el centro comercial estaba atestado. Me dio la impresión de que un delirio consumista se había apoderado de la gente. Todo eran bolsas, bolsas, y más bolsas. Todavía estoy barajando varias teorías, pero creo que estaban hipnotizados. Todo apunta hacia ahí. Las luces, los colores… La música!! Ese tiene que ser el factor principal. No me había dado cuenta de cuanto daño ha hecho Operación Triunfo a nuestra cultura hasta ayer. Todo eran canciones sobre nieve, y pastores, y cosas sin ningún sentido. Nunca pensé que echaría de menos el reggaeton.

Como veis, fue un día muy extraño. Gracias a Dios, al final llegué a casa, donde todo es normal y pude dedicarme a lo que verdaderamente me apasiona. Organizar los cajones, espiar a la gente desde la ventana y llorar. No hay nada mejor para pasar una fría tarde de Diciembre.

Por suerte, pronto será Navidad, y la gente volverá a comportarse normalmente. A veces me siento como si fuera la única persona cuerda de este mundo.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Gaticos e informáticos



Para quien no lo sepa, los gatos son esos animales peludos a los que les pagamos los gastos de la casa.
Sus actividades habituales son dormir, comer, rasgar cortinas, dormir, hacer la croqueta, seguir durmiendo cosas y emitir un ruido extraño similar al de un motorcito que tiene poderes hipnóticos y hace que los siervos del gato caigan en trance mientras hacen “Aaaaw..”



¿Y tú como le echas una bronca a esto?

Como aparte de exigir una completa devoción, los gatos no dan mucho trabajo, estos animales han sido desde siempre el mejor amigo de los informáticos, los geeks, y en general, de cualquier otra persona que por motivos similares, no esté muy allá en eso del contacto con otros seres humanos.
Estos mostraron su agradecimiento como buenamente sabían: poniéndoles cosas encima de los gatos y haciéndoles fotos. Animalicos (ambos).



El mío hace lo mismo

Posteriormente apareció youtube y los gatos se convirtieron en estrellas mediáticas. Hasta tienen su propia línea de transportes.



Después vino uno que se dio cuenta que su gato era laaaargo...



En resumen, los gatos, además de hacernos dedicar muchísimas horas a alimentarlos, recoger sus estropicios, cambiar sus cajas de arena y acariciarlos a las horas que ellos establezcan, han proporcionado muchas horas de entretenimiento. O de trances hipnóticos:



El Barrilete no se hace responsable del número de veces que se vea este vídeo.


sábado, 5 de diciembre de 2009

Premio Escritos de Oro (no, aquí no está escribiendo ningún cincuentón)



Cuando empezamos el Barrilete, nunca creímos que fuera a obtener más atención que algún que otro comentario…diantre, es que ni contábamos con que nadie fuera a leernos. Y mucho menos, con que nos otorgaran premios. Esta vez, Simone B. nos concede uno muy cuco en el que las reglas son las siguientes:

1. Nombrar a quien nos lo otorgó. Nombrada queda, Simone B., autora de un blog que me sorprendió desde el principio por su título y en el que puedo encontrar desde crítica social, literatura o historias diversas desde un punto de vista muy perspicaz.

2. Citar siete rarezas de uno.

3. Elegir a otras personas que merezcan el premio.

Vamos, que a buena puerta ha venido a tocar un premio que consiste en enumerar siete rarezas..¡Setenta necesitaríamos!

1. Tengo muy buena mem…¿qué estaba diciendo? Aunque parezca lo contrario, tengo una memoria a largo plazo bastante notable, al menos, para las tonterías que me interesan: soy capaz de nombrar un programa que emitían en la tele autonómica en el año 87, o incluso explicar cómo estaba distribuído un piso en el que estuve cuando tenía cuatro años (soy un valor seguro en veladas sociales y especiales de Cuarto Milenio, oiga). Por desgracia, esto se compensa con una memoria reciente que solo podría definirse como “despiste permanente”: me olvido el pendrive, me dejo la cacerola con agua al fuego hasta que esta se evapora y el metal se pone blanca…Es un milagro que haya alcanzado tan avanzada edad.

2. Frikerío, cutrerío…llámelo como quiera. Siempre me gustó el género fantástico en cualquiera de sus variantes, pero algo por lo que tuve debilidad desde el principio fue por las películas que después reivindicaría Tarantino en Grindhouse. Pero con un orden, oiga, que las mejores son las exploitation italianas, ya sean de postapocalipsis o de zombies. Es más, tuve una temporada en la que prácticamente me pasaba los fines de semana viendo cosas de este estilo: Miedo en la ciudad de los muertos vivientes, Nueva York bajo el terror de los zombies (estas son de Fulci), El ataque de los muertos sin ojos, 1999 tras la caída de Nueva York, Año 225 después del holocausto…¿Por qué? Pues porque eran divertidísimas, así de claro.



Estas las tragaba a puñados...

3. Los cacharritos me pierden. Debe de ser algún recuerdo de la infancia, en la que la idea de una maquinita del tamaño de una mano que reprodujera imágenes en color era cosa de ciencia ficción, pero me quedo pasmada delante de los escaparates cuando veo algún reproductor de mp4 nuevo. Y cuantos más gigas tengan, mejor. Lo que tiene su gracia viniendo de alguien que escucha tres o cuatro veces el mismo disco.



Vale...¿y?

4. No me gustan los videojuegos. A la gente le suele chocar porque me encasillan en la categoría de freaky, pero no les veo ningún interés. En su día eché partidas a la game boy como todo hijo de vecino, pero después cualquier foco de atención que pudieran tener las máquinas dejó de atraerme. Da igual que me hablen de gráficos, de que puedo matar zombies o lo original que sea el Final Fantasy, porque prefiero estar leyendo o viendo una película.

5. El tarro de los libros. Todos los que nos gusta leer tenemos una pila con libros pendientes. Yo tengo un tarro de hojalata. Hace algunos años, trajeron a casa un panettone que venía en una caja de hojalata redonda, muy cuca, y que acabé utilizando para guardar los libros que tengo por leer (ventajas de comprar ediciones de bolsillo). Si son más grandes que la lata, los pongo arriba o abajo. Pero aseguro que esto de irse a una caja de hojalata a sacar la próxima lectura, en plan sírvase usted mismo, es bastante práctico.

6. Tengo bastantes manías, algunas que ya rayan lo supersticioso, como irme a los exámenes con una camiseta, bolígrafo o lo que sea que llevara habiendo aprobado el anterior. Es más, creo que mi camiseta de El ataque de la sardina de Cincuenta pies ha debido hacer ya suficientes exámenes como para obtener un doctorado.

7. Tengo bastante facilidad para ponerle motes a la gente, algo muy útil cuando se trata de quienes no se tiene mucho trato o no se quiere que se sepa de quien hablan. De esta forma, acabé estudiando con El hombre feliz, la Testosterona o el Lobishome, por citar algunos. Y que conste que a Hewl también le llega con esto de rebautizar al personal, que no soy yo sola, no..

3. Le toca airear sus rarezas a los siguientes afortunados:

AlX de Day Zero, una de las primeras personas que comenzó a visitar nuestro blog.
Crítico en serie de..su blog homónimo.
Van Hessa de Querido bloc Lo de los minutos musicales me pierde.
Jaina de Series a la parrilla.
Mlo de Yo no me aburro, gracias a quien pudimos confirmar que el cantante de Spandau Ballet se ha puesto feo, feo.
Alex de Basura and Tv, que está rastreando los orígenes más prehistóricos del doctor Who (un día tendremos que dejarle un laboratorio para que haga el carbono 14)

martes, 1 de diciembre de 2009

Obituario: Paul Naschy


Descanse en paz

Hace menos de una hora pude enterarme de la muerte de Paul Naschy, uno de los actores más conocidos en esa cosa tan poco conocida dentro de España como era el cine de terror patrio en los setenta.
Para más señas, Paul Naschy era algo así como el Lon Chaney Jr carpetovetónico,ya que él solito acabó pasando por todos los iconos clásicos del terror: fue el hombre lobo Waldemar Daninsky en Las noches del hombre lobo y muchas más, Drácula en el gran amor del Conde Drácula, la momia e incluso Gilles de Rais en El mariscal del infierno. Su figura, bastante fornida debido a su afición por las pesas, resultaba inconfundible e incluso chocante en determinados papeles.



Fue, junto con Amando de Ossorio, Jorge Grau y el más famoso Ibañez Serrador, el respondable de un cine de terror patrio, que en ocasiones resultaba efectivo, en otras torpón, pero siempre realizado con ganas de poder ofrecer algo distinto a las rancias películas que recordamos de la época gracias a Cine de Barrio.

Qué mejor forma de terminar que con los créditos finales de una de sus películas más surrealistas, La rebelión de las muertas. Actores de la época, argumento pulp y descacharrante música de jazz ¿quien necesita más?

viernes, 27 de noviembre de 2009

Libros para pequeños y grandotes (y para nosotros también, pero cuando no nos vean). Segunda parte



Grandes aventuras para los viriles jóvenes de nuestros días

En Barrilete Cósmico, los títulos no engañan y aquí tenemos la segunda entrega de literatura juvenil reciente. Y empezaré con la sugerencia de Simone B…¿entradas para unos sí y otros no? Eh, ha sido todo fortuíto. Y el que ahora tenga en casa dos jamones de Guijuelo con las iniciales S. B también es lo más fortuito del mundo. Seguro que a todos os ha pasado alguna vez.



Thonya Hurley. Ghostgirl. El título no engaña. Se trata de Charlotte, una pobre chica fantasma que, pese a estar más muerta que Primo de Rivera, pone todo su empeño en conseguir que el chico que le gusta la lleve al baile de fin de curso. Que si ya es difícil cuando se es la protagonista habitual en este tipo de tramas, no hace falta imaginar lo que le va a costar cuando es un fantasma que solo una persona ve. El argumento es más simple que el mecanismo de un chupete: chica ignorada por todos intenta conseguir chico, que no consigue pero aprende una valiosa lección que la hace avanzar en la vida. Solo hace falta añadirle una variante, que es en este caso, el esperpéntico accidente que se lleva a la protagonista al otro barrio, un instituto fantasma y un grupo de espectros de instituto (profesor incluído) que han sufrido accidentes a cada cual más grotesco.

En este caso, el principal gancho del libro es que Charlotte fuera una persona invisible antes de su desgraciado accidente, de ahí que el título de Ghostgirl sea más un juego de palabras que la situación de su protagonista. Y aunque se trate de un tema tan manido como institutos, bailes de graduación y animadoras malvadas, consigue tener su punto de mala baba, especialmente cebándose con la protagonista: es patosa, tiene mala suerte y se describe su interés por el chico más popular del instituto como algo que raya en la obsesión…hasta que se da cuenta de lo absurdo de la situación y decide dedicar sus esfuerzos a conseguir el bien para ella misma y los demás. En ese sentido, no innova especialmente. Tampoco es que el género de aventuras en el instituto permita muchas variaciones más allá de los lugares comunes (comedores, estadio, escena final con baile de fin de curso..), se salva principalmente porque relativizar el tema romántico hacia la parte final.

Quizá lo mejor sea la presentación de cada capítulo: estrofas, poemas clásicos o frases de cantantes de carácter alternativo de los noventa y finales de los ochenta. Y es que en cada encabezamiento, he podido leer citas de Shelley, William Blake, Virginia Wolf…e incluso de The Cure y Sex Pistols (Vamos, solo faltaba Joy Division). Y sobre todo, las referencias a grupos alternativos que hacen durante toda la narración: Dresden Dolls, la cultura gótica…cosas bastante inesperadas en un libro que creí para adolescentes sin muchos intereses.



Esta ilustración sale en el María Moliner al lado de la definición de Geek

Scott Westerfeld. Leviathan. No está publicado en España, ni que yo sepa, tiene pinta de estarlo…y no me extraña, porque es uno de los libros “a partir de 14 años” más geek que he encontrado en mi vida: criaturas modificadas genéticamente contra robots gigantes en el marco de la I Guerra mundial.

La historia plantea una Europa alternativa en la que Darwin ha descubierto los fundamentos de la modificación del ADN, cosa que han aprovechado para crear nuevas especies, desde elefantes porteadores hasta ballenas-zeppelin, siendo estas últimas todo un ecosistema de bicheríos modificados. El Imperio Austrohúngaro, por el contrario, se ha especializado en construir dirigibles, tanques sobre patas y demás maquinaria de esa que se le pasa por la cabeza al alemán medio cuando lleva mucho rato escuchando a Wagner o a Kraftwerk. El protagonista es Aleksandar, el hijo del Archiduque que debe abandonar su país tras el asesinato de su padre. En Inglaterra, Deryn, una chica escocesa, se disfraza de hombre para poder entrar en el servicio aéreo a bordo del Leviatán, la ballena-dirigible que da título al libro. La historia de ambos se cruza cuando el Leviatán se estrella en los Alpes de camino a Constantinopla con un cargamento un tanto secreto: nada más y nada menos que una docena de huevos genéticamente modificados que vaya usted a saber lo que contienen. Y poco más, ya que el libro es el comienzo de una serie y se dedica más bien a presentar a ambos personajes, cruzar sus caminos y dejar el cliffhanger abierto para el próximo libro.

En este caso, se trata de un libro de aventuras, ya que los personajes aparecen muy poco caracterizados, más bien por lo que hacen, y dedican casi todo el texto a que sucedan cosas. O más bien, a que exploten cosas o se estrellen. La cantidad de acción y de personajes relativamente simples que aparecen me recordaron bastante a las novelas de aventuras de los años veinte. Y por supuesto, están las ilustraciones: el principal interés del libro para un lector adulto son, además del tema steampunk, los dibujos de Keith Thompson, en los que presentan con todo lujo de detalles robots y bichejos varios.

Peeero…y aquí viene el mayor defecto: ¡Trilogitis! El autor concibió la historia como una serie de libros, y este no es más que una mera presentación de lo que va a suceder, cosa que no estaría mal si no fuera porque una se queda con la sensación de que podrían haber contado bastante más, ya que son 435 páginas falseadas (es decir, que está editada con un interlineado de 1.5) en las que se podría haber incluído bastantes más y hacer una trama más sólida, o, al menos, que sucediera algo más que persecuciones y explosiones: en resumen, que le daba para incluir el segundo libro. Sin embargo, y sin apartarnos de la idea original (¡a partir de 14 años!), no está mal.

Y estos han sido los libros de la semana. Sugerencias, ruegos, preguntas y sobornos comestibles, a comentarios.

Este es un blog cat-friendly

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